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Líos en la Baticueva

“Y mientras tanto, en Ciudad Gótica…”, esa frase marcó buena parte de nuestra infancia viendo los episodios de Batman, el hombre murciélago que hacía dupla con su joven compañero Robin; una pareja de superhéroes citadinos que combatían a los villanos de turno dando apoyo al Comisionado Gordon, y al Jefe de Policía O’Hara, con quienes se repartían la dura tarea de combatir al crimen organizado. Ese “mientras tanto” viene a cuento –esta vez- para introducirnos en la casuística uruguaya de un nuevo hecho que puso en la agenda nada menos que al Ministro del Interior y al Jefe de Policía de la circunscripción más grande y problemática del país, Montevideo.

Una entrevista con un ex jerarca para aportar información sensible que diera respuesta a un grave problema de seguridad vivido por varias familias en distintos barrios de la capital, fueron la gota que derramó el vaso. Un vaso que se llenó de intrigas y mucha soberbia, porque de otro modo no se explica que de buenas a primeras se excluya a un alto mando policial con sobrada experiencia acumulada y –lo que es peor- no se ponga en la balanza la calidad y objetivo de la entrevista en cuestión, que no tenía otra razón que dar respuesta y contención a víctimas de la delincuencia. Uruguayos que estaban siendo desalojados a punta de pistola por bandas que reflotaron una práctica combatida con total éxito por quien fuera llamado a su despacho por el renunciado.

Los líos en la Baticueva se siguen acumulando y ya suman varias bajas que dan cuenta de una improvisada gestión para la que dan muestras claras de no haber contado nunca con la idoneidad suficiente para asumir tamaña responsabilidad.

Tortuga en fuga

La figura de Gustavo Leal adquirió mayor relevancia tras el rol que le asignara el ex ministro Bonomi para ser el representante de la cartera en una acción interinstitucional pergeñada para dar respuesta a desalojos extorsivos sufridos por vecinos de Los Palomares, a fines del año 2017. En efecto, el 18 de diciembre de 2017, el entonces Ministro del Interior lo adelantó entre líneas en su discurso en ocasión de celebrarse el 188º aniversario de la Policía Nacional. Allí dejó entrever que en próximos días se llevarían adelante acciones operativas que darían respuesta a situaciones críticas que estaban padeciendo algunos vecinos de la capital.

Pocos días después, se llevaba a cabo el primero de los muchos Operativos Mirador en Los Palomares, ante la acción criminal de la banda “Los Chingas” que, a punta de pistola, habían desalojado a varias familias del complejo habitacional para hacerse de las fincas y construir su fundo. Esa acción no fue meramente policial, sino que se trató de la primera de muchas intervenciones en que se coordinó con otros organismos del Estado (Intendencia de Montevideo, Alcaldía y Empresas Públicas), para que junto con Fiscalía, se pusiera fin a esa actividad y someter a los responsables ante la Justicia.

Operativos que fueron muy mediáticos, es cierto, pero que contaron además con un pleno involucramiento de todos los que participaron en los mismos. No fueron meras acciones policiales, tampoco, sino que hubo un objetivo cierto y concreto de devolver seguridad y convivencia a los lugares intervenidos. Así fue que se produjo la demolición de construcciones ilegales, se abrieron calles y se devolvió urbanismo a un barrio que había sufrido el abandono paulatino de los servicios públicos más básicos como la recolección de residuos por ejemplo. Junto a la acción policial y judicial, hubo obra pública que hizo parte de la respuesta integral que se dio para poner fin a esa actividad criminal que luego se vio replicada en otras zonas con similares prácticas… que merecieron la misma y contundente respuesta del Estado. Una respuesta coordinada, planificada y pensando en la gente fundamentalmente. Una respuesta que se sostuviera en el tiempo y que restableciera el entramado social roto por la acción criminal, dando más participación a los vecinos que empezaban a confiar en ese Estado que les daba respuesta.

La figura de Gustavo Leal se fue haciendo más visible como portavoz de la cartera y del grupo interinstitucional que participaba de cada acción. Una figura que se involucró muchísimo con la tarea y que se ganó la confianza de las víctimas que encontraron en él un interlocutor fiable, y que sería un nexo fundamental a la hora de proteger a quienes luego serían parte de la prueba necesaria para someter a juicio a los responsables de las violentas usurpaciones. Aquella banda fue absolutamente desarticulada y la experiencia de los operativos dejó una marca imborrable no solo en la Policía sino también en la población.

Con la llegada del nuevo gobierno se produjo el natural recambio de autoridades; nuevos equipos, nuevas figuras, y una impronta que hizo de la publicidad su principal aliado. Los operativos de Alto Impacto sustituyeron a los Mirador, pero el resultado no fue el mismo ni por asomo. El alto impacto fue más mediático que real, si bien hubo formalizados y mucha prensa que se hizo eco de ello, con el tiempo fueron menguando, la pandemia hizo parte de su trabajo en la merma de la actividad pública y con esa disminución de la circulación social, también bajó la presencia policial en las calles. El Ministro insistía un día sí y otro también con que la delincuencia no hizo cuarentena y que su gestión daba mejores resultados bajando los delitos. ¡¡Obvio que bajaron las rapiñas, si hubo dos meses y pico que no había gente en la calle!! (la rapiña es un delito esencialmente callejero). ¡¡Obvio que bajaron los hurtos!! (hubo dos meses y pico en que la gente se quedó en sus casas y estas ya no estaban vacías sino ocupadas –y cuidadas- por sus propietarios).

Mientras tanto, en Montevideo, empezó a gestarse nuevamente una práctica extinguida con aquellos operativos Mirador, y todo ello ante la ignorancia del novel director de convivencia que nunca se enteró de la existencia de los desalojos a mano armada en distintos barrios de la capital. Tanto es así que hasta que no se hizo público por el periodista Gabriel Pereyra en radio Sarandí, la cartera no había siquiera reparado en la existencia de esa práctica (no había denuncias dijeron, que eran problemas vecinales, también dijeron)

La primera reacción fue desmentir la noticia y relativizarla, pero fueron no uno sino varios los casos, y los testimonios no dejaron espacio a ninguna duda. Allí la reacción fue la de dar noticia a la Fiscalía. Abandonada aquella coordinación interinstitucional de los Operativos Mirador, tampoco había gente que tuviera llegada en el territorio ni canales de información como supo construir Gustavo Leal entonces. Se les había escapado la tortuga y no se habían dado cuenta…

¿Y si primero pensamos en la gente?

El renunciado/ante Erode Ruiz quiso ser expeditivo y ante la ausencia de información no tuvo mejor idea que recurrir a uno que supo liderar aquellos operativos y que generó la confianza suficiente con las víctimas sufrientes de aquellos despojos a mano armada. Una entrevista para tomar un café e instalar una línea directa (“un teléfono rojo” diría Gabriel Pereyra, otra vez la idea de Batman y su forma de contactarse con el Comisionado Gordon).

Todo hubiera sido casi perfecto si ese encuentro no se hubiera filtrado a la prensa, manteniendo el perfil bajo que la situación merecía si es que en verdad se pensaba en las víctimas, esas que fueron desalojadas de forma forzosa de sus hogares. Y acá no es una crítica al periodista que difundió el encuentro, es su rol, está en la esencia misma de la profesión el informar de lo que conoce o le llega. Acá la filtración es lo criticable no solo porque le costó el puesto a un veterano policía con oficio más que sobrado para el cargo de altísima responsabilidad como es la Jefatura de Montevideo (la más grande y complicada), sino –fundamentalmente- porque a las víctimas se les cierra una ventana que se había abierto para darle solución a su grave situación de despojos a mano armada, nada menos que de sus hogares.

Con soberbia no se resuelve este problema, tampoco con pasadas de facturas internas, es cierto que hay una cadena de mando a respetar pero desde el Ministro para abajo, TODOS deberían pensar antes en las víctimas que en sus egos y dejar para después las cuestiones formales. En este momento, lo primordial y lo que espera toda la ciudadanía, es que desde la cartera encargada de la seguridad se dé respuesta a los problemas de seguridad y no es renunciando a un Jefe de Policía que quiso dar esa respuesta, la salida más adecuada. Y menos porque tuvo la osadía de contactar al que tendió redes con la gente en los barrios y cuenta con la información necesaria para dar esas respuestas.

Van escasos 8 meses de gestión y ya acumulan varias bajas en sus filas (jefes y/o directores cesados o renunciados/antes), que dan cuenta de una situación que empieza a sobrepasar al titular de la cartera, alguien que sabe muy bien que no cuenta con mucho respaldo político (más bien tiene poco), en una función donde el jarabe de pico –como gusta decir- no alcanza.

El Ministro trancó fuerte y cortó la línea de aquel teléfono rojo; el tema es saber si podrá llamar a Batman o esta puja la ganan el Wason, el Pingüino… o quizás, el Acertijo.

el hombre levantó el tubo, 
el perro miró al cielo buscando la batiseñal…

 

 

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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