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Después del coronavirus

No hay ninguna duda que la prioridad hoy es la salud de la gente.

Combatir esta pandemia entre todos y asumir como país los costos que sean necesarios asumir, sin medirlos. Luego vendrá la etapa de poner punto final, ver como se reestablece la normal actividad del país y sobre todo como se asumen los costos inevitables que vamos a tener.

Indudablemente esta crisis dejará enseñanzas y generará cambios en la sociedad en diversos planos. El teletrabajo, el cuidado en la salud, las prácticas de higiene personal, la generalización de las modalidades de reuniones con aplicaciones como zoom o skype, las clases a distancia. Seguramente las prácticas que hoy estamos utilizando como alternativas se modificarán y muchas de ellas pasarán a ser permanentes, modificando de manera sustancial los hábitos de la sociedad.

Pero quizás las implicancias económicas de esta crisis sean uno de los factores más importantes que debamos encarar luego que ella culmine. La profundidad de ese impacto tendrá seguramente efectos muy importantes en las arcas del Estado y como consecuencia en las políticas que deberán encararse de aquí en más.

Los ingresos tributarios del Estado andan alrededor de los 16.000 millones de dólares. Si le sumamos el aporte de las empresas públicas por transferencias y otros ingresos ellos llegan a unos 17.500 millones de dólares.

La actividad económica se encuentra paralizada. Los centros comerciales no están en funcionamiento, la actividad turística tampoco, los comercios muchos cerrados y los que permanecen abiertos con ingresos mínimos.

Eso tendrá consecuencia en los ingresos fiscales, que seguramente se expondrá con crudeza en la recaudación de Abril, Mayo y Junio como mínimo. La evolución del control de la pandemia y el ritmo en el que se siga enlenteciendo o reactivando la actividad económica nos dará una mejor medida de la afectación de los ingresos fiscales.

Una baja entre el 5 o el 10 por ciento anualizado de dichos ingresos son cifras que van de 800 a 1.600 millones de dólares que el Estado eventualmente podría llegar a dejar de recaudar. Significa una cifra enorme, que de alguna manera está en línea con el crédito ya solicitado por el MEF de 1.500 millones de dólares; seguramente previendo este tipo de escenarios.

Por el lado de los egresos el asunto tampoco es alentador. Los gastos lejos de poder reducirse se van a incrementar de manera notoria, única forma de sostener la situación de una población diversa que va desde quienes están desocupados hasta los que viven por diferentes razones de ingresos que se generan en el día a día y que de pronto ven interrumpida abruptamente su cadena de ingresos.

Podemos pensar desde un abogado, un persona que vende empanadas hasta un distribuidor que hoy no encuentra a quien vender sus productos. Cualquiera que deba salir a pelear sus ingresos de manera diaria ve afectado su situación personal de manera drástica.

En este mes las solicitudes de ingreso al seguro de paro ascendieron a unas 86.000 personas y el costo aproximado por mantenerlas 3 meses rodea los 100 millones de dólares.

El Frente Amplio presentó una propuesta al gobierno que fue recibida con interés. Ella no se llama “renta básica” ya que parece la sociedad no está lista aún para ese término, pero tiene puntos de contacto con ese concepto.

Abarca a unas 310.000 personas y tiene un costo aproximado de 240 millones de dólares en tres meses. La propuesta a implementar será esta o podrá ser otra, pero los números para atender la emergencia tendrá un costo que andará cercano a esa cifra.

Ingresos fiscales que seguramente van a bajar de manera muy significativa y costos que se van a incrementar de forma muy importante avecinan un panorama complicado que habrá qué atender y pasar raya luego de culminada la crisis.

Las medidas fiscales anunciadas de un impuesto a los legisladores, cargos políticos y de particular confianza así como a los funcionarios públicos con sueldos altos recaudan en un par de meses unos 12 millones de dólares; una cifra que resulta irrisoria para enfrentar los desafíos fiscales que se avecinan. Pagan los fósforos que ocasionan un incendio y suena a medida más de corte político que económica para cubrir las necesidades de la crisis.

Hoy importa la vida de la gente, su salud y que la pandemia del coronavirus pueda ser controlada y focalizada. Mañana será la hora de poner en marcha otra vez el país y hacerse cargo del costo de esta crisis; que no será poco y tendrá impacto en la vida de los uruguayos.

Por Gerardo “Negro” Gadea

 

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