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La ola destructiva de la pandemia se está llevando puesto millones de puestos de trabajo y economías enteras están siendo llevadas a una catástrofe. Ante este desafío, el movimiento obrero mundial planta cara a la pandemia y proponen sus propias salidas a la crisis.

El tiempo se paralizó en el momento en que el mundo aplicó las medidas sanitarias para contener el virus. Pero no solo el tiempo se detuvo, también la economía y muchos proyectos de vida. Obreros, maestros, taxistas, actores y muchos otros trabajadores se vieron perjudicados por la pandemia que obligó al mundo a encerrarse. La angustia, la desesperación y la muerte se apoderaron del día a día. El virus nos pone a prueba a todo el planeta y todos los trabajadores del mundo están luchando por sobrevivir. Cuando la vacuna sea encontrada y la pandemia superada, el mundo se va a encontrar con una real dimensión de las consecuencias que nos dejó el virus. ¿Cómo construir de nuevo eso que el virus destruyó?

Para los empresarios, la respuesta es aplicando ajustes para “generar confianza” para que se realicen las inversiones privadas que empujen la actividad económica. En algunos países, esta clase exige la reducción del carácter protector de las leyes laborales, en otros piden privatizaciones o préstamos a organismos multilaterales a cambio de ajustes en el estado.

Todas estas medidas conducen a una mayor pérdida de la calidad de vida de los trabajadores. ¿Cómo? Con menos leyes laborales y una menor acción del estado, el trabajador se encuentra expuesto a un mayor sufrimiento por carecer de los recursos que poseen los empresarios. Es la ejecución autoritaria de una precariedad en el sueldo y en las condiciones laborales sobre millones de personas. Esta quedó expuesta por la pandemia en España, donde muchos trabajadores de la salud no poseen contratos permanentes ni tampoco de un sueldo acorde a la importancia de su trabajo. En Brasil con los trabajadores de reparto que trabajan más por el mismo o menos salario. En Israel, la pandemia llevó a un aumento súbito de casi 20 puntos de la desocupación y en Argentina, los trabajadores no registrados (que se cree cercano al 40%) se vieron fuertemente afectados en sus ingresos y sus puestos de trabajo. En los Estados Unidos, el gobierno y las empresas impulsan el retorno a establecimientos laborales a pesar de que el virus no está derrotado y sigue matando miles de ciudadanos.

¿Cuál es la respuesta de los trabajadores? en algunos casos ha sido la de la organización sindical en los establecimientos para defenderse del virus. En Estados Unidos, la pandemia generó un avance inusitado de la organización gremial (con el apoyo de los Socialistas Democráticos) como forma de denunciar la actitud de los empresarios de obligar al personal a concurrir a establecimientos donde hay Coronavirus. Sean los trabajadores de la salud, la educación, la metalurgia o las tecnológicas, la pandemia brindó la posibilidad para que se crea conciencia de clase en miles que ven cómo los empresarios intentan hacer dinero a costa de la vida de sus trabajadores.

En Brasil, las organizaciones obreras encuentran en la gestión de la pandemia por parte de Bolsonaro una gran motivación para lanzarse a la lucha. En Uruguay, las medidas económicas propuestas por Lacalle Pou en plena pandemia fueron una invitación a la creación de un bloque social llamado “La Intersocial” en la cual figuran los sectores afectados por la crisis (Central obrera, jubilados, cooperativistas de la vivienda, estudiantes y el movimiento feminista).

En España, la agrupación juvenil de la UGT ha lanzado un documento con propuestas para superar la crisis el cual ahonda en asuntos que hasta ahora no se planteaban. Ellos proponen la realización de auditorías sobre los contratos temporales para observar el cumplimiento de las normas laborales, la cobertura sindical a nivel europeo para los delegados gremiales en caso de cambio de país del trabajador, la industrialización ecológica y una lucha fuerte contra la elusión fiscal que termina por quitarle ingresos a los estados.

En Alemania, el sindicato IG Metall ha puesto sobre la mesa otro tipo de propuestas como la combinación de reducción de jornada laboral y un plan de formación para aprovechar ese tiempo que se pierde. A nivel europeo, la Confederación Europea de Sindicatos decidió exigir a la Unión Europea el establecimiento de un salario mínimo justo y que se promueva la negociación colectiva en todos los estados miembros.

El desarrollo económico y social del mundo ya tenía serios problemas antes de la pandemia y la enfermedad acentuó estos problemas. Las contradicciones que el sistema posee se exhiben con más claridad y afectan a la paz social. Estas tienen el aspecto interesante de que esta vez, el detonante que hizo volar por los aires el sistema económico fue una pandemia. Razón por lo cual, se suman propuestas orientadas a buscar el equilibrio entre economía y medio ambiente.

Empresarios en todo el mundo buscan el ajuste para que funcione la economía pase por la reducción de derechos de los trabajadores aún si eso implica desobedecer las medidas para contener la pandemia (muchos trabajadores vieron negados su derecho a la salud por imposición de empleadores que los obligaron a concurrir a sus puestos). Para enfrentar ese escenario en diferentes lugares del mundo elaboraron diversas respuestas pero esta realidad encierra una pregunta que sirve de reflexión y que nos dejó el entrañable Eduardo Galeano.

“¿se podrá internacionalizar la lucha por la dignidad del trabajo?”

 

Por Ariel Bank
Licenciado en Relaciones del Trabajo de la Universidad de Buenos Aires

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