La ONDA digital en Instagram la Onda digital tv Analisis Politico
Volver al Inicio de la ONDA digital

MUNDO DONOSO

A M. Inés

 “No me seduce el compromiso que empieza
por negar todos los demás compromisos”
José Donoso

 

I.- Introducción

Uno de los autores pertenecientes a lo que se ha dado en llamar “el boom latinoamericano”, fenómeno cultural, social y literario-editorial que surgió entre los años 1960 y 1970, es el chileno José Donoso. Usualmente se menciona como los integrantes de este movimiento literario al colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Julio Cortázar, el peruano Mario Vargas Llosa y el mexicano Carlos Fuentes, aunque algunos críticos agregan a otros autores, como la mexicana Elena Garro, María Luisa Bombal, de origen chileno; Clarice Lispector, autora brasileña; Augusto Roa Bastos, de Paraguay, y Manuel Puig, argentino.

Sergio Schvarz

El momento clave del boom podría situarse en 1967, con el surgimiento de la novela Cien años de soledad, de García Márquez, y la atribución del premio Nobel de Literatura al guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Detrás de ello, como elementos que configuran el momento histórico del nacimiento de este movimiento, está la Revolución cubana y su impacto tanto en América Latina como en el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la literatura latinoamericana, en particular la novela, “descubierta” desde las editoriales europeas.

Su característica principal, en cuanto al estilo, es el realismo mágico, es decir el mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano o común, así como su objetivo es el de expresar las emociones, y la ficción histórica, destacando el tratamiento de los dictadores aunque también otros autores, desde novelas que no tratan propiamente de dictadores, narran sobre los “hombres fuertes de Estado”.

José Donoso, quien fue profesor de literatura en la Universidad Católica de Chile y en el Writers Workshop de la Universidad de Iowa, y que viviera muchos años exiliado en España, muestra la influencia de la literatura anglosajona (Charles Dickens, Henry James, William Faulkner, John Dos Passos, John Steinbeck, Truman Capote) y de algunos autores europeos como Thomas Mann, Jean-Paul Sartre y Albert Camus. Su obra tiende a explorar, en espacios confinados, los mecanismos de la violencia y los efectos del miedo y la culpa en la vida familiar.

Hace mucho tiempo yo había leído, en mi temprano exilio mexicano, Este domingo (1966), que es una crónica realista sobre el contraste de puntos de vista de dos clases sociales, y Tres novelitas burguesas (1973), relatos en los que recrea ambientes de la burguesía de Barcelona, pero cuando tuve otros libros del mismo autor, y los empecé a leer, me di cuenta que no tenía la menor memoria de esos libros, y me invadía la sensación de que esas eran obras menores, sin mucho interés.

Por eso, cuando empecé a leer otras obras suyas, encontré que había un autor que tenía excelentes libros (Casa de campo realmente me maravilló de principio a fin) y me dispuse a comentar algo de ello. Los tres primeros libros que leí no tomé muchas notas, apenas algunos apuntes breves, pero los dos últimos me extendí en otras consideraciones, más críticas o ensayísticas, que en esta ocasión las condensaré para no extender demasiado estas páginas de la virtualidad.

II.- La (auto) generación de la locura

La primera que leí fue Coronación (1957), en la que hay un retrato de la decadencia de la clase alta chilena. La obra, que obtuvo celebridad a raíz de concedérsele a Donoso el premio William Faulkner en 1962, se sitúa en una ruinosa mansión presidida por una loca y moribunda nonagenaria.

El mundo de Donoso es esquizofrénico, donde realidad e irrealidad ocupan un mismo plano

Lo único que había anotado era que en esta novela, de estructura clásica, se trataba sobre la generación de la locura y los evidentes trastornos sexuales. Esto último configura —como pude observar después, al leer las otras novelas— una verdadera obsesión del autor, a tal punto que hubo, en su vida, cierta inclinación homosexual admitida y no resuelta. Al respecto, y para disipar las dudas en torno al tema, en una carta a la que será su esposa, precisa: «Hay cientos de miles de cosas que no he hablado aquí: mi homosexualidad, pasiva y latente e imaginativa en este momento, como una huida al miedo de la entrega total a ti. Pero el miedo a esta entrega total no existiría si no existiera la urgencia y el deseo de esta entrega, que mi neurosis transforma en peligro»(1).

El tema del sexo, de la identificación y la perversión sexual, está presente a lo largo de su obra, a tal punto que quien prologa un libro de cuentos de Donoso (la española Ana María Moix)(2) anota que el crítico Severo Sarduy habla de travestismo, sobre todo en relación a la obra El lugar sin límites, pero que puede adaptarse al conjunto de su obra. Al respecto este crítico dice: “El travestismo, tal y como lo practica la novela de Donoso, sería la metáfora mejor de lo que es la escritura (…) no es una mujer, bajo la apariencia de la cual se escondería un hombre, una máscara cosmética que al caer dejara al descubierto una barba, un rostro ajado y duro, sino el hecho mismo del travestismo” (Cuentos, 1998).

En el mismo sentido, Ana María Moix señala que este travestismo se trataría “de una superposición de distintas realidades, ninguna de las cuales desaparece ante el peso de la otra, sino que, por el contrario, persisten todas a un mismo  nivel, se entrecruzan y se mezclan” (ella sugiere el término de “mundo mutante” o, incluso, un mundo “esquizofrénico, donde realidad e irrealidad ocupan un mismo plano”) (Cuentos, 1998).

En otra de estas novelas hablo sobre las máscaras y el disfraz, que, en especial en esta primera obra que leí (Coronación), tiene mucho que ver, sobre todo al final de la misma y que descubre el significado del título.

III.- La antropofagia

Luego leí Casa de campo (1978), que es una parábola moral y una exploración en el mundo de la adolescencia. La acción transcurre en un impreciso siglo XIX y en un aislado lugar, una mansión dominada, en ausencia de los amos, por los muchachos y sirvientes, que instauran eventualmente un orden nuevo. Donoso efectúa un giro narrativo que manipula al lector, y en su estilo de narrar el autor intenta describir aquí un mundo en avanzada descomposición social, cuyos habitantes son náufragos a menudo a merced de su imaginación y hay, por supuesto, continuos elementos de experimentación técnica y lingüística.

Lo mejor es echar un “tupido velo” sobre las cosas de las que no se deben mencionar, ni siquiera elípticamente.

Al principio la empecé a leer con poco interés, pero en determinado momento todo gira y da vueltas, y lo que parece “normal” se descubre de un modo distinto, y el mundo se transforma en un alucinante viaje psicodélico, un viaje místico, iniciático, donde lo subterráneo sale a la luz. Y eso que sale a la luz es terrible, tremendo y angustiante. Donoso se empecina en que entendamos que los personajes son eso, personajes, y no personas, para demostrar que todo es una invención. En el plano psicológico —freudiano— es el inconsciente que sale a la luz, en toda su dimensión, y por cierto en una dimensión perturbadora.

Además, hay un manifiesto, que figura en El obsceno pájaro de la noche, una de sus obras más invocada, que atribuiremos al autor y su necesidad de autojustificación: “no tenía la vocación de la sencillez. Sentía la necesidad de retorcer lo normal, una especie de compulsión por vengarse y destruir y fue tanto lo que complicó y deformó su proyecto inicial que es como si él mismo se hubiera perdido para siempre en el laberinto que iba inventando lleno de oscuridad y terrores con más consistencia que él mismo y que sus demás personajes, siempre gaseosos, fluctuantes, jamás un ser humano, siempre disfraces, actores, maquillajes que se disolvían… sí, eran más importantes sus obsesiones y sus odios que la realidad que le era necesario negar…” (1979, p. 427). Es decir, proteger su mundo como estaba planteado, como era a toda costa, o bien destruir al que se creía dueño del mundo “porque sólo lo inventó”.

Por suerte tomé algunas notas que quizá puedan describir la sensación que me produjo, y aclaren algo esa sensación.

La unidad Ventura (es el apellido de los personajes principales) se basa en el terror. Es el terror de las convenciones sociales, puesto que si hay alguna alteración de las mismas, la consecuencia será el castigo. Y ese castigo será corporal pero también psicológico, y generará traumas sobre todo en los niños y niñas, que son los hijos e hijas de los personajes principales. Hay, en ese mundo retratado en la casa de campo y anexos donde se desarrolla la acción, el oropel de los ricos, el mundo del oro propiamente y la laminación del mismo que únicamente ellos saben hacer. Por consiguiente, del otro lado, los que efectúan la técnica de laminación del oro, los trabajadores explotados al punto que son casi como esclavos, serán indígenas, nativos miserables y, por supuesto, primitivos y  supuestos antropófagos.

La antropofagia es, por excelencia, el objeto del terror en los niños y niñas, y con ello se los mantiene a raya, bajo el poder de los mayores. Ser “comidos” por los otros, los bárbaros, controla y reprime los instintos de libertad de los y las jóvenes, y a su vez el darles a comer carne humana es el mayor sacrilegio para degradarlos de su condición humana. El control, entonces, se ejerce mediante el miedo de y hacia todos, y la descomposición social se opera sobre el amplio núcleo familiar, compuesto por intereses particulares y egoístas.

También aquí hay locura. Tan es así que uno de los personajes literalmente se vuelve loco y se lo mantiene aislado, pero la realidad toda es alterada, a tal punto que lo irreal se transforma, a medida que vamos leyendo, en la realidad de las cosas, y a partir de allí todo lo demás será su consecuencia “natural”. Es la transfiguración de la realidad y, también, se nos mostrará la frivolidad de la rancia aristocracia, así como la promiscuidad, la lujuria y la pasión anormales.

Para que todo esto no sea tan visible, el autor utiliza una fórmula que habla del “tupido velo” que se echa sobre las cosas de las que no se deben mencionar, ni siquiera elípticamente.

El avance de la naturaleza ante el caos que se genera, siembra de tiniebla y penumbra la casa y sus alrededores, así como tiende a la (des) organización que imperará en su momento. Y como se vive en la mentira, la confabulación de los menores de edad les revela la verdad, aunque, como es entendible, no logran interpretarla y sólo pueden ejercer la venganza. Una venganza que será inútil e ineficaz.

La traición será general; todos se traicionan. Y esto es lo único realmente verdadero.

IV.- Todos los seres son derrotados

La desesperanza (1986), que fue la siguiente lectura, refiere a una novela que aborda la tragedia política chilena desde la perspectiva del hombre, de un artista, que ha regresado a su país. Ante la inmensidad —y la perturbación literaria que me creó de Casa de campo—, puedo considerar esta obra como menor. Pienso que Donoso tenía la necesidad de escribir algo sobre su Chile querido en el final de la dictadura de Pinochet y allí recrear el sentimiento nacional de los últimos años del horror.

No hay posibilidad de cambio, lo que fue ya no será, y lo que es, es apenas la sombra deslucida de lo que fue.

Una de las virtudes de Donoso reside en que entra de lleno en el tema, sin dar demasiadas vueltas. En este caso, el tema es el recuerdo y más precisamente la confrontación del recuerdo con la realidad, lo que fue con lo que es, y lo que es como un espejo inmóvil, e improductivo, de lo que fue. No hay posibilidad de cambio, lo que fue ya no será, y lo que es, es apenas la sombra deslucida de lo que fue.

El personaje, Mañungo Vera, un cantante de protesta que se ve exiliado al comienzo de la dictadura de Pinochet, y que sufre de tinnitus y por el que escucha una especie de chirrido en su oído izquierdo, volverá a Chile sobre el final del periodo dictatorial, cuando hay cierta apertura para algunos sectores políticos. En medio de su neurosis y una necesidad imperiosa de cambio, de volver a reconquistar su pasado, que musicalmente fue glorioso y actualmente parece estancado, volverá al Chile de los Chicago Boys, Milton Friedman y el supuesto milagro chileno (que hoy queda claro que no fue tal). El milagro chileno, económico, que “estaba sacando adelante a la clase media” (Donoso, 1995) en realidad no existe, ni existió, hoy podemos verlo con claridad en vista del clamor de una gran parte del pueblo chileno y sus permanentes revueltas sociales.

Llega justo cuando muere Matilde Urrutia, la última mujer de Pablo Neruda, y con ello Donoso parece recuperar el pasado nerudiano desde la casa “La Chascona” donde vivió Matilde, e interpela, de paso, a los impensantes, a los usurpadores del poder. La muerte, el velatorio y el entierro de Matilde, sirve para encauzar la disidencia más o menos pasiva y hacer una resistencia activa, donde el Partido (Comunista) permanece organizado, el MIR trata de continuar su existencia y donde los radicales parecen despertar del letargo. El papel (político) de la Jota (la juventud comunista, vanguardia de algún modo de la resistencia a la dictadura) es la principal fuerza opositora, en medio de las acciones del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y la declaración sobre la lucha armada que hacen los comunistas como una vía válida para sacar a Pinochet.

Mañungo Vera es el revolucionario sin partido, que vive del recuerdo revolucionario que se expresó, cuando el ascenso de la Unión Patriótica y Allende al gobierno, en sus canciones y en sus presentaciones. Pero también, ya decantado por el exilio parisiense, parece hablar del derecho al no-compromiso, aunque podría deberse más al miedo o a un conformismo pequeño burgués. Quizá haya un anhelo de venganza política, sobre todo cuando el personaje femenino tiene cierto “trauma” porque, a diferencia de sus amigas, no ha sido violada cuando estuvo detenida. A pesar de esto, el autor no pone el acento en las violaciones, naturalizando ese proceder, legitimándolo (al menos literariamente).

Y para que la venganza se cumpla, Donoso hace coincidir al probable victimario con la víctima, en una escena (que se lleva dos o tres capítulos) que parece muy forzada. Ella, Judith (y obsérvese el nombre bíblico), debe asegurarse que el jefe de la policía política sea el mismo que la no violó, para vengar, con su muerte, la violación de sus cuatro amigas. “Nadie le confirió el derecho a dar vida o muerte, condena o perdón. Por eso debía morir”, por “la salvaje sorpresa del orgasmo desprovisto de erotismo, fisiológico, triste, solitario, al que un verdugo de voz gangosa y mano húmeda (y esto es lo único que lo puede identificar) había sido capaz de llevarla”.

Pero luego Donoso, como si se arrepintiera de que todo pudiese resultar muy fácil, en el momento culminante el disparo no alcanza el objetivo, porque algo, un freno moral, una duda de último momento, o una elevación desajustada del brazo, se lo impide.

Pienso en la incomprensión, de los seres (de los personajes) con ellos mismos y con los demás, con ese mundo patas arriba ahíto de violencias, incluso con las certezas que en otro tiempo guiaron su pasar por la vida. Son seres incomprendidos, aunque en realidad no deberían “hacerse el leso” y comprender cuál su lugar en la realidad.

El mundo (de la novela) se reduce a mendigos que son correos clandestinos, aunque no del todo fiables, despojos de escorias, y del otro lado la policía secreta que actúa en las sombras. El resto, acobardado por el miedo, o ahupado por el poder, parece casi no existir, mero decorado. La pobreza, por supuesto, redunda y es, como siempre, motivo para el contraste social que predomina en sus obras.

El final, abierto, en tono de spleen y acaso como una suave voz de despedida, tiene un dejo de tristeza. Parece que nos dijera que nada será como ha sido. Es evidente, claro, que hay dos universos paralelos que funcionan de forma inversa, de modo de restaurar cierto equilibrio, y en ello se basa la novela, lo interior y lo exterior.

V.- La pérdida del habla

El obsceno pájaro de la noche (1970) ha sido catalogada como una obra maestra, en la que José Donoso enlaza distintas historias de seres ambiguos y monstruosos para abordar uno de sus temas obsesivos: la disolución moral de la sociedad. No obstante estar escrita en un lenguaje realista, Donoso logró allí que las historias oníricas de sus personajes recreasen un escenario de pesadilla e inquietud que, hacia el final, consigue sin embargo ser aceptado por el lector con cierta naturalidad. A diferencia del estilo que caracterizaba a otras de sus obras anteriores, en ésta recurrió al método de la novela dentro de la novela, con un extraordinario dominio de la patológica psicología de sus personajes.

El ser deforme “pertenece a una especie diferente, privilegiada, con derechos propios y cánones particulares que excluyen los conceptos de belleza y fealdad como categorías tenues, ya que, en esencia, la monstruosidad es la culminación de ambas cualidades sintetizadas y exacerbadas hasta lo sublime”.

Lo primero que diremos es que se plantea un escenario frágil, incluso psicológicamente, un terreno inseguro donde, tras la aparente solidez, descubre arenas movedizas. Los párrafos son extensos, donde se va hilando la historia de forma abierta, como si estuviera escribiendo pensamientos interiores que salen como un torrente impetuoso y que nada puede detener; una escritura automática, de reflejos mentales. El mismo dice que “por eso invento y voy improvisando”, según las reacciones que (le) provoca. Hay un juego como de cajas chinas pero al revés, en este caso se va poniendo una cosa encima de otra de modo que lo último tapa lo anterior, pero que sin embargo sigue estando allí. Y allí estará la historia, contada de modo fragmentario, de los Azcoitía, sobre todo del último, un senador, desde la opulencia y la riqueza, aunque en declive (desahucio moral), y el falso patriotismo de bandera.

Porque hay unas monjas, de un lado de la historia, que mientras esperan, barren como lo han hecho toda la vida, y que están instaladas en la pobreza, en la miseria, y que se reiteran, que hacen el discurso, que son el discurso, barroco, aleatorio y azaroso. Se hace la descripción de su mundo con una multitud de detalles, la enunciación de objetos y la representación de ambiente mediante el mismo procedimiento minucioso.

Por momentos parecen cuentos de imbunche, es decir en el terreno de lo mágico-misterioso, que entran más en el orden de las leyendas, o en la conseja, en la narración oral, con el fin de inculcar miedo a los niños. Así, lo imposible puede suceder, como el embarazo de unas de las monjas, la Iris Mateluna, un milagro como el de la Virgen María. Y ese niño será el supuesto hijo de don Jerónimo de Azcoitía, que tiene que llegar para continuar el linaje patricio. Y para ello estará Romualdo, dueño de una cabeza gigante, de cartón-piedra, que tiene los mismos rasgos de don Jerónimo de Azcoitía. Esta suplantación se justifica, literariamente, al decir que “si no nos disfrazamos de algo no somos nada”.

Destacaremos, en el orden de la Casa de Ejercicios Espirituales de la Encarnación de la Chimba, donde viven las monjas, el personaje del Mudito, convertido en alguien asexuado y transformado en la séptima vieja de las alrededor de treinta y algo que llegan a convivir en la Casa. El Mudito le habla de usted a la Madre Benita, en señal de respeto, aunque esta fue condenada (por la Madre Superiora) a esperar, por ser demasiado inteligente.

Como en otras novelas, el tema del sexo está presente. En este caso es el sexo masculino y su pretensión de extirpar el del Mudito, para implantárselo al senador, incapaz de procrear, pero también el sexo femenino, donde es un sexo sucio, inservible, inerte, “más arrugado que un higo seco”. Nos muestra la fealdad del sexo femenino, pero también el sexo masculino (en este caso del Mudito), que es “un trozo de carne y pellejo inútil que se ha ido encogiendo”, y allí comparten la inutilidad sexual, y, a la vez, asexúa a las viejas y las transforma, precisamente, en viejas. Como si el sexo femenino fuera un “continente inservible que rodea al útero”.

Por otro lado, todos engañan y son engañados, porque como engañan son engañados, o viceversa. Allí está lo que otros dicen, y que puede ser verdad: “Dicen que si un hombre se mete con una mujer embarazada el hijo nace fenómeno, un monstruo con cabeza grandota, con los brazos cortos como aletas de pingüino, la boca de sapo, el cuerpo peludo o con escamas, hasta sin párpados puede nacer y por eso los niñitos monstruos no pueden dormir y lloran todita la noche de pura pena de ser monstruos y también porque no tienen párpados que cerrar para poder dormir, debe ser terrible no poder dormir en la noche, dicen…”, que ya nos previene lo que sucederá. Se trataría de un elogio a la monstruosidad.

Efectivamente, Boy nacerá deforme y será recompuesto por el doctor Azula, traído ex profeso a La Rinconada, acondicionada especialmente, para “que el mundo de lo normal quedara relegado a la lejanía y por fin llegara a desaparecer”. Así queda compuesto “ese repugnante cuerpo sarmentoso retorciéndose sobre su joroba, ese rostro abierto en un surco brutal donde labios, paladar y nariz desnudaban la obscenidad de huesos y tejidos en una incoherencia de rasgos rojizos… era la confusión, el desorden, una forma distinta pero peor de la muerte”.

Para ello tapiará “todas las puertas y ventanas que comunican con el exterior”, reuniendo seres deformes, “ejemplares, más y más fantásticos, creaciones insólitas con narices y mandíbulas retorcidas y la floración caótica de dientes amarillentos repletándoles la boca, gigantes acromegálicos, albinas transparentes como ánimas, muchachas con extremidades de pingüino y orejas de alas de murciélago, personajes cuyos defectos sobrepasaban la fealdad para hacerlos ascender a la categoría noble de lo monstruoso”. Porque “una cosa es la fealdad. Pero otra cosa muy distinta, con un alcance semejante pero invertido al alcance de la belleza, es la monstruosidad, por lo tanto merecía prerrogativas también semejantes. Y la monstruosidad iba a ser lo único que, desde su nacimiento, don Jerónimo de Azcoitía iba a proponer a su hijo”.

Para que todo ello sea posible, nos debe convencer de que “el ser anómalos, el fenómeno, no es un estadio inferior del género humano frente al que los hombres tienen derecho al desprecio y a la compasión”. Estas son “reacciones primarias que ocultan la ambigüedad de sentimientos inéditos muy semejantes a la envidia, o erotismo inconfesable producido por seres tan extraordinarios como ellos”. El monstruo “pertenece a una especie diferente, privilegiada, con derechos propios y cánones particulares que excluyen los conceptos de belleza y fealdad como categorías tenues, ya que, en esencia, la monstruosidad es la culminación de ambas cualidades sintetizadas y exacerbadas hasta lo sublime”.

Quien escribe la historia es Humberto Peñaloza, “un escritor de gran talento que no ha tenido la paz ni la oportunidad para desplegar totalmente sus posibilidades creativas. Le he encomendado hacer la crónica del mundo de Boy, la historia de mi audacia al colocar a mi hijo fuera del contexto corriente de la vida”. Pero Humberto, incapaz de escribir algo, “no sabía cuál era la realidad, la de adentro o la de afuera, si había inventado lo que pensaba o lo que pensaba había inventado lo que sus ojos veían”.

Hay otros personajes que se van entremezclando (una de las particularidades de la escritura de Donoso es la profusión de personajes, delineados más psicológicamente que de forma física, y su obsesión por el uso de las máscaras y los bailes de disfraces): la mujer del senador que intenta la beatificación de otra Azcoitía, las distintas viejas que viven en la Casa, un par de sacerdotes ventajeros. Y el fin del noble linaje es un viaje psicodélico, casi incoherente, atropellado en su discurso, enredador, en el que Jerónimo cede a su curiosidad, a esa ansia de ser padre y ser reconocido como tal. Es capaz de humillarse por ello, e incluso reventar. “La noticia de la muerte del senador causó verdadera consternación en la capital. El país entero, entonces, recordó los servicios del eminente hombre público y se le tributaron los mayores homenajes”. Pero los monstruos siguen, y Boy, que se ha escapado por unos días y al fin comprende que existe un mundo exterior, quiere dejar de recordar todo, ser como una planta, como la única manera posible de ser algo y no morir en el intento.

VI.-  La bulimia de la ambivalencia

La última obra que leí fue Donde van a morir los elefantes, que es la última novela de José Donoso (de 1995) y, aunque mantiene presente algunas de sus obsesiones particulares, no está totalmente lograda. Hay una sentencia inicial que de alguna manera nos da la tónica de que esta obra refleja algunas vivencias del autor como profesor en los Estados Unidos: el que escribe una novela, dice, lo hace “por un anhelo vergonzante de participar en hechos que, se figura, tuvieron esa condición”. Es decir, la condición de haber vivido algo novelesco como disparador de la escritura.

La clave de esta novela es la ambivalencia: cada uno es lo que es, lo que muestra, pero también es otra cosa, otra cosa distinta, no necesariamente antagónica, sino en planos distintos.

El vivir los hechos, los hechos que se habrán de narrar, le da otra categoría, cierta verosimilitud, a la narración. Además, pondrá en boca de su personaje su propia idea sobre el lenguaje: “El lenguaje es una convención: las palabras son solo el uso que yo les asigno, instrumentos que empleo según me acomoden. El lenguaje, las palabras, a fin de cuentas, son un disfraz. Y todo lo que uno dice o viste es, finalmente, literatura”.

La clave de esta novela es la ambivalencia: cada uno es lo que es, lo que muestra, pero también es otra cosa, otra cosa distinta, no necesariamente antagónica, sino en planos distintos.

Como acostumbra Donoso hay, primero, la presentación de los personajes y la descripción del territorio, delimitándolo: “En su zona de mayor concentración urbana, el pueblo no era más que una vaina de tres o cuatro manzanas, con tiendas y oficinas alrededor de la Plaza del Capitolio, el cual, digno y seminal en su blancura, se alzaba en medio de patrióticas estrellas y franjas de cianotus y begonias. Más allá el pueblo iba desgranándose en casas y jardines de mayor prestancia. Pero la urdiembre vegetal lo acaparaba todo, aislando una que otra construcción en su espesura, poniendo de manifiesto la clorofila como elemento dominante”.

Hay varios personajes singulares, empezando por el principal, Gustavo Zuleta, profesor de literatura chileno que acepta una oferta para trabajar en una universidad norteamericana (San José), a pesar de que su esposa está embarazada. Hay dos chinos que parecen ser el anverso y el reverso de la misma moneda, estudiantes de altas matemáticas, sobre la relación de los números primos; una gorda rubia, la Ruby, fundadora del grupo radical Gordura es Hermosura, capaz de provocarle pequeñas fantasías eróticas al personaje principal; Jeremy Buttler, un eminente matemático local y su hermana, Mi hermana Maud, charlatana, verborrágica. Todos estos personajes representan un papel definido.

Hay, además, un múltiple asesinato que involucra a algunos de esos personajes y cuya novela intentará darnos las pistas para entender cómo ha podido suceder.

Pero también nos hablará sobre el ecuatoriano Marcelo Chiriboga, que es un personaje ficticio creado por José Donoso y Carlos Fuentes, “como personaje mítico de la literatura ecuatoriana —esa literatura que estuvo ausente del boom—, y que Donoso ya había trabajado en El lugar sin límites. Pues bien, el profesor Gustavo Zuleta justamente es especialista en Chiriboga (y admirador suyo) y por ello es invitado por el profesor Rolando Viveros a dar sus clases en la universidad. La novela tiene un punto de inflexión cuando Marcelo Chiriboga viene a San José. Es que siendo un personaje, y reconocido como tal, bien puede ir y venir. Y se aprovechará para hacer la crítica sobre los críticos, más que nada los estructuralistas (Barthès, Bajtin), a los que nadie entiende.

A diferencia de sus otras novelas, aquí hay elementos tecnológicos y cierta prevención sobre ellos, en especial acerca de la realidad virtual que será mejor que la realidad y es un aspecto de la modernidad de la obra, o su pretensión y búsqueda.

Pero lo más interesante, al menos para mí, es el personaje de la Ruby, su bulimia y el pensamiento crítico que provoca, por ejemplo para sus padres: «su gordura, además de asquerosa, era para ellos señal segura de condena, el baldón de los que carecerían para siempre de toda cultura, aquellos a quienes la ignorancia condenaba a la prisión de su propia carne”, y la respuesta: “Mi gordura es mía: la asumo como parte integral de mi ser y de mi vida, no como algo vergonzoso que deba disimular. Es mi opción personal”. Ya de entrada la gordura, a lo Botero, impone su presencia, como si fuera parte de algo normal, al menos en esa parte del mundo, y con lo que hay que convivir.

Porque, como dirá la Ruby, “mi gordura es algo que no estoy dispuesta a sacrificar, porque mi esencia, lo que más valoro en mí, reside en ella. La considero mi bandera de lucha, mi grito de protesta, mi rebelión, mi forma de desobediencia civil. Cualquier otra condición sería, para mí, artificial, una venia obsequiosa al último pataleo del machismo en su crisis terminal”.

Sin embargo, habremos de ver que esa gordura es, evidentemente, una patología y que responde a ciertos hechos de los que nos habremos de enterar, sobre todo en la última parte de la novela. Pero no es sólo “su” enfermedad, sino que también es su refugio, quizá el último del que se puede agarrar para seguir siendo, para que su yo no quede disgregado, desvanecido y, finalmente, ausente.

Donoso siempre se las ingenia para mostrarnos, de una u otra forma, los desórdenes humanos y la transformación (travestismo) de sus personajes, así como la obsesión, fija e imperecedera, por quienes son el “eslabón” débil de la Historia. También nos dejará algunas sentencia, en especial en esta novela, quizá ya previendo su propio final como escritor: “No creo que ninguna obra de arte pueda reducirse a otro discurso que no sea su propio texto”.

Y como todo exiliado, temporal o permanente (un exiliado nunca dejará de serlo, aunque vuelva a su país, porque su país ya será otro), vendrán los recuerdos, ya sea de Gustavo Zuleta o Donoso por medio de aquél: “En Santiago, nadie necesita morir para ingresar en la memoria: ya están todos inscriptos en ella, como una forma del pasado”.

Por Sergio Schvarz
Escritor, poeta, y ensayos breves

 

Notas
1.- Cita tomada del diario La Tercera, de Chile, edición del 5 de diciembre de 2009

2.- Cuentos, de José Donoso, Alfaguara

Obras
Coronación, de José Donoso, Seix Barral, 1978, España, 219 páginas.

Casa de campo, de José Donoso, Seix Barral, 1980, España, 498 páginas.
La desesperanza, de José Donoso, Seix Barral, 1986, España, 329 páginas.
El obsceno pájaro de la noche, Editorial Argos Vergara, 1979, 476 páginas.
Donde van a morir los elefantes, Alfaguara, 1999, Chile, 377 páginas.

 

La ONDA digital Nº 972 (Síganos en Twitter y facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Print Friendly, PDF & Email

...





LA ONDA Digital Revista Semanal Gratuita    |    De los editores: Las notas que llevan firma reflejan la opinion de sus autores    |    © Copyright Revista LA ONDA digital