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Dos ceremonias. Dos países

El ultimo primero de marzo dio lugar a sendas ceremonias trascendentes en la Argentina y en el Uruguay.

El presidente Alberto Fernández inauguró el  período de sesiones ordinarias del Congreso con un discurso en el que confirmó que, entre otros,  presentará un proyecto de reforma de la Justicia Federal  y una iniciativa destinada a legalizar el aborto, y donde arremetió contra los formadores de precios y los abusos en las remarcaciones , pero evitó avanzar en anuncios en materia económica a excepción  del aumento de las retenciones a la soja, hecho que ha llevado a un nuevo paro del campo.

No ahorró  críticas a la gestión de Mauricio Macri , aunque sin mencionarlo . Apuntó al endeudamiento externo a pesar que  el relato del origen de la voluminosa deuda externa del Estado argentino, no se ajusta del todo a la verdad, en el intento oficial de asignar la mayor responsabilidad al último gobierno no peronista.

La realidad es que Argentina tiene una deuda de más de 310 mil millones de dólares, monto que incluye el compromiso con el FMI de 44 mil millones de dólares asumido por el gobierno anterior. La deuda no es un problema reciente. Ya en 2015, luego de 12 años de gobiernos peronistas, era de aproximadamente US$ 240 mil millones de dólares.

Con cautela reaccionaron los opositores ante la iniciativa del Gobierno para reformar la Justicia Federal, segundo capítulo en la saga que comenzó con el polémico proyecto de ley que recorta las jubilaciones de los magistrados, ya con media sanción de la Cámara baja.  Todo lleva a suponer que también se constituye en una maniobra para colonizar la justicia con mayoría de jueces adictos.

A lo largo de su discurso, el Presidente anunció una decena de proyectos de ley, algunos de los cuales ya habían sido presentados en el Congreso, pero que a juicio de los observadores, son sólo títulos sin esbozar contenidos.

En esencia sigue habiendo muestras de un gobierno que aún no ha arrancado su marcha, sufriendo los embates de los acontecimientos externos, pero fundamentalmente de enfrentamientos internos, algunos abiertos y otros solapados, que muestran una marcha zigzagueante de los actos de gobierno.

En contraposición, el mismo día 1° de marzo, tuvo lugar en el Uruguay un capítulo más de una saludable tradición.

Para cualquier observador argentino, todo lo que rodea a esa liturgia resulta envidiable

Había que verlo al flamante presidente de la República, de 46 años de edad, abrazado a Tabaré Vázquez, dos veces presidente, quien posteriormente lo aplaudió de pie y, finalmente, tomó su brazo para bajar junto a él las escaleras del escenario.

Lacalle, en su discurso, señaló  un concepto liminar, extraño para los oídos argentinos, al afirmar que los gobernantes son “inquilinos transitorios del poder” y “empleados de los ciudadanos”, a diferencia de las afirmaciones en la orilla opuesta, donde los actuales dueños del poder, enfatizan el “Vamos por todo” , “no nos vamos más”, o los embates a la justicia para frenar y/o hacer desaparecer las causas de corrupción que se han iniciado contra muchos de los actuales más importantes funcionarios nacionales, comenzando por la actual Vicepresidente.

Un aspecto no menor de la actualidad es el dilema que afronta centralmente Alberto Fernández. Como presidente peronista pretendería tomar distancia frente a lo que fueron años de escandalosa corrupción. El problema es que tiene al lado a alguien que es su vice, plagada de acusaciones de corrupción en su contra.

Una explicación posible es que mientras no esté arreglada la reestructuración de la deuda, el Gobierno se encuentra en pausa, atento a cómo se resuelve este problema, respecto del cual Alberto Fernández giró, como en tantos otros, desde plantear  una negociación amigable a la uruguaya, hasta expresiones de  mayor dureza.

Abruptamente,  el Gobierno  ha recibido un golpe de no poca fortuna. El panorama de la renegociación, ha variado sustancialmente en pocas semanas por el enorme derrumbe de las bolsas y del precio de los activos y  por la caída del precio del petróleo.

Esto significa  que los bonos argentinos que podían estar en 40 dólares y que la Argentina podría haber querido pagar 45, ahora están en 35. Antes de esta crisis, esa oferta podría haber sido  inaceptable. Con el precio actual de los bonos podría no serlo. No obstante, existe el riesgo que si Argentina quisiera endurecerse más,  y  el precio de los bonos siguiera  cayendo o no se recupere, podrían  aparecer fondos buitres para comprarlos a precio vil y optar por  un juicio en Estados Unidos como hicieron algunos holdouts en un pasado reciente.

El acuerdo económico y social entre Estado, empresarios y sindicalistas. Prometido desde antes de la  asunción del presidente, la política antiinflacionaria que se le iba a confiar a una mesa económico y social, hasta el momento está ausente.

Los fundamentalistas.
Es en este contexto, que toman mayor estado público, personajes que en una democracia medianamente institucionalizada no tendrían lugar o serían directamente execrados: mientras el riesgo país trepaba  a más de 3000 puntos -la marca más alta de los últimos 15 años, los bonos soberanos cayendo en picada-  Juan Grabois , vocero muy influyente  del universo K más radicalizado, viene haciendo un llamado solidario: » barrer definitivamente » con «los parásitos» (el campo ) para «recuperar» la dignidad. «Parásitos» que, por ahora y ante la ausencia de una visión estratégica de país alternativa, son casi los únicos productores de dólares.

Su blanco inmediatamente anterior fue Marcos Galperin y, con él, todo el sector de la economía del conocimiento, motor de desarrollo en las democracias avanzadas. El final de la historia es conocida: el dueño de Mercado Libre se mudó a Uruguay. Pero la suspensión de la ley que frenó beneficios fiscales a Mercado Libre, avalado por el Congreso,  no solo expulsó a Galperin, sino que puso en aprietos a todas las empresas que exportan servicios basados en el conocimiento y la tecnología.

Detrás de la narrativa del fundamentalismo populista, subyace la idea que el que tiene o el que logra algo en la vida, no solo es sospechoso, sino que le ha robado a alguien.

El fracaso tampoco resulta de una propia  responsabilidad.  El éxito es vivido como una usurpación. De allí el ataque del kirchnerismo a la meritocracia como ideología. O como motor de crecimiento de las sociedades.

En el mismo sentido, nada menos que la actual viceministra de educación, compañera de ruta de las ideas de Grabois, ha embestido contra las pruebas que son aplicadas internacionalmente en el campo de la educación, y que constituyen un instrumento de control y de selección, al alegar  que “busca reducir la cantidad de alumnos y  de docentes desde una idea meritocrática, y que está originado desde una lógica empresarial”.

Simple aclaración frente a ese sofisma: en las pruebas no hay control porque las evaluaciones son anónimas y sólo buscan información fidedigna para  diseñar  políticas públicas

Según destacados pensadores,  la narrativa K devino, paradójicamente, en el principal pensamiento hegemónico, debido al hecho que a las sociedades las mueven las  épicas y  los relatos, y la Argentina se ha quedado solamente con el relato K, que ha colonizado, incluso, la educación pública y el Estado.

Panorama agravado  por las defecciones de la oposición, que hasta el momento no ha dado muestras de una reacción consistente.

Reflexiones finales
Si solo suben los impuestos al que invierte, si se complican las leyes laborales, si la actividad económica decae, si no se les brinda infraestructura ni reglas de juego estables, si se los agobia con una creciente presión impositiva, cuales podrían ser las razones para que acudan  las inversiones?

La realidad argentina, en cambio,  está mostrando que en lugar de estar frente a un camino de crecimiento, los factores dinámicos de la economía nacional, están siendo agredidos:

El campo, con una subestimación y ataque en muchos casos desde el propio gobierno, tratándolos como enemigos del pueblo, faltos de solidaridad, y con un nuevo aumento en las retenciones a las exportaciones granarías.

La energía: Vaca muerta constituía el emprendimiento que podía transformar en pocos años a la economía argentina. Con enorme insensibilidad, y atendiendo a objetivos cortoplacistas, se le impide tener precios remunerativos para su producción, lo que ya antes del cataclismo de precios de la guerra del petróleo entre Rusia y Arabia, determinaba una virtual paralización de las inversiones en el sector.

Industrias tecnológicas y del conocimiento: suspendida la aplicación de la ley  que a través de beneficios impositivos, incentivaba la inversión en este sector vital.

En un  escenario de posible default técnico, con la economía privada no solo no recibiendo inversiones, sino en algunos casos huyendo hacia otras latitudes, se está imponiendo la filosofía de tener un país para distribuir, sin tomar en cuenta la generación de los recursos para concretarlo sustentablemente. Se omite el aspecto vital de la creación de riqueza.

En este contexto, peligrosamente se están produciendo algunos movimientos que sugieren la posibilidad de retornar a otras épocas en materia de relaciones con la prensa, tal el caso de un muy importante programa político que ha dado fin, abruptamente,  a sus emisiones.

Este hecho, se teme, podría ser un banco de pruebas, para avanzar en otras acciones contra el periodismo independiente.

Evoca un pasado no lejano.

Por Pablo Broder
Economista argentino  // La ONDA digital Nº 941 (Síganos en Twitter y facebook)

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