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CINE | “Judy”: El ocaso de un mito

La peripecia artística de una gran estrella, jalonada por estrepitosos fracasos amorosos, problemas psicológicos y recurrentes adicciones, es la materia temática de “Judy: la leyenda detrás del arcoíris”, el film biográfico del realizador británico Rupert Goold.

 La película, que le permitió a Renée Zellweger cosechar el Oscar a la Mejor Actriz en la edición 2020, recrea los últimos años de vida de la célebre artista y cantante Judy Garland, quien desarrolló una brillante carrera que le permitió alzarse con un Premio Oscar, un Globo de Oro, el Premio Cecil B. DeMille, un Gramy y un Tony.

Sin embargo, ese mágico relumbrón no tuvo su correspondiente correlato en su vida privada, que siempre estuvo signada por los conflictos, los fracasos y los desengaños.

cine2020

En efecto, Judy Garland, que tuvo nada menos que cinco matrimonios, experimentó una peripecia existencial particularmente turbulenta, padeciendo reiterados trances depresivos que, en más de una oportunidad, derivaron en intentos de autoeliminación. No en vano, falleció trágicamente a los 47 años de edad, a causa de una sobredosis de barbitúricos, por más que la versión oficial reportó que la muerte fue por un paro cardíaco.

Obviamente, esas circunstancias contrastaron radicalmente con sus éxitos sobre los escenarios y en los sets cinematográficos, que se originaron en una meteórica carrera que se inició prematuramente en su temprana adolescencia.

De su extensa filmografía se destacan nítidamente: “El mago de Oz” (1939), “La rueda de la fortuna” (1944),  “El pirata” (1948) y “Ha nacido una estrella” (1954), entre muchos otros.

Esta película es una dolorosa y por momentos descarnada crónica de la radical decadencia de un personaje femenino referente del firmamento artístico, que –por su fuerte temperamento- a menudo desafió el statu quo de una época de arraigada hegemonía patriarcal.

Incluso, su particular sensibilidad para respetar y valorar al diferente en un tiempo histórico de visceral intolerancia, la transformó, en el decurso de la historia, en una figura icónica para la comunidad gay, que aun hoy la venera como una suerte de paradigma.

Por supuesto, la explicación de esa osada actitud es la propia vida de Garland, quien afrontó reiterados desengaños amorosos y expresiones de intemperancia incluso de muchos de sus admiradores, quienes no le toleraban sus salidas de tono.

Más allá de sus descollantes aptitudes artísticas, fue, sin dudas, un personaje controvertido y una suerte de modelo, aunque algunas de sus actitudes generaban rechazo.

Esos conflictos están muy bien retratados en este film, que no es una biografía propiamente dicha que marque los grandes hitos de su carrera, sino una suerte de reconstrucción del auténtico calvario que la actriz debió padecer en sus últimos años de su vida.

De todos modos, el relato enfoca otro aspecto no menos trascendente de la peripecia vital de la actriz: el acoso de la maquinaria trituradora de Hollywood que soportó estoicamente desde su adolescencia.

No en vano, la película describe, mediante oportunos flashbacks,  los primeros años de su carrera, cuando la joven Judy (Darci Shaw) fue sometida a un auténtico régimen autoritario por parte del poderoso productor de la MGM Louis B. Mayer.

Este deleznable personaje, quien era un auténtico explotador que medraba económicamente con el talento de sus estrellas, la sometió a permanentes presiones, incluyendo un estricto control de su alimentación y de sus hábitos de descanso.

Era, obviamente, el alto precio que debía pagar para abandonar el anonimato y transformarse en la lumbrera que le permitía su extraordinaria voz, sus indudables virtudes de cantante y hasta sus cualidades histriónicas.

Tal vez esas situaciones generadas por el origen de su fulgurante trayectoria hayan gravitado para forjar una personalidad particularmente conflictiva, que la transformó en una fracasada en su vida afectiva –con múltiples relaciones frustradas y separada de sus hijos por contenciosos de tenencia- y también en una alcohólica y en una adicta al tabaco y a los barbitúricos.

Al respecto, resulta muy ilustrativa su respuesta cuando es interpelada por un psiquiatra, quien le pregunta que medicamento toma para mejorar su cuadro depresivo. Sin dudarlo y en tono naturalmente irónica, la mujer responde: “cuatro matrimonios, pero no dio resultado”.

Tal vez esa sea la síntesis de su permanente convivencia con el fracaso y con los problemas emocionales, que obviamente tienen su génesis en su interactuación con la fauna hollywoodense y con los oportunistas que se acercaron a ella para vivir de su fama y de su dinero, pese a sus permanentes problemas financieros.

La película, que naturalmente no soslaya agudas tensiones y desencuentros con su cuarto marido y su no menos problemática relación con el quinto, que fue su representante y se aprovechó de su fama, recrea su última gira por Gran Bretaña, cuando ya era virtualmente ignorada por Hollywood y comenzaba a transitar su doloroso ocaso.

En tal sentido, resulta muy explícita la admiración que aún  conserva de parte del público británico, particularmente de una pareja de homosexuales que la veneran como si fuera una diosa. Empero, ello no obsta que sea vilmente abucheada durante un recital al cual se presenta alcoholizada y hasta se desploma estrepitosamente en pleno escenario.

Aunque “Judy: la leyenda detrás del arcoíris” no es precisamente un film de denuncia, igualmente registra, con singular elocuencia, el proceso de radical degradación de una mujer virtualmente engullida por el inmoral aparato de acumular dinero de un Hollywood deshumanizado y naturalmente regido por las inmutables reglas del mercado.

Por supuesto, es realmente descollante y si se quiere hasta conmovedora la actuación protagónica de la espléndida y justificadamente oscarizada Renée Zellweger, quien despliega todo su reconocido arsenal histriónico y canta con su propia voz muchos de los éxitos de la inolvidable estrella, aportando un significativo valor agregado a esta propuesta cinematográfica.

Obviamente, la actriz logra transmitir todo el dramatismo que trasunta el epílogo de una leyenda, que fue construida en base a talento y sacrificio, pero fue contaminada por la mezquindad de la gran industria.


Por Hugo Acevedo  (Analista)
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