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A seguir construyendo y abrir los puertos

En ese 1 de marzo 2020 era un día soleado tal como se lo merecería la Democracia, así lo era y lo es. Por tal motivo en la mañana salí a disfrutar en soledad de la libertad, de los espacios públicos, de la ciudad y de ver gente que no conozco y aprender de ella.

Me fui dejando llevar por mis reflexiones, por los caminos y rincones de la Ciudad Vieja, la Rambla y la Aduana, sabiendo disfrutar de esa virtud que tenemos los ateos de entender la soledad, reflexionar y discutir con uno mismo sin pedirle permiso a nadie, ni nada y siendo responsables frente a la muerte, de disfrutar lo que construye el humano, de la naturaleza y de hacernos cargos de sus escombros.

En el trayecto me crucé con niñas y niños jugando al aire libre, no solo habían pelotas y patines sino que habían Ceibalitas junto a sus dibujos de alegría.

Contra alguna pared gris se veía recostado algún terco ser humano fumando, esperando la nada. Me dije «me alegro que las personas fumen menos y me lamento que la gente se resigne a esperar la nada».

Más en las afueras otros y otras discutían y trataban de entender el pulso del pescador pero varios ya habían tirado la caña, se rendían, se contradecían y además se reprochaban.

Andrés Legnani

Continúe por una calle en pendiente y me tropecé con una cartera al borde de un cordón, se nota que había sido robada en días anteriores y que su dueña nunca supo noticias de ella.

Las noticias habían cambiado y las noticias eran que en Uruguay democráticamente había elegido ir por el camino más conservador de lo conservador.

Brindé a mí mismo por todas y todos por la Democracia, pero a su vez mi estado anímico empezó a cambiar y empeorar.

Sentí de repente brisas viejas para huesos viejos con nervios obsoletos, por lo tanto tuve la necesidad de ir hasta el puerto para renovar el aire, ya era alrededor del medio día.

Previo a llegar al puerto me detuve en una perspectiva y miré la cúpula del Palacio Salvo, testigo único de nuestros aciertos y atrocidades de la historia de los últimos 100 años en el Uruguay.

En el puerto mismo sobre el muelle y mirando al Sol, respirando hondo para tener paciencia, recuperar fuerzas y renovar el aire, mientras me preguntaba perplejo ¿qué pasó?, la corriente trajo una botella con algo en su interior, humildemente bajé hasta las rocas y la abrí, en su interior algo dice así:

Llegan a la Plaza jinetes de la tradición cabalgando con su cruz
escoltando al huevo de oro de la alta gama.

Fuimos perdiendo los colores mirando para el costado
asimilando sin darnos cuenta no nos hicimos cargo.

Fuimos perdiendo los valores y nos ganó la indiferencia
asimilando sin darnos cuenta no nos hicimos cargo.

Fuimos perdiendo la historia cayendo en viejas mañas
asimilando sin darnos cuenta no nos hicimos cargo.

Algunos mintieron por nosotros y traicionaron, ¡que quede bien claro!,
Algunos mintieron por nosotros y traicionaron, ¡que quede bien claro!,
sin darnos cuenta no los hicimos cargo, muchos no lo asimilamos ni olvidamos.

Entre los escombros igual se escuchaban aletas automatizadas,
otros miraron para el costado y otros los hundieron o les cerraron puertos
porque navegaron.

Ahora estamos más lejos del futuro y encerrados,
Margaritas sin pétalos se marchan con dolor en el silencio.

Nos ganó la soberbia,
Nos ganó la ceguera,
Nos ganó la inmovilidad,

Nos ganaron los ruiditos que teje el entretenimiento que anulan a la razón,
la razón es como el faro siempre tiene que guiarnos,
sin nunca dejar de ser humanos.

Mientras que Artigas pase frío en las plazas
nunca vamos a ser lo que queremos ser.
Mientras que Seregni sea ninguneado como un comodín
nunca alcanzaremos esa constelación verdadera.

Nos ganó la cómoda,
Nos ganó la estupidez,
Nos ganó el poder por el poder.

Ahora veo jinetes de la tradición esperando algún cura y a su dios con mayúscula,
Ahora veo gente etiquetada con algún peón sosteniéndole el paraguas,
Ahora veo milicos de cuarta, sí, milicos de cuarta y dinosaurios en las sombras.

Mientras tanto sobre la plataforma navegando veo en el horizonte a Seregni y
Artigas que nos llaman,
y otra voz que nos reclama no te rindas aunque el frío queme…

Cuando exhalé y abrí los ojos me llegó un mensaje por WhatsApp que decía
“estamos en casa, no demores, besos”, era mi familia.

Me tomé un tiempo y llevé la botella hasta un tacho para reciclar vidrios.

Me guardé esta nota junto a las del Amor, recordé a los que no están y a los que dieron su
vida, a los que están vivos y siguen construyendo porque debe seguir siendo el tiempo de la
gente y del Uruguay, un Uruguay con Libertad, Igualdad, Fraternidad con Justicia Social, sin
egoísmos y sin frivolidades para todas y todos, siendo siempre fundamental la Cultura.

A seguir construyendo y abrir los puertos porque aquí no se rinde nadie.
Viva Seregni!, Viva Artigas!, Viva Uruguay!.

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Carta de un héroe caído tocando timbre en La Tahona


Ángeles de blancos perfectos

sin uniformes de soldados
van a dar nuestra batalla
en cada sala en cada instante,
sin balas de goma ni de plomo
no van a matar a nadie,
van a dar su vida con humanismo y vocación,
por todas ellas y nosotros muerden el miedo y no se rinden.

El huevo de oro se dejó crecer la barba
no puso las bardas en remojo,
dicen que cuando se deja crecer la barba
está de vacaciones mientras las gráficas
estallan hace sus figuras en el agua.

Que suenen las sirenas no por mí, ¡igual muchas gracias!,
yo ya soy un ángel caído,
que suenen las sirenas por los que están dando la
batalla por lo que pueden seguir vivos.

No alcanza solo con la vanidad,
la serpiente que envenena y nos cura.

En las páginas bíblicas del marketing no hay
señal parece ser que no existe la ayuda,
sólo está el índice de cómo ser un camaleón y desaparecer
en las penumbras.

Qué seríamos sin la Ciencia?,
Qué seríamos sin hombres y mujeres construyendo la razón dando el corazón?,
Qué seríamos sin niños y niñas gritándonos Libertad e Ilusión?,
Qué seríamos sin esas tiernas sabidurías que nos suplican una digna despedida
o por lo menos una templada caricia con amor?.

Qué seríamos sin todo eso?,
no seríamos nada porque del huevo de oro podemos esperar muy poco,
espero nunca decir nada.

Por Andrés Legnani

 

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