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¡En la hora de nuestra muerte, amen!

–Me prohibieron visitar a mi hermano dentro de un ataúd. Pretendían llevarme a São Paulo (desde la ciudad de Curitiba, a 400 km de distancia, donde estaba preso), al cuartel del 2º Ejército, en el barrio de Ibirapuera, y que mi hermano, dentro de su ataúd, viniera a visitarme. Y agregaron que no podía tomar ninguna foto.

Extraña operación, difícil de imaginar. Era enero del 2019 y las consideraciones sobre las razones por las que el expresidente Lula no debería asistir a la vela de su hermano Vavá incluyen el peligro de que intentara escapar, o la posibilidad de que se produjeran manifestaciones políticas a su favor, o en contra. Además de todo tipo de consideraciones logísticas. La propuesta final fue la de encontrarse con familiares en el cuartel de São Paulo, luego del sepelio. Que Lula rechazó por estimar que no era el momento, ni el local adecuado, para un encuentro que, en esas circunstancias, solo agravaría el dolor de la familia.

Como azotar un caballo muerto

Extraños escenarios de muerte en el Brasil actual. Brasil se hunde en capítulo más mortífero de la Covid titulaba, el pasado fin de semana, el diario británico The Guardian.

Con 120 millones de casos en el mundo, cerca de 2,7 millones de muertos, Brasil camina hacia los 300 mil muertos a causa de la pandemia y encabeza ahora la lista de muertes diarias, con más de dos mil, muy por encima de los Estados Unidos, que le sigue.

Es como azotar un caballo muerto, dijo el especialista brasileño en enfermedades infecciosas, André Machado, citado por el periódico inglés. La enfermedad se extiende por el país mucho más rápidamente que cualquier medida para enfrentarla. Entre otras razones, por la diseminación de una nueva cepa, más contagiosa y mortal que las anteriores, posiblemente surgida en al región del Amazonas, pero que se ha extendido ya por todo el país. Una situación desastrosa, que habría llevado a la renuncia del ministro de Salud, el general Eduardo Pazuello, el pasado fin de semana, alegando razones de salud.

Desde febrero se denunciaba que el sistema de salud había colapsado en Manaos. Faltaba oxígeno y el gobierno se mostraba incapaz de atender la demanda y organizar el suministro. Desde el inicio de la pandemia Bolsonaro ha minimizado su importancia, rechazado el uso de mascarillas y de distanciamiento social y descartado priorizar la compra de vacunas.

El resultado está a la vista. Miles de personas vieron a sus seres queridos morir. Más de 270 mil han perdido la vida, recordó Lula, al expresar su solidaridad con las víctimas de la coronavirus, con sus familiares, con los profesionales del Sistema Único de Salud (SUS), que el gobierno Bolsonaro ha venido desfinanciando.

Tenemos un presidente que ha promovido la cloroquina. Ese no es el papel de un presidente de la República en el mundo civilizado. Lula recordó que el virus “mató esta noche a casi dos mil personas. Muchas de esas muertes podrían ser evitadas si el gobierno hubiese hecho el mínimo necesario”.

El problema de la vacuna no es de dinero, es de saber cual es el papel de un presidente de al República en el cuidado de su pueblo. Brasil no merece pasar por lo que está pasando.

Un presidente no es elegido para promover la compra de armas, como ha hecho Bolsonaro. Quien necesita de armas son las fuerzas armadas, es la policía. Pero no es la sociedad brasileña, ni los milicianos; ni los hacendados, para matar a los sin tierra, dijo Lula.

Él no sabe lo que es ser presidente de la República. Nunca fue nada la vida entera. Ni como teniente, ni como diputado, durante 32 años. Con las fake news el mundo eligió un Trump, con las fake news eligió un Bolsonaro, agregó, para terminar sugiriendo a los brasileños no seguir “ninguna decisión imbécil del presidente de la República, ni del ministro de Salud”: ¡vacúnese, pero luego siga cuidándose!

El discurso más importante

El expresidente hizo, el pasado 10 de marzo, uno de los más importantes discursos de su carrera política. Dos días antes una decisión de un miembro del Supremo Tribunal Federal (STF), el magistrado Edson Fachin, había anulado todas las condenas que un tribunal de Curitiba le había impuesto por supuestos actos de corrupción.

En libertad provisional, después de más de 500 días de prisión, en espera de la tramitación definitiva de la condena, Lula esperaba también la resolución de diversos recursos interpuestos por su defensa contra los procedimiento de los fiscales y del juez Sergio Moro, que estimaban violatorios de sus derechos. Entre ellos el ahora resuelto por Fachin, en el que los abogados defensores cuestionaban la pertinencia de que Lula fuera juzgado en los tribunales de Curitiba. Una decisión arbitraria, que lo ponía en las manos de un grupo creado para investigar actos de corrupción en la petrolera brasileña Petrobras, de los cuales Lula no estaba acusado.

A partir de ese momento siguieron todo tipo de abusos contra el acusado, que la abogada penalista y defensora pública, Silvana Lobo, resumió, señalando que era absurdo lo que había hecho el juez Sergio Moro.

Entre los hechos denunciados por la defensora pública estaban la intervención de los teléfonos de los abogados de Lula; el hecho de que personas fueran llevadas por la policía de forma compulsoria a prestar declaraciones, sin haber sido convocados previamente (un abuso de autoridad que hoy es crimen, según la ley brasileña); la divulgación de conversaciones telefónicas privadas entre la entonces presidente de la República y el expresidente (lo que también es crimen, según la ley brasileña); o la recomendación a la fiscalía de testigos que debían ser oídos.

La abogada recordó también que el juez Moro suspendió sus vacaciones en el extranjero para regresar a Brasil y evitar que un juez sustituto ordenara la liberación de Lula, que ya entonces estaba detenido en Curitiba. ¿No es eso interés personal en el caso?, se preguntó la abogada. ¿Un comportamiento del todo inadecuado para un juez, que luego sale de la magistratura como héroe nacional para ocupar el cargo de superministro de Justicia en el gobierno de Bolsonaro?

Hoy ha quedado claro que el objetivo del operativo era condenar a Lula y evitar que pudiera ser candidato presidencial en las elecciones del 2018. Elecciones en las que todas las encuestas lo daban como favorito. Impedido de participar, triunfó finalmente el actual presidente Jair Bolsonaro.

Un momento delicado

“Estamos viviendo en un momento delicado”, dijo el expresidente. Este país está totalmente sin gobierno. El gobierno no cuida de la economía, del empleo, del salario, del ambiente, de la educación, de los jóvenes.

Lula recordó que Brasil llegó a ser la sexta economía del mundo. “Pero ustedes nunca me oyeron hablar de privatización de una empresa pública, como el Banco do Brasil, o la Petrobras.

No descubrimos las extraordinarias reservas del pre sal para exportar petróleo crudo. Descubrimos el pre sal para exportar derivados, pera tener una industria petroquímica poderosa en Brasil. Hoy, todo está siendo destruido, afirmó.

Petrobras llegó a ser la cuarta empresa de energía en el mundo que invertía unos 800 millones de dólares por año. Hoy quedan pocas dudas de que el control de la empresa y de los negocios que manejaba era uno de las ambiciones mayores de quienes estaban detrás de la Lava Jato, sobre todo en los Estados Unidos, desde donde facilitaban datos sobre operaciones financieras útiles para que la Lava Jato avanzara en las investigaciones de su interés.

Montada en torno a hechos de corrupción en la Petrobras, la Lava Jato ganó enorme popularidad en Brasil, pero más rápidamente todavía se transformó en devastador instrumento económico y político.

Los fiscales negociaban en privado con Estados Unidos la entrega de información sensible clave sobre la empresa y las reservas del pre sal. Reivindicaban haber recuperado millones de dólares de dinero pagado como sobornos o coimas. Pero estudios divulgados en Brasil estiman que la operación Lava Jata significó pérdidas por 34 mil millones de dólares en inversiones extranjeras y de más de cuatro millones de empleos, además de los daños provocados a la Petrobras y a otras empresas brasileñas, sobre todo las constructoras.

¿Cómo es posible –se preguntó Lula– de que el precio del combustible brasileño siga el precio internacional, si el país no es importador de petróleo? ­–Nosotros producimos la materia prima aquí, la sacamos del fondo del mar, la refinamos aquí, producimos gasolina de avión, producimos diésel con la calidad con que se produce en la Unión Europea. ¿Por qué, entonces, el precio de la gasolina en Brasil tiene que seguir el precio internacional? Nosotros, que somos un país con la más importante tecnología de prospección petrolera en aguas profundas, nos estamos deshaciendo de eso para atender los intereses del dios mercado del petróleo.

El expresidente denunció la venta por solo 3,9 mil millones de reales, a no se sabe quien, de la distribuidora de combustible BR, cuyas ventas, en 2019, alcanzaron los 70 mil millones de reales (el dólar ha estado alrededor de los cinco reales).

­–¿Uds. han oído alguna vez (el ministro de Hacienda, Paulo) Guedes decir una palabra sobre crecimiento económico, sobre desarrollo, sobre distribución de renta? ¡No! Solo le interesa vender. Pero después de que vendan y gasten el dinero, el país estará más pobre, dijo Lula.

El resultado de todo esto, aseguró, es que “el país se ha empobrecido”. “No debemos permitir que un ciudadano que causa los males que Bolsonaro está causando continúe gobernando y siga vendiendo el país”.

El único estadista

El destino del expresidente está aun en discusión y deberá ser decidido por el plenario del STF, probablemente la semana próxima. Pero parece difícil –dado los argumentos esgrimidos para anular sus codenas– que vuelva a ser encarcelado.

“El retorno de Lula al centro del palco reafirmó algunas certezas: él es el único estadista en actividad en Brasil, y uno de los más importantes del mundo”, en opinión del periodista brasileño Rodrigo Vianna, que escribe en el portal Brasil247.

El artículo de Vianna está orientado a analizar el escenario político brasileño y como la prensa conservadora –que fue fundamental para el encarcelamiento de Lula, el golpe contra Dilma Rousseff y el triunfo de Bolsonaro–, ha reaccionado ante la reaparición del expresidente como actor político en el país.

La dimensión de Lula en el escenario internacional quedó en evidencia en su discurso, cuando agradeció a los líderes mundiales que le expresaron su apoyo.

En la lista estaban el Papa Francisco, el senador norteamericano Bernie Sanders, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo; el alemán Martin Schulz; el expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero…

Pero destacan, sobre todo, los latinoamericanos. Entre ellos el presidente argentino, Alberto Fernández, que ya lo había visita cuando estaba preso en Curitiba; el expresidente uruguayo, Pepe Mujica; al boliviano Evo Morales; el venezolano Nicolás Maduro y el cubano Miguel Díaz Canel.

En la lista no está el mexicano Andrés Manuel López Obrador, ni el ecuatoriano Rafael Correa. Pero en tres semana, el 11 de abril, habrá elecciones en Ecuador, con el candidato del correísmo, Andrés Arauz, como candidato favorito. Si se confirma su triunfo Lula podría encontrar un escenario político latinoamericano muy distinto al que prevalecía cuando fue encarcelado, y asumir un papel relevante, siempre y cuando se confirme la anulación de las condenas y los juicios aun pendientes en su contra.

El cambio en el escenario regional quedó en evidencia la semana pasada, cuando el canciller argentino, Felipe Solá, calificó de “inmoral absoluto” el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, por su contribución al golpe de estado en Bolivia, montado a partir del informe del excanciller de Costa Rica, Miguel González, jefe de la misión de observadores de esa organización en las elecciones de Bolivia el 2019.

El 26 de marzo próximo está prevista la cumbre del Mercosur bajo la presidencia argentina, a la que asistirían los presidentes de los cuatro países miembros plenos del organismo –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay–, y a la que se había invitado también a los presidentes de Chile y Bolivia.

Sería el primer encuentro entre los presidente de Argentina y Brasil, que han mantenido un distanciamiento inusual entre dos vecinos que son las mayores economías de la región.

Pero el encuentro ha sido nuevamente postergado. El fin de semana Fernández decidió convocar la reunión de forma virtual, “para proteger la salud de los participantes”, sin que se pueda descartar razones políticas para el cambio de modalidad del encuentro.

El 3 febrero pasado el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, se reunió con Bolsonaro, en Brasilia, y luego anunció que, en la reunión hablaron del Mercosur y “trataron sobre la flexibilización de acuerdos comerciales con terceros países”. Una aspiración de los sectores más consrvadores de la región, que contribuiría a debilitar los mecanismos del Mercosur y a facilitar acuerdos de libre comercio de cada uno con terceros países.

En su discurso, Lula recordó que, además del Mercosur, los países de la región habían construido la Unasur. “Queríamos crear un gran bloque económico latinoamericano, de 400 millones de personas, con un PIB razonablemente grande, pare negociar en igualdad de condiciones en Europa” un acuerdo de libre comercio.

Europa –dijo Lula– solo quiere vendernos sus productos industriales y comprar nuestros productos agrícolas, pero Brasil quiere ser un país industrializado. “Nosotros soñábamos con eso, creamos los BRICS (el grupo integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), creamos el banco de los BRICS, el Banco del Sur”.

Brasil tenía entonces “un proyecto de soberanía”. Parece que ya no. Lula se preguntó finalmente: –¿Cuándo me voy a despertar por la mañana sin tener que pedir permiso para respirar al gobierno norteamericano?

 

 

 

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital (gclopes1948@gmail.com)

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