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Chile | ¿Y ahora qué? (El después de las primarias)

Los resultados de las Elecciones Primarias oficiales, realizadas el día domingo 18 de julio, fueron meridianamente claros: relativamente predecibles para el pacto “Apruebo Dignidad”, con un triunfo aplastante para Gabriel Boric; y una victoria planificadamente “inesperada” para la Derecha, con un Sebastián Sichel que se develó como el “candidato tapado” del mundo empresarial y de la derecha más recalcitrante.

No deja de llamar la atención la importante cantidad de votantes que concurrieron a sufragar, casi un 21,4% del universo total de personas habilitadas para votar, lo que refleja dos aspectos singulares: de una parte, cierto interés de la población por participar en la definición de sus candidatos a la presidencia y, de otra, la importante movilización de adherentes de los candidatos de la derecha, que refleja los esfuerzos de ese sector por revertir la abrumadora derrota en la elección de Convencionales constituyentes. Los resultados alcanzados por este último sector, parecieran haberles dado un “segundo respiro”.

En virtud de estos resultados, una primera conclusión salta a la vista: la diferencia en el número de votantes de ambos sectores, si bien favoreció a “Apruebo Dignidad”, está muy lejos de ser una cifra no remontable para la derecha. Por ello, las elecciones venideras se avizoran muy reñidas, donde la capacidad de movilización de cada sector será relevante para asegurar su triunfo.

Una segunda conclusión se refiere a una oportunidad importante de las fuerzas de oposición para impedir la continuación de un gobierno de derecha. Sin embargo, esta es solo una oportunidad, cuya materialización depende de la capacidad de las fuerzas involucradas para desarrollar una política de alianzas suficientemente amplia, que logre contrarrestar los esfuerzos del oficialismo por reordenar sus fuerzas. Es importante, además, considerar que los actores que definirán la próxima elección son muchos más que los que se presentaron a las primarias oficiales.

En virtud de estos resultados, una primera conclusión salta a la vista: la diferencia en el número de votantes de ambos sectores, si bien favoreció a “Apruebo Dignidad”, está muy lejos de ser una cifra no remontable para la derecha. Por ello, las elecciones venideras se avizoran muy reñidas, donde la capacidad de movilización de cada sector será relevante para asegurar su triunfo.

La enorme prevalencia del anticomunismo constituye una tercera conclusión. El fantasma del terror comunista que se cierne sobre el paraíso terrenal chileno, se ha transformado en un principal argumento para atacar diferentes frentes: Si usted está por una educación pública gratuita, por el derecho a la salud y la vivienda, entonces es comunista o está manipulado por los comunistas. Si usted tiene el atrevimiento de levantar la voz por mejores salarios, entonces seguro que es comunista. Si se atreve a manifestar su apoyo a los derechos de los trabajadores, a las causas indígenas, contra la colusión empresarial, entonces usted está totalmente corroído por el cáncer del comunismo. Ahora, si se atreve a levantar la necesidad de reducir las jornadas laborales, e incrementar los impuestos a los más ricos, entonces con ustedes no se puede hablar y es necesario salir a la búsqueda de interlocutores que desechen estas ideas comunistoides, que atentan contra la libertad (de los empresarios).

Como si no fuera ya suficiente con el ambiente creado por el anticomunismo y la prensa oficial, las Primarias Oficiales estuvieron marcadas, por ambas partes, por dichos y diretes que buscaban descalificar a los opositores. Sin entrar en detalles, al interior de la propia alianza “Apruebo Dignidad”, se generaron innecesarios escenarios de odiosidad entre partidarios de futuras alianzas, dejando traslucir las viejas prácticas de los partidos tradicionales, y de las cuales la ciudadanía de la revuelta ya ha manifestado su rechazo.

Por este motivo, es plenamente válido conjeturar, en cuarto lugar, la necesidad urgente de construir una política de alianzas, que aglutine de manera efectiva a las fuerzas de la oposición en contra de la continuidad derechista, y que represente de manera justa las necesidades que levantó la población durante la revuelta y que siguen sin ser resueltas. Los partidos políticos de la alianza “Apruebo Dignidad” no pueden olvidar que la oportunidad de barrer con el gobierno de la derecha y redactar una Constitución verdaderamente democrática, fue construida por la población movilizada por sus derechos. Tampoco pueden olvidar que ninguno de sus partidos fue reconocido por la movilización ciudadana. Ignorar esto (o seguir ignorándolo, como han hecho algunos de los líderes de esta alianza) puede arrojar resultados desastrosos para los próximos meses.

Una quinta conclusión que pareciera aflorar de los resultados del día domingo, indica que se impuso la hipótesis de buscar una salida a las demandas de la revuelta vía el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, firmado por Boric, a título personal, en noviembre 2019. Si se refrenda esta conclusión en los próximos días, es posible que la alianza de las fuerzas opositoras se vea fracturada y seamos testigos del surgimiento de candidatos presidenciales alternativos, que se proclamen herederos de las demandas de octubre 2019.

No puede dejar de preocupar la afirmación realizada por Daniel Jadue, en el discurso que reconocía su derrota, respecto de que las organizaciones políticas son “una especie de vanguardia del pueblo organizado” para, a reglón seguido reconocer que “todas las organizaciones llegamos tarde, y asumimos esta unidad solo por la presión que nos pusieron los independientes….”. Tras estas afirmaciones, sin quererlo, el ex candidato pone el dedo en una llaga que la actual Dirección del PC se ha negado a abordar: la creciente pérdida de representatividad el PC en el mundo asalariado, poblacional y, particularmente, entre los jóvenes. El esfuerzo abnegado de su militancia (tanto activa como pasiva) se ve opacado por un discurso poco claro y rígido, que preconiza realidades que no lo son como, por ejemplo, el de un supuesto reconocimiento de “la calle” durante la revuelta, haciendo caso omiso de que todos los partidos políticos tradicionales, incluido el PC de Chile, eran rechazados por los manifestantes de O-19. O, más grave aún, seguir desconociendo el severo deterioro político que le significó haber sido parte del gobierno de la Nueva Mayoría.

Esto se agrava en condiciones de un movimiento sindical atomizado, de cohesión deplorable, en cuyo seno es cada vez menor la proyección de las políticas del PC chileno. Lo peor es que ello ha marcado una impronta: una fuerza política de histórica raigambre popular, ha sido incapaz de reconocer y preservar sus propias raíces. Se suma a lo anterior una pérdida de ascendencia en el mundo de la solidaridad y los derechos humanos. Muchos de sus partidarios hoy forman parte de la militancia pasiva, sin que ello signifique desconocer sus raíces y principios en la ideología del proletariado.

Y todo esto afecta a uno de los partidos más vapuleados por la dictadura, cuyos militantes dieron ejemplo de desgarrador heroísmo en la lucha contra el fascismo.

En el escenario marcado por la quinta conclusión, el Frente Amplio busca erigirse como heredero de las demandas sociales y populares, preconizando ante la ciudadanía su condición de continuador de la gesta de Allende y verdadero representante de la voluntad democrática de la ciudadanía. Y para ello se apoya en la votación alcanzada en las recientes primarias, donde logró concitar una gran votación del mundo juvenil y una considerable participación de desafectados de la ex Concertación. Un lugar importante ocupa, por cierto, un lenguaje simple e ideas claras, que muestran gran empatía con sus electores. No obstante, dos “pecados originales” complican su posición. De una parte, pertenecer al mundo de los “Partidos Políticos Tradicionales”, generando suspicacia y dudas por parte de los sectores más empobrecidos de la población, que ven a sus parlamentarios como incapaces de avanzar en la solución de las demandas levantadas durante el “estallido social”. De otra, el verdadero estigma que arrastra Gabriel Boric, por su participación en la ley que permitió la criminalización del movimiento social durante la revuelta.

Una sexta conclusión que se desprende de los resultados de las primarias, se refiere a la clara ausencia en las urnas de un amplio espectro de independientes, particularmente los que se encuentran representados en la Convención Constitucional, y cuya participación será clave para la definición de las próximas elecciones presidenciales. Su ausencia, o presencia como tercera alternativa, podrían afectar severamente las intenciones de frenar la continuidad de un gobierno de derecha. Por este motivo, tarea primordial del Frente Amplio, así como del PC, es el urgente trazado de puentes que permitan concitar el apoyo de esta amplia masa de independientes y movimientos sociales. Una tierra fértil para esto, es el trabajo que se realiza en el marco de la Convención Constituyente.

Una séptima conclusión señala que la Democracia Cristiana, y tras ella la ex Concertación, se ven enfrentados a una de sus peores pesadillas. Por el lado de la derecha, se erige como candidato un ex militante democratacristiano, capaz de atraer los votos de sus sectores más conservadores. Por el lado de enfrente, un candidato inesperado, con amplia votación ciudadana, y contra el cual no será tan fácil reorientar todo el terror anticomunista y, lo peor, capaz de capturar la adhesión de concertacionistas (particularmente socialistas) no deseosos de ser parte de un contubernio DC-derecha en una segunda vuelta. En este escenario, la DC debe decidir si proclama a su candidata, corriendo el riesgo de ser una postulación testimonial que, además, la obliga a dejar en la berma a sus hoy aliados socialistas y PPD. Todos ellos se encuentran severamente amenazados de caer en la irrelevancia política.

Constatado el contundente triunfo de Boric, de inmediato se reveló una octava conclusión: nace un nuevo concepto de “progresismo”, que incluye al Frente Amplio, pero dejaría fuera al Partido Comunista. Desde los medios de comunicación ya se informa que «el electorado del candidato del FA es progresista y no pertenece a la matriz de izquierda de Jadue».  ¡¡¡Dura misión se le presenta a los comunistas chilenos: ahora, además de luchar en contra de un obsesivo anticomunismo, ahora deben desarrollar lenguaje para lograr romper con el cerco del “progresismo”!!!.

Que se viene para los próximos días:

Como ya indicamos, lo más urgente parece ser la necesidad de crear la más amplia alianza de las fuerzas democráticas, para terminar con el continuismo de la derecha, escribir una nueva Constitución, y conquistar un gobierno democrático, de verdadera participación ciudadana.

Para ello, las fuerzas populares y democráticas debemos volcarnos a las calles, centros laborales y de estudio, poblaciones y territorios para crear organización social, construir confianzas y, lo más importante alcanzar un programa conjunto, y construir una sólida base de sustento al proceso constituyente, movilizando a la población en defensa de las demandas de octubre del 2019.

 

 

Por Danilo Araneda
(Desde Chile)

 

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