Brasil | Fin de la ignominia

Hace una semana el Supremo Tribunal Federal de Brasil ratificó la anulación de todas las causas contra el ex presidente Lula. Estas lo quitaron de la contienda electoral de 2018 y le abrieron a Bolsonaro la llegada al poder.

Ya hemos analizado el catastrófico y patético golpe institucional dado por una conjura entre la oligarquía, la mayoría de los grandes medios masivos de comunicación, organismos del Poder Judicial, la derecha y el fascismo. El títere al frente fue el corrupto juez Moro. Este golpe fue avalado,explícita o implícitamente por casi toda la derecha a nivel global, con la administración Trump a la cabeza, incluyendo a la derecha uruguaya, que celebró como un triunfo de las instituciones democráticas de Brasil a la ignominiosa conjura. Los mismos que ahora callan vergonzosamente, mientras algunos registran coincidencias con el fascista de Bolsonaro.

Lula jamás tuvo conexión alguna con los escándalos de Oderbrecht, sus juicios inventados por Moro en complicidad con la fiscalía nunca se refirieron a ello. Hasta se hizo una película en Netflix en honor al despreciable Moro. Más allá de lo que expresaron los abogados del ex presidente; Zanin Martins y Valezca Martins, que estimaron que el Supremo con su decisión “restablece la seguridad jurídica y la credibilidad del sistema de justicia de nuestro país”, Brasil tiene el desafío de construir nuevas reglas que lo pongan a salvo de repetir esta pérfida conjura político-mediática-Judicial de la oligarquía .

Cerrada la ignominia, la “resurrección “ de Lula da comienzo a una esperanza.

No solo para Brasil. Para el futuro del continente. Para el rescate de América Latina de la tragedia económica, social y sanitaria en la que se encuentra. América Latina no tiene alternativa. Integración o irrelevancia. Seguir hundiéndose en la pobreza, la desigualdad y la miseria a la que la han llevado las derechas o retomar el camino del humanismo y el progresismo. La esperanza resulta muy difícil sin el liderazgo de Brasil.

Las elecciones de Octubre de 2022 definirán no solo el destino de Brasil. Definirán las posibilidades de que América Latina vuelva a transitar la senda del progreso, la igualdad y la búsqueda de la integración. Todos lo saben. Todos se preparan para intentar incidir en los acontecimientos.

Las izquierdas y el progresismo del continente y del mundo tienen que rodear a Lula. Es una causa global. No puede ni debe haber lugar para sectarismos ni radicalismos.

El pasado 11 de marzo, Lula no reveló si sería candidato en 2022. Dejó abierta esa posibilidad y expuso que su partido debía analizar si se presentaría solo o integrando una gran alianza política con otras fuerzas de izquierda y progresistas. Habló de la posibilidad de una alianza en un “frente amplio”. Puso énfasis en la prioridad de concentrarse en salvar a Brasil del desastre sanitario, tratando de ayudar a todos los estados con la vacunación, proponiendo y apoyando medidas para ayudar a los más débiles y para recuperar la economía, que vive la peor crisis de la historia contemporánea.

La agencia EFE daba a conocer sondeos a fines de marzo (antes del dictamen del Supremo Tribunal Federal ), que indicaban un desmoronamiento de Bolsonaro y un triunfo claro de Lula en segunda vuelta. Más allá del tiempo que falta para la elección, el pronunciamiento del Supremo sepultó las expectativas de Jaír Mesías de que fuese dejada sin efecto la sentencia del juez Fachin. Jaír Mesías Bolsonaro entró en la fase más delirante de su discurso político y sus acciones son impredecibles. Pero, todo indica que el “Supremo” acabó con la ignominia y con Lula se abrió un camino de esperanza.

 

 

Por Carlos Pita
Médico, político, ex embajador uruguayo en EE.UU.

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