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Los hechos de ayer contradicen el relato hegemónico ideológico de hoy

Dice Luis que preguntarse si nuestras muertes por COVID eran evitables es contrafáctico.

Le está sacando el hombro a la jeringa. Está oscuro, porque está yendo él contra los hechos, tratando de sostener en cancha un relato que se quedó sin piernas y al que los actores están empezando a golear. Su estrategia es poder seguir, en septiembre, cuando la epidemia afloje, diciendo que no está demostrado que reduciendo la movilidad se hubiese reducido las muertes y que tampoco se puede demostrar, porque no se hizo.

Se apropia así de uno de esos conceptos, que, a partir de términos novedosos, se ponen de moda desde la intelectualidad genérica, permeando especialmente a la izquierda de los espectros políticos, en este caso con la palabra “contrafáctico”.

“Eso que planteás es contrafáctico” te dicen ahora algunos compañeros, si planteás cualquier condicional de una historia o si la conjugás políticamente en modo subjuntivo.

Claro que es contrafáctico. La ciencia es contrafáctica. Porque los hechos no son. Los hechos van siendo en la medida en que el ser humano en su relación con la naturaleza los va haciendo.

Si no, alcanza con decir, “el imperialismo es un hecho”. Punto. Cerrá el orto. Liquidá el pensamiento dialéctico y empobrecé la praxis de la historia.

Cuando Lenin decía en Dos Tácticas, “si adoptamos el modo cortesano vamos a quedar de hecho con las manos atadas”, estaba estudiando el condicional de un relato, porque los hechos se suceden en pleno desarrollo.

Y cuando Marx no se cansó de escribir hasta la muerte, con todas las contextualizaciones y los giros e intensidades que pudo, incluso literalmente, que la Comuna de París debió dirigir sus armas, de una, contra Versalles, para evitar en los hechos que Versalles la ahogara en sangre (la obra política de Marx puede resumirse en el desarrollo pormenorizado, dialéctico e histórico de este concepto), estaba poniendo en modo subjuntivo la taxativa fáctica del capitalismo.

Luis es el capitalista fáctico de los hechos consumados. Murieron cinco mil. “Que mueran los que tengan que morir”, le dijo Macri a Alberto Fernández. Y ya sabemos cuál de los dos es el gran ídolo de Luis.

Después la juega a un espacio libre en la defensa del Frente Amplio. “No estamos a favor de la cuarentena obligatoria”, dice Luis. Nadie en el Frente Amplio pide hoy cuarentena obligatoria. El FA pide reducción significativa de la movilidad, pero el Frente Amplio, pida hoy lo que pida, en otro contexto, con casi un 30% de la población vacunada, tiene que marcar ese espacio inicial porque si no, por ese costado del relato, Luis se florea. Dice “ya vimos en nuestros vecinos el resultado de la cuarentena obligatoria; nuestro pueblo no acataría más medidas de restricción de la movilidad”. Se le contesta, “no pedimos cuarentena obligatoria; estás en orsai”, pero quedamos enganchados, porque eso, exactamente eso, es lo que esgrime Luis para que no se le acuse de muertes evitables, ¿desde cuándo las muertes fueron evitables? ¿Desde marzo? ¿Fueron sólo tres mil quinientas? ¿El GACH es el VAR?

En los hechos comprobados por la experiencia mundial, todas las muertes por COVID en Uruguay, excepto la única que se produjo por el primer brote detectado el 13 de marzo de 2020, fueron evitables. Todas. Alcanzaba con la propuesta de Tabaré Vázquez, que también era científico, ¿o no? Era médico. Los países que aplicaron esa propuesta, cuarentena (cuarenta días, seis semanas, en Uruguay podía llegar a dos meses a reventar) obligatoria para eliminar el virus, no para “aplanar la curva”, “ganar tiempo”, “mitigar los daños” (objetivo y discurso común de los gobiernos de Uruguay y de Argentina al que alude Luis), Nueva Zelanda, Vietnam, China e Islandia, entre otros, no sólo eliminaron el virus y no tuvieron apenas más muertes por COVID, sino que salvaron sus economías y crecieron en 2020 y en 2021 a ritmo de prepandemia. Esa es la realidad. Esos van siendo los hechos. No hay que mirar el mundo con un solo ojo, reduciéndolo a lo que Guaidó llamaba “la comunidad internacional”.

¿La clave estuvo en la inmovilidad? Al revés. La clave estuvo en la movilidad, en las brigadas, en el puerta a puerta, en ningún ciudadano tirado.

El gobierno uruguayo es responsable de todos los muertos, de todos los empobrecidos, de haber confiscado los ahorros de las capas medias, de las PYMES cerradas y de la economía perdida un año en vez de seis semanas, porque Uruguay tenía todas las condiciones para obtener los resultados de Nueva Zelanda, de Vietnam, de China (en China murieron cinco mil, per cápita son 35 muertes de Uruguay, igual es mucho) e Islandia e incluso teníamos mejores condiciones que todos ellos menos Nueva Zelanda.

Y por macronista con herencia macrista, el gobierno de Alberto Fernández no hizo ninguna cuarentena, ni obligatoria ni nada. Pagándoles ATP y pautas desorbitadas a los hegemónicos medios anticuarentena, lo que se hace es confusión obligatoria, desgaste, cansancio, el mismo efecto que instaló Luis en Uruguay y que ahora utiliza para la factura de los hechos consumados, para la defensa del statu quo, “ya sabés que si querés salvarte del virus, te mato de hambre y agradecémelo en la calle”, pero aún así, los resultados obtenidos por Axel Kicillof en la Provincia de Buenos Aires, por su densidad de población y condiciones socioeconómicas, la provincia más difícil de Argentina para frenar una epidemia, fueron bastante mejores que los de Uruguay, el país más fácil del mundo para eliminar una epidemia, que desde hace dos meses es el país con más muertes e infecciones diarias de COVID per cápita del planeta.

El relato ideológico de Luis no es contrafáctico, pero está condenado a la deriva por el devenir de los hechos.

Seiscientas mil firmas para plebiscitar la LUC está siendo un hecho que no incluye el sentido común formateado por los medios, pero incluye los hechos de la pésima gestión de la pandemia, tan independientes de las encuestas, como un gol en contra suele ser independiente de la voluntad de su autor.

Las setecientas mil firmas que vamos a presentar de aquí a un mes, sin bajar los brazos contra viento y epidemia, es la realidad contrafáctica de los hechos, demostrando que, en el peor de los casos, a la ideología, los hechos la tiran al óbol o al córner.

Por eso decía Obdulio: “si le empatamos a la realidad, podemos ganarle a cualquiera”. “A cualquiera” incluye a la realidad.

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

 

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