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Es una trampa atroz. Al mirarnos al espejo vemos al enemigo, el propio virus

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Hasta Bukele y Macrón (peores antiguos neoliberales que Lacalle por bastante más efectivos; Bukele viene de hacerle un inmundo mandado al yanqui contra México y Macrón de recortar el Estado francés como nadie antes se había atrevido), hasta ellos han entendido que, ante el ataque imperialista en la guerra biológica, que es parte de la guerra irregular que sufre el mundo, deben garantizar la cuarentena de sus pueblos con medidas económicas que les permitan actuar en la emergencia como si fueran gobiernos de partidos comunistas (incluido el de Venezuela, socialista, con sus CLAP). Lo han entendido y lo dicen.

El PIT-CNT, en el Comité Intersectorial de crisis, se ha puesto decididamente a la vanguardia, exigiendo a tiempo todo lo necesario para salvar a la nación, suspensión de las tarifas, asignación salarial universal y cuarentena obligatoria, convincente y efectiva, pero los tiempos del gobierno son criminalmente lentos detrás de los justos pasos de la Central.

El Sindicato Médico especialmente hace una semana que está alertando que estamos una semana atrasados en el combate y Fernando Pereira, con su capacidad comunicativa, ha señalado el camino mientras el pueblo, espontáneamente, a través de los caceroleos y apagones se expresa creativamente dadas las circunstancias, pero el gobierno no está, no sabe, no atina, no escucha al pueblo ni a la Central de trabajadores ni a los médicos ni a nadie sensato.

Es el peor gobierno del mundo para enfrentar esta crisis. Sube tarifas e IVA, deja que se aglomere la gente en Tristán Narvaja, en la costa, en los parques, colabora con la estrategia del Pentágono (o parte del Pentágono) para resetear el mundo a través de un virus especialmente diseñado en laboratorio para eso, porque USA estaba perdiendo el mundo indefectiblemente.

No comprende el gobierno uruguayo, que esa estrategia fracasó desde el momento en que China la derrotó en su primera fase. Bukele, Macrón, la Unión Europea entera, la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo sí lo comprendieron, pero Lacalle parece vivir en un tupper, se guía por el cínico consejo de Macri a Alberto, “primero el mercado”, que ya ni Trump puede sostener.

La primera fase era colapsar la economía china, paralizarla, colapsar poco después Europa, destruir los Estados periféricos y dejar diezmadas e indefensas a sus respectivas naciones. Hubo una falla de Defensa Nacional en China. No es fácil evitarlo, pero en menos de veinte años le plantaron dos virus, aunque venían trabajando para impedirlo y en caso de no poder impedirlo, contrarrestarlo.

Habían fijado un tope de densidad poblacional para las ciudades. Lo estaban aplicando gradual pero rápidamente, incluso en Beijing. Construyeron cientos de ciudades pequeñas para descongestionar y estaba preparada para la emergencia. Enseguida cerró la ciudad de Wuham, aisló la provincia de Hubei y puso a todo el gigante país a trabajar en insumos para contraatacar.

Ni siquiera los trabajadores migrantes pudieron salir de Wuham. Es como si cerrásemos Montevideo y los oriundos de Las Piedras que trabajan aquí, fuesen confinados en instalaciones adecuadas, construidas para ellos en el Antel Arena, supongamos, para que no salgan de la ciudad, quién sabe hasta cuándo.

La cuarentena la controlaron puerta por puerta, con los Comité vecinales dirigidos por el Partido Comunista, que se ocupaban de zonas de mil vecinos cada una, en aquella ciudad de once millones de habitantes. Aun así tuvieron que enviar pronto a las Fuerzas Armadas a colaborar con logística, pero desde un primer momento todo el personal de servicios y de control tuvo sus trajes “de astronautas” para no contagiar ni contagiarse. Les faltó suficientes test a tiempo, fue el contratiempo técnico que tardaron en solucionar, pero tomaron a tiempo la medida de desinfectar las calles.

Ganó China, salió de la crisis y está empezando a colaborar para sacar de la pandemia a los otros atacados, Irán, Italia, la Unión Europea, América Latina que, en el plan original, estaba destinada a traspatio dominado por las patentes yanquis de industria farmaceútica, porque el dominio a través de la deuda estaba por estallar en el mundo y el fracaso del plan yanqui está acelerando su estallido.

Baste decir que la presidenta de la Unión Europea, alemana mano derecha de Merkel, grabó un video para agradecer a China por su victoria. No recuerdo nada igual. No sé si filmaron un agradecimiento institucional de todo el bloque a los yanquis por el plan Marshall hace sesenta o setenta años, pero sí le correspondieron borrando de su versión de la historia, el papel de la URSS que derrotó al nazismo y construyendo un imaginario acorde a la OTAN. Hoy todo ha cambiado. Europa tiene otros intereses, información fehaciente y actúa en consecuencia.

Otro ganador es India, por el momento y Corea, que ya sabe de qué va. Los yanquis arrojaron sobre Corea más bombas que todas las que se arrojaron durante la “Segunda Guerra Mundial”.

Hablando de Merkel; la pusieron en cuarentena. Cuando ha muerto de coronavirus el capo del Banco Santander los conductores tienen que cuidarse.

Y hablando de Europa Occidental, el presidente serbio se encargó de marcar los tantos. “No conoce el valor de la solidaridad. Sólo China lo conoce”, dijo.

En favor de la contundencia de su frase para la coyuntura en que está Serbia, no mencionó a Cuba, pero Cuba está implícita en lo que China conoce y el brillo de Cuba con luz propia, hoy alcanza todas las costas y centros territoriales. Nunca una isla tan bloqueada diseminó en el mundo tanta terrestre apertura.

SI LACALLE SIGUE SIN ENTENDER…

La segunda fase del plan, en parte la adelantó, en su alocución, Bukele. Estados Unidos seguramente ya tiene la vacuna, pero no va a poder lucrar si la vacuna china, en última fase experimental, resulta exitosa. En este caso la aldea global se va a recomponer con el liderazgo mayor de China.

Para eso falta, entre otras batallas, la que en Sudamérica vamos a librar este invierno. Si Lacalle sigue sin entender que no le sirve de nada usar las reservas para cubrir la fuga del préstamo del FMI, porque en el mundo que resurja de esta pandemia no va a tener seguridad ninguna de paraíso fiscal, el pueblo va a conducir el Estado para usar las reservas según su razón de ser, actuar en situación de grave crisis.

El protagonismo hoy es todo del Estado y del voluntariado paraestatal equipado debidamente, en micro brigadas que ayuden a asegurar bienes y servicios y, si el Estado no ejerce su protagonismo, por prejuicios ideológicos de un gobierno omiso, el protagonismo va a ser sustituido por el de otro estado, el Estado de ánimo de las masas.

No va a expresarse en movilización, porque movilizarnos en esta situación es paralizarnos. La paradoja de este tramo de guerra irregular es que el soldado al disparar contra el enemigo se mata a sí mismo, como en un cuento de Rafael Courtoisie, se inventó un arma cuyas balas salen todas por la culata. No va a ser la primera vez que la victoria militar consista en las calles vacías y un estrepitoso e irreprimible clamor popular. Así fue en Moscú en 1993 y en Montevideo en 1984. Si Lacalle no entiende, sus tanques rodarán fantasmales hasta que se enmienden las brumas.

NO SUBESTIMAMOS AL YANQUI

USA ha enviado miles y decenas de miles de soldados a invadir y bombardear a casi todo el mundo. Esos soldados tienen experiencia militar y tienen familias que han sufrido las guerras, pero una cosa es bombardear e invadir y otra el efecto boomerang que está teniendo el virus en Norteamérica, sin contención sanitaria preparada, ante el fracaso de la fase 1 y sin industrialización de la vacuna prevista para la fase 3.

Quedó a la defensiva; si definitivamente el covid 19 falla, le queda un solo proyectil en la recámara, la Súper Bomba (la inteligencia nos dice que volverá a usarla aunque esta vez no la tiene ella sola, es un tiro y otro de vuelta; la voluntad nos exige hacer todo lo posible por atarle las manos).

Nunca antes la cancillería china había hecho una acusación semejante. Siempre son muy precisos con su lenguaje y cuando pide confesión de parte es porque ofrece relevo de pruebas.

Al señalar al ejército de Estados Unidos, realiza metonimia informativa.

Es importante informar para la verdad, que es concreta, siempre. Debemos exigir al gobierno uruguayo que defienda la nación. Este es un tema nacional. Que cierre de una vez la frontera con Brasil, que dé soluciones económicas para una cuarentena efectiva, que utilice ya la donación de kits de China, los test de UDELAR, que multiplique la producción de respiradores que está iniciando Facultad de Ingeniería, que escuche al PIT-CNT que es gremial pero, en este caso, se constituyó en la fuerza política capaz de conducir (el Frente Amplio, por cierto, está en las antípodas de la desastrosa política gubernamental y con el FA en el gobierno otro gallo cantaría… pero no ha alcanzado el punto de resolución que sí alcanzó la Central de trabajadores).

Las masas no van a entender la gravedad del problema, si los comunicadores subestimamos las maniobras de los medios de la embajada para lavar hipótesis de conflicto. No es un virus natural. Está mutando en su trayecto por la humanidad pero mutó antes en laboratorio. Es de diseño. Y si no evitamos el contagio exponencial, es implacable precisamente porque fue diseñado para matar poco e infectar muchísimo durante mucho tiempo. Es importante que entiendan esto. Un virus que mata mucho, mata su propio poder. El covid 19 es terriblemente poderoso; no se autodestruye y no lo frena la susceptibilidad hasta demasiado tarde. Fue diseñado para derrumbar la economía mundial. Y nosotros tenemos suficientes motivos para no subestimar la capacidad de hacerlo del imperialismo.

Es una trampa atroz. Al mirarnos al espejo vemos al enemigo, porque infectados o no, somos los soldados, reclutas o base social del enemigo. Somos nosotros mismos arma imprescindible de otra arma del enemigo. Y lo somos colectivamente, pero por eso mismo tenemos un antídoto tan invisible y eficaz como el propio virus, memoria colectiva.

Dé vuelta el espejo. Sabemos quién está en ese desierto.

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

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