Las crisis mundiales son producto de causalidades concurrentes

El desconcierto que causa una Pandemia, similar a los efectos que producen los fenómenos naturales, como terremotos o tsunamis, inundaciones o volcanes en erupción, tiene en el caso específico del virus, condimentos propios de lo desconocido para la mayoría de la población mundial.

Los Pueblos Originarios denominarían a la epidemia, como producto del enojo de la Pachamama, la Madre Tierra, por el maltrato recibido.

Los religiosos ortodoxos de todas las creencias, sin distinción, lo relacionarían con el castigo Divino, del Dios de cada uno, por la maldad desplegada sobre la Tierra.

Los racionalistas apelarán a que los cambios producidos en la naturaleza, en donde a diario mueren cientos de especies, van apareciendo otras, algunas de ellas mutantes, producto de los cambios climáticos, la desertización o la aparición de nuevas hegemonías entre los seres vivos, que aún no conocemos.

Lo que si conocemos, es lo que hemos hecho los seres humanos con la Humanidad, que incluye desde la naturaleza hasta los seres humanos, desde la ecología y el medio ambiente a los mares, con la contaminación y la manipulación de los alimentos, es decir cada elemento, que la llamada Modernidad trajo como nueva cultura de la inmediatez, arrasando usos y costumbres ancestrales y pero aun naturalizando situaciones extremas.

Hemos, como Humanidad, tolerado y asistido como acontecimiento natural, los millones de muertos por la voracidad de un sistema hegemónico, que arrasó pueblos, destruyó lugares sagrados, Patrimonios Históricos de la Humanidad, empujando a millones de personas a lanzarse a las aguas del Mediterráneo, huyendo del horror de la destrucción de ciudades y bienes, de quienes en su apetito petrolero, no dudan en enarbolar una bandera tan noble como hipócrita, que lo hacen “por la libertad y la democracia”.

Asistimos desde hace años al desprecio por el cuidado de la naturaleza, aumentando la contaminación, permitiendo por Tratados Internacionales, que países de poca producción industrial, vendan sus cuotas comprometidas de polución, que no usan, a los países centrales. Esa acción dramática, que lleva al calentamiento global, está anunciando por parte de los expertos internacionales, que se está cerrando la última ventana, en la posibilidad de controlar la atmósfera terrestre.

Sin embargo observamos pasivamente como ni EEUU ni Israel, firmaron los Tratados de Kioto, que en París no hubo acuerdo sobre el cambio climático, que EEUU se retiró del acuerdo del G-7 con Irán sobre no Proliferación nuclear, que tampoco firmó en el ámbito de Naciones Unidas, ni ese, ni el de DDHH. Pese a ello EEUU sigue siendo referencia para gran parte del mundo “occidental y cristiano”, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel, en el claro oscuro, incomprensible e hipócrita, de las alianzas internacionales.

Hemos tolerado que nuestros alimentos fuesen convertidos en chatarra, que los productos de la tierra, fueran a alimentar a los animales en producción cruel de encierro, mientras millones de seres humanos padecen hambre por la desertización de las tierra producida por agro tóxicos, creados para matar toda especie vegetal o animal, pero que también daña a los seres humanos, que impida la producción voraz de materia prima exportable.

Vimos con nuestros propios ojos, en las noticias, cárceles clandestinas desparramadas por el mundo, miles de detenidos sin nombre, por años y torturados, pero hemos justificado esa situación, por la lucha contra el terrorismo. En la misma dirección se han visto limitadas las libertades individuales y sociales, con el gran hermano tecnológico, que nos disciplina y controla, al cual accedemos alegremente detrás de la última novedad, como quien va a su propio sacrificio, consumiendo lo que no necesitamos y abandonando los criterios solidarios de la humanidad.

Esa sociedad que transcurrimos hasta hoy es invivible, no tenía ni tiene destino, si somos incapaces de conmovernos por 24 mil personas que mueren al día de hambre, de los cuales 8 mil son niños, o miramos abstraídamente la epidemia del Ébola en África, que desde hace años diezma poblaciones obviamente negras, ante la indiferencia mundial.

Una comunidad que sólo reacciona y por momentos solamente, ante fotos trágicas, que nunca contienen historias o sea la película completa, como los niños ahogados en el mar. Duran un par de días, hasta que la noticia queda envuelta en los nuevos índices macro económicos, que pretenden regir los destinos de la Humanidad.

A esta altura del relato usted dirá cual es el enlace, entre estas consideraciones y la Pandemia del coronavirus. Bueno es otra visión de los acontecimientos que conmueven al mundo y que esta epidemia ha demostrado lo frágil que era ese sistema que estábamos viviendo, lo brutal e inhumano que significa, ser pasibles de intereses voraces, que ofrendan vidas cotidianamente, en nombre de una supuesta modernidad, que sólo destruye y arrasa a la “única nave espacial que nos contiene, llamada Tierra”, como dice el periodista uruguayo Martinez, en Telesur.
La Pandemia entonces, que nuestro país está atravesando en ésta segunda fase, que es de expansión y se apoya en tres ejes determinantes hacia el futuro.

El primero en el liderazgo de un gobierno reciente, con una herencia económica y social devastadora, con una deuda inmanejable y un ataque sistemático de los dueños del poder, que ha podido conducir al conjunto del pueblo hacia el único remedio conocido para combatir el virus: la cuarentena. Resistiendo los embates de los sectores económicos que no dudan en sacrificar vida humanas en función de ganancias.

El segundo un seguimiento epidemiológico, en Sala de Situación del recuperado Ministerio de Salud, de la evolución de la pandemia a nivel mundial, regional y nacional, en forma horaria, con análisis del desarrollo de la misma, seguimientos de casos, testeos y áreas libres, que permiten ir dándole al liderazgo político los tiempos de las medidas a adoptar y su conducción, política y sanitaria.

El tercer eje es la reconstrucción de la solidaridad social, como elemento vector de un camino a futuro, que nos permita, vencida la pandemia, ir construyendo el modelo social y productivo solidario, en una sociedad más justa, más libre y más soberana, en el marco de la Patria Grande, enarbolando la Tercera Posición y creando la herramienta del poder popular, que es la Comunidad Organizada.

 

Dr. Jorge Rachid
Intelectual argentino

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