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Las ciudades desiertas XVII: La pandemia, un desafío de dimensiones sin precedentes

Más de 10,5 millones de infectados y de medio millón de muertes en todo el mundo. Estados Unidos caminando hacia los tres millones de casos y más de 130 mil muertes. En América latina, Brasil acercándose a 1,5 millones de casos y más de 60 mil muertos. Chile, con más de 14 mil casos por millón de habitantes, supera a Perú y Brasil en ese índice. Los efectos de la pandemia se extienden por el mundo y basta una mirada a las noticias internacionales para darse cuenta del enorme desconcierto que reina en todos los órdenes, tanto los económicos como los políticos

El mundo en diferentes miradas
“La pandemia del coronavirus nos está enfrentando a un desafío de dimensiones sin precedentes”, dijo la canciller alemana Angela Merkel, en una entrevista concedida a cinco medios europeos la semana pasada, en vísperas de que su país asuma la presidencia rotativa del Consejo de la Unión Europea, el próximo 1 de julio.

Pese a las numerosas medidas de estímulo, la economía mundial atraviesa su recesión más profunda en 80 años, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial, advertía a mediados de junio el Banco Mundial.

Una estimación moderada prevé una caída del 7% de las economías avanzadas y de 5% de la economía global, gracias a un mejor desempeño de otras economías, entre ellas la de China. Una prolongación del confinamiento podría, sin embargo, empeorar las cosas, haciendo que el producto mundial cayera hasta un 8%. En medio de las incertidumbres de la crisis, son todas estimaciones que deben tomarse con especial precaución.

Hace tres semanas la FED previó una caída del 6,5% para la economía norteamericana y un desempleo del 9,3%. Pero podrían pasar años para que los estadounidenses recuperen esos trabajos después de que se perdieran unos 20 millones de empleos de marzo a mayo.

Merkel sabe que Alemania no puede salvarse sola de la crisis. Es de interés para su país tener un mercado interno fuerte, pero también una Unión Europea que crezca unida, en vez de ir cada uno por su lado. “Lo que es bueno para Europa es bueno para nosotros”, sentenció la canciller alemana.

Los beneficios del euro para Alemania han sido estudiados en detalle. Entre otras cosas le representa una moneda más barata que una eventual moneda propia, como el marco, lo que favorece sus exportaciones. El mercado europeo es, por otra parte, su principal mercado.

Otra ventaja es que, aunque haya una moneda común, el euro, los intereses cobrados por los préstamos a Alemania no son los mismos que los cobrados, por ejemplo, a Italia o España. ”Para que Europa sobreviva, su economía tiene que sobrevivir”, ha dicho la canciller conservadora, que se prepara también para dejar su puesto al frente de la política alemana, después de este período de presidencia del Consejo Europeo.

Alemania tiene una deuda pequeña en comparación con su producto y puede aceptar, en esta situación extraordinaria, endeudarse un poco más, afirmó la canciller. Una afirmación que ha gustado poco a sus antiguos aliados de las políticas de austeridad que hoy conforman el grupo conocido como los “frugal four” ¬–Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria– dispuestos a dar la lucha contra los planes de facilitar 500 mil millones de dólares a los países en problemas para afrontar al crisis económica provocada por la pandemia.

Que el camino no será fácil ya se lo advirtieron dos académicas europeas, Maria Petmesidou, profesora emérita de política social en la Democritus University de Grecia y Ana María Guillén, de la Universidad de Oviedo.

Las repercusiones económicas y sociales de la pandemia pondrán a prueba el proyecto europeo. Insistir en los estereotipos con que los países del norte europeo califican a los del sur dañará el proyecto europeo, advirtieron; “pone en duda el futuro de la unión”. Esto es el centro de un gran debate académico y público, que pone en evidencia como esta situación excepcional está creando tensiones y amenazando las bases de la solidaridad europea, destacaron las académicas, que critican los relatos morales fundados en un supuesto norte “frugal” y un sur “imprudente”.

¿Por qué los ciudadanos del sur europeo deben soportar este juego de poder moral de los europeos del norte?, se preguntan, recordando que un reciente informe del programa de control sobre la economía portuguesa, divulgado el 8 de abril pasado, en plena pandemia, advertía a las autoridades de ese país que pagos excesivos a empleados públicos así como gastos en pensiones y salud pública representaban una amenaza fiscal. “Humillar a los ciudadanos del sur amenaza la viabilidad de la unión, y se suman de las tensiones nacionalistas ya generadas por el Brexit”, concluyen.

Un nuevo contrato social

En medio de la pandemia, abundan las reflexiones sobre la necesidad de un nuevo contrato social en Europa. Algunos países –advirtió Sharah Burrow, Secretaria General de la International Trade Union Confederation– “han usado la crisis del Covid 19 para acelerar los ataques a los trabajadores”.

La violación de esos derechos ha alcanzado un pico y se ha quebrado el contrato social entre los gobiernos, los empleadores y los trabajadores”, dijo Burrow, citando el Índice de Derechos Globales 2020 realizado por la Confederación.

Entre las limitaciones de los derechos de los trabajadores están los derechos de huelga y de manifestaciones, que se han impuesto con “extrema brutalidad” en algunos casos. El informe cita a tres países latinoamericanos: Bolivia (donde un golpe militar depuso al presidente Evo Morales); Chile (donde el gobierno ha reaccionado con dureza ante las protestas que se extendieron por todo el país desde octubre del año pasado); y en Ecuador. Pero no son los únicos. También en Costa Rica se ha aprobado legislación en este sentido. O en Brasil, donde un gobierno conservador ha desregulado la economía y las políticas ambientales, por lo que ha sido duramente criticado por las naciones europeas.

Los países donde más se ha avanzado en la restricción de los derechos de los trabajadores, según el mismo informe, son Bangladesh, Brasil, Colombia, Egipto, Honduras (incluida por primera vez en esta lista) e India.

La pandemia ha mostrado también que los trabajadores temporales son irreemplazables para los países de la Unión Europea. “Esenciales pero no protegidos”, son los “más vulnerables”, destacó un estudio del European Trade Union Institute (ETUI).

Durante la pandemia del Covid 19 las leyes existentes en la Unión Europea no han servido para proteger a esos trabajadores, como tampoco han servido las medidas adoptadas por el Comisión Europea, señaló ETUI.

Por otra parte, cerca de 42 millones de trabajadores europeos se han acogido a lo que en España se llaman los Expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), o a iniciativas similares, que permiten a las empresas adoptar medidas de reducción salarial y de otros gastos, mientras el Estado aporta recursos para evitar que los trabajadores queden desempleados y sin ningún ingreso. Aplicadas en países como Alemania, Holanda, Francia o Italia, se ha incorporado en esta crisis España, que por primera vez ha recurrido de manera masiva a los ERTE para proteger hasta 3,4 millones de personas.

Las medidas se extenderán hasta finales de año pero, en algunos casos, podrán durar hasta dos años.

Trabajo en negro

Un estudio del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (Renatre), una institución creada para proteger los derechos de los trabajadores del sector en Argentina, reveló en enero pasado que 83% de los trabajadores rurales trabajaba “en negro”. O sea, de manera informal, sin garantías sociales.

Un documento del organismo agropecuario explicó que el año pasado inspeccionó a unos 15 mil trabajadores rurales forestales, ganaderos, hortícolas, frutícolas y citrícolas, entre otras actividades y detectó “una tasa de no registración o informalidad del 83%”.

En Costa Rica, a raíz del creciente número de afectados por el Covi 19 en la zona norte del país, fronteriza con Nicaragua, el ministerio de Trabajo realizó inspecciones laborales en fincas y empacadoras dedicadas a la exportación de frutas, especialmente piña, de yuca y de otros productos. Los casos se habían disparado, lo que complicó el control fronterizo de productos y de personas pero, sobre todo, se reveló las dramáticas condiciones de trabajo que imperaban en diversas de esas empresas.

Freddy Miranda Castro, un consultor en economía ambiental, puso entonces en su página de FB, una visión del problema y sugirió enventuales soluciones.

Describía así la situación: “Cero derechos laborales para los peones agrícolas y otros obreros de las escasas ‘factorías’ en esa región. La figura omnisciente del contratista y capataz dominando la vida laboral en esos territorios y ningún sindicato en lontananza para nivelar la cancha o generar al menos un mínimo espacio de negociación laboral en favor de los peones”.

El desamparo era tan abrumador “que la gente recordaba con nostalgia los tiempos de la compañía bananera, cuando había empleo y los derechos laborales se hacían respetar por unos sindicatos diligentes y con músculo. La compañía ganaba y los trabajadores estaban mucho mejor que ahora”.

Lo que hay que hacer allí –agregó– es llevar “un ejército de inspectores laborales que obliguen a los empresarios a respetar los más elementales derechos de los trabajadores y al menos pagar el salario mínimo legal. Ya verán ustedes como a mayor ingreso, se reactiva la demanda agregada en la región y la vida económica de esos territorios empieza a tener colores más vivos. Por supuesto eso nunca pasó”. Hacinados en barracones, con un sandwich y un refresco como pago de horas extras, indocumentados, muchos de origen nicaragüense, sin salario mínimo ni seguro social, la situación se salió rápidamente de control y los casos de afectados por Covid 19 se multiplicaron rápidamente en los últimos 15 días en el país.

La historia se repite de forma parecida en toda la región. Esta semana Emilio Vidanski contaba que, en Chile, mientras el país se llenaba de “ollas comunes” en las poblaciones más humildes, las dirigentes de esos movimientos, que buscan garantizar por lo menos un plato de comida diaria a los pobladores, eran “acosadas por parte de Carabineros de civil”, mientras en el sur se detenía “a Mapuches que venden en las calles de Temuco”. “Ante los resultados negativos del gobierno frente a la pandemia muchos piensan que Chile va directamente a una implosión social”, afirmó Vidanski.

En Brasil, con cerca de 1,5 millones de casos, después de la renuncia de dos ministros de Salud en pocas semanas, el ministerio fue entregado a los militares.

“El ejército está ocupando cargos técnicos cuando Brasil tiene profesionales extremadamente competentes en el área de salud, afirmó Adriano Massuda, exsecretario de Ciencia, Tecnología e Insumos Estratégicos del ministerio de Salud e investigador visitante en la Escuela de Salud Pública de Harvard.

Esa tradición de salud pública está siendo amenazada por la cantidad de militares y profesionales sin experiencia que se han instalado en el ministerio de Salud, agregó. Lo que nos salva es el estatal Sistema Único de Salud (SUS) y la larga tradición del país en programas de salud pública. Ni el peor ministro de Salud haría lo que el ejército está haciendo, desmontando el mecanismo del SUS, concluyó Massuda.

Estados fallidos

La crisis demanda una respuesta que rápida, racional y colectiva, afirmó George Packer, en un artículo del mes de junio en la revista The Atlantic. Packer se estaba refiriendo a los Estados Unidos que, en su opinión, estaba enfrentado la pandemia “como Pakistán, o Bielorusia, como un país con una deplorable infraestructura y un gobierno disfuncional, cuyos líderes son muy corruptos o estúpidos para atender el sufrimiento de la gente”.

Cada mañana del interminable mes de marzo, señaló, los norteamericanos despertaban “para descubrirse ciudadanos de un Estado fallido”. Sin un plan nacional, las familias, las escuelas y oficinas tenían que decidir qué hacer, si cerrar o si seguir funcionando.

Con la pandemia retomando fuerza en algunos estados, entre ellos Florida que, con casi diez mil casos diarios, amenazaba con superar los registros de Nueva York en los peores días del Covid 19, y el país caminando hacia los tres millones de casos, los ojos de los políticos norteamericanos apuntan a la cada día más cercana elección de noviembre próximo. También hacia la decisión del presidente Donald Trump de avalar la decisión israelí de anexarse gran parte de Cisjordania a partir de este miércoles 1 de julio.

Los planes de anexión de partes de Cisjordania acordados por el Gobierno de Israel supondría una violación de la ley internacional, según los expertos en esta materia. Una anexión de territorio por la fuerza o mediante guerra «es inadmisible» para la comunidad internacional, afirmaron medio centenar de expertos de Naciones Unidas, para quienes esa anexión convertirá Cisjordania en una “bantustán palestino”, formado por enclaves desconectados entre sí, como ocurría en la Sudáfrica racista, que separaba a blancos y negros. Para Estados Unidos la anexión de Cisjordania “es una decisión israelí”, que cuenta con el apoyo del gobierno de Trump.

Con la franja de Gaza transformada desde hace años en un verdadero campo de concentración, la expansión israelí en los territorios ocupados de Cisjordania parecen la conquista del “espacio vital”, una iniciativa que hace 80 años animó el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital (gclopes1948@gmail.com)

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