Edgar Morin; no ha sorprendido mi forma de pensar, más bien la ha confirmado

 Edgar Morin el filósofo francés, celebrará este 2021, el 8 de julio, sus 100 años de vida, con la lucidez de sus ideas haciendo eco en miles de lectores de varias generaciones en todo el mundo. En entrevista con el canal de televisión France, el autor de Breve historia de la barbarie en Occidente (2007) reconoció que la pandemia de Covid-19 lo sorprendió, pero que está acostumbrado a lo inesperado.

«Esta crisis abierta por la pandemia me ha sorprendido enormemente, pero no ha sorprendido mi forma de pensar, más bien la ha confirmado. Porque al fin y al cabo soy hijo de todas las crisis que mis noventa y nueve años han vivido. El lector comprenderá entonces que encuentre normal esperar lo inesperado y prever que lo imprevisible pueda acontecer. Comprenderá que tema las regresiones, que me preocupen las oleadas de barbarie y que detecte la posibilidad de cataclismos históricos. Comprenderá también por qué no he perdido toda esperanza. Comprenderá por lo tanto que quiera despertar las conciencias dedicando mis últimas energías a este libro.»

De hecho, el virus está trayendo una nueva crisis planetaria a la crisis planetaria de la humanidad en la era de la globalización. Sin embargo, esta complejidad sigue siendo considerada y tratada en cuestiones y sectores separados en todas partes. Cada estado cierra su nación sobre sí misma; la ONU no propone una gran alianza planetaria de todos los estados. ¿Debemos pagar, en víctimas adicionales, por el sonambulismo generalizado y la falta de espíritu que separa lo que está conectado? Y sin embargo, el virus nos revela lo que estaba oculto en las mentes compartimentadas que se formaron en nuestros sistemas educativos, mentes que eran dominantes entre las elites tecno-económicas-financieras: la complejidad de nuestro mundo humano en la interdependencia e intersolidaridad de la salud, lo económico, lo social y todo lo humano y planetario. Esta interdependencia se manifiesta en innumerables interacciones y retroalimentaciones entre los diversos componentes de las sociedades y los individuos. Así pues, la perturbación económica causada por la epidemia fomenta su propagación.

El virus nos dice entonces que esta interdependencia debe dar lugar a la solidaridad humana en la conciencia de nuestro destino común. El virus también nos revela lo que he llamado la «ecología de la acción»: la acción no obedece necesariamente a la intención, puede ser desviada, desviada de su intención e incluso volver como un bumerán para golpear al que la ha desencadenado. Esto es lo que el profesor Eric Caumes de la Pitié-Salpêtrière predice: «Al final, son las reacciones políticas a este virus emergente las que conducirán a una crisis económica mundial… con un beneficio ecológico». La última paradoja de la complejidad: el mal económico podría generar una mejora ecológica. ¿A qué costo? En cualquier caso, mientras nos hace mucho daño, el coronavirus nos dice verdades esenciales.

En su entrevista con France Info, el filósofo –quien lanzó el año pasado su libro Cambiemos de vía: lecciones de la pandemia– consideró que ante los acontecimientos derivados de los contagios globales por Covid-19, “una gran parte de la gente pierde la brújula y otra se vuelve más lúcida, pues la crisis favorece las fuerzas más opuestas. Espero que sean las fuerzas creativas, las fuerzas lúcidas y las fuerzas que buscan el nuevo camino las que puedan imponerse, aunque todavía estén muy dispersas y débiles. De lo contrario, nos perderemos en la ira, que puede estar justificada, pero que vuelve la mente ciega y unilateral.

“Hay una cosa que olvidamos: hace 20 años se inició un proceso en el que todo empezó a deteriorarse en el mundo. La crisis de la democracia no es sólo en América Latina, sino también en los países de Europa, y nos amenaza.

“El dominio del lucro ilimitado que controla todo no está sólo en otros países; también está aquí (en Francia). La crisis ecológica no está en otra parte, está aquí. Entonces, la mente debe enfrentar las crisis para poder dominarlas y superarlas. De lo contrario, somos víctimas.

“Vivimos como sonámbulos durante 10 años para terminar en esta terrible guerra mundial. No digo que las condiciones sean las mismas porque no es Alemania la que nos amenaza, pero estamos viendo que surgen muchos conflictos en el mundo y también vemos los elementos de un totalitarismo que si bien no tiene nada que ver con el del siglo pasado, tiene todos los medios para crear un totalitarismo de vigilancia: drones, teléfonos móviles, reconocimiento facial. Los elementos están ahí, el problema es evitar que éstos se unan para hacernos una sociedad inhabitable.”

France Info preguntó a Edgar Morin qué se le podría desear a un filósofo de casi cien años, a lo que el intelectual respondió: “deseo fuerza, coraje y lucidez. Tenemos que vivir en pequeños oasis de vida y fraternidad”.

Morin;  tomó parte en la Resistencia y se unió al Partido Comunista Francés en 1941; fue perseguido por la Gestapo; participó en la liberación de París (agosto de 1944) y, al año siguiente, se casó con su primera esposa, Violette Chapellaubeau, con quien se fue a vivir a la ciudad alemana de Landau in der Pfalz, en calidad de teniente del ejército francés de Ocupación en ese país.

En 1946 regresó a la capital francesa, se dio de baja en el ejército y continuó con sus actividades como militante comunista, pero debido a su postura crítica fue expulsado del partido en 1952, luego de un ácido artículo que publicó en France Observateur. Ese mismo año fue admitido en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), donde ha desarrollado toda su carrera profesional, primero con sus investigaciones sobre el cine. Luego fundó y dirigió la revista Argumentos (1956-1962) e inició sus trabajos y expediciones por Latinoamérica. (La Jornada mx)

 

F. Diarios agencias, redes.

 

  

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