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Argentina: Los últimos días de Alberto Fernández y un cuidacoches del barrio Carrasco

 

Magnetto lo sabe, la embajada lo sabe, el pueblo lo sabe y, por su puesto, lo sabe Cristina. Alberto Fernández nunca tuvo ni idea. Era el Kerensky ideal. Cuando Cristina lo jugó de candidato presidencial –“yo puedo ganar la elecciones sola pero no puedo gobernar” dijo, ella–, uno de los motivos de no poder gobernar era que en el Frente sin exclusiones que tenía que proponer contra Macri, cargaba un lastre gordo de clarinistas, más o menos sedicentes peronistas, empezando por los traidores que rompieron la unidad del gobierno ante el latifundio y ante el grupo Clarín (Golman Sachs financial), oponiéndose a la 125 y trancando la ley de medios.

Entre ellos Alberto es el más soberbio, un tipo que para insultar a un empresario los insultó a todos y, no sólo no pidió disculpas a los otros, sino que terminó permitiéndole a Rocca (Techint) los despidos y le paga la mitad de los sueldos, un tipo que por defender al PSOE le paró el carro a Juan Carlos Monedero en conferencia de prensa con agrande de porteño Sarratea (la soberbia es producto de la ignorancia e, ignorante él, pensó, junto a todos los analistas, que la táctica de Cristina había sido una jugada maestra por lo genial, sorprendente y vencedora, pero de Táctica Uno. No saben que Batlle y Sanguinetti fueron dos veces presidentes de Uruguay en el siglo pasado, en gran parte por haber leído mejor a Lenin que los otros candidatos (para bien o para mal). Sin embargo, lo que está haciendo Cristina, genial, sorprendente y vencedora, no es nada fácil. A Mao le llevó cuatro años con Chiang Kaishek. Y Batlle no pudo, desde que lo detuvo Viera, ni con Sosa ni con Serrato y menos con Campisteguy, al perder la oportunidad de la Cerrillada, por la finta acrobática de Herrera Ray Robinson, “que se lleve todo menos la paz”. Recién logró Batlle imponer «dos tácticas», post mortem, con su sobrino Luis, pasado Baldomir, pero Cristina no tiene tanto tiempo.

La oposición gorila sabe quién es quién. Viene por ella, por Cristina Kirchner, aunque Magnetto tenga que llevarse puesto a su abrazado Alberto (Cristina se lo advirtió: “Clarín te está devolviendo demasiado poco”). La famosa “grieta” de la TV hegemónica argentina, en mi barrio se llama lucha de clases y, en concreto, en toda nuestra revolución continental, se llama contradicción puebloypatria-imperialismoyoligarquía, no hay manera de cerrarla, ni con el gobierno ni con el poder. Nunca estuvo cerrada ni lo va a estar, en ningún lugar del mundo, mientras haya Imperio. Por eso Alberto, Solá, Beliz y cia tenían que estar del lado que están, con Piñera, con Bolsonaro, con Añez, con Vizcarra, con Lacalle Pou, con Uribe y, lo peor, con Bachelet y Borrell, en el voto contra Venezuela.en Ginebra.

¿Por qué los últimos días de Alberto? Porque en octubre va a ganar Bolivia (centro territorial), el 18 (iba a ganar el 3 de mayo pero la pandemia postergó, después el 6 de septiembre y postergó Añez para esperar alguna fórmula mágica de la reunión Almagro, Murillo en Washington) y los pueblos tienen que tener las calles ganadas para entonces, desde ya, porque no se sabe si se aguanta hasta el verano que presagian las maniobras del Imperialismo en Ecuador y Bolivia. Argentina hoy está rodeada, pero de inestabilidad. No es la situación del 76. Tiene otra ventaja: los cipayos están bien juntos, desde Macri hasta Gustavo Beliz.

Eran un lastre los centroderechistas porque trancando a la cola del movimiento, lo hacían de manera invisible. A la cabeza es evidente que están trancando, ni ley de medios (que dice Mempo Giardinelli que ahora no alcanza, ya la perdimos, tenemos que ir por la propiedad y por Papel Prensa), ni recuperación de recursos estratégicos ni el paliativo impuesto a los ricos que propusieron Máximo y Heller y lo trancan constantemente. Todo trancado pero a la vista.

Clarín no quería este corte
Magnetto humilló a Alberto hasta obligarlo a apichonarse bajo el ala de Cristina con el DNU sobre telecomunicaciones. Lo obligó a fingir intento de expropiación de Vicentín, lo obligó a simular reforma judicial, pero lo sacó de las casillas cuando le dijo que aumentaba las tarifas y tampoco le aceptaba un congelamiento de tarifas posterior hasta enero. Ya había logrado que Alberto avalara toda la deuda de Macri.

 Sin embargo, el diablo metió la cola con la verdadera política, la internacional. El mismo día que volvió el FMI, Alberto (según cuenta Fernando Cibeira en Página 12) con el asesoramiento de Beliz. Éste, actual Secretario de Estrategia fue antiguo compañero de Alberto en las listas electorales encabezadas por Domingo Cavallo, (listas que incluían a Santilli, el vice de Larreta), Alberto acata la orden de votar contra Venezuela.

 La designada embajadora argentina en Rusia, Alicia Castro renuncia con una carta implacable: “… (esto) no difiere en absoluto de lo que hubiera votado el gobierno de (Mauricio) Macri”. “El Grupo de Lima fue creado durante la restauración neoliberal por un grupo de gobiernos de extrema derecha, alentados y financiados por los Estados Unidos con dos objetivos explícitos: promover un ‘cambio de régimen’ en Venezuela” y “desarticular el bloque regional”. “Por este motivo, no podría seguir instrucciones de Cancillería que no comparto y que considero reñidas con el interés de la Nación”. “Mi posición y mi ideal de construcción de la Patria Grande es hoy, como fue durante los dos gobiernos Kirchner, y seguirá siendo, firme e inclaudicable. Siempre”.

El argumento de Víctor Hugo
Con la fuerza de la movilización –la energía de un pueblo en movimiento, cuando se abre camino, es inconmensurable, tal demostró el chavismo–, desde la izquierda hasta el centro, uniendo la táctica de ganar ahora para gobernar, cuando a Macri ya se le ganó y visto que los conciliadores no resuelven contra el imperialismo, con las líneas estratégicas históricas hacia el poder, va a cumplirse el discurso de campaña, a intervenir los agentes del lawfare, medios y “Justicia”. No hay otra salida.

Perón tuvo el gobierno en dos épocas distintas y pudo aplicar la política económica de Gelbard, la Junta Nacional de Granos y el control de precios con Revestido –su Ministro de Hacienda en la primera época–, pudo transformar necesidades en derechos, lema común del Manifiesto y de Eva, la Constitución del 49… Nëstor tuvo el gobierno y pudo recuperar el país, liderar lo mejor del continente y dejar planteados los ejes de avance… Cristina tuvo el gobierno y pudo consolidar derechos que faltaban, enfrentar y derrotar la prepotencia oligárquica del macrismo, pero el Poder no es sólo poder.

El Poder también es que cuando tenés que medir destacamentos organizados y armados y cárceles, porque se viene el malón, tenés más que el enemigo. Y tenés que medirlo día tras día; pero en ciertos días, minuto a minuto.

Venezuela lo sabe. Abrió una legación de ONU para derechos humanos en Caracas y emprisionó a más de quinientos gendarmes por abusos, en clara señal de que, a diferencia de Colombia, Chile, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil y la propia Argentina, Venezuela tiene una política de Estado a favor de los derechos humanos. Lo explicó Víctor Hugo Morales en 750 AM. “El País de Madrid levanta de Clarín, La Nación e Infobae las mismas patrañas sobre Argentina que sobre Venezuela”. Votar contra Venezuela es pegarse un tiro en el pie, agrego yo. Y agrego, el problema de ajustes de cuentas entre bandas que Venezuela, al igual que Nicaragua, viene controlando cada vez mejor, asola a casi todos los otros países del continente, pero especialmente a Argentina, donde la pobreza e indigencia han crecido hasta el paroxismo en estos cuatro y diez meses de macrimo-albertismo. No hay ninguna duda que, en cuanto el pueblo argentino se deshaga del gobierno de traidores, Bachelet va a contar estas “muertes extrajudiciales” , con su doble rasero político, para atacar a Argentina, siempre a las órdenes del Pentágono.

El voto de Argentina es igual a la imprecación que escuché una vez, de un cuidacoche a otro, en una cuadra que disputaban en el barrio de Carrasco, donde también yo trabajaba. Patéticamente le gritó “muerto de hambre”. En el caso argentino, el voto de Alberto, además de miserable y patético, fue mendaz. Entre los argumentos del grupo de Lima, que Argentina sigue integrando y acompañando en lo sustancial, está la “inseguridad alimentaria”. Ninguno de los países que integran el cártel de Lima ha hecho, ni remotamente, los avances en seguridad alimentaria que está haciendo Venezuela, aún pese al bloqueo y las “sanciones” criminales de USA.

Con dignidad, Mario Secco, presidente del Frente Grande; Eduardo Sigal, referente del Instituto Patria, y el politólogo Atilio Borón (con pormenorizado análisis del fraudulento «informe Bachelet») fueron algunas de las voces más críticas a que Argentina se haya pronunciado contra Venezuela (y contra México, que acompañó a Venezuela, igual que los principales países del mundo, menos USA –los de la UE no pueden ya considerarse principales, excepto Alemania–). También el Partido Comunista, sectores del FIT y otros del Frente de Todos, repudiaron la felonía albertista. Se requiere la unidad sin exclusiones donde los autoexcluidos sean los cipayos del imperialismo yanqui. Hubiese sido terrible acarrear a los sectores que hoy predominan en el gabinete de Alberto, deschavados quintacolumnistas, en posiciones de retaguardia, porque la contraofensiva requiere lealtad en la profundidad.

En el 55 Perón no perdió la correlación de fuerzas por no haber entregado a los obreros las armas que consiguió Eva. La correlación que midió para entregarlas a Lucero a que las repartiera entre los “leales” en la fuerza armada, fue la de ese día, bastante anterior, porque ese mismo día se definía el golpe. No iban a esperar a que los obreros se entrenaran e instruyeran con las armas. Seguramente desde entonces existió la amenaza, luego concretada, de bombardear Plaza de Mayo si Perón movilizaba a los obreros, con el retrovisor puesto en 1945. Y seguramente hubo armas caseras en la plaza el 17 de octubre del 45, aparte del apoyo policial y de algunos otros destacamentos. Sin la aviación (no hacía ni diez años de los primeros bombardeos aéreos a civiles en las ciudades vascas de Durango y Guernica, por la aviación nazi a pedido de Franco), aún con el Ministerio de Marina pidiéndoselo, Ábalos no movilizó Campo de Mayo, tuvo que medir un cuerpo a cuerpo que perdía.

Hugo Chávez Frías fue más previsor. En 2002, el golpe de Polanco (PSOE), Cisneros y Carmona, lo resistió y derrotó con la movilización callejera del pueblo ya entrenado, suficientemente resuelta la interna militar.

Hoy las calles de Argentina las ganan minorías derechistas, hasta que la izquierda responda, porque treinta mil desaparecidos tienen que pesar más que cualquier diferencia en el bloque histórico.

El año pasado, en Buenos Aires, un amigo me decía que la división entre trotskistas y peronistas es insalvable y yo, humilde, bien uruguayo, je, le ponía de ejemplo al Frente Amplio (todavía no habíamos marchado en las elecciones, je), pero no le conté la anécdota de Jaime Pérez, en el penal, cuando un milico gritó ese nombre porque iban a llevarlo otra vez a la máquina. Desde su celda un tupamaro prorrumpió: “¡Vamo’ arriba, Jaime, viva el Partido Comunista!”, consabiendo la represalia en consecuencia de su aliento. De eso no se vuelve. Puedo putear al Pepe, él putear a Andrade y a Constanza, podemos cagarnos a puteadas, pero de esa unidad no se vuelve. Y ésa es la unidad que el pueblo argentino va a construir sin vuelta. La de quienes fueron salvajemente reprimidos juntos por la dictadura fascista genocida del 76. Y a los traidores y entregadores va a sacarlos también juntos. Decía Batlle que Lenin hizo “las revoluciones rusas” (“locomotoras de la historia”, citaba Batlle a Marx), la del 5 y la del 17; el 17, la de abril y la de octubre. En abril presidió Kerenski y en octubre se consolidó todo el poder a los soviet y Trotsky al Ejército Rojo. En octubre ya se partía la tierra. Es lo que va a pasar en Argentina en poco tiempo, se va a partir la tierra. Ya está pasando.

Ahora, si falla la táctica, la estrategia no puede esperar por tacticismo. La fuerza política del pueblo argentino tiene que avanzar sobre Comodoro Py y sobre Clarín, sin titubeos, sin simulacro. Si Fernández no avanza ni se hace a un lado, el pueblo movilizado tiene que evitar un vacío de poder que propicie otra dictadura gorila o, si no puede evitarla, restarle toda la base posible y preparar la contraofensiva.

Por José Luis González Olascuaga

Periodista y escritor uruguayo

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