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La segunda ola de Obama-Biden: las invasiones que pueden reintentar y las que no

En la primera ola Obama-Biden, USA bombardeó siete países: Afganistán, Yemen, Irak, Somalia, Pakistán, Libia, Siria, con cinco años de diferencia entre la continuación de los bombardeos al primero y el comienzo de los bombardeos al último e intervino fabricando golpes de Estado, bloqueos, lawfare y “sanciones”, abiertamente, contra Honduras, China, Paraguay, Venezuela, Ucrania, Rusia, Brasil y Argentina, entre otros. En comparación Trump fue cuatro años de pura bulla. Mucha alaraca, tremendas amenazas, pose y fraseo de matón de cuarta, un asco de tipo, pero apenas si lanzó una veintena de tomahawks contra un aeropuerto vacío en Siria, una MOAB contra Afganistán en Nargarhar y un dron con misiles para el atentado contra el general iraní Seleimani y cuatro altos mandos iraquíes, en Irak, aparte de continuar guarimbas en Venezuela e intentar un par en Nicaragua, mientras endurecía el bloqueo a cuba e Irán. Perro que ladra no muerde mientras ladra. Trump se pasaba mucho tiempo ladrando.

Ahora volvieron los expeditivos, los refinados, incluso “progres”, “demócratas”: la delicadeza de Canciller que fue Hillary Clinton, cuando su Presidente Obama firmó en la OTAN bombardear, invadir y ocupar Libia, matando al Presidente más amigo de Mandela en África, Muanmar Gaddafi. Si Dante hubiese conocido a Obama, hubiera inventado el octavo círculo del infierno, porque el último, el de los traidores, le queda pequeño. A Gaddafi lo lincharon, sodomizaron su cadáver y Hillary colocó su bota lábil sobre el cuerpo yaciente y todavía tibio, para resumir, con cultura latinista: “vinimos, vimos, murió”. Después escupió el chicle de Boggy el Aceitoso. Linda chica.

Vuelve además Victoria Nuland al Departamento de Estado. Otra “progre” deliciosa, que, siendo la encargada del Pentágono para asuntos europeos, a la objeción de que la UE se opondría al envío de tropas a Ucrania, respondió: “fuck Europe”. Ángela Merkel no la ha olvidado y también lo va a recordar el próximo Canciller alemán, sucesor democristiano de Merkel, a partir de setiembre de este año.

Son dos episodios del pasado obamista que me atrevo a decir que no se pueden a repetir con Biden, porque el actual Secretario de Estado de Biden, Anthony Blinken, quien dijo que su país tendría que haber fortalecido su presencia en Siria para evitar la llegada de Rusia, en realidad se cebó en Libia. Los rusos no frenaron a la OTAN en Libia, sencillamente porque el gobierno de Gaddafi era un hazañoso anacronismo, un país árabe gobernado principalmente para los negros y para la Unión Africana. Era una posición difícil de sostener. Recordaba el Afganistán de 1980, con un gobierno comunista que lo que tenía de hincapié era unas elecciones ganadas, sin buenas perspectivas de poder.

Siria, a diferencia de aquel Afganistán, tenía al Ejército Árabe Sirio dispuesto a resistir y Al Asad firme en el poder. Blinken, Nuland y Biden van a reforzar las tropas en el pasillo kurdo de Siria, pero eso no cambiará las posiciones sobre el terreno. Sólo aportará a los ingresos del aparato industrial armamentista, que votó Demórcrata en las legislativas de medio término, en noviembre y en la desobediencia a Trump en Asia occidental.

En Ucrania tampoco se puede repetir la operativa invasiva del apoyo yanqui obamista a los nazis de Stephan Bandera (la prensa les llamó entonces “neonazis”, cuando no es un nuevo Partido que reivindica al de Bandera; es exactamente el mismo Partido nazi), porque la victoria electoral de Zelenski fue abrumadora, demostrando implacable que el pueblo ucraniano quiere paz, que no está dispuesto a volver a dejarse llevar junto al alemán, para carne de cañón de las hordas imperialistas de tiempos de Hitler.

¿Puede hoy Biden intensificar sus ataques militares a Rusia, cuando el flanco ucraniano sólo le trae malos recuerdos de la participación de su hijo en el Maidán? Ayer Biden aceptó firmar con Putin la prórroga del tratado sobre armas nucleares. Después de todo es globalista.

EL “PATIO TRASERO”, LOS POLOS Y CHINA

El problema del globalismo para los yanquis es que se lo gana China, la dibujen por donde la dibujen, pero están condenados al globalismo. Y la pandemia demostró que el antiglobalismo, si fuera posible sostenerlo en mediano o corto plazo, también se lo gana China.

Biden es más difícil para el mundo que Trump, pero también para Biden el mundo está más difícil que cuando siendo senador votó la invasión a Irak.

A América Latina le llaman los yanquis “nuestro patio trasero”, pero se les sube a las barbas cada vez más. Entonces Biden acuerda con López Obrador poner cuatro mil millones de dólares para desarrollo en Centroamérica, que en parte resuelva el problema migratorio, y los saca de los cuatro mil millones que iba a poner Trump para un oleoducto con Canadá. “Roma no paga traidores” y Justin Trudeau, el Primer Ministro canadiense, hizo demasiado seguidismo del imperialismo. Todavía tiene arrestada a la Presidenta de Huawei y fue de los que reconoció a Guaidó al minuto que el Pentágono le dio tal orden.

Pero la ruta china de la seda tiene también un camino ártico y, ¿por qué no?, antártico. Esforzarse en el “patio trasero” puede ser para los yanquis más inútil que en Canadá. Durante la primera ola, Obama-Biden concretaron tres golpes de Estado en la Matria Grande de América la Nuestra: el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras, el de Fernando Lugo en Paraguay y el impeachment a Dilma Roussef en Brasil. Biden está intentando un cuarto en México, reuniendo al PAN y al PRI con el Departamento de Estado, pero, de momento, no parece interesado en innovar en Venezuela para que el enésimo intento de golpe de Estado le salga bien. Sigue el trillo de Abrams, con alguna cara más bonita (que cualquiera lo es).

Blinken ha dicho que “la fuerza debe ser un complemento necesario de la diplomacia”, en línea con el pensamiento tradicional del “excepcionalismo” obamista. El Partido Demócrata es el imperialista por antonomasia, doctrinario y práctico. Para nuestro Río de la Plata es el de Spruille Braden, pero no quedan muchos estados en el mundo donde Biden pueda aplicar la fuerza llevándosela de arriba, ni siquiera en su “patio trasero”. Entonces intensifica el Lawfare desde Argentina hasta México (es a eso a lo que llaman “diplomacia”, a Moro y a Stornelli instruyendo para Washington) Ahora le toca a Gerardo Fernández Noroña en México y en Argentina nuevamente a Amado, Boudou sufrir las instrucciones del Norte. La otra “diplomacia”, la de “no quedar aislados” que exigía Rockefeller, hoy Biden la tiene encorsetada por el fantasma de Trump.

De sus anuncios preelectorales de volver al mundo, Biden cumplió hasta el momento dos, volvió al Tratado de París y a la OMS, pero todavía no se acercó a Cuba tal cual lo había hecho Obama ni volvió al 5 más 1 con Irán. Además reafirmó que Trump estuvo bien en apoyar a Guaidó y en atacar a China. Sucede que Trump le dejó adentro no sólo los problemas de aislamiento por decisiones ya tomadas, irreversibles (la ruptura de los acuerdos comerciales transpacífico y transatlántico, entre otros) sino 75 millones de votantes de consignas falaces e ideas fuerza poderosas. Biden se vio obligado a asumir diciendo “que China no siga robándose nuestra tecnología”, para honrar la histórica esencia imperialista contra las transferencias tecnológicas, cuando hoy es USA la que necesita “robar” tecnología, militar a Rusia y a China de casi todo tipo. Y es Putin quien le ofrece a USA transferirle tecnología militar supersónica, para equiparar el sector nuclear y asegurar así una más eficiente disuasión atómica.

¿CÓMO GANAR-GANAR SI “USA PRIMERO”?

La consigna de Trum fue y se instaló: “Primero USA”, pero la idea fuerza es falaz: “EEUU, con los gobiernos demócratas y republicanos que antecedieron a Trump, trasladó a China sus puestos de trabajo y sus dólares. En eso consistió la globalización”. Esa idea fuerza quedó instalada, más allá de los 75 millones de votantes de Trump y de que fue el único que denunció fraude electoral hasta las últimas consecuencias. Ese fantasma va a volver, con Trump o sin él.

Biden no puede aceptar las reglas de un libre mercado que se adapte a la realidad, el multilateralismo, el fin del comercio desigual, las transferencias de tecnología, para finalmente ganar-ganar en un mundo dominado por la producción china, por la unidad sinorrusa, por la iniciativa de la ruta, porque Biden tiene demasiados problemas internos, demasiados fanáticos del profeta anaranjado y hasta riesgo de secesión si lo perciben “poco patriota”.

Ya bastante que les metió a los WASP un gabinete con mayoría de católicos (y con negros y mujeres abundantes, que no garantiza nada; ya tuvimos a Colin Powell, a Consoleezza Rice, a Hillary, y a Jeane Kirkpatrcik y, lo que fue y es peor, al propio Obama), pero no puede Biden andar explicando que, en realidad, EEUU nunca trasladó nada a China.

Mejor dicho: USA trasladó cañones en apoyo a los imperios británico, japonés y portugués, y después bombas para atentados y sabotajes en los puertos de la República Popular y portaaviones para Chiang Kai Shek. Y después nada. No reconoció a la República Popular China hasta 1971. Los puestos de trabajo en China los crearon los chinos en fábricas que construyeron los chinos y trabajaron los chinos. Los dólares los trasladaron los chinos de regreso de los puertos de California donde cobraron por productos chinos, hechos en China, que también trasladaron los chinos, llenando contenedores en barcos chinos llenos, a su vez, de contenedores chinos.

La confusión está en que Milton Friedman les hizo creer a los libertaradians, que el valor no es el tiempo de trabajo socialmente necesario, sino las llamadas telefónicas de unos tipos que imprimen una divisa respaldada en armas, y que ellos no necesitan economía porque tienen operadores de bolsa.

Los chinos tienen un montón de peculiaridades chinas y un par de dogmas marxistas. Uno de ellos es que la tecnología es la primera fuerza productiva. Invierten en innovación para el desarrollo lo que los yanquis en armas nucleares. De última, si Biden pudiera explicarlo, ¿podría evitar que el Deep le clave el presupuesto de defensa en no menos de ochocientos mil millones de dólares? Trump no pudo ni vetándolo. Los congresistas le levantaron el veto.

 

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

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