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El caballo de la Muerte (incluido en el Apocalipsis de Juan hace poco menos de dos mil años) se describe en el original griego como khlômos (χλωμóς), que suele traducirse como “pálido”, aunque también puede ser “ceniciento”, “verde claro” y/o “verde amarillento”; siempre un color que indica la palidez enfermiza de un cadáver.

Reflexión y política – La explicación mitológica, delirante y profética, de los cataclismos que ha enfrentado la humanidad sirvió durante muchos siglos para distraer de un abordaje sistemático de los riesgos y de la reflexión sobre las causas y consecuencias de los fenómenos planetarios. Ahora, la pandemia denominada Covid -19 nos exige más que nunca reflexionar acerca de las causas y consecuencias de los fenómenos para enfrentar el ahora y el después. Debemos hacer una reserva importante de nuestra atención y preocupación para que las exigencias inmediatas de la emergencia sanitaria no nos distraigan de observaciones y consideraciones ineludibles para salir bien librados y fortalecidos al cabo de ella.

Y más vale que lo tengamos claro de entrada: este es un tema político por más que se intente disfrazarlo con llamados a una unidad presuntamente apolítica. Como sostuvo La Diaria, el pasado 28 de marzo, en un editorial que no tiene desperdicio, el Presidente Lacalle Pou sostuvo pocos días antes que no están haciendo política pero él y los integrantes de su gabinete  hacen política intensamente, todos los días y de varias formas. “No tiene nada de malo por si mismo, ni podría ser de otra manera. Lo malo es negarlo”. “Las autoridades nacionales trasmiten la idea de que sus decisiones tienen como único objetivo el indiscutible bien de todos, de modo que cuestionarlas es una impertinencia o – pero aún – una repudiable falta de patriotismo”. Esta pretensión de estar en un pedestal – dice el editorialista – se ve facilitada por una actividad parlamentaria reducida, por las restricciones a la actividad ciudadana y por la actitud de Lacalle de no dialogar. El Presidente decide solo y después anuncia lo que hará. Es una forma de hacer política.

Otras formas de hacer política, cargadas de ideología, se advierten en los criterios escogidos para extraer aportes para el llamado “fondo coronavirus” que se apoya en “una larga tradición de hostilidad y prejuicios hacia los funcionarios públicos (y hacia buena parte del Estado). A la inversa, abstenerse de reclamarle al sector privado algún porcentaje de contribución, con impuestos a los ingresos y patrimonios más elevados, es un elocuente manifiesto político (…) Alegar que los privados ya están sufriendo, y esgrimir como prueba el aumento del seguro de desempleo, es un error grave o una falacia: no todo el sector privado está en problemas, y lo que se propone (por la oposición y las organizaciones sociales) no es agravar la situación de los castigados, sino quitarle un poco a otros, que en algunos casos han medrado con la crisis. Escudar a estos detrás de los trabajadores desempleados es política, y no de la alta”.

En el panorama actual de propagación de este coronavirus también hay una política y un conjunto de medidas económico-sociales que están quedando al descubierto en todo el mundo. Es como un pavimento sobre el que se está desplazando “el caballo de la Muerte” encarnado en este coronavirus. Se trata de las recetas neoliberales que el economista Joseph Stiglitz califica como “fundamentalismo de mercado” y que como ideología sirve a los intereses de una minoría salteándose los controles y el funcionamiento de las democracias. Desde los Chicago Boys de Pinochet hasta los Trump y los Bolsonaro, pasando por los Piñera y los Macri, forman el cortejo del caballo bayo.

Debilidades ocultas y resultados lamentables – En octubre del 2019, diez países se jactaban de poseer los mejores sistemas de salud pública del mundo. Veamos lo que entonces se decía, de los tres primeros, Francia, Italia y San Marino y del séptimo, que era España. Cuatro países donde el Covid-19 está alcanzando las mayores tasas de propagación y morbimortalidad y que ha puesto de rodillas a sus sistemas asistenciales.

Francia (el primer lugar) – El sistema de salud francés es la envidia de muchos países de todo el mundo. La alta calidad de los servicios en el sistema público, las innovaciones médicas y la accesibilidad de la asistencia sanitaria pública convierten a Francia en un ejemplo de igualdad. (…) Desde hace algunos años, muchos beneficiarios se han suscrito también a un seguro de salud privado, para beneficiarse del 30% restante que tienen que pagar. En la mayoría de los casos, las personas se adhieren a un seguro de salud privado para cubrir los servicios que no son reembolsados por la seguridad social, como el reembolso de gafas. Además, la mayoría de los empleadores ofrecen algún tipo de programa de seguro a su personal (el subrayado es nuestro).

 

Italia (en segundo lugar) – El sistema sanitario es uno de los pilares fundamentales del Estado del bienestar en Italia, donde la organización de este servicio ha sido objeto de importantes reformas a lo largo de los años. Inicialmente, las prestaciones sanitarias se realizaban, exclusivamente, por entidades públicas, en el contexto de un Estado fuertemente centralizado. En la actualidad, la eliminación de dichas prestaciones, en el marco de un Estado descentralizado, se lleva a cabo tanto por operadores públicos como privados, habiendo cobrado estos últimos notable importancia recientemente. En ambos casos, tanto en los supuestos de prestación pública como en los supuestos de prestación privada, se tiende a la gestión inspirada en principios empresariales. Muy similar a España. (el subrayado es nuestro).

San Marino (en el tercer lugar) – El caso de San Marino es realmente excepcional: con una población realmente pequeña (33.000 habitantes), ‘solo’ destina el 6,1% de su PIB a Sanidad, menos de la media de la Unión Europea, aunque en términos absolutos gasta, por ejemplo, más que España por cada habitante: 3.300 euros al año, según la OMS.

España (en el séptimo lugar) – Se sitúa en el ranking, con un 0,972 en el índice de eficiencia en su sistema sanitario, que es gratuito para toda la población, aunque cada vez hay más centros y seguros privados tanto para la salud general como para la odontológica (la cual, por cierto, se encuentra entre las promesas electorales de dos de los principales partidos de cara a los próximos comicios: PSOE y Podemos).

Como dato anecdótico, la OMS calcula que el gasto real en sanidad en España supone aproximadamente el 9% del PBI, mientras que el gasto por habitante ronda los 3.000 euros al año. La nota más positiva es la esperanza de vida, un ámbito en el que España es el segundo país con la mayor del mundo, solo por detrás de Japón (el subrayado es nuestro).

En Francia, Italia y España, por lo menos, la mercantilización neoliberal y la privatización de los servicios, apuntados al lucro empresarial, están en la base del actual hundimiento del sistema asistencial y del surgimiento de otros fenómenos como los negociados y las estafas que acompañan a las fallas en la prestación de servicios. Lo que fue igualitario en el pasado se transformó rápidamente en un gran negocio privado, elitista, y consiguientemente creció “una salud para pobres”. Algo que supimos sufrir en el Uruguay hasta la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud y el Fonasa (2006) y el Fondo Nacional de Recursos (permanentemente ampliado desde su creación en 1980).

Ahora mismo, la decisión acerca de quién vive y quién muere es la dolorosa cuestión que los médicos franceses se están planteando ante el colapso del sistema sanitario por la avalancha de pacientes afectados por el coronavirus.

En algunos hospitales del Grand Est, la región más afectada de Francia, el personal afirma haberse sentido obligado a clasificar a los pacientes que van a cuidados intensivos. «Tengo pesadillas al respecto», reconoce la presidenta del Sindicato Nacional de Practicantes de Hospitales, Anestesistas-Resucitadores Ampliados, Anne Geffroy-Wernet.

«Hemos tenido que tomar esta decisión con una persona de 70 años que sufría de otras enfermedades», lamenta una enfermera en la región más azotada por el Covid-19. Las unidades de cuidados intensivos en Francia son limitadas, así como la cantidad de respiradores. Si esto último falla, habrá que realizar una clasificación (un triaje) para decidir que pacientes son atendidos y cuales son librados a su suerte.«El presidente dijo que estábamos en un estado de guerra, eso significa que vamos a hacer medicina de guerra. En medicina civil hacemos de todo para salvar a la gente. En medicina de guerra debemos salvar el máximo de personas que tienen probabilidades de sobrevivir», explica la jefa del departamento de emergencias del Hospital Pasteur en Colmar ,Yannick Gottwalles en declaraciones a un periódico.

El Ministro de Salud, Olivier Veran, se negó a hablar de «clasificación» en el programa Quotidien, pero ve imprescindible una «célula ética» para guiar a los médicos, formada por personal sanitario, filósofos y sociólogos. Esto en cuanto al sistema que era reputado hace menos de cinco meses como de los mejores del mundo.

En Italia han asumido que se dejará de ingresar a las unidades de cuidados intensivos a los mayores de 80 años y también a las personas con problemas anteriores de salud. La decisión se previó ante el colapso del sistema sanitario, cosa que que sucedió en Lombardía y Emilia-Romaña. Los médicos prefieren decirlo de otra manera: “se les dejará morir”. En el Piamonte rige un protocolo para determinar qué pacientes reciben tratamiento en cuidados intensivos y cuáles no si las camas resultan insuficientes.

En España los servicios sanitarios están al límite en la región de Madrid y en Barcelona pero la evidencia más espectacular en cuanto a las falencias del sistema se encuentran en el caos que se ha revelado en la gestión de la pandemia. El Gobierno admitió que no sometió a pruebas previas de fiabilidad a los tests de detección rápida del Covid-19 que compró a un empresario español que los importó de un laboratorio que según los chinos no tiene licencia de funcionamiento. El Ministerio de Sanidad español se dio por satisfecho pues el laboratorio chino (que ni siquiera está reconocido en su país) le sustituirá la partida defectuosa (50.000 kits del test que supuestamente detectaría el virus en 15 minutos) por otra que cumpla su función. Varios analistas señalaron  que la falta de capacidad, estructura y experiencia para gestionar compras centralizadas en un mercado tan salvaje como el que se ha formado en torno a los insumos sanitarios es una de las secuelas de la mercantilización neoliberal de la medicina..

La pandemia en la cuna del neoliberalismo –  Si bien la doctrina económica y la ideología político social del neoliberalismo no se originó en los Estados Unidos, es legítimo considerar a ese país, la principal potencia mundial, como la cuna del neoliberalismo por su aplicación y promoción despiadada a partir del gobierno de Ronald Reagan, en la década de los ochenta del siglo pasado [i].

Nueva Orleans, en Luisiana, es hoy la zona metropolitana con la mayor tasa de mortalidad de los Estados Unidos debido al Covid -19. La velocidad del contagio y el nú,ero de muertes aumenta en una forma que no había sido vista antes en ningún país del planeta (incluida Italia).

La cuna del jazz es una ciudad golpeada reiteradamente por catástrofes naturales, huracanes, inundaciones, incendios y epidemias. Cada pocas décadas es arrasada por alguna calamidad que deja miles de muertos pero sus habitantes vuelven a ella para cantar, bailar y celebrar su famoso carnaval (el Mardi Gras, el martes previo al miércoles de ceniza) que terminó el 25 de febrero pasado.

El estado de Luisiana, con cuatro millones y medio de habitantes viene registrando en estos días más de 2.300 contagios diarios, la mayor prevalencia en el mundo hasta ahora. Al mismo tiempo los Estados Unidos se convirtieron en el país con la mayor cantidad de casos confirmados en el orbe. Nueva Orleans y sus 400.000 habitantes (más de un millón contando los municipios vecinos) vuelven a ser el foco de las miserias estadounidenses y según alguna prensa la culpa es del carnaval. Según otros se trata de la pobreza endémica, en la ciudad y en el Estado. Ya hay un muerto cada 10.000 habitantes.

Lo peor se desarrolla en el condado de Orleans donde se registra la mayor concentración de gente con necesidades básicas insatisfechas y la mayor tasa de delincuencia de todos los Estados Unidos. Es el condado con la mayor tasa de homicidios (11,76 por cada 100.000 habitantes) más del doble que la tasa media del país.

Los habitantes de Nueva Orleans no aceptan que haya sido la concentración carnavalesca de cientos de miles de personas, la mayoría turistas, en los espacios reducidos del French Quarter, lo que haya desatado el brote epidémico. No niegan que el Carnaval pueda haber contribuido a la propagación pero advierten que la pobreza endémica significa siempre mala salud y una capacidad sanitaria muy escasa y de mala calidad.

El primer caso de Covid -19 data del 13 de marzo pero en Nueva Orleans la población de riesgo es mucha, debido a la incidencia de diabetes, hipertensión, cardiopatías, obesidad, afecciones que duplican la media macional. El 13% de los habitantes de la ciudad ha sido diagnosticado como diabético, más del doble que los residentes de King County, en el Estado de Washington en el lejano Noroeste del país, donde se dieron los primeros casos de Covid-19 múltiples. El 39% de los habitantes tiene hipertensión, contra un 20% en Nueva York. En el barrio rico de Westchester, en Nueva York, hubo 5.000 afectados en pocos días y un solo fallecimiento. En Nueva Orleans, por el contrario, el record no fue en el número de casos positivos sino en la cantidad de fallecidos.

Los Estados Unidos han sido el país con mayor inversión bruta en salud y, al mismo tiempo, el que mantiene la peor distribución de esos fondos y las mayores ineficiencias sistémicas con una salud pública mala y muy costosa que deja al 40% de la población con cobertura inadecuada. Estados Unidos ha abandonado a los pobres a su suerte como advirtiera David Simon en su célebre obra La Esquina.

En estos días se ha difundido la peripecia, anecdótica pero reveladora, de un turista estadounidense que, presentando síntomas de afección respiratoria alta, se presentó en una clínica en Miami donde rápidamente descartaron que se tratara del temido coronavirus y lo mandaron para su casa. Pocos días después este ciudadano recibió una factura por una suma superior a $ 3.000 dólares por la consulta (acto médico que su seguro no cubría).

La debacle económica – Carmen Reinhart, la economista estadounidense que se hizo famosa en el 2009 por un libro donde aseguraba que las crisis “no eran diferentes” sino muy parecidas, porque eran el resultado de excesos de deuda, envió una señal al mundo: “esta vez si es diferente” porque se trata de una paralización mundial.

Hasta febrero pasado la desocupación en los Estados Unidos era baja (3,5% de la población activa) pero ahora se espera que el dato de marzo alcance máximos históricos: 3.300.000 personas han pedido acogerse a subsidios por desempleo porque las empresas las están echando en masa. En 1982 habían sido 695.000.

Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, la economía norteamericana creció un 9%, y al año siguiente, en medio de la epidemia mundial de gripe, aún creció un 1%. Hoy en día no se puede adivinar cuál va a ser el impacto porque la demanda agregada (los consumidores), está recluida en sus casas, las empresas cerradas y la actividad económica paralizada. “Los efectos iniciales en la economía real probablemente superen los de la crisis financiera global de 2007-2009”, afirma Reinhart.

Por otra parte, debido a las bajas tasas de interés, la deuda de las compañías estadounidenses está en el nivel más alto de su historia: 47% del PBI. En los últimos doce años las tasas de interés han estado por debajo del 2,5%. El problema es ¿cómo se van a pagar los préstamos a su vencimiento? Se calcula que muchas empresas quebrarán porque no tienen caja suficiente para pagar las deudas que se les vienen encima. El año pasado, más de la mitad de las inversiones en deuda privada estaban clasificadas como BBB, al borde del bono basura. Antes del coronavirus, el 30% ya estaba a punto de ser degradado.

El impacto de la pandemia en las transacciones bursátiles ha sido letal y algunos se aterrorizan con el hecho de que China podría comprar todas las aerolíneas del país  vendiendo solo el 5% de los bonos de deuda externa estadounidense que tiene en su poder. El valor bursátil de las aerolíneas es de unos 48.000 millones de dólares.

Las grandes compañías petroleras estadounidenses están sufriendo la caída del precio del barril de 60 a 30 dólares. Por debajo de ese precio, la mayoría de ellas entran en pérdida. No esperaban que una disputa comercial entre Rusia y Arabia Saudita se saldara con la venganza árabe de poner una gran producción de petróleo en el mercado para derrumbar los precios a niveles que hacen poco rentable el petróleo ruso y también el estadounidense.

En los Estados Unidos hay tres millones de agricultores de los cuales 1.150.000 tienen más de 65 años, y son población de riesgo. Muchas plantaciones necesitan de mano de obra y la única que se consigue es de la inmigración legal e ilegal. Ahora la afluencia de inmigrantes está desapareciendo debido a las restricciones fronterizas incrementadas por los controles sanitarios.

Algunos expertos y muchos publicistas han puesto sus esperanzas en el comercio online, pues permite a la gente seguir comprando y a las empresas seguir funcionando pero se estima que el comercio electrónico por si solo no puede salvar a la mayor economía del mundo, a pesar de que es la más poderosa y la más consumista.

El 17 de marzo, Trump anunció un gigantesco paquete de 850.000 millones de dólares para contener los efectos de la crisis. “Vamos a lo grande”, ha resumido al referirse al estímulo financiero para frenar el descalabro económico, de una envergadura no vista desde la Gran Recesión. Se trata de un conjunto de medidas de alivio a las pequeñas empresas y a las aerolíneas, e incluye ayudas directas a los ciudadanos.

Lo que nadie se anima a predecir es lo que va a pasar en los próximos meses y de que manera, a futuro, se podrán revertir los efectos nocivos del neoliberalismo que han pavimentado, en todo el mundo, el camino recorrido por el apocalíptico caballo de la muerte, encarnado esta vez en el Covid-19. En una próxima nota reflexionaremos acerca de las fortalezas y las debilidades que se perciben en Uruguay y en Chile, para enfrentar la pandemia y sus secuelas económicas, sociales y políticas.

Por Lic. Fernando Britos V.

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[i] El sociólogo Thomas Volscho, sostiene que la imposición del neoliberalismo en los Estados Unidos se originó en una maniobra política premeditada por parte de las élites capitalistas en la década de 1970 ante la necesidad de abordar dos crisis: la legitimidad del capitalismo y la rápida caída en la tasa de ganancia de la industria. Diversas líneas de pensamiento neoliberales, como el monetarismo, ganaron influencia gracias a las políticas de la Administración Reagan. En última instancia condujo a una menor regulación gubernamental y un cambio en el modelo de financiación del Estado, que habría pasado de depender de los impuestos a depender de la deuda. Mientras que la rentabilidad de la industria y la tasa de crecimiento económico alcanzados en el ciclo alcista de la década de 1960 nunca se volverían a repetir, el poder político y económico de las grandes corporaciones y del capital financiero (Wall Street) se incrementó enormemente debido a la necesidad de financiar la deuda estatal.

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