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¿En clave de turismo o enclave turístico? Una pregunta incómoda para Guichón

Guichón es una ciudad del departamento de Paysandú de poco más de cinco mil habitantes.  Tuve la oportunidad de conocerla con la capacitada guía del arquitecto Luis Fabre en 2018 y de vez en cuando volvimos a intercambiar sobre su ciudad natal. Si algo llama la atención de la ciudad en términos turísticos es su cercanía con las termas de Almirón. No es lo único para visitar y mucho menos lo único que tendría potencialidad de desarrollarse turísticamente, pero ciertamente se ha convertido en algo así como la “marca” de la ciudad.

Es bastante conocido el origen de esas termas: en la búsqueda de petróleo, hace ya unos cuantos años, lo que efectivamente se descubrió fue agua termal salada. Y en ese marco se desarrolló posteriormente un complejo turístico que está a una distancia de unos 5 kilómetros de la ciudad. Un complejo al que no solo concurrían uruguayos (tiempo anterior a la pandemia). Con estos datos básicos, cualquiera puede inmediatamente generar una asociación de ideas básica: entonces existe un punto fuerte para la ciudad y la posibilidad –casi la seguridad- de mayor desarrollo futuro en esa actividad cuando la pandemia y las fronteras cerradas sean historia.

Pero aquí viene el momento de la pregunta incómoda: ¿será efectivamente así?.  Para tener pistas para responderla hay que integrar a este breve artículo un concepto que viene de la Geografía y la Sociología que es enclave. La verdad es que el uso de la palabra enclave se ha popularizado en el sentido común y ocurre que se termina llamando enclave a cualquier cosa. De este modo, todo lo que genera una separación con el territorio en que está inserto, termina identificándose como enclave.

Pero sí apelamos a la idea de economía de enclave como una herramienta analítica que ha sido trabajada por disciplinas sociales y humanas, podemos convenir en un uso mucho más preciso. En su origen como herramienta analítica, se usaba para hablar de los enclaves mineros y de plantación cuando la dependencia tenía carácter colonial. Mi visión es que en el siglo XXI no desaparece la economía de enclaves sino que se adapta e integra otras actividades económicas. Desde esa perspectiva me acerqué a algunos casos en Uruguay y América Latina.

Una premisa general para investigar situaciones de economías de enclaves implica analizar que conexión social y económica efectiva, potenciadora de otras actividades, existe con la sociedad en que se inserta un emprendimiento transnacional o sin por el contrario no ocurre nada de ello y esa conexión es muy limitada ya que la clave económica es básicamente extractiva y transnacional (sacar y llevar, por decirlo en forma rápida).

En otras palabras y llevado a una escala menor: la cuestión es si más allá de la proximidad física, territorial, existe una conexión real económica, estratégica, social del emprendimiento beneficiosa con el entorno o si simplemente éste es un dato de la realidad para la instalación ya que la conexión sustantiva está con la sede del capital económico desde donde se despliega y dirige la inversión y donde terminan las ganancias.

Existen casos notorios en América Latina y el Caribe de economía de enclaves turísticos donde el poder casi absoluto está en turoperadores globales, que cierran sus instalaciones para el turismo global, usan recursos abundantes del lugar como el agua potable y donde la población cercana solo accede allí con empleos mal pagos y de baja calificación, Se configuran así situaciones por las cuales más allá de la habitual publicidad, las ganancias para el lugar son limitadísimas o incluso son más los efectos negativos que los beneficios.

Hasta aquí la idea general abstracta. Cuando nos acercamos a una situación concreta -y cambiando la escala a un caso muy acotado como el de Guichón y las termas de Almirón- la pregunta puede plantearse como ordenadora de una de las discusiones posibles y generar así otras preguntas para el futuro de la localidad.

Aquí van algunas preguntas posibles: ¿hasta dónde se genera en este caso un tipo de economía de enclave turístico a una escala pequeña?, ¿puede pensarse que hacia el futuro la conexión entre el complejo de agua termal y la ciudad puede fortalecerse social y económicamente?, ¿puede pensarse en otras lógicas sociales y económicas donde la localidad puede participar más activamente?.

Son todas preguntas que quedan abiertas a partir de la pregunta incómoda del título. Y en el mismo sentido y sacudiendo un poco más aún la modorra de una tranquila tarde de fin de semana en Guichón, se puede decir que nunca es posible pensar realmente el futuro sin poner antes en cuestión algunas cosas y sin incomodarse un poco mentalmente.

Alfredo Falero*

* Dr. en Sociología, docente e investigador, Universidad de la República, Uruguay.

 

 

La ONDA digital Nº 973 (Síganos en Twitter y facebook)
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