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«Quién» está en primera base…

Los que pasamos los cincuenta crecimos viendo la rutina de Abbott y Costello sobre un peculiar equipo de béisbol cuyo nombres o apodos eran similares a las respuestas que requería el interrogador. La locuacidad de ambos llevaba a que el espectador sucumbiera en el intento de llevar el hilo a un diálogo disparatado que termina siendo una verdadera ingeniería dialéctica. El sketch vino a mi memoria para tratar de entender lo que derivó en una denuncia penal contra un panel de periodistas que compartieron una sección de humor en su programa, donde uno de los titulares del programa interpretó a su escatológico personaje, al que define como el presentador de la familia. Se podrá compartir o no el tenor de la humorada, pero en ningún momento se puede dejar de sopesar ese tenor en un contenido radial que hace del humor su principal ingrediente.

En tiempos del Covid-19 las sensibilidades están a flor de piel y los meses de autoaislamiento pueden haber conspirado a favor de la escasez de comprensión auditiva de un espacio que se dedica a construirnos una sonrisa. No intento justificar el contenido, ni siquiera comparto la forma de hacer reír apelando al humor soez y grosero que practica el personaje, pero pensar que ello merece una denuncia penal es a todas luces un exceso que no podemos compartir más allá del gusto o no por la humorada. En tiempos en que se restringen libertades por razones sanitarias -que se suman a otras más violentas que fueron denigrando nuestra vida en relación- no podemos admitir este tipo de cuestionamientos que afectan la libertad de expresión sea cual sea la forma o género en que la misma se manifieste.

El humor al banquillo de los acusados
La sensibilidad parece ser otra de las facetas que quiere imponerse por el nuevo gobierno, así lo ha dejado entrever el propio Presidente con sus periódicas salidas de prensa siguiendo muy de cerca la actuación de todos los miembros de su gobierno. Esa marca a presión fue la que llevó a sendas destituciones en ANTEL y la CND, sin ir más lejos, como un claro mensaje que no se dejarán pasar gruesas desviaciones de lo que está pautado como hoja de ruta a seguir.

Esa hipersensibilidad también se aprecia en determinadas reacciones a cuestionamientos sobre el acervo cultural que acumula una candidata a vicepresidir el BPS, al punto que los defensores de su designación denigran la calidad de los currículums y elevan otras cualidades no escritas para fundamentar la idoneidad para asumir cargos públicos de alta responsabilidad.

El humor tiene distintas facetas y para cada una de ellas hay un público receptor que lo disfruta. Así, hay quienes son afectos al humor negro, otros que disfrutan del humor ácido donde la ironía hace parte principal de la fórmula. Y está el humor grotesco, ese que apela al insulto soez y que también tiene sus adeptos. Herederos del argentino Yayo y sus cámaras ocultas para Videomacht, tiene sus adeptos en este siglo que todo lo puede y sendos representantes uruguayos como el que dio motivo a la denuncia de ciudadanos de Rivera.

Las sensibilidades están sobre expuestas y permean entre la sociedad al punto de afectar la tranquilidad de los habitantes de un departamento como Rivera; por lo menos a algunos que se tomaron la cosa en serio al punto de llevar el tema ante la justicia. Una humorada del programa La mesa de los galanes, en el espacio de Edison Campiglia, enervó los ánimos de los que se erigen en representantes del sentir riverense.

No entro en el contenido -que tomado literalmente y despojado de lo que era, un espacio de humor- seguramente hiere muchas sensibilidades, pero no puede permitirse que la respuesta sea una denuncia penal, no solo porque la ley exonera expresamente de responsabilidad cuando el emisor realiza sus expresiones con esa tónica (literal C del Art. 336 del C.Penal), sino porque -sobre todo- vulnera una de las libertades más representativas de nuestro sistema democrático de gobierno: la libertad de expresión.

La denuncia -que se viralizó como por arte de magia- es en sí misma una forma adicional de dimensionar el hecho y potenciar sus repercusiones. Los denunciantes han transformado el tema en un hecho político que han tomado legisladores y líderes departamentales que cierran filas en defensa de lo que consideraron una afrenta contra los riverenses. La calidad de los denunciados hace que las repercusiones adquieran otra dimensión mayor por cuanto hay una suerte de defensa corporativa de otros periodistas que, comentando la noticia, defienden la libertad de expresión -y su propio trabajo- puestos en riesgo con actitudes como estas. Je suis Charlie (Todos somos Charlie), se hizo mundial tras el atentado a la revista Charlie Ebdó, porque cualquiera de nosotros pudo haber estado entre sus víctimas, y porque las víctimas sucumbieron por la simple razón de hacer de la sátira su forma de protesta y expresión. Salvando la distancia con aquel atentado, la actitud asumida por los denunciantes lleva al extremo de que cualquiera puede ser denunciado por lo que opine o escriba.

Una joda paraTinelli
La frontera entre lo que está bien y lo que está mal es una cuestión hasta personal, donde entra a jugar esa sensibilidad social que se va construyendo con el paso del tiempo. Los tiempos han cambiado, la defensa de los derechos de la mujer han transformado a una sociedad uruguaya que otrora entonaba canciones que serían rechazadas hoy (Cacho Castaña supo ser tendencia en el Río de la Plata con aquella canción cuyo estribillo hablaba de matar a su mujer si la encontraba con otro, por ejemplo). También es notorio que hay temas que están blindados, como es el caso de los desaparecidos, lo que nos permite entender que hay una frontera imaginaria que pone límites socialmente admitidos… al menos por ahora.

Es un camino empedrado el de querer complacer a todos, más en estos tiempos de redes sociales donde todos nos sentimos parte de un sistema que construye un relato colectivo al que cada uno le aporta una palabra o una frase. Esa masa de pensamiento fluye por el éter y se actualiza al ritmo del teclado, construyendo un pensamiento que sigue el minuto a minuto y se modifica a un ritmo vertiginoso.

El humor no tiene que ser explicado, porque hacerlo llevaría a que perdiera su esencia, además que lo equipararía con un chiste mal contado. Pero el humor será siempre humor y nunca ofensa, cuando el humorista desempeña el rol de tal. Podrá gustar o no, pero nunca podría entenderse que merece una acción penal cuando el receptor cuenta con una acción personalísima: cambiar el dial. El tema de la sensibilidad es opinable y personal, pero la ley no puede evaluar conductas según la sensibilidad de cada uno, sino que debe juzgar con carácter general y en el caso, previó una excepción que no deja duda alguna.

Entender que hay ofensa cuando se hace humor es no entender el chiste -algo que es posible y válido- pero ello no puede habilitar la acción penal por la mera y sencilla razón de no haber entendido que lo dicho era como aquella jodita para videomatch.

Algo así como «quién está en primera base, cuál en segunda y no sé en tercera»…

el hombre buscaba a quién,
el perro le ladraba a no sé…

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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