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Luis debería aprender el marxismo de Boris Johnson

El beatle amarillento Boris Johnson, Primer Ministro del Reino Unido (parafraseando El Dieciocho Brumario, la cabellera que apareció marca del genio se repite como marca de la chifladura) dijo que “el capitalismo y la avaricia son la razón de nuestro éxito”. Recurrió a la máxima marxista “el ser social determina la consciencia”, reconoce en el capitalismo la determinante que los anteriores primeros ministros británicos ocultaban eficazmente, en la victoria o en la derrota, con arengas «nacionalistas británicas» de nacionalismo inglés.

El Mou trágico es nada eficaz al pretender ocultar con la palabra “éxito”, su fracaso de un año entero por no aplicar el método chino, que en parte finalmente aplicó recién desde diciembre, después de meses de una disparatada “estrategia de inmunidad de rebaño por contagio de la enfermedad” que le costó al Imperio británico en pocos meses 127 mil muertos con el virus (poco menos de la mitad de sus soldados muertos en los cinco años de la Segunda Guerra Mundial), una caída récord del 20,4 % del PBI, recesión económica, más de un millón de nuevos pobres y el mismo Boris Johnson internado en CTI con coronavirus.

Hace diez días la rectificación total iniciada en diciembre (medidas drásticas de cuarentenas con subsidios generalizados) y el acaparamiento avaricioso de vacunas, logró empezar cierto control de la epidemia en Londres.

Es curioso que el relato de Boris Johnson se ubique en las antípodas del relato heroico. Me recuerda el presagio, un poco en broma, bastante en serio, de que Reino Unido y USA tienden a convertirse en eslabones débiles de la cadena imperialista.

El relato heroico exige un momento de victoria para ser esgrimido con validez y para imponerse y el “éxito” de Johnson no es ninguna victoria.

Cuando Gran Bretaña ganaba, los antecesores de Johnson no hablaban del capitalismo y la avaricia, hablaban de “sangre, sudor y lágrimas” (Churchill, cuando Inglaterra todavía era “La Reina de los Mares”). Incluso después de perder, con la Segunda Guerra Mundial, ante USA, la calidad de primera potencia, se apoyaron vicariamente en su socio anglosajón, más precisamente en Hollywood, para contar su relato de heroísmo. No fue poco. Los soviéticos, con sus entre veinte y veintisiete, según qué fuentes, millones de mártires de la resistencia al nazismo, fueron quienes derrotaron el milenio nazi, pero no pudieron imponer su relato heroico porque no ganaron la guerra, o la ganaron al excesivo costo de dos generaciones de huérfanos, ante USA que la ganó sin despeinarse y se apropió del relato heroico judío, mientras la Pérfida Albión alquilaba, propiamente, estudios de Beverly Hill.

“Canta, oh musa, la cólera del pálida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos…”. Si los griegos no hubiesen ganado aquellas guerras, “La Ilíada” la hubiesen escrito los troyanos o los espartanos, las musas cantarían los infinitos males causados a éstos y sus cóleras heroicas. No por el simplista aforismo de que “la historia la escriben los vencedores”. También escribió la historia Miguel Hernández, pero con el relato de Miguel Hernández y con La Guerra Patria Soviética, lo único que se puede hacer es seguir luchando, hasta que caigan Hollywood y Franco, su Borbón. No se imponen los relatos imponentes de Miguel y del sitio a Leningrado y el propio de los judíos, porque no hay un triunfo potente y verdadero de semejante magnitud, ni siquiera vicario, ni siquiera Cuba, ni siquiera Vietnam, ni siquiera China por ahora, desde donde contarlos.

El cambio en las bases materiales que significa China hoy en el mundo, por acelerada que ande la historia en algunos aspectos, no puede desarrollar inmediatamente capacidad de relato. Téngase en cuenta que, según Michael Roberts, el crecimiento en la Inglaterra de la revolución industrial despegó en 1600, 88 años antes de la llamada «revolución gloriosa» que le permitió su primer relato heroico.

Nosotros veníamos del fútbol heroico (Pittaluga) cuando ganamos en Maracaná, por eso nos dimos el gusto de llorar ese pitazo final. Llora Schiaffino, lloran al abrazarlo sus compañeros, hasta la cámara que los filmó parece estar llorando. ¿Qué lloran… si Jules Rimet está buscando a Obdulio entre el desconcierto para entregarle la Copa del Mundo? Lloran lo que no pudieron llorar mientras estaban luchando y les ponían mil obstáculos y los difamaban. Llorar fue más que un gusto. Es un lujo. Los muertos no lloran. Ni sudan ni se sacrifican.

“Capitalismo y avaricia”, dice Boris Johnson. No pueden ya darse el lujo de la flema ni de la altivez. Mucho menos del llanto ni de la cólera. El antiguo pirata entró de prepo, a cañonazo, en la portada de la historia oficial británica, sin cinismo victoriano posible y sin el que “siempre fue un burgués reaccionario y últimamente es un viejo gagá, Winston Churchill” (Che Guevara al padre de su primera novia rosarino admirador de Churchill).

No es ahora Francis Drake besándole no el anillo, cual indica el protocolo, sino la mano, para empezar, a la reina fuera de la recámara, sino el Primer Ministro beatle amarillento reconociendo dos asertos de Marx y Engels. Que fue la relación de producción (el capitalismo) y la distribución del producto (en este caso las vacunas choreadas por Inglaterra a Europa, negadas al resto del mundo si por el imperialismo fuese) y los subsidios que dieron base material a las efectivas cuarentenas, lo que determinó la consciencia (en este caso el “quedáte en tu burbuja”, “stay at home”).

En realidad no fue Marx, fue el quevediano Pero Grullo, anterior a Marx, quien nos avisó, “si tiene que salir a parar la olla ¿cómo querés que se quede en casa?”, “si no tiene casa, ¿en cuál casa se va a quedar?”. ¡Y todavía, cuatrocientos años después de la aparición de Pero Grullo, algunos le llaman paradoja a que en el Chile de Pinochet a Piñera, donde millones y millones viven en poblaciones que son cante, no asentamiento, cante, la masiva vacunación en brote de epidemia no dé el mismo resultado que en Israel o en Inglaterra…!

Luis, hace le caso a Boris ahora, ya que el año pasado al Taba no le diste bola. Perdiste un año, arruinaste la economía por querer no arruinarla a costa de la salud. Ahora esto es Sarajevo (Gabriel Peveroni) y todavía te queda cuerda, de la que ahorró el Frente Amplio, para intentar un salvataje antes del invierno. Cada día que pasa son decenas de muertos por tu negligencia, por creer que la “libertad responsable” puede no ser, sí y sólo sí, consecuencia de una base material que la fundamente. Te lo pedí hace un año a favor político tuyo, contra el mío. Vuelvo a pedírtelo hoy, tirá la cuerda más gruesa de lo que se supone que alcanza.

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

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