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Gracias, Ernesto!

gobierno multicolor será histórico por muchas cosas seguramente, entre ellas por haber cortado el ciclo progresista del Frente Amplio en el poder, por ejemplo. Pero –también seguramente- por la seguidilla de episodios políticos producidos a pocos meses de instalado. Las renuncias fueron la tónica de un gobierno marcadamente presidencialista donde, a las voluntarias, se sumaron las obligadas por decisión del primer mandatario. Y están otras -como las de Ernesto- que no solo se bajó del ejercicio de atribuciones delegadas en tanto Ministro sino que fue mucho más allá bajándose de la actividad política toda. Algo que dejó huérfanos a las más de 140 mil voluntades que creyeron en él como un outsider salvador que venía a hacer otra política distinta que terminó sucumbiendo ante la vieja y más rastrera forma de ejercerla. Con el tiempo podremos dimensionar la decisión que hoy tomó el líder de Ciudadanos pero hoy solo se me ocurre agradecerle lo que nos dejó con su gestión. Porque nos dejó de las buenas y de las malas también y por todo ello solo puedo decir: Gracias, Ernesto…

Venezuela y la diplomacia de cóctel
En la campaña no vaciló en tildar a Venezuela de dictadura pero una vez que asumió la responsabilidad de la gestión de las relaciones internacionales del país como Canciller, se cuidó muy bien de tal calificación. Con su actitud enojó al Presidente, quien ya se había alineado a la postura norteamericana de interferir en el proceso de diálogo instalado y que tuvo a nuestro país al frente –junto a México- en busca de una salida negociada, sin vulnerar principios caros a la política internacional uruguaya, afiliada desde siempre a la no intervención y la solución pacífica de los conflictos. Esa determinación le significó la crucifixión a poco de haber asumido y los ruidos empezaron a minar la gestión del Ministro que recogía más simpatía de todo el Gabinete multicolor.
Porque a Ernesto Talvi hay que reconocerle una satisfactoria gestión en medio de la pandemia mundial del Covid-19, repatriando a miles de compatriotas que quedaron aislados por diferentes rincones del planeta y que tuvo -en el ex Canciller- un aliado incondicional que facilitó el retorno sin importar el color político de los involucrados.

Otro de los puntos altos de su corta gestión fue el episodio del Greg Mortimer, donde tuvo la valentía de pujar una arriesgada solución humanitaria que fue ejemplo para el mundo y que permitió salvar las vidas de la tripulación de un crucero varado con casos positivos de Covid-19 y dejado a su suerte hasta que el valiente canciller oriental aceptó el desafío de dar una salida humanitaria que fue ejemplo mundial. No sin sufrir traiciones como la de su homónimo de Defensa que adelantó la primicia de la resolución del caso –el desembarco de su tripulación y posterior ayuda humanitaria- por su cartera (lo anunció la Armada en su cuenta de twitter), cuando quien había hecho toda la gestión con el propio Presidente había sido Talvi.

Sin dudas que este personaje político desentonaba en un elenco multicolor que manejaba prioridades que se chocaban de bruces con las del hoy renunciado. Un político que no estuvo dispuesto a ceder a las presiones de un peso pesado como Sanguinetti y vetó nada menos que a su hijo -Julio Luis- para ocupar un lugar en la CARU.

Abandona la actividad política un recién llegado que cometió el imperdonable error de dejarle la estructura partidaria a quien había sido el gran derrotado en las internas. Semejante regalo no se lo esperaba ni el mismo beneficiado pero, un viejo lobo de la política uruguaya como Sanguinetti, se las ingenió para condicionar esa decisión apelando a una estrategia de la que seguramente no esté exento ni el propio Presidente de la República. Porque, si algo no se puede hacer con Julio María es subestimarlo, y esa jugada de ajedrez no fue ingenua y mucho menos, casual. Aquella decisión original fue como el pecado ídem del que nunca tendrá tiempo para arrepentirse. Allí comenzó a gestarse su itinerante recorrido, que lo alejaría definitivamente de la política.

Entonces hoy, ya anunciada su renuncia, a los agradecimientos reseñados deben sumarse otros no tan agraciados como esos pero que merecen hacerse. Por ejemplo, imagino los miles de votantes que lo pusieron en ese lugar del que hoy renuncia y me pregunto qué pensarán, cuán defraudados pueden sentirse y qué grado de responsabilidad le imprimen a tamaña decisión. Esa orfandad en que deja a su electorado es digna de ser considerada pues puede ser tildado de suma irresponsabilidad. Ya sea por ingenuidad, inexperiencia o la razón que sea, es preocupante llegar a concluir que no estaba preparado para asumir esos riesgos y peor aún que haya propiciado a que otros asumieran la responsabilidad de dirigir el país.

Porque si bien es cierto que un acto de renunciamiento como el que hizo no es común en la clase política uruguaya tan afecta a aferrarse al sillón del poder, también es cierto que hacerlo –aún a ese precio de quedarse sin nada- puede calificarse como inmadurez o irresponsabilidad en el ejercicio republicano de gobernar.

Sea cual sea la razón de su decisión solo resta agradecerle por los servicios prestados con el adicional de reconocerle varios méritos en tan corta gestión, dejando el sabor agridulce de lo que pudo haber sido su gestión 5.0 alejada de la diplomacia de cóctel, reivindicada por su sucesor ni bien tuvo oportunidad pública de hacerlo.

Fue un político de corto vuelo, que deja más dudas que certezas por saber las verdaderas razones de su alejamiento.

Gracias, de parte de Julio María, que renació de sus cenizas y se erige en el líder del principal socio de este gobierno.

Gracias, de parte de Manini Ríos, quien confirma lo acertado de su decisión al negarse integrar el gabinete y sigue tan campante como socio multicolor.

Gracias, de parte de Pedro, que si bien fue vetado en su momento hoy se maneja como posible sucesor de un sector colorado que se quedó sin referente.

Pero sobre todo, gracias, muchísimas gracias, de parte de los miles y miles de uruguayos (la otra mitad del país), que no dejaremos de agradecerle (¿?) –por los siguientes 4 años y pico- que gracias a él tenemos un gobierno que empezó a recortar y deshacer los avances logrados en 15 años de gobierno progresista.

Gracias, Ernesto!!

el hombre firmó su renuncia,
el perro gruñió su agradecimiento…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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