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A la deriva

Política exterior: de una continuidad efímera, al alineamiento imprudente. De la pasividad, al reconocimiento inmediato para reducir los daños. Así se podría sintetizar el breve período de la política exterior de la coalición de gobierno. En algo más de ocho meses, y con la presidencia pro tempore del Mercosur de Lacalle Pou a partir de Julio, la conducción ha sido errática, con decisiones apresuradas, con contradicciones y carente de iniciativas . El inicio del gobierno pareció seguir una línea de continuidad con las mejores tradiciones de Uruguay como centro. El canciller Talvi mantuvo los principales lineamientos del gobierno saliente; reafirmó las políticas de integración a la region y al mundo.

Hubo cierta continuidad en cargos claves de cancillería, se continuó con la búsqueda de ampliar los mercados y de mejorar las condiciones de acceso a los mismos. Incluso se continuó con la política trazada por el Grupo Montevideo y el Grupo de Apoyo de la UE con Uruguay incluido, en la búsqueda del diálogo hacia una salida democrática, con todas las garantías, a la crisis de Venezuela. Cuando se tomó conocimiento de la propuesta de Donald Trump de un estadounidense para presidir el BID, se registró una contraposición entre el canciller y el presidente. Más allá de la notoria división en la coalición por el tema, (ya el expresidente Sanguinetti había firmado la carta publicada oponiéndose duramente a la propuesta y denunciando a la administración de Estados Unidos por violar el acuerdo sobre la presidencia de las entidades financieras de la pos guerra, con múltiples expresidentes y personalidades).

La “salida” de Ernesto Talvi de cancillería , consecuencia directa de las desavenencias sobre Venezuela y sobre la presidencia del BID, hizo evidente la fragilidad de la coalición sobre política exterior. La votación del “amigo” de Trump decidida por Lacalle, con Bustillo ya en cancillería, constituyó una decisión apresurada e imprudente que alineó al gobierno a una administración en proceso de salida. Europa, México y Argentina habían pedido prorrogar la elección del presidente del banco para después de las elecciones que tendrían lugar pocas semanas después. A ello se le agrega un encuentro del canciller con el secretario de Estado de Trump muy poco tiempo antes de la elección. Ambos gestos, se podrían haber eludido sin consecuencias, por la indiscutiblemente poco oportuna fecha de su adopción. Pero estos hechos demostraron el desapego del presidente Lacalle al eje principal de la tradicional política exterior del Uruguay democrático: el multilateralismo activo y el no alineamiento. Por ello la gravedad de los gestos favorables a Trump, que ha sido el enemigo más fanático y poderoso del multilateralismo y de la cooperación internacional. A estos acontecimientos se le agrega una pasividad en temas propios de la pandemia. Con la presidencia del Mercosur, Uruguay podía haberle propuesto a Europa y a China una solución cooperativa multilateral (a la que ambos estaban dispuestos públicamente). Tanto en el abordaje de la adquisición de vacunas, como en las condiciones de disponibilidad, distribución y logística. La Unión Europea y China propusieron en la Asamblea General de la OMS a la vacuna como “bien publico de la humanidad”. Esta pasividad se mostró también, en la ausencia de iniciativas tendientes a buscar alguna fórmula de compromiso medioambiental para evitar el naufragio de las ratificaciones parlamentarias europeas por las posiciones de Bolsonaro; que tanto daño le causaron a las posibilidades de aprobación del acuerdo Unión Europea – Mercosur. El esfuerzo era imperativo y no se realizó.

Política exterior: de una continuidad efímera, al alineamiento imprudente. De la pasividad, al reconocimiento inmediato para reducir los daños. Así se podría sintetizar el breve período de la política exterior de la coalición de gobierno. En algo más de ocho meses, y con la presidencia pro tempore del Mercosur de Lacalle Pou a partir de Julio, la conducción ha sido errática, con decisiones apresuradas, con contradicciones y carente de iniciativas . El inicio del gobierno pareció seguir una línea de continuidad con las mejores tradiciones de Uruguay como centro. El canciller Talvi mantuvo los principales lineamientos del gobierno saliente; reafirmó las políticas de integración a la region y al mundo. Hubo cierta continuidad en cargos claves de cancillería, se continuó con la búsqueda de ampliar los mercados y de mejorar las condiciones de acceso a los mismos. Incluso se continuó con la política trazada por el Grupo Montevideo y el Grupo de Apoyo de la UE con Uruguay incluido, en la búsqueda del diálogo hacia una salida democrática, con todas las garantías, a la crisis de Venezuela. Cuando se tomó conocimiento de la propuesta de Donald Trump de un estadounidense para presidir el BID, se registró una contraposición entre el canciller y el presidente. Más allá de la notoria división en la coalición por el tema, (ya el expresidente Sanguinetti había firmado la carta publicada oponiéndose duramente a la propuesta y denunciando a la administración de Estados Unidos por violar el acuerdo sobre la presidencia de las entidades financieras de la pos guerra, con múltiples expresidentes y personalidades).

La “salida” de Ernesto Talvi de cancillería , consecuencia directa de las desavenencias sobre Venezuela y sobre la presidencia del BID, hizo evidente la fragilidad de la coalición sobre política exterior. La votación del “amigo” de Trump decidida por Lacalle, con Bustillo ya en cancillería, constituyó una decisión apresurada e imprudente que alineó al gobierno a una administración en proceso de salida. Europa, México y Argentina habían pedido prorrogar la eleccion del presidente del banco para después de las elecciones que tendrían lugar pocas semanas después. A ello se le agrega un encuentro del canciller con el secretario de Estado de Trump muy poco tiempo antes de la elección. Ambos gestos, se podrían haber eludido sin consecuencias, por la indiscutiblemente poco oportuna fecha de su adopción. Pero estos hechos demostraron el desapego del presidente Lacalle al eje principal de la tradicional política exterior del Uruguay democrático: el multilateralismo activo y el no alineamiento. Por ello la gravedad de los gestos favorables a Trump, que ha sido el enemigo más fanático y poderoso del multilateralismo y de la cooperación internacional. A estos acontecimientos se le agrega una pasividad en temas propios de la pandemia. Con la presidencia del Mercosur, Uruguay podía haberle propuesto a Europa y a China una solución cooperativa multilateral (a la que ambos estaban dispuestos públicamente). Tanto en el abordaje de la adquisición de vacunas, como en las condiciones de disponibilidad, distribución y logística. La Unión Europea y China propusieron en la Asamblea General de la OMS a la vacuna como “bien publico de la humanidad”. Esta pasividad se mostró también, en la ausencia de iniciativas tendientes a buscar alguna fórmula de compromiso medioambiental para evitar el naufragio de las ratificaciones parlamentarias europeas por las posiciones de Bolsonaro; que tanto daño le causaron a las posibilidades de aprobación del acuerdo Unión Europea – Mercosur. El esfuerzo era imperativo y no se realizó.

La inminencia de la firma del acuerdo comercial más grande de la historia del mundo era una oportunidad de proponer una iniciativa de integración con el Mercosur. El domingo pasado se acaba de firmar el RCEP (Asociación Económica Integral Regional ) entre los países de la ASEAN más China, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur. (Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos ,Malasia, Myanmar , Filipinas, Singapur , Tailandia y Vietnam componen el ASEAN). Este acuerdo, (cuyo texto no disponemos al momento de redactar este artículo), fue objeto de negociaciones durante casi diez años. Si bien es abarcativo, es diferente en muchos aspectos importantes, de los TLC clásicos occidentales. Se contemplan porcentajes de salvaguardas y plazos sustancialmente mayores , se respetan aspectos referidos a las empresas públicas y compras estatales que le importan a China y son más flexibles en temas como patentes y derechos de propiedad intelectual.

Uruguay, así como toda América Latina, quedarán en desventaja para ingresar a esos mercados y también para incorporarse a cadenas de complementarios productiva en integración intraindustrial con los países del mega acuerdo. Uruguay debería haber promovido ya una propuesta para estudiar la posibilidad de aproximación del Mercosur al RCEP. También se podrían proponer reuniones de los sectores productivos agropecuarios y de la agroindustria alimentaria del Mercosur a los efectos de evaluar rápidamente las consecuencias del RCEP sobre las exportaciones hacia sus países miembros, en función del desequilibrio en las condiciones de acceso. Idéntica conducta se podría adoptar con los sectores industriales , tecnológicos y de servicios tradicionales y no tradicionales.

Estas reflexiones y críticas son ejemplos que creemos demuestran la imperiosa necesidad de analizar entre todos los partidos y organizaciones sociales, empresariales y productivas, la política exterior como una política de Estado. Rectificar el rumbo es imprescindible. Esto no se logra apurándose a reconocer a Biden como presidente electo de Estados Unidos. Si no se acompaña de un análisis nacional sin exclusiones, será tomado como un gesto para reducir el daño del error cometido con el alineamiento descrito. En medio de una crisis sanitaria y sus consecuencias económicas y sociales a nivel global, sería necesario reconocer errores y pasar a una etapa de recuperación de una política de Estado que nunca debió ser dejada de lado.

No somos optimistas. La conducta del gobierno no ha aceptado hasta ahora ninguna cooperación de la oposición. Lejos de ello se ha radicalizado en sus posturas ideológicas. Pero es necesario analizar esta coyuntura con una visión global del mundo en crisis y con las incertidumbres multiplicadas. Los países no pueden actuar a impulsos circunstanciales, ni motivados por excesos de autoestima de sus gobernantes. Mucho menos por carencias de visiones abarcativas de los procesos globales y de la velocidad de los cambios de las viejas hegemonías.

 

Por Carlos Pita
Médico, político, ex embajador uruguayo en EE.UU.

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