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No todavía, a la “Nueva Normalidad” que se anuncia

La temible curva que debía marcar el ascenso de la cantidad de infectados por el Covid19 parece que no fue tan aguda y su achatamiento alienta a regresar a la normalidad.

No todavía, a la “Nueva Normalidad” que se nos ha anunciado. Esa no ha hecho más que asomar su fea cabeza…¡ya lloraremos al contar las víctimas!

No me refiero a los muertos a resultas del coronavirus.  Sin menospreciar ningún fallecimiento aún no hemos llegado a los veinte. Todos con patologías asociadas que comprometían sus defensas naturales.

En Uruguay, según el Ministro de Salud Pública, mueren anualmente entre 1200 y 1500 personas por neumonías. Una veintena en casi dos meses no es tanto.

Hace poco leí, creo que el “Pagina 12,” que anualmente mueren en el mundo alrededor de 650 mil personas por causa de neumonías.

¡Ni te cuento las que mata el hambre!

La terrible masacre, no está precisamente vinculada con la cifra de fallecimientos sino con las repercusiones económicas, sociales y políticas de esta peste.

Iremos inventariando en la medida que el restablecimiento de la Economía nos permita distinguir entre los que vuelven y aquellos que ya no sean reintegrados. Aquellos que no vuelvan a tener un trabajo estable y un salario digno.

Por ahora todo está confuso, pero la “Nueva Normalidad” incluirá a menos.

Así como supondrá una redistribución del Poder que centralice el mismo en menos manos. Será una Sociedad menos democrática y con menos privacidad.

Tendremos que luchar por nuestros derechos y nuestro trabajo; que es nuestra dignidad, nuestro lugar en el mundo.

Ahora, antes de dedicarme a examinar algunas paradojas de esta situación, quiero extender mi reconocimiento a los “héroes de la pandemia”.

Por supuesto, en primer lugar, a los trabajadores de la Salud sin distinción dentro de ellos porque todos luchan en primera fila.

Lo han hecho bien. Con disciplina y dedicación. Incluyo dentro de ellos a los científicos que suplieron con ingenio las carencias y aportaron rumbo certero.

¡Todos los aplaudimos porque se lo merecen!
Algunos nos preguntamos cómo es posible que haya tantos funcionarios de la Salud en Seguro de Paro.

¿Qué pasa con las mutualistas?

Quiero agregar más trabajadores a mi agradecimiento.

Para la mayoría ha sido un relativamente confortable confinamiento; hemos gozado de luz, combustible, agua corriente, servicios municipales, de trasporte y hemos estado comunicados por todas las vías.

Resalto especialmente, por razones sentimentales, a mis compañeros municipales. Durante toda esta pandemia se ha recogido basura, se han mantenido parques y jardines, se han velado y enterrado los muertos y la red de Saneamiento no le falló a la ciudad.

Sin cinismo y con amargura a nadie le faltó aquello de lo que gozaba. Me ilusiona pensar que a unos cuantos, ahora “les cayó la ficha” y se dieron cuenta de los muchos uruguayos que carecen de lo que consideramos normal.

Un símbolo de la Civilización, palaba que deriva de “Civitas”, las ciudades colapsan rápidamente sin una serie de servicios esenciales que ni tenemos en cuenta mientras funcionan.

Lo hacen tan regularmente que no nos preguntamos quienes nos ponen el pan y la leche en la mesa. Ni quienes se hacen cargo de nuestros deshechos.

Así como no habíamos tenido en cuenta que quienes nos atienden en los Super son personas sumamente expuestas.

Gracias, muchas gracias a todos. La Ciudad les debe mucho.

Muy especialmente a aquellos que movidos por el viejo instinto solidario que hemos desarrollado desde la Resistencia a la Dictadura, ahora se ocupan de las ollas populares.

Verdadero símbolo de hermandad.

Ahora, desde este hoy de restablecimiento paulatino de las tareas presenciales uno puede levantar un poco la mirada.

Otear el horizonte.

Lo primero que se destaca es cuanto estábamos agrediendo al medio ambiente. Y cuan poco hemos aprendido.

El aire era más respirable sin tantos automóviles circulando….¡volvemos a ellos!

Nadie, sino Bolsonaro y Trump, discute que la Naturaleza estaba siendo devastada a un ritmo avasallante.

El coronavirus no es otra cosa que el producto de ese avance sobre el medio natural. Los virus mutan para sobrevivir, se fijan en nuevos huéspedes  que nos son más próximos. Por eso “saltan” y nos invaden.

Todo hace suponer que detrás del covid19 y su peste, tendemos otras porque hemos roto equilibrios milenarios y “el que la hace, la paga”-

Sin perjuicio de lo cual, lo seguiremos haciendo porque al capital financiero nada le importa.

Con todo, hay resultados paradojales.

El “efecto mariposa” golpea con cierta dosis de justicia poética.

Trump tenía asegurada la reelección al punto tal que el Partido Demócrata únicamente tenía que resolver cerrarle el camino a Sanders con un candidato digno para la derrota.

Lo primero era cortar con las veleidades tenuemente socialistas de Sanders, ¡nunca se sabe a lo que puede llevar la maldita palabra de “Socialismo”!

Ya,para los demócratas, es pesado fardo la acusación de “liberales” y que alguien se postulase como “socialista” era peor, mucho peor, que si lo hiciese proclamándose caníbal.

Eligieron bien, Biden es un prestigioso segundón, con edad suficiente como para no seguir por mucho tiempo en carrera y que “honraría la derrota”.

¡Paradoja! Trump menospreció los efectos del coronavirus y los Estados Unidos, la primera potencia del mundo, ha pasado a ser la nación más asolada.

Como puede está tratando de corregir el error inicial y recuperar a los votantes que lo estaban abandonando.

Lo primero fue mostrarse compungido y admitir que con cien mil muertos las cosas no serían tan horribles.

Lo segundo: ¡el viejo truco de culpar a otro! El virus fue localizado en China y desde allí se expandió como fuego en la pradera reseca.

¡Pues entonces los chinos eran culpables!

Balandronada, tras balandronada ha llegado a convencer a los más torpes que hará que China pague por su maldad.

Cabezas empequeñecidas por una educación a través del comic y las seriales están dispuestas a considerar que “Hay que castigar al malo”.

¡Nadie imagina cómo y cuándo será la venganza!

Lo tercero, que siempre se utiliza en las campañas electorales, en embarrar la cancha. Forzó inútilmente a un presidente de Europa Central para que acusara a Biden de cohecho.

Casi le cuesta el cargo. Lo salvaron los votos republicanos que no se podían permitir esa destitución.

Ahora Biden es acusado de un abuso sexual cometido con una de sus asistentes hace casi 30 años.

No doy un peso por la moral de todos ellos, pero me resulta sospechosa esta tardía acusación.

La tomo como un síntoma más de que Trump ya no está tan seguro de vencer en noviembre.

Y no sé, si alegrarme de que ese matón sea derrotado o temerle a un Biden débil. Que ganará porque el otro pierde y que será objeto de presiones de todo tipo.

Pese a lo cual, en los “Estates” el Poder, el verdadero “Poder” nunca cambia de bando.

Otra situación paradojal es la de Brasil.

También por haber menospreciado los efectos del coronavirus Bolsonara se encuentra bailando con la más fea.

Esa “gripecita” como la calificó está causando estragos y Bolsonara sigue empeñado en negarse a luchar contra ella.

A ayudar en la lucha de sus gobernadores.

Su lema es:” Brasil no puede parar” y por lo tanto, no se suspende nada pese a que el número de muertos asciende constantemente. San Pablo está duramente castigado y en ciudades como Manaos la epidemia desbordó todo control.

El presidente, que pierde apoyo de colaboradores tan importantes como Sergio Moro está jugado a la ruptura institucional.

Cuenta con un 25 % “duro” en su apoyo. Es la Derecha más descarnada. Aquella que sabe que por cada obrero muerto por el covid19 habrá una larga fila de desocupados dispuestos a reemplazarlo.

Los trabajadores son reemplazables y el capital no puede dejar de ganar.

Ese 25 % lo impulsa a manifestar verbal y físicamente contra los poderes del Estado. Contra el Congreso; contra la Justicia y contra los gobernadores estaduales que eran de su partido, pero ahora deben velar por sus mandatos.

El presidente quiere un Golpe Militar similar al del 64. Algunos sectores militares nostálgicos también.

Las grandes patronales también sienten “saudades” pero no tienen completa seguridad de qué pasaría si las Fuerzas Armadas toman el Poder.

Lo paradojal es que el sistema político se ha desprestigiado tanto que una notoria mayoría de la Opinión Pública lo aborrece en tanto pone la mayor confianza en los militares.

Lo único que mantiene esta situación no de “doble poder” sino de “poder en estado de disolución” es que son los militares quienes no quieren asumir.

Por falta de liderazgo claro y por la clara convicción de que en Brasil está en marcha una despiadada reestructura que elimine a esa nación como fuerza emergente.

Los Estados Unidos no alentaron la caída de Dilma para dejar que Brasil prosiguiera su camino de potencia en desarrollo.

Para que Brasil, dentro del BRICS emergiera como una potencia económica rival y modificara la distribución del Poder mundial.

La Nación Imperial no quiere compartir el Poder Hegemónico y en cambio, ambiciona el desarrollo industrial y científico de Brasil.

Necesita apoderarse de la Amazonia. Si no territorialmente, si de sus inmensas riquezas.

Ya está devorando la estructura industrial. Por partes ya que es un bocado demasiado grande para hacerlo de una vez.

En las Fuerzas Armadas domina un pensamiento estratégico: no tenemos la fuerza suficiente como para plantarle cara al imperialismo.

Por lo cual, mientras puedan, se mantendrán apartadas de un poder que únicamente estará al frente de la entrega.

Así anda el mundo por esta zona. Así y de mil maneras más…¡recién estamos levantando la cabeza para mirar lo que está pasando!

 

Por Eduardo Platero
4 de Mayo 2020

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