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ACTUALIDAD ESPAÑOLA: FOSA MALDITA, MUJERES DE MEIRÁS Y EL REY DELINCUENTE

1) Nieves García Catalán, nieta del maestro Dióscoro Galindo fusilado junto a Federico García Lorca, recurrirá a estrados internacionales para conseguir que el Estado siga buscando sus restos.

En este mes de julio del 2021, el tercer recurso de la nieta de Dióscoro Galindo para la búsqueda de los restos de su abuelo en la fosa de Lorca ha sido desestimado por el Tribunal Constitucional de España. El fallo alega que en el proceso “no se aprecia trascendencia constitucional del asunto”. Galindo fue fusilado junto al poeta Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí en la madrugada del 18 al 19 agosto de 1936 en Granada.

A Nieves le cuesta mantener esperanzas, pero ante este nuevo golpe irá al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La familia de García Lorca nunca se lo ha puesto fácil, tras casi dos décadas de búsqueda de los restos de las cuatro víctimas entre la carretera de Víznar a Alfacar (Granada). Su proceso de exhumación siempre ha estado maldito. “Que lo asesinaran junto a García Lorca ha dado mucho que hablar de la figura de mi abuelo pero también lo ha llevado la una fosa que nunca se abrirá”. Parece maldita, dice Nieves.

Nieves García nunca conoció a su abuelo, Dióscoro Galindo, un maestro republicano, asesinado a los 60 años de edad. García Catalán comienza a hablar de anécdotas de aquellos días cuando su padre Antonio Galindo corría tras el camión de fusilamiento en bicicleta donde iba aquel buen hombre, cojo de nacimiento. “Ayudaba hasta a los adultos a conocer las letras para defenderse del analfabetismo durante la República”. Fue asesinado  y arrojado a una fosa cuatro horas después de su detención, señaló la nieta a Público.

La lucha por la búsqueda de los restos de su abuelo comenzó a partir de una llamada de la Asociación de la Memoria Histórica de Granada, en 2003. Hablaban de la posibilidad de iniciar el proceso de exhumación. Antonio, el hijo del maestro, ya había fallecido y su esposa, su nieta y su marido se pusieron en campaña. No sabían los obstáculos con que se iban a topar.

Mis hermanas siempre vivieron aquella historia de forma muy dramática. Sobre todo Julia con la que conservo una estupenda relación. Yo con 20 años de diferencia lo percibí de una forma diferente. Él me contaba la historia más sereno, con más detalle. Pero a mi padre Antonio el dolor se le notaba. Murió con la pena de no saber dónde estaba su padre enterrado.

La Guardia Civil de Franco

El 17 de agosto de 1936, la noche antes de que detuvieran al abuelo, ya sabían que algo tramaban contra él y que le querían acusar por el simple hecho de haber sido maestro republicano. La familia sufrió mucho tras su asesinato. Cuando lo fusilaron, su hijo Antonio debió huir de Granada porque no solo era el hijo del maestro: mi padre era el hijo del que habían matado junto a Lorca. Hasta los tres días, alrededor del 21 de agosto, y gracias a las preguntas de los amigos supieron que en aquel fusilamiento y en sus últimas horas había estado con Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas. Ni mi abuela recibió ningún tipo de pensión, ni un papel que hablara de su ejecución. Todo fue por testimonios orales.

Las primeras intervenciones fueron las más esperanzadoras, las que se hicieron alrededor del Parque García Lorca, otra búsqueda en el Caracolar y la que hicieron el investigador Miguel Caballero y el arqueólogo Javier Navarro. Ellos se pusieron en contacto con Nieves. Necesitaban un familiar para iniciar la búsqueda pero el problema de verdad llegó cuando la familia Lorca entró en juego y convenció a una de sus hermanas de que había que parar la búsqueda. Su hermana se sumó a la campaña de los Lorca. Aunque otra hermana y Nieves no cedieron. Al apoyo a los Lorca les costó la relación familiar a las hermanas.

He tenido que sufrir las exigencias de la familia Lorca, dice Nieves. A ellos les daba igual, ellos no querían que se encontrara a su tío Federico. Primero decían que querían que se mantuviera allí. Luego que nadie viera los restos. Y luego vino la llamada a sus hermanas para convencerlas de parar la exhumación. Siempre han movilizado todos sus recursos, como al día de hoy sigue ocurriendo con la denegación de la exhumación para mi abuelo.

El 17 de agosto por la noche se llevaron al maestro después de que días antes hubieran registrado la casa sin encontrar nada. Lo trasladaron junto a dos guardias de asalto a las Colonias. Solo historiadores de la talla de Ian Gibson lo han contado. Saben que estuvo en aquel paraje desde las diez de la noche. Fueron cuatro horas las que estuvo junto al poeta y los banderilleros. No sabemos qué se dijeron ni la angustia vivida, dice la nieta. A las tres de la mañana, mi abuelo ya estaba junto a ellos frente al pelotón.

El miedo se quedó para siempre y el encarcelamiento de mi padre durante dos años en Jaén por haber sido hijo de aquel maestro asesinado con Lorca lo marcó de por vida. Mi madre cuenta que a veces iba a la cárcel y no era capaz de hablar con él. Lloraba de lo desfigurado que estaba de las palizas. Mi padre ya no terminó la carrera de medicina, necesitaba sacar adelante una familia. Solo de pensar que tenía que reclamar algo a la Universidad se moría.

Trabajó desde albañil hasta repartidor pero nunca ejerció su profesión. La periodista que entrevista a Nieves se refiere a las versiones que existen en el sentido que la fosa ya habría sido excavada y ella contesta: “mi padre tenía una teoría. Yo nací en el 59. Franco dio una serie de permisos ese año para que las familias pudientes como los Lorca pudieran, si sabían donde estaban los restos de sus familiares, desenterrarlos para llevarlos a una tumba digna. Siempre se ha hablado de que lo habían llevado a la Huerta de San Vicente o que se lo habían llevado a Nueva York. Ellos nunca dirán nada, claro, ante la luz pública”.

Si autorizaran la exhumación – dice Nieves – buscaría a menos de quinientos metros de dónde se buscó la primera vez en el Parque García Lorca. Se sabe cuál es la zona y Gibson señaló este lugar en los años 50. En la primera localización se buscó por la parte de atrás del monolito actual. Ahora sería buscar por la parte delantera. Los restos de mi abuelo serían los más fáciles de identificar si están allí. Dicen que en los 70 cuando hicieron el parque, encontraron algunos restos y los metieron en sacos para tirarlos a la basura.

La familia Lorca

El hispanista Ian Gibson, un investigador incansable acerca del asesinato de García Lorca y también de las víctimas del fascismo ha sido un gran apoyo para las familias. Me ha acompañado siempre – dice Nieves – también cuando me empezaron a denegar los recursos de amparo en los juzgados de Granada estuvo presente. No me ha dejado sola en este difícil proceso y gracias a él llegamos a tener los informes que el gobierno militar de Granada sobre mi abuelo, que lo tachaban de un maestro «revolucionario».

En Pulianas, un municipio a pocos kilómetros de Granada, donde trabajó el maestro Dióscoro Galindo, abrieron un centro educativo que lleva su nombre. Nieves cuenta que una vez conoció a un señor que era el hermano de un alumno de mi abuelo. Al ver a aquel anciano mayor que hablaba de él con tanto cariño me emocioné. Ayudaba siempre a todos, le daba regalos a las familias más humildes para la fiesta de Reyes, enseñaba a los adultos a leer. Pero tristemente lo quitaron de en medio. No era un hombre joven pero si sabio y muy querido. Lo mataron con 60 años de edad.

La entrevista completa, realizada por María Serrano hace pocos días puede verse en : https://www.publico.es/politica/lorca-nieta-dioscoro-galindo-fusilado-lorca-fosa-mi-abuelo-maldita-culpa-familia-poeta.html

2) Recuerdos profundos en el Pazo de Meirás

En las Rías Altas de Galicia, muy cerca de La Coruña (a menos de 20 kms.) pero al borde de otra ría distinta que la coruñesa, la Ría de Betanzos, se encuentra Sada, y allí el llamado Pazo de Meirás, un castillo con torres cuadradas que hizo construir la escritora Emilia Pardo Bazán, en 1893, en unas tierras que había heredado. Cuando murió Emilia, en 1921, la propiedad pasó a su hijo, Jaime Quiroga y Pardo Bazán (1876-1936) – un militar, aristócrata y conspirador antirrepublicano – que fue detenido en Madrid en agosto de 1936 y asesinado por un grupo de anarquistas.

En 1938, unos capitostes fascistas gallegos, a instancias del angurriento Caudillo, crearon la “Junta pro Pazo del Caudillo”, que adquirió el castillo, en 406.000 pesetas para regalárselo. La compraventa data de 1941 pero hace un par de años se demostró que había sido un negocio fraudulento, un verdadero robo, uno más de los múltiples que cometió el dictador adueñándose de propiedades en todo el país.

Después de una batalla legal de varias décadas se consiguió arrancar la propiedad de las manos de la familia Franco. En el curso de esa batalla con los herederos del dictador se había conseguido, en el 2008, que el castillo se declarara un bien cultural de interés público de modo que los ocupantes debían permitir las visitas (cosa que incumplieron sistemáticamente).

Después que quedó claro que la residencia era resultado de la corruptela y el latrocinio sistemático por parte de los Franco estos intentaron llevarse todo el contenido incluyendo grandes valores patrimoniales como la biblioteca de Emilia Pardo Bazán y obras de arte, pinturas y esculturas que Franco y su mujer Carmen Polo habían rapiñado por toda España. No lo consiguieron.

Finalmente, desde principios de este mes de julio de 2021, el Pazo de Meirás está abierto a visitas guiadas y se ha propuesto que se transforme en un centro de memoria histórica a instancias de las organizaciones de represaliados y perseguidos por el franquismo. Lo que allí se recuerde es mucho más profundo que esta recuperación patrimonial porque tiene que ver  con las mujeres campesinas que hicieron de Meirás el centro de las revueltas agrarias contra el fascismo durante la República Española.

En efecto, el desalojo de dos familias que cultivaban los terrenos del Pazo motivó, entre 1933 y 1936, una poderosa rebelión contra la oligarquía, la Iglesia Católica y el poder de la derecha protagonizada por las mujeres del pueblo. El Pazo de Meirás – o mejor las Torres de Lorbé, como las bautizó su promotora, la escritora Emilia Pardo Bazán – debe servir para identificar al pueblito de Sada (en A Coruña) con las sombras más terribles del franquismo y la debilidad de una democracia que tardó décadas en desmontar uno de los últimos símbolos del poder que aún detentan en Galicia y en España los herederos físicos e ideológicos del tirano.

Esas tierras fueron un activo centro de la lucha antifascista durante la República, y del empoderamiento de un puñado de mujeres que lo perdieron todo por defender valores tan esenciales como la justicia, la solidaridad y la fraternidad. Durante los tres años que precedieron al golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936, Meirás vivió una permanente rebelión campesina en la que aquellas mujeres tuvieron un papel destacado. Aquellas mujeres no eran dirigentes y sus nombres no aparecían nunca en la prensa pero fueron las que se enfrentaron con los terratenientes, los jueces,  la Guardia Civil y la Iglesia Católica que ejercía de cómplice necesaria de la violencia, la injusticia, el despojo y la represión.

Manuel Pérez Lorenzo y su artículo “Meirás Rebelde: un conflicto agrario en la Galicia de la Segunda República” y Carlos Babío Urquidi, son los historiadores que desarrollaron las investigaciones que han permitido recuperar las Torres para el patrimonio público.

Desde principios del siglo XX, Sada era uno de los centros políticos y sindicales más activos de la provincia de A Coruña, nutrido intelectualmente de los cientos de vecinos que emigraron a Nueva York y que contactaron allí con los movimientos anarcosindicalistas. «En Sada había 8.000 habitantes, y poco antes de 1936 alrededor de mil estaban afiliados a la Confederación Nacional del Trababajo (CNT)», cuenta Pérez Lorenzo.

En aquellos tiempos el machismo imperaba también en las organizaciones políticas y sindicales de izquierda. Pero probablemente era en el anarquismo y en la CNT donde el feminismo y la igualdad se desarrollaban de manera más incipiente. En ese contexto de activismo, de conciencia de clase y de empoderamiento femenino, se produjo en Meirás un suceso que hizo estallar la rebelión. El primogénito de la escritora – el ya citado aristócrata archireaccionario Jaime Quiroga Pardo Bazán –  decidió vender 22 ferrados – alrededor de una hectárea – de tierras que arrendaban desde hacía setenta años dos familias campesinas de la aldea y cuyo único sustento provenía del cultivo.

El comprador, José Gayoso Barral, un emigrante retornado que se había enriquecido en Buenos Aires, decidió duplicarles la renta que pagaban (de modo que pretendía que le entregasen la mitad de todo lo que cultivaran), y  ante la negativa de las familias, inicia el procedimiento para desalojarlas. Gayoso, acompañado del juez y de la Guardia Civil, se apersonó, destrozó las herramientas de labranza y echó a los campesinos de sus casas.

Pocos días después, el 23 de abril de 1933, los vecinos de Meirás, organizados en torno al sindicato local, se levantaron para defender a las familias desalojadas y ocuparon de nuevo las tierras, enfrentándose con la Guardia Civil. Hubo 49 detenidos (veintiséis de ellos mujeres). Incluso se llega a procesar a una niña de once años. El suceso llegó a la prensa local y nacional conservadora, que apoyó a Gayoso. También llegó a los boletines de partido y a los periódicos de izquierda.

Pocas semanas después, varios contingentes de campesinos de la comarca se desplazan a Meirás para ayudar en la vigilancia y protección de las fincas, lo que provoca constantes enfrentamientos con la Guardia Civil. Durante uno de ellos, son las mujeres las que evitan la detención de los hombres y las que ocupan las tierras para sembrarlas, de noche, burlando a los guardias. los turnos Cuando Gayoso decidió cosechar el maíz que las campesinas habían sembrado, estas lo quemaron, incluyendo una partida que había acaparado el cura de la parroquia, Benigno Mayo, quien también había adquirido tierras de las Torres de Meirás para explotar a las familias que las cultivaban como medianeros.

El Comité de Labriegos de la CNT se pronunció: “Los jueces y sus leyes; los gobernadores y sus alcaldes; la Guardia civil y sus fusiles; los curas y sus sermones, todos están interesados en someter a los pobres en beneficio de los ricos. Si nosotros dejamos de pagar rentas y ofrendas; si dejamos de pagar consumos, contribuciones y cédulas; si nos unimos todos los pobres contra todos los ricos y sus adulones, ¿cómo van a engordar esos ladrones, que no trabajan?” (…) “¡Mujeres trabajadoras, en guardia; el cura pretende quemar la iglesia para después arrancaros pesetas con que hacerla de nuevo! Nada de quemar iglesias; quemad a los curas ladrones. Colonos del cura de Meirás: ese cerdo con sotana os da el cielo a cambio de lo que os roba; uníos a nosotros, y no paguéis ni un céntimo a ese ladrón”.

Entre 1933 y 1936, y especialmente bajo el Gobierno de la derecha, que promulgó una ley sobre arrendamientos rurales para reforzar el poder de los terratenientes, se sucedieron enfrentamientos que sólo terminaron con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La revuelta y la politización de Sada crecen casi hasta el último minuto: en junio se constituyó la agrupación local del Partido Comunista. Poco después las campesinas expulsaron al cura del pueblo y repartieron entre los vecinos el maíz que acaparaba. Tras el golpe se desarrolló una represión brutal contra las familias que participaron en los enfrentamientos.

Hubo decenas de asesinatos, de desapariciones, de suicidios provocados, de torturas y de humillaciones y vejaciones públicas. “Las vidas de muchas de esas familias cambiaron para siempre. Y eso era lo que perseguía el nuevo régimen: inhibir la disidencia y la iniciativa, anular toda forma de acción colectiva al margen de las estructuras de la dictadura. Era la reacción de los que vieron peligrar sus privilegios durante la Segunda República”, sostiene Pérez Lorenzo. Su bisabuelo era José Monzo, secretario local de la CNT y destacado militante de la Federación Anarquista Ibérica. Pasó sus últimos días escondido y aislado en un islote rocoso y desarbolado en medio de la ría de Sada.

Entre las historias más lacerantes figura también la de una mujer, Josefa Portela, abuela de Carlos Babío, activista destacada del movimiento campesino y en cuya casa se habían celebrado algunas de las asambleas de la rebelión. Tras el golpe, su marido sería detenido y torturado, y moriría poco después de que lo devolvieran a casa malherido. El cura de Meirás no dejó que lo enterraran en sagrado, y poco después de que Franco se hiciera con las Torres, la Guardia Civil echó a Josefa y a sus hijos de su casa y añadió la vivienda y sus tierras, con la colaboración del banquero Pedro Barrié de la Maza, a las posesiones del dictador en Meirás. “Mi abuela nunca volvió a ser la misma. Murió cuando yo tenía seis años, y sólo la recuerdo callada y mustia. Acabaron con su vida. Acabaron con ella como persona”, cuenta el historiador.

Es el recuerdo de esas gentes sencillas y su lucha contra la tiranía la que habrá de vivir en el Pazo de Meirás.

3) El Rey delincuente

El avezado periodista español Carlos Enrique Bayo, ha publicado en Público, un documentado artículo sobre el origen más que dudoso de las finanzas del rey jubilado Juan Carlos I, pomposamente retirado del escenario como “rey emérito” aunque cada vez queda más claro que los méritos que ha hecho deben llevarle a la cárcel y a liberar a España, definitivamente de los Borbones.

Juan Carlos de Borbón amasó una inmensa fortuna gracias al tráfico de armas, asociado, entre otros criminales, con personajes de la talla de Adnan Khasshoggi, el millonario saudí que paseaba por las noches de los balnearios españoles rodeado de estrellas de cine, banqueros, ministros socialistas y aristócratas.

En España se dice que hay un reflejo automático en los medios españoles de modo que cuando se destapa una nueva cagada del rey Juan Carlos, inmediatamente apuntan para otro lado. “Con el rey Juan Carlos nos hemos acostumbrado a mirar tanto para otro lado que llevamos medio siglo con tortícolis crónica” dice David Torres en Público.

Desviamos la vista – dice Torres – cuando sus colaboradores más cercanos empezaron a caer en los juzgados uno detrás de otro. Mario Conde, los Albertos, Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal, cuyo nombre también aparece de lleno en los asuntos de ventas de armas, por eso de que el roce hace el cariño.

Y sigue Torres: cerramos los ojos ante la interminable desfile de señoras con las que practicaba el segundo deporte favorito entre los borbones, el adulterio, culminando la faena con una barragana de apellido filosófico con el que le salió el tiro por la culata. Nos tapamos los oídos para no oír los escopetazos con que masacraba toda clase de animales indefensos en cacerías millonarias: elefantes, búfalos, cabras y hasta un pobre oso borracho. Incluso llegó a fotografiarse envuelto en un abrigo de piel de leopardo de las nieves, el felino más hermoso y extraño de la creación, en grave peligro de extinción desde hace décadas: una imagen que dice del juancarlismo mucho más que todas sus biografías y panegíricos.

Tampoco hemos querido enterarnos mucho del enorme lodazal de mierda removido por la fiscalía suiza: pagos fraudulentos, sociedades en paraísos fiscales, estructuras opacas, comisiones a manos llenas, cuentas en Suiza y en Andorra, máquinas de contar billetes y viajes en avión con maletines forrados de dinero al estilo de la familia Leguineche. Menos aún se oyó hablar de su papel de confidente de la Casa Blanca, de la CIA y de Kissinger a principios de los 70, unas revelaciones de Wikileaks de las que sólo se hizo eco Público porque los demás estaban muy ocupados haciendo reverencias y genuflexiones. Como para que se rasguen las vestiduras ahora, sólo por unos cuantos papeles que apuntan a que ingentes cantidades de dinero procedentes de la venta de armas a países árabes fueron a parar a su bolsillo.

Es curioso que, ante el silencio unánime de los medios, hayan sido unos cuantos socios del gobierno quienes, tras el escándalo destapado por la exclusiva de Carlos Enrique Bayo, soliciten la creación de una comisión de investigación en el Congreso para aclarar los supuestos negocios de tráfico de armas del anterior Jefe del Estado – sostiene el periodista – sin embargo, nos imaginamos cómo va a acabar todo esto: exactamente igual que las catorce veces anteriores, con una rápida y eficaz negativa del PSOE, el PP y demás partidos mayoritarios a que se investigue nada, no vayan a encontrar algo y a ver qué iban a hacer entonces, si llevan toda la vida limpiándole el culo. Sí, la verdad es que con el rey los españoles hemos mirado para otro lado tantas veces que ya nos cuesta incluso vernos en el espejo por las mañanas.

El problema es que el gradiente de gravedad de las cagadas borbónicas va en aumento. Veamos, se dice que una de las primeras y en cierto sentido leve, porque solo escandalizó a un sector anquilosado de la aristocracia fue cuando su heredero Felipe se casó con la señora Letizia, una plebeya, divorciada, agnóstica, republicana (¡¡??) y con un aborto voluntario consumado.

Al lado de esto el divorcio de la infanta Elena, que mandó a paseo a Jaime Marichalar no fue ni noticia. El aristócrata perdió el tratamiento de Duque de Lugo, el de Excelentísimo Señor y miembro de la familia real. Aparentemente corrió con suerte y no qauedó pegado en los negociados de los Borbones.

En julio del 2010 se pudrió la cosa con la infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín imputado por la justicia por fraude fiscal, evasión de impuestos, prevaricación, falsedad documental y malversación de fondos públicos. Por esos delitos el Iñaki resultó con 7 años y un mes de inhabilitación especial y una multa de 513.553 euros. Urdangarín presentó un recurso ante el Tribunal Supremo que decidió no aplicar medidas cautelares, por lo que mientras se resolvió Urdangarín no fue a la cárcel, vivía en Suiza y no tenía que abonar fianza. Ratificada su condena, que quedó fijada en 5 años y 10 meses de prisión, el 18 de junio de 2018 ingresó en la prisión de Brieva. Su mujer, Cristina, la hermana del rey Felipe VI, la sacó regalada.

El 29 de enero de 2016, la infanta Cristina seguía en el banquillo de los acusados del ‘caso Nóos’. La Audiencia Provincial de Palma de Mallorca desestimó el recurso de cuestiones previas y amparó la legitimidad de acusarla en solitario de ser colaboradora necesaria de los dos delitos fiscales cometidos por su marido a través de Aizoon, la empresa que comparte el matrimonio. El 17 de febrero de 2017, la infanta fue absuelta de los dos delitos fiscales de los que se le acusaba, pero se le condenó a devolver 265.088 euros al considerar que se había beneficiado de los delitos cometidos por Iñaki. La Alteza Real vive en Suiza, trabaja para la Fundación Aga Khan y viaja tranquilamente por el mundo.

Que los Borbones tienen problemas con las escopetas no es ningún misterio. Desde que Juan Carlos mató a su hermano accidentalmente de un escopetazo, hasta los disparos y accidentes en sus cacerías hasta la situación de su nieto, el hijo de Marichalar. En el 2012, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos tenía 13 años. Los menores de 14 años tienen prohibida la licencia para portar armas. Para la modalidad de caza los menores, siempre mayores de 14, deberán ir acompañados por uno o varios cazadores mayores de edad. En todos los supuestos contemplados, el nieto de los reyes no cumplía con los requisitos legales y se pegó un tiro en el pie.

En abril de 2012, Juan Carlos se rompió la cadera en una de sus cacerías y salieron a luz las fotografías de los animales convertidos en trofeos, en Botsuana. Fue la primera y única vez donde Juan Carlos dijo su famoso “lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. En ese momento el desempleo en España había alcanzado al 23%.

El escándalo de aquellas fotos de cacería puso en evidencia que la sedicente princesa alemana Corinna Larsen o Corinna Zu Sayn-Wittgenstein (el apellido rimbobante de uno de sus maridos anteriores aunque después perdió el título cuando el príncipe volvió a casarse con una modelo), era la amante que le acompañaba en sus viajes. Corinna se lució posando para las revistas faranduleras españolas luciendo el reloj y joyas que el rey le regaló, avaluadas en dos o tres millones de dólares. Después se supo que Juan Carlos le habría regalado 76 millones de dólares por lo que han de haber sido los coitos más caros de la historia moderna.

En una grabación, Corinna parece decir que Juan Carlos I había solicitado una comisión por interceder en el contrato entre los sauditas y empresas españolas, por unos 8.000 millones de dólares, para construir el tren de alta velocidad entre Medina y La Meca. Además dijo que Juan Carlos había escondido el dinero en el exterior. Una primera investigación sobre esas revelaciones fue desestimada por falta de pruebas. Sin embargo, poco después, el diario suizo Tribune de Genève destacó que Juan Carlos I escondía 100 millones en Ginebra. Entre 2008 y 2012, al amparo de una sociedad panameña y con él como único beneficiario, el rey emérito confió en total discreción 100 millones de dólares al Banco Mirabaud. El diario suizo informó que se sospechaba que el pago procedía del rey de Arabia Saudita, Abdallah, y añadió que la justicia suiza había abierto una investigación por blanqueamiento de capitales. Aquí apareció Corinna de vuelta; en el 2012 el rey le había transferido 76 millones de dólares a su amante.

Dado que la supuesta transferencia se produjo cuando Juan Carlos aún era rey y estaba protegido por la impunidad que la Constitución española le otorga al monarca, lo que la fiscalía del Tribunal Supremo español investiga es si el rey emérito cometió blanqueo de capitales y delito fiscal al tener ese dinero en cuentas en el extranjero sin declarar. Por su parte, el fiscal suizo Yves Bertossa recaba pruebas para averiguar si ese pago tiene relación con el contrato que los sauditas otorgaron al consorcio español en la construcción del ferrocarril.

Esa es la razón por la que después de abdicar en su hijo Felipe, el rey emérito debía huir de España en agosto del año pasado. Naturalmente que el lugar ideal para eludir a la justicia eran los Emiratos Árabes. Primero recaló en el hotel Emirates Palace de Abu Dabi, pero ante la falta de privacidad el emérito se trasladó a una residencia de superlujo de dos plantes situada en una de las islas más exclusivas de la capital de los Emiratos Árabes. La vivienda cuenta con futbolín, billar, siete cuartos de baño, una gran piscina, playa privada, grandes espacios verdes y seis habitaciones en suite, todo desarrollado en mil cincuenta metros cuadrados de edificación en cuatro mil metros de terreno. En la isla hay otras diez residencias, la más barata de las cuales cuesta once millones de euros pero estas super residencias no se venden sino que se alquilan y Juan Carlos estaría pagando entre 25.000 y 30.000 euros por día  para disfrutar de sus amenidades.

En este mes de julio del 2021, el tercer recurso de la nieta de Dióscoro Galindo para la búsqueda de los restos de su abuelo en la fosa de Lorca ha sido desestimado por el Tribunal Constitucional de España. El fallo alega que en el proceso “no se aprecia trascendencia constitucional del asunto”. Galindo fue fusilado junto al poeta Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí en la madrugada del 18 al 19 agosto de 1936 en Granada.

A Nieves le cuesta mantener esperanzas, pero ante este nuevo golpe irá al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La familia de García Lorca nunca se lo ha puesto fácil, tras casi dos décadas de búsqueda de los restos de las cuatro víctimas entre la carretera de Víznar a Alfacar (Granada). Su proceso de exhumación siempre ha estado maldito. “Que lo asesinaran junto a García Lorca ha dado mucho que hablar de la figura de mi abuelo pero también lo ha llevado la una fosa que nunca se abrirá”. Parece maldita, dice Nieves.

Nieves García nunca conoció a su abuelo, Dióscoro Galindo, un maestro republicano, asesinado a los 60 años de edad. García Catalán comienza a hablar de anécdotas de aquellos días cuando su padre Antonio Galindo corría tras el camión de fusilamiento en bicicleta donde iba aquel buen hombre, cojo de nacimiento. “Ayudaba hasta a los adultos a conocer las letras para defenderse del analfabetismo durante la República”. Fue asesinado  y arrojado a una fosa cuatro horas después de su detención, señaló la nieta a Público.

La lucha por la búsqueda de los restos de su abuelo comenzó a partir de una llamada de la Asociación de la Memoria Histórica de Granada, en 2003. Hablaban de la posibilidad de iniciar el proceso de exhumación. Antonio, el hijo del maestro, ya había fallecido y su esposa, su nieta y su marido se pusieron en campaña. No sabían los obstáculos con que se iban a topar.

Mis hermanas siempre vivieron aquella historia de forma muy dramática. Sobre todo Julia con la que conservo una estupenda relación. Yo con 20 años de diferencia lo percibí de una forma diferente. Él me contaba la historia más sereno, con más detalle. Pero a mi padre Antonio el dolor se le notaba. Murió con la pena de no saber dónde estaba su padre enterrado.

El 17 de agosto de 1936, la noche antes de que detuvieran al abuelo, ya sabían que algo tramaban contra él y que le querían acusar por el simple hecho de haber sido maestro republicano. La familia sufrió mucho tras su asesinato. Cuando lo fusilaron, su hijo Antonio debió huir de Granada porque no solo era el hijo del maestro: mi padre era el hijo del que habían matado junto a Lorca. Hasta los tres días, alrededor del 21 de agosto, y gracias a las preguntas de los amigos supieron que en aquel fusilamiento y en sus últimas horas había estado con Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas. Ni mi abuela recibió ningún tipo de pensión, ni un papel que hablara de su ejecución. Todo fue por testimonios orales.

Las primeras intervenciones fueron las más esperanzadoras, las que se hicieron alrededor del Parque García Lorca, otra búsqueda en el Caracolar y la que hicieron el investigador Miguel Caballero y el arqueólogo Javier Navarro. Ellos se pusieron en contacto con Nieves. Necesitaban un familiar para iniciar la búsqueda pero el problema de verdad llegó cuando la familia Lorca entró en juego y convenció a una de sus hermanas de que había que parar la búsqueda. Su hermana se sumó a la campaña de los Lorca. Aunque otra hermana y Nieves no cedieron. Al apoyo a los Lorca les costó la relación familiar a las hermanas.

He tenido que sufrir las exigencias de la familia Lorca, dice Nieves. A ellos les daba igual, ellos no querían que se encontrara a su tío Federico. Primero decían que querían que se mantuviera allí. Luego que nadie viera los restos. Y luego vino la llamada a sus hermanas para convencerlas de parar la exhumación. Siempre han movilizado todos sus recursos, como al día de hoy sigue ocurriendo con la denegación de la exhumación para mi abuelo.

El 17 de agosto por la noche se llevaron al maestro después de que días antes hubieran registrado la casa sin encontrar nada. Lo trasladaron junto a dos guardias de asalto a las Colonias. Solo historiadores de la talla de Ian Gibson lo han contado. Saben que estuvo en aquel paraje desde las diez de la noche. Fueron cuatro horas las que estuvo junto al poeta y los banderilleros. No sabemos qué se dijeron ni la angustia vivida, dice la nieta. A las tres de la mañana, mi abuelo ya estaba junto a ellos frente al pelotón.

El miedo se quedó para siempre y el encarcelamiento de mi padre durante dos años en Jaén por haber sido hijo de aquel maestro asesinado con Lorca lo marcó de por vida. Mi madre cuenta que a veces iba a la cárcel y no era capaz de hablar con él. Lloraba de lo desfigurado que estaba de las palizas. Mi padre ya no terminó la carrera de medicina, necesitaba sacar adelante una familia. Solo de pensar que tenía que reclamar algo a la Universidad se moría.

Trabajó desde albañil hasta repartidor pero nunca ejerció su profesión. La periodista que entrevista a Nieves se refiere a las versiones que existen en el sentido que la fosa ya habría sido excavada y ella contesta: “mi padre tenía una teoría. Yo nací en el 59. Franco dio una serie de permisos ese año para que las familias pudientes como los Lorca pudieran, si sabían donde estaban los restos de sus familiares, desenterrarlos para llevarlos a una tumba digna. Siempre se ha hablado de que lo habían llevado a la Huerta de San Vicente o que se lo habían llevado a Nueva York. Ellos nunca dirán nada, claro, ante la luz pública”.

Si autorizaran la exhumación – dice Nieves – buscaría a menos de quinientos metros de dónde se buscó la primera vez en el Parque García Lorca. Se sabe cuál es la zona y Gibson señaló este lugar en los años 50. En la primera localización se buscó por la parte de atrás del monolito actual. Ahora sería buscar por la parte delantera. Los restos de mi abuelo serían los más fáciles de identificar si están allí. Dicen que en los 70 cuando hicieron el parque, encontraron algunos restos y los metieron en sacos para tirarlos a la basura.

El hispanista Ian Gibson, un investigador incansable acerca del asesinato de García Lorca y también de las víctimas del fascismo ha sido un gran apoyo para las familias. Me ha acompañado siempre – dice Nieves – también cuando me empezaron a denegar los recursos de amparo en los juzgados de Granada estuvo presente. No me ha dejado sola en este difícil proceso y gracias a él llegamos a tener los informes que el gobierno militar de Granada sobre mi abuelo, que lo tachaban de un maestro «revolucionario».

En Pulianas, un municipio a pocos kilómetros de Granada, donde trabajó el maestro Dióscoro Galindo, abrieron un centro educativo que lleva su nombre. Nieves cuenta que una vez conoció a un señor que era el hermano de un alumno de mi abuelo. Al ver a aquel anciano mayor que hablaba de él con tanto cariño me emocioné. Ayudaba siempre a todos, le daba regalos a las familias más humildes para la fiesta de Reyes, enseñaba a los adultos a leer. Pero tristemente lo quitaron de en medio. No era un hombre joven pero si sabio y muy querido. Lo mataron con 60 años de edad.

La entrevista completa, realizada por María Serrano hace pocos días puede verse en : https://www.publico.es/politica/lorca-nieta-dioscoro-galindo-fusilado-lorca-fosa-mi-abuelo-maldita-culpa-familia-poeta.html

 2) Recuerdos profundos en el Pazo de Meirás

En las Rías Altas de Galicia, muy cerca de La Coruña (a menos de 20 kms.) pero al borde de otra ría distinta que la coruñesa, la Ría de Betanzos, se encuentra Sada, y allí el llamado Pazo de Meirás, un castillo con torres cuadradas que hizo construir la escritora Emilia Pardo Bazán, en 1893, en unas tierras que había heredado. Cuando murió Emilia, en 1921, la propiedad pasó a su hijo, Jaime Quiroga y Pardo Bazán (1876-1936) – un militar, aristócrata y conspirador antirrepublicano – que fue detenido en Madrid en agosto de 1936 y asesinado por un grupo de anarquistas.

En 1938, unos capitostes fascistas gallegos, a instancias del angurriento Caudillo, crearon la “Junta pro Pazo del Caudillo”, que adquirió el castillo, en 406.000 pesetas para regalárselo. La compraventa data de 1941 pero hace un par de años se demostró que había sido un negocio fraudulento, un verdadero robo, uno más de los múltiples que cometió el dictador adueñándose de propiedades en todo el país.

Después de una batalla legal de varias décadas se consiguió arrancar la propiedad de las manos de la familia Franco. En el curso de esa batalla con los herederos del dictador se había conseguido, en el 2008, que el castillo se declarara un bien cultural de interés público de modo que los ocupantes debían permitir las visitas (cosa que incumplieron sistemáticamente).

Después que quedó claro que la residencia era resultado de la corruptela y el latrocinio sistemático por parte de los Franco estos intentaron llevarse todo el contenido incluyendo grandes valores patrimoniales como la biblioteca de Emilia Pardo Bazán y obras de arte, pinturas y esculturas que Franco y su mujer Carmen Polo habían rapiñado por toda España. No lo consiguieron.

Finalmente, desde principios de este mes de julio de 2021, el Pazo de Meirás está abierto a visitas guiadas y se ha propuesto que se transforme en un centro de memoria histórica a instancias de las organizaciones de represaliados y perseguidos por el franquismo. Lo que allí se recuerde es mucho más profundo que esta recuperación patrimonial porque tiene que ver  con las mujeres campesinas que hicieron de Meirás el centro de las revueltas agrarias contra el fascismo durante la República Española.

Enrique Amorim y García Lorca

En efecto, el desalojo de dos familias que cultivaban los terrenos del Pazo motivó, entre 1933 y 1936, una poderosa rebelión contra la oligarquía, la Iglesia Católica y el poder de la derecha protagonizada por las mujeres del pueblo. El Pazo de Meirás – o mejor las Torres de Lorbé, como las bautizó su promotora, la escritora Emilia Pardo Bazán – debe servir para identificar al pueblito de Sada (en A Coruña) con las sombras más terribles del franquismo y la debilidad de una democracia que tardó décadas en desmontar uno de los últimos símbolos del poder que aún detentan en Galicia y en España los herederos físicos e ideológicos del tirano.

Esas tierras fueron un activo centro de la lucha antifascista durante la República, y del empoderamiento de un puñado de mujeres que lo perdieron todo por defender valores tan esenciales como la justicia, la solidaridad y la fraternidad. Durante los tres años que precedieron al golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936, Meirás vivió una permanente rebelión campesina en la que aquellas mujeres tuvieron un papel destacado. Aquellas mujeres no eran dirigentes y sus nombres no aparecían nunca en la prensa pero fueron las que se enfrentaron con los terratenientes, los jueces,  la Guardia Civil y la Iglesia Católica que ejercía de cómplice necesaria de la violencia, la injusticia, el despojo y la represión.

Manuel Pérez Lorenzo y su artículo “Meirás Rebelde: un conflicto agrario en la Galicia de la Segunda República” y Carlos Babío Urquidi, son los historiadores que desarrollaron las investigaciones que han permitido recuperar las Torres para el patrimonio público.

Desde principios del siglo XX, Sada era uno de los centros políticos y sindicales más activos de la provincia de A Coruña, nutrido intelectualmente de los cientos de vecinos que emigraron a Nueva York y que contactaron allí con los movimientos anarcosindicalistas. «En Sada había 8.000 habitantes, y poco antes de 1936 alrededor de mil estaban afiliados a la Confederación Nacional del Trababajo (CNT)», cuenta Pérez Lorenzo.

En aquellos tiempos el machismo imperaba también en las organizaciones políticas y sindicales de izquierda. Pero probablemente era en el anarquismo y en la CNT donde el feminismo y la igualdad se desarrollaban de manera más incipiente. En ese contexto de activismo, de conciencia de clase y de empoderamiento femenino, se produjo en Meirás un suceso que hizo estallar la rebelión. El primogénito de la escritora – el ya citado aristócrata archireaccionario Jaime Quiroga Pardo Bazán –  decidió vender 22 ferrados – alrededor de una hectárea – de tierras que arrendaban desde hacía setenta años dos familias campesinas de la aldea y cuyo único sustento provenía del cultivo.

El comprador, José Gayoso Barral, un emigrante retornado que se había enriquecido en Buenos Aires, decidió duplicarles la renta que pagaban (de modo que pretendía que le entregasen la mitad de todo lo que cultivaran), y  ante la negativa de las familias, inicia el procedimiento para desalojarlas. Gayoso, acompañado del juez y de la Guardia Civil, se apersonó, destrozó las herramientas de labranza y echó a los campesinos de sus casas.

Pocos días después, el 23 de abril de 1933, los vecinos de Meirás, organizados en torno al sindicato local, se levantaron para defender a las familias desalojadas y ocuparon de nuevo las tierras, enfrentándose con la Guardia Civil. Hubo 49 detenidos (veintiséis de ellos mujeres). Incluso se llega a procesar a una niña de once años. El suceso llegó a la prensa local y nacional conservadora, que apoyó a Gayoso. También llegó a los boletines de partido y a los periódicos de izquierda.

Pocas semanas después, varios contingentes de campesinos de la comarca se desplazan a Meirás para ayudar en la vigilancia y protección de las fincas, lo que provoca constantes enfrentamientos con la Guardia Civil. Durante uno de ellos, son las mujeres las que evitan la detención de los hombres y las que ocupan las tierras para sembrarlas, de noche, burlando a los guardias. los turnos Cuando Gayoso decidió cosechar el maíz que las campesinas habían sembrado, estas lo quemaron, incluyendo una partida que había acaparado el cura de la parroquia, Benigno Mayo, quien también había adquirido tierras de las Torres de Meirás para explotar a las familias que las cultivaban como medianeros.

El Comité de Labriegos de la CNT se pronunció: “Los jueces y sus leyes; los gobernadores y sus alcaldes; la Guardia civil y sus fusiles; los curas y sus sermones, todos están interesados en someter a los pobres en beneficio de los ricos. Si nosotros dejamos de pagar rentas y ofrendas; si dejamos de pagar consumos, contribuciones y cédulas; si nos unimos todos los pobres contra todos los ricos y sus adulones, ¿cómo van a engordar esos ladrones, que no trabajan?” (…) “¡Mujeres trabajadoras, en guardia; el cura pretende quemar la iglesia para después arrancaros pesetas con que hacerla de nuevo! Nada de quemar iglesias; quemad a los curas ladrones. Colonos del cura de Meirás: ese cerdo con sotana os da el cielo a cambio de lo que os roba; uníos a nosotros, y no paguéis ni un céntimo a ese ladrón”.

Entre 1933 y 1936, y especialmente bajo el Gobierno de la derecha, que promulgó una ley sobre arrendamientos rurales para reforzar el poder de los terratenientes, se sucedieron enfrentamientos que sólo terminaron con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La revuelta y la politización de Sada crecen casi hasta el último minuto: en junio se constituyó la agrupación local del Partido Comunista. Poco después las campesinas expulsaron al cura del pueblo y repartieron entre los vecinos el maíz que acaparaba. Tras el golpe se desarrolló una represión brutal contra las familias que participaron en los enfrentamientos.

Hubo decenas de asesinatos, de desapariciones, de suicidios provocados, de torturas y de humillaciones y vejaciones públicas. “Las vidas de muchas de esas familias cambiaron para siempre. Y eso era lo que perseguía el nuevo régimen: inhibir la disidencia y la iniciativa, anular toda forma de acción colectiva al margen de las estructuras de la dictadura. Era la reacción de los que vieron peligrar sus privilegios durante la Segunda República”, sostiene Pérez Lorenzo. Su bisabuelo era José Monzo, secretario local de la CNT y destacado militante de la Federación Anarquista Ibérica. Pasó sus últimos días escondido y aislado en un islote rocoso y desarbolado en medio de la ría de Sada.

Entre las historias más lacerantes figura también la de una mujer, Josefa Portela, abuela de Carlos Babío, activista destacada del movimiento campesino y en cuya casa se habían celebrado algunas de las asambleas de la rebelión. Tras el golpe, su marido sería detenido y torturado, y moriría poco después de que lo devolvieran a casa malherido. El cura de Meirás no dejó que lo enterraran en sagrado, y poco después de que Franco se hiciera con las Torres, la Guardia Civil echó a Josefa y a sus hijos de su casa y añadió la vivienda y sus tierras, con la colaboración del banquero Pedro Barrié de la Maza, a las posesiones del dictador en Meirás. “Mi abuela nunca volvió a ser la misma. Murió cuando yo tenía seis años, y sólo la recuerdo callada y mustia. Acabaron con su vida. Acabaron con ella como persona”, cuenta el historiador.

Es el recuerdo de esas gentes sencillas y su lucha contra la tiranía la que habrá de vivir en el Pazo de Meirás.

3) El Rey delincuente

El avezado periodista español Carlos Enrique Bayo, ha publicado en Público, un documentado artículo sobre el origen más que dudoso de las finanzas del rey jubilado Juan Carlos I, pomposamente retirado del escenario como “rey emérito” aunque cada vez queda más claro que los méritos que ha hecho deben llevarle a la cárcel y a liberar a España, definitivamente de los Borbones.

Juan Carlos de Borbón amasó una inmensa fortuna gracias al tráfico de armas, asociado, entre otros criminales, con personajes de la talla de Adnan Khasshoggi, el millonario saudí que paseaba por las noches de los balnearios españoles rodeado de estrellas de cine, banqueros, ministros socialistas y aristócratas.

En España se dice que hay un reflejo automático en los medios españoles de modo que cuando se destapa una nueva cagada del rey Juan Carlos, inmediatamente apuntan para otro lado. “Con el rey Juan Carlos nos hemos acostumbrado a mirar tanto para otro lado que llevamos medio siglo con tortícolis crónica” dice David Torres en Público.

Desviamos la vista – dice Torres – cuando sus colaboradores más cercanos empezaron a caer en los juzgados uno detrás de otro. Mario Conde, los Albertos, Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal, cuyo nombre también aparece de lleno en los asuntos de ventas de armas, por eso de que el roce hace el cariño.

Y sigue Torres: cerramos los ojos ante la interminable desfile de señoras con las que practicaba el segundo deporte favorito entre los borbones, el adulterio, culminando la faena con una barragana de apellido filosófico con el que le salió el tiro por la culata. Nos tapamos los oídos para no oír los escopetazos con que masacraba toda clase de animales indefensos en cacerías millonarias: elefantes, búfalos, cabras y hasta un pobre oso borracho. Incluso llegó a fotografiarse envuelto en un abrigo de piel de leopardo de las nieves, el felino más hermoso y extraño de la creación, en grave peligro de extinción desde hace décadas: una imagen que dice del juancarlismo mucho más que todas sus biografías y panegíricos.

Tampoco hemos querido enterarnos mucho del enorme lodazal de mierda removido por la fiscalía suiza: pagos fraudulentos, sociedades en paraísos fiscales, estructuras opacas, comisiones a manos llenas, cuentas en Suiza y en Andorra, máquinas de contar billetes y viajes en avión con maletines forrados de dinero al estilo de la familia Leguineche. Menos aún se oyó hablar de su papel de confidente de la Casa Blanca, de la CIA y de Kissinger a principios de los 70, unas revelaciones de Wikileaks de las que sólo se hizo eco Público porque los demás estaban muy ocupados haciendo reverencias y genuflexiones. Como para que se rasguen las vestiduras ahora, sólo por unos cuantos papeles que apuntan a que ingentes cantidades de dinero procedentes de la venta de armas a países árabes fueron a parar a su bolsillo.

Es curioso que, ante el silencio unánime de los medios, hayan sido unos cuantos socios del gobierno quienes, tras el escándalo destapado por la exclusiva de Carlos Enrique Bayo, soliciten la creación de una comisión de investigación en el Congreso para aclarar los supuestos negocios de tráfico de armas del anterior Jefe del Estado – sostiene el periodista – sin embargo, nos imaginamos cómo va a acabar todo esto: exactamente igual que las catorce veces anteriores, con una rápida y eficaz negativa del PSOE, el PP y demás partidos mayoritarios a que se investigue nada, no vayan a encontrar algo y a ver qué iban a hacer entonces, si llevan toda la vida limpiándole el culo. Sí, la verdad es que con el rey los españoles hemos mirado para otro lado tantas veces que ya nos cuesta incluso vernos en el espejo por las mañanas.

El problema es que el gradiente de gravedad de las cagadas borbónicas va en aumento. Veamos, se dice que una de las primeras y en cierto sentido leve, porque solo escandalizó a un sector anquilosado de la aristocracia fue cuando su heredero Felipe se casó con la señora Letizia, una plebeya, divorciada, agnóstica, republicana (¡¡??) y con un aborto voluntario consumado.

Al lado de esto el divorcio de la infanta Elena, que mandó a paseo a Jaime Marichalar no fue ni noticia. El aristócrata perdió el tratamiento de Duque de Lugo, el de Excelentísimo Señor y miembro de la familia real. Aparentemente corrió con suerte y no qauedó pegado en los negociados de los Borbones.

En julio del 2010 se pudrió la cosa con la infanta Cristina y su marido Iñaki Urdangarín imputado por la justicia por fraude fiscal, evasión de impuestos, prevaricación, falsedad documental y malversación de fondos públicos. Por esos delitos el Iñaki resultó con 7 años y un mes de inhabilitación especial y una multa de 513.553 euros. Urdangarín presentó un recurso ante el Tribunal Supremo que decidió no aplicar medidas cautelares, por lo que mientras se resolvió Urdangarín no fue a la cárcel, vivía en Suiza y no tenía que abonar fianza. Ratificada su condena, que quedó fijada en 5 años y 10 meses de prisión, el 18 de junio de 2018 ingresó en la prisión de Brieva. Su mujer, Cristina, la hermana del rey Felipe VI, la sacó regalada.

El 29 de enero de 2016, la infanta Cristina seguía en el banquillo de los acusados del ‘caso Nóos’. La Audiencia Provincial de Palma de Mallorca desestimó el recurso de cuestiones previas y amparó la legitimidad de acusarla en solitario de ser colaboradora necesaria de los dos delitos fiscales cometidos por su marido a través de Aizoon, la empresa que comparte el matrimonio. El 17 de febrero de 2017, la infanta fue absuelta de los dos delitos fiscales de los que se le acusaba, pero se le condenó a devolver 265.088 euros al considerar que se había beneficiado de los delitos cometidos por Iñaki. La Alteza Real vive en Suiza, trabaja para la Fundación Aga Khan y viaja tranquilamente por el mundo.

Que los Borbones tienen problemas con las escopetas no es ningún misterio. Desde que Juan Carlos mató a su hermano accidentalmente de un escopetazo, hasta los disparos y accidentes en sus cacerías hasta la situación de su nieto, el hijo de Marichalar. En el 2012, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos tenía 13 años. Los menores de 14 años tienen prohibida la licencia para portar armas. Para la modalidad de caza los menores, siempre mayores de 14, deberán ir acompañados por uno o varios cazadores mayores de edad. En todos los supuestos contemplados, el nieto de los reyes no cumplía con los requisitos legales y se pegó un tiro en el pie.

En abril de 2012, Juan Carlos se rompió la cadera en una de sus cacerías y salieron a luz las fotografías de los animales convertidos en trofeos, en Botsuana. Fue la primera y única vez donde Juan Carlos dijo su famoso “lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. En ese momento el desempleo en España había alcanzado al 23%.

El escándalo de aquellas fotos de cacería puso en evidencia que la sedicente princesa alemana Corinna Larsen o Corinna Zu Sayn-Wittgenstein (el apellido rimbobante de uno de sus maridos anteriores aunque después perdió el título cuando el príncipe volvió a casarse con una modelo), era la amante que le acompañaba en sus viajes. Corinna se lució posando para las revistas faranduleras españolas luciendo el reloj y joyas que el rey le regaló, avaluadas en dos o tres millones de dólares. Después se supo que Juan Carlos le habría regalado 76 millones de dólares por lo que han de haber sido los coitos más caros de la historia moderna.

En una grabación, Corinna parece decir que Juan Carlos I había solicitado una comisión por interceder en el contrato entre los sauditas y empresas españolas, por unos 8.000 millones de dólares, para construir el tren de alta velocidad entre Medina y La Meca. Además dijo que Juan Carlos había escondido el dinero en el exterior. Una primera investigación sobre esas revelaciones fue desestimada por falta de pruebas. Sin embargo, poco después, el diario suizo Tribune de Genève destacó que Juan Carlos I escondía 100 millones en Ginebra. Entre 2008 y 2012, al amparo de una sociedad panameña y con él como único beneficiario, el rey emérito confió en total discreción 100 millones de dólares al Banco Mirabaud. El diario suizo informó que se sospechaba que el pago procedía del rey de Arabia Saudita, Abdallah, y añadió que la justicia suiza había abierto una investigación por blanqueamiento de capitales. Aquí apareció Corinna de vuelta; en el 2012 el rey le había transferido 76 millones de dólares a su amante.

Dado que la supuesta transferencia se produjo cuando Juan Carlos aún era rey y estaba protegido por la impunidad que la Constitución española le otorga al monarca, lo que la fiscalía del Tribunal Supremo español investiga es si el rey emérito cometió blanqueo de capitales y delito fiscal al tener ese dinero en cuentas en el extranjero sin declarar. Por su parte, el fiscal suizo Yves Bertossa recaba pruebas para averiguar si ese pago tiene relación con el contrato que los sauditas otorgaron al consorcio español en la construcción del ferrocarril.

Esa es la razón por la que después de abdicar en su hijo Felipe, el rey emérito debía huir de España en agosto del año pasado. Naturalmente que el lugar ideal para eludir a la justicia eran los Emiratos Árabes. Primero recaló en el hotel Emirates Palace de Abu Dabi, pero ante la falta de privacidad el emérito se trasladó a una residencia de superlujo de dos plantes situada en una de las islas más exclusivas de la capital de los Emiratos Árabes. La vivienda cuenta con futbolín, billar, siete cuartos de baño, una gran piscina, playa privada, grandes espacios verdes y seis habitaciones en suite, todo desarrollado en mil cincuenta metros cuadrados de edificación en cuatro mil metros de terreno. En la isla hay otras diez residencias, la más barata de las cuales cuesta once millones de euros pero estas super residencias no se venden sino que se alquilan y Juan Carlos estaría pagando entre 25.000 y 30.000 euros por día  para disfrutar de sus amenidades.

 

Por el Lic. Fernando Britos V.

 

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