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Delitos: entre la opacidad y el subregistro

Uruguay culminó su ciclo electoral y es hora que algunos actores empiecen a entenderlo claramente para que comiencen a gestionar el mandato que le otorgó la ciudadanía en noviembre. Tal es el caso de la cartera de Interior, donde el Ministro debe empezar a dar señales de su propuesta y abandonar la mediática campaña que lo tuvo -hasta ahora- promoviendo efectos de una cartera que todavía no representa ni se desempeña al influjo de sus políticas. La inercia de la gestión anterior (recursos y programas en curso) fueron los principales elementos que mostró quien se quiso apropiar de resultados que no le pertenecían. Acompañados de un cerco mediático muy bien dispuesto a promover cuanto anuncio disparara el sucesor de Bonomi, llegó al colmo de reinaugurar un Centro de Comando Unificado que fuera inaugurado en febrero en Río Negro. Por si fuera poco, los medios de prensa ingresaron en una suerte de apatía por la información policial que es por demás elocuente.

Aquella avidez por hacer de la crónica roja el eje principal de la agenda noticiosa, dejó paso a otra forma de informar los hechos policiales. Hoy asistimos a una suerte de solapamiento que llama poderosamente la atención, con casos «escondidos» de homicidios (el principal y más grave delito de nuestro sistema penal) que aparecen encubiertos en medio de noticias de hurtos o accidentes. Parece ser que se ha instalado una suerte de opacidad en la forma de cubrir ese tipo de noticias que antes llenaban el titular y que -en orden de importancia- debería ser el principal título y no aparecer escondido dentro de otra noticia como está empezando a ocurrir. A ello se le debe adicionar una suerte de decisión tomada en precarizar los registros de delitos con medidas como la eliminación de los becarios en las comisarías…

Y si el cuerpo no aparece…

El 25 de setiembre, un portal de noticias del interior (Diario La Unión de Minas, Lavalleja), daba cuenta entre sus noticias policiales la ocurrencia de un homicidio, como un delito más y no el principal, con lo que un lector desprevenido podía pasar por alto. Lo curioso es que ese homicidio no fue reportado por ningún medio de prensa de la capital.

El 6 de setiembre fue el portal web de Subrayado el que incurrió en práctica parecida, al dar cuenta del hallazgo del cuerpo de un hombre en un plantío de acelgas, en la bajada del título reseñaban la ocurrencia del homicidio de un hombre de 23 años en Punta de Rieles.

Estos dos casos son simples muestras de una forma que -espero- no sea el criterio a seguir de aquí en más, y tengo mis dudas si de serlo no impacten en las búsquedas que, como simples ciudadanos, podemos hacer en internet a la hora de querer conocer los homicidios reportados por la prensa y que sirven de referencia a la hora de controlar mínimamente las estadísticas.

Sabido es que el delito de homicidio, por su gravedad, es el indicador internacional por excelencia que reconocen los países que se precian de tener registros confiables y auditables de los que Uruguay forma parte (al menos hasta ahora). Precisamente, son los homicidios cada 100 mil habitantes la cifra que permite medir la seguridad pública de los países que tienen en esos indicadores estandarizados sus puntos de comparación por organismos internacionales que se encargan de tales mediciones y auditorías (el BID es uno de ellos).

Ahora bien, aquella ávida producción periodística de la era Bonomi pronto se abandonó para seguir el libreto que impone el Ministro electo y parece ser que los periodistas se olvidaron de preguntar y hacer los seguimientos que otrora hacían. Es necesario realizar un ejercicio de intensa búsqueda muchas veces y apelar a las fuentes vecinales -esas que nunca fallan y menos en una sociedad altamente informatizada como la uruguaya- para poder tener la alternativa cierta de conocer la realidad de lo que está pasando en los barrios ante el apagón informativo que parece volver a imponerse de forma solapada y no tanto.

Es extraño, al menos, que no se discutan afirmaciones sobre la baja de los delitos sin atribuirle a la misma ninguna ficha a los meses de aislamiento y bajísima movilidad social que mantuvo la sociedad uruguaya en el primer semestre de este año. Y más llamativo aún que ningún periodista se lo discuta al Ministro en sus intervenciones, aunque «off the record» son casi unánimes en reconocer que dichas afirmaciones carecen de sustento real. Lo cierto es que «al aire» le dejan afirmar lo que ellos mismos no creen. Seguramente hayan directivas de no cuestionar al respecto a las autoridades electas, tan cierto como que volvieron «los llamaditos a las direcciones de los informativos» que alguna vez Tabaré manifestó el fin de su existencia durante los gobiernos del Frente Amplio.

Son muchas las dudas y pocas las certezas, y no se trata de un mero cuestionamiento sin fundamentos porque si algo entendimos siempre es que la información sobre estadísticas de delitos debía contar con todas las garantías y con la transparencia técnica que se merece para que sus análisis sirvieran efectivamente en el combate al delito. Disfrazar las cifras no es otra cosa que esconder la cabeza dejando el cuerpo indefenso, para cambiar la realidad hay que conocerla muy bien y mentirse al solitario solo puede traer fracaso en una gestión que nos debe comprometer a todos.

Por eso es que nos hizo mucho ruido que las cifras se dieran al otro día mismo de cerrado el semestre, porque ese modo de difusión deja un hueco enorme en la confiabilidad de las mismas ya que no todas las novedades se cargan en tiempo real (aunque debieran) ni todos los delitos terminan siendo el mismo que se cargó (por evolución de heridos, por ej.). Por lo tanto, unas cifras aportadas al otro día de cerrado un semestre deja un número importante de novedades sin cargar dando muestras de ser una cifra parcial y menor a la real, lo que podría interpretarse como una manipulación a la baja buscando un efecto propagandístico que luego sería desmentido por la inclusión de los datos no cargados entonces… si se los carga, claro.

Porque entre las medidas que anunció el Ministro está la no renovación de los contratos a Becarios, un programa exitoso de la gestión Bonomi que se denominó MiComisaría y que sustituyó policías ejecutivos que realizaban tareas administrativas en comisarías por estudiantes becarios que no solo permitían trasladar personal ejecutivo a sus tareas específicas de seguridad en el territorio sino que mejoraban sustancialmente la calidad del registro de las novedades policiales. De nuevo aquello de mejorar el registro para conocer la realidad y poder cambiarla.

Si a todo esto que notamos sumamos un número importante de personas heridas de bala que se pierde entre la agenda informativa diaria, tenemos otro punto de inflexión que genera huecos imposibles de controlar y menos de confirmar sobre la seguridad pública uruguaya.

La opacidad no es buena compañera nunca, menos cuando quienes la promueven -por acción u omisión- fueron celosos defensores de la transparencia. Una transparencia que reclamaban a una cartera que hizo del registro de delitos un objetivo de su gestión mejorando los sistemas de ingreso y clasificación, aportando tecnología para elevar el registro en busca de abatir esa cifra negra que siempre denunciaron pero que hoy parece ser que empiezan a promover.

Los becarios pretenden ser sustituidos por retirados policiales, ¿la tablet o la PC será sustituida por el cuaderno?

Si ello ocurre, el subregistro y la precarización de la información vendrán sin que los necesiten llamar…

el hombre leía un titular,
el perro olfateaba entre los caracteres…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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