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Encrucijada multicolor

El pedido de desafuero del senador Guido Manini, se ha constituido en una verdadera piedra en el zapato para la coalición de derecha que llegó al gobierno. Un verdadero cruce de caminos que pone a prueba la estabilidad del conglomerado político que deberá demostrar su capacidad de articulación en medio de la votación de la principal ley de todo nuevo gobierno. Y es de tal magnitud la prueba que ha merecido un pedido de prórroga de la bancada nacionalista para tomar posición definitiva sobre el punto en la Comisión de Constitución y Códigos del Senado de la República.

Mientras tanto, sigue adelante la operación mediática que tiene al Ministro de Defensa como impulsor principal, una maniobra que puede llegar a obtener el efecto contrario al buscado por su promotor y que abona aún más al clima de incertidumbre en que se ha sumido la bancada del Presidente, al punto que poca o ninguna gracia debe estar produciéndole la movida. Una estrategia que puso a todo el elenco de gobierno en una verdadera encrucijada que podría dejar heridas abiertas de difícil curación…

Entre querer y disimular

A nadie quedan dudas que sobran motivos para otorgar el desafuero a Manini, por lo menos a quienes han seguido con cierto rigor la sucesión de acontecimientos y leído los argumentos de la Fiscalía. El entonces Comandante en Jefe del Ejército mantuvo por ocho meses en secreto los contenidos de las actas del Tribunal de Honor que se le impusiera –entre otros- a José Nino Gavazzo, cuya confesión sobre el destino de Roberto Gomensoro fue el disparador de su pedido de desafuero para comparecer ante la Justicia. Más allá de los detalles que se conocieron luego y que dilataron la llegada a la Justicia del expediente de marras, no hay ninguna prueba que hable de intención alguna de ocultar su contenido por parte de las autoridades de entonces. La cuestión absoluta y cierta es que Manini no informó sobre dichos contenidos en tiempo y forma ni al Ministro ni al Presidente, y por ello debe responder ante la Justicia.

El principal involucrado ha manifestado –en reuniones con sus correligionarios de Cabildo Abierto que quedaron filmadas y fueron viralizadas, así como en ruedas de prensa y expresado a sus colegas senadores- que no va a ampararse en sus fueros, incluso que va votar afirmativamente su desafuero cuando se trate en el pleno de la cámara. Sin embargo, algo que parece tan claro no lo es por razones que involucran al propio Manini, porque este no solicitó al cuerpo –verdadero dueño de los fueros parlamentarios- que se allane o permita que se proceda a la suspensión de sus fueros para permitirle comparecer ante la Justicia; él ha solicitado al Senado que resuelvan sobre su situación, algo que los pone en una encrucijada compleja porque se daría la paradoja de votar en contra de la voluntad del propio involucrado –dejando en una posición incómoda a sus compañeros de coalición.

Esto debería leerse entrelíneas porque hay más de un cangrejo debajo de estas piedras. Manini está jugando con fuego y lo sabe él y sus socios, esos que empiezan a tomar conciencia de haber quedado presos de una maniobra muy bien hilvanada por un estratega militar. Por un lado el protagonista principal vota su desafuero pero por detrás mueve sus piolines a sabiendas que no es una buena señal que los fueros parlamentarios se quiten sin méritos que los justifiquen. Y más allá de poder concluir que hay méritos suficientes, la posición es discutible, cosa que también lo sabe y juega con eso. Por otra parte, sus propios compañeros de partido no se pronuncian y se quedan orejeando las posiciones como en una partida de truco.

En medio de todo esto, la carta sellada de Manini es el mismo presupuesto, donde hasta podría jugar con su voto a la principal ley del gobierno dejándolo en suspenso hasta tanto saber cuánto respaldo tiene en una Comisión donde él vota una cosa pero juega con que el resto de sus socios voten otra, de manera que no permita su comparecencia, que es –en definitiva- su verdadero objetivo.

Esta especie de toma de rehén que impulsa deja ver una trama oscura de una forma de hacer política, un peligro al que se exponían los partidos tradicionales que solo querían sacar al Frente Amplio del gobierno sin importar el precio que debían pagar.

Todo esto es una hipótesis que en los próximos días se dilucirá para un lado u otro, pero que dejará heridas abiertas y precios que pagar según sea el resultado. Porque si se vota finalmente el desafuero, seguramente veamos alguna reacción en el seno de la misma coalición que podría reflejarse en la instancia presupuestal… o no. Porque también puede ser que llegado el momento, el precio que se pague por ese voto necesario sea otro, uno que tenga los mismos móviles que le han impulsado desde que asumiera la banca.

Transparencia mediática

El Ministro de Defensa se metió en el ruedo de todo este multicolor affaire, y si bien le dio minutos de prensa y espacios para verter su ponzoña habitual, lejos de sumar restó a la hora de encontrar ese punto de acuerdo entre los coaligados socios. En su intento de mancillar la gestión de las autoridades que le precedieron – si algo hay que reconocerle es su pertinacia – la difusión que dio al tema sumó decibeles al malhumor público y dio protagonismo a Familiares que si algo han dejado claro fue la indisimulada decisión militar de ocultamiento de todo hecho o cuestión relativa a los detenidos desaparecidos.

En su intento de revelar una trama de complicidad de la gestión frenteamplista en el caso de las actas del Tribunal de Honor, quedó matrizado quienes fueron los que nada hicieron y ocultaron de forma contumaz toda prueba que ahora salieron a la luz. Seguramente, con otra intención que la que viene logrando, porque a nadie escapa que la intención ministerial fue la de demonizar la gestión que encabezó el ex presidente Vázquez con la ministra Azucena Berrutti. Sin embargo, y a estar por el giro que han tomado los hechos, sumado a la indignación que generó conocer las confesiones de uno de los brazos ejecutores de la última dictadura, pusieron el tema militar una vez más en la agenda, afectando la situación de quien se ha erigido como defensor de esa colectividad, el senador Manini Ríos.

Así las cosas, flaco favor le ha hecho el Ministro a sus socios multicolores, que nada feliz deben estar por estas horas en medio de una situación que los embreta sin matices a resolver sobre el futuro de uno de sus socios, que juega con esa llave maestra que significa contar con votos para hacer de la mayoría multicolor su salvoconducto.

Lo cierto es que a la luz de estos hechos, el humor multicolor no es el mejor y se nota. Varios legisladores empiezan a mostrar su descontento por esta suerte de manoseo político que los tiene a merced de un militar con ansias de poder, que sabe y maneja –a su antojo- la llave de una coalición que empieza a dar muestras de fragilidad.

el hombre quería pero no,
el perro observaba desde la casilla…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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