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La urgencia y la (nueva) normalidad

Este siglo viene cargado… Al avance de las comunicaciones se le sumó una serie de eventos que nos ponen a prueba como especie, al punto que hoy nos domina una pandemia que viene siendo difícil de derrotar. Los empujes se hacen más virulentos y las olas nos están sobrepasando peligrosamente. Así ocurre en este pequeño rincón del sur latinoamericano, donde un Presidente vaticinó que nada indicaba que fuéramos a estar peor y no solo la cosa empeoró sino que lo hizo en una forma exponencial que nos llevó del primer lugar al último de la tabla americana en materia de contagiados por millón de habitantes (y terceros a nivel mundial). Pasando por conceptos como el de pre-vacunación, que expusieron al ridículo a Secretarios de Estado, hasta llegar a este estado de situación que nos afecta, nos encontramos en medio de una incipiente campaña de vacunación a la que todos apostamos pero que deberá sortear un período de tiempo para consolidarse y aportar la pretendida inmunización colectiva.

Estamos en el peor escenario posible y lejos de actuar con la premura esperada, el gobierno se toma sus tiempos de manera insólita, con medidas tenues y alejadas de las que recomiendan los científicos que le asesoran, que –además- se anuncian sin mayor urgencia. “Lo político por encima de lo jurídico”, (afirman hoy quienes antes criticaron al ex Presidente José Mujica por lo mismo); “lo urgente es enemigo de lo necesario”, parecen aplicar quienes en esta “nueva normalidad” se toman su tiempo para decidir sobre el destino y la vida de los uruguayos…

La comunidad médica y científica emitió un grito desesperado en conferencia de prensa buscando torcer el rumbo que lleva la pandemia en nuestro país. A pesar de la descalificación editorial del diario oficialista, que los encasilló ideológicamente como si sus recomendaciones no estuvieran avaladas por evidencias científicas y el registro histórico que viene dejando la pandemia en el resto del mundo. Ni con el diario del lunes son capaces de entender lo que nos pasa, ni prever –mínimamente- los pasos a seguir para combatir la epidemia.

Cada día mueren uruguayos que podrían haber corrido mejor suerte si la vacunación hubiera avanzado lo suficiente como para tener ese escudo de inmunidad necesario con el que todavía no contamos. Hubo demora e imprevisión en la llegada de las vacunas, las que pudieron y debieron haber llegado antes, pero ya está. Ya es tarde para casi 800 uruguayos que perdieron la vida a manos de este invasor indeseable que nos tiene bajo amenaza; pero no lo es para el resto que queremos sortear pronto esta pesadilla. Y porque somos muchos más los que queremos eso –a pesar de quienes se proclaman negacionistas y denuncian la existencia de una plandemia- es que nos importa que se tomen decisiones en tiempo útil y con la urgencia que nos merecemos.
Somos los mismos a los que se nos hace responsables del avance de un virus que nadie quiso, que nos vino de afuera pero que ya circula libremente y sobrevuela amenazante de forma más próxima a cada uno. Ya no son casos remotos, el círculo se estrecha y no hay quien no cuente un caso positivo cercano, haya tenido que hacer cuarentena o hisoparse, o –lo que es peor- haya contraído el virus o perdido un familiar.

Por eso es que nos genera mucho, muchísimo ruido que nadie diga nada del concepto de urgencia que maneja nuestro Presidente. Ese que fija los Consejos de Ministros los días martes, dando la sensación de que los fines de semana en La Paloma se extienden hasta el lunes y que la emergencia no merece adelantar el funcionamiento del órgano deliberativo del Poder Ejecutivo tan siquiera un día, para tomar decisiones que afectan la vida de los uruguayos. Nadie hace preguntas incómodas en las promocionadas Conferencias de Prensa posteriores y las que pueden incomodar un poco son criticadas por su enciclopédica interposición.

Este nuevo concepto de urgencia llega a afectar al único instrumento que nos puede dar la inmunidad, las vacunas. Y no por la celeridad en su aplicación ya que a la demora en la llegada al país se le sumaron una serie de inconvenientes que lejos de facilitar dificultaron su acceso a la población. El tema de la agenda sigue siendo aún –a pesar de una mejora notoria- un elemento a sortear no sin dificultades para muchos sectores que no logran anotarse. Asimismo, resulta increíble que no se vacune los fines de semana, con lo cual abona a la teoría del concepto inmaculado que ha tomado para este gobierno el descanso semanal de sábado y domingo. No parece ser este el mejor momento para seguir pensando que el fin de semana es un tiempo para desaprovechar; adelantando inoculaciones esos días podríamos aumentar rápidamente el número de vacunados. Mas sabiendo que la pretendida inmunización no llegará sino luego de dos semanas de recibida la segunda dosis.

Estamos lejos de estar bien, estamos en un nivel de alerta máxima que nos debe interpelar a todos, pero más aún a quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones y fueron mandatados para ello.

Es tiempo que tomen el timón para dirigir este barco a la deriva, que se apoyen en los que saben y acepten sus recomendaciones; que entiendan que nos va la vida y que no habrá déficit que valga sin uruguayos que puedan vivir y desarrollarse; que primero está la vida y después lo material; que lo material debería servir para garantizar la vida y no al revés.

No es tiempo para la soberbia ni mucho menos, se necesita un gesto de grandeza republicana que invite a un diálogo nacional que nos involucre a todos y que ponga a la salud de los uruguayos en primer lugar.

Es cierto que las marchas no contribuyen y se desaconsejan, pero no son las causantes de esto que vivimos ni mucho menos. Según expertos estadísticos, esta ola que hoy padece nuestro país, (medida en casos activos), se habría originado en los primeros días de febrero en el interior del país, con mayoría en la frontera con Brasil abierta para uruguayos; y en la segunda quincena del mismo mes para Montevideo, con un dato significativo que por primera vez el interior supera a la capital en contagios. Con ese panorama, ¿cómo se puede seguir afirmando que las marchas son la única razón del aumento? Connotados miembros del gobierno han contraído el virus y no han asistido a ninguna marcha, quizás lo hicieron a alguna fiesta no permitida, no lo sabremos nunca.

Demonizan las marchas pero nada dicen de los shoppings (que convocan diariamente mucho más que algunas de las mentadas marchas), que por otra parte son espacios cerrados y no al aire libre como aquellas; nadie habla de los free shops de Rivera que siguen atrayendo brasileños en momentos que el país del norte tiene registros siderales de casos de Covid. ¿Acaso en Artigas, Rivera, Salto, Tacuarembó, Cerro Largo, por citar algunos departamentos con niveles en rojo, tuvieron multitudinarias marchas que causaron el aumento de contagios?

¿No les parece que se transmitieron mensajes equivocados desde la figura del primer mandatario surfeando en plena pandemia como si nada pasara en el país? El implícito codificado no era ni remotamente el de una persona –no ya el Presidente de un país- preocupado por la situación sanitaria, más bien transmitió la idea de una situación controlada y casi superada. Así nos fue…

Mientras la Primer Ministro de Alemania – Ángela Merkel- anunció en la madrugada de este martes la cuarentena estricta, nuestro Presidente anunció la reunión urgente de su Consejo de Ministros para un martes. Así estamos…

Basta de buscar culpables, es hora de responder a la emergencia y hacerlo de forma urgente… aunque sea fin de semana.

el hombre quería agendarse,
el perro ladraba su domingo…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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