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50 años de utopías

Este 5 de febrero de 2021 cumple medio siglo de existencia la fuerza política más grande del país, una coalición de partidos de izquierda que –contra todos los pronósticos- se mantiene compacta a pesar de los augurios de quienes le daban corta vida a “la colcha de retazos”. Los agoreros de entonces jamás imaginaron que a esa conjunción de voluntades políticas se le anexara -en perfecta sincronía- el movimiento social, esa base imprescindible que constituye el cable a tierra que le da coherencia y seguimiento. Contrariamente a otros intentos tan vigentes como el que nos gobierna hoy día, el Frente Amplio ha consolidado su estructura amalgamando esos dos soportes principales que le dan sustento. Medio siglo de utopías que, al decir de Eduardo Galeano, han permitido transitar la historia política uruguaya con el adicional intangible de haber llegado al gobierno para convertir en realidad algunas e inventar otras, que al fin de cuentas nos siguen invitando a caminar…

El sueño de los fundadores
El Uruguay vivía tiempos convulsionados políticamente, el pachequismo gobernando con medidas prontas de seguridad, libertades deprimidas en conjunción con una profunda crisis económica que nos envolvía en un panorama de carestías y escases de productos básicos. Todavía recuerdo las largas colas para hacernos de unos litros de kerosén, o los viajes hasta Paso Carrasco para poder comprar algunos kilos de carne fresca en lugar de la congelada que inundaban las carnicerías de barrio. Siempre y cuando no acudiéramos a algún matarife conocido que vendía cuartos de res en piezas donde no había resguardo bromatológico posible. Y pensar que en esos tiempos ni pensábamos en esas cuestiones que hoy son básicas e imprescindibles a la hora de adquirir alimentos.

Eran tiempos de la televisión en blanco y negro, de un Uruguay gris que se acompasaba con la realidad de una economía deprimida que cortaba por el sector más vulnerable, los trabajadores.

En ese ambiente de insatisfacción popular, era casi que una lógica consecuencia la aparición de una corriente de pensamiento que permitiera aglutinar aquellos colectivos que no hacían parte de los partidos tradicionales, dueños del poder y de las pocas oportunidades existentes. Ese ambiente fue caldo de cultivo para el surgimiento de una corriente de ideas que hicieron carne en la gente que menos posibilidades tenía, y que soñaban con un gobierno que pensara en ellos para construir un país para sus hijos. Aquellos fundadores tuvieron la inspiración y humildad suficientes como para vislumbrar un futuro posible. Inspiración en saber descifrar las necesidades de la gente e interpretar la realidad política que se vivía siendo una alternativa a partidos que se alternaban en el poder –con hegemonía colorada- pero que se comportaban como los dueños del país, legitimados cada cinco años con el voto obsecuente de la ciudadanía.

Pero también tuvieron humildad, porque supieron renunciar a aspiraciones personales en pos de encontrar una figura de consenso que los representara. Y esa figura fue la del Gral. Líber Seregni. Un líder nato, de formación militar con arraigo profundamente democrático, que sufrió prisión cuando sus camaradas tomaron el poder en el golpe de Estado de 1973.

Se cumplen 50 años de existencia fermental, pujante, crítica y sufriente, que tuvo el adicional intangible de 15 años de gobierno que demostraron la madurez alcanzada por una fuerza política que cambió la historia uruguaya de forma inexorable.

Medio siglo de vida por el que pasaron muchos compañeros, muchos líderes que hicieron posible esta realidad que hoy nos encuentra siendo oposición, pero con un acervo acumulado de experiencia ejecutiva indiscutible. Con aciertos y con errores, de los que los primeros son inmensa mayoría y que empiezan a ser considerados por una parte de la población que creyó los cantos de sirena de quienes hoy nos gobiernan.

Amanecer frenteamplista
Nos habíamos acostumbrado tanto a lo conquistado que un día nos olvidamos de defenderlo. No supimos transmitir ese mensaje a tiempo y nos dejamos instalar un relato contradictorio, malhumorado, con algo de soberbia en las respuestas que nos fueron aislando al punto de rozar la derrota que finalmente se concretó. Fueron pocos los votos pero se perdió la elección y con ello se cortó un ciclo progresista que nos tuvo en lo más alto del concierto sudamericano en muchos aspectos. Pero la gente leyó otra cosa, y a pesar de la arremetida final no pudimos sostener el gobierno y volvimos a ser oposición.

A esta altura de la vida uno asume las derrotas con otro talante, más si supo celebrar victorias que hoy sirven de espejo para comparar lo que perdimos. Por eso es que en este momento de celebrar el medio siglo de existencia nos debe inundar un sentimiento de esperanza por volver a conquistar el corazón de los frenteamplistas primero y de los uruguayos todos después. Son tiempos de pandemias que invitan a repensarnos por completo, y que nos impulsan a reinventarnos para afrontar los nuevos desafíos. Tiempos en que nos debemos aceptar y tolerar más que nunca, para que no permitamos que se instale esa grieta que alientan algunos. No podemos darnos ese lujo, nos necesitamos todos.

Este 5 de febrero hagamos parte del Amanecer Frenteamplista tiñendo con los colores de la bandera de Otorgués a todos los rincones del país.

Hoy, más que nunca, debemos levantar bien alto nuestra bandera para que en su flamear suelte ese montón de utopías que nos quedaron por caminar…

¡Acá no se rinde nadie!

el hombre levantaba su bandera,
el perro ladraba su utopía…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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