Como todas las cifras enormes, su significado se diluye en su misma dimensión, se hace difícil imaginarlas. Lo de la deuda argentina, herencia reciente del gobierno de Mauricio Macri, no escapa a este escenario.
Una inflación galopante, que supera el 50% anual, acompañada de tasas de interés siderales, niveles de pobreza de casi 40%, una fuerte recesión industrial (que ha provocado el desplome de los salarios reales en un 20%) y el aumento del desempleo en cinco puntos (hasta el 10%, de acuerdo con el último dato disponible del Instituto Nacional de Estadística y Censos), es el escenario que pintan Juan Odisio, economista de la Universidad de Buenos Aires y el historiador Carlos Marichal, en un artículo publicado en noviembre pasado en El País sobre la herencia económica de Macri.
El entonces presidente argentino, rodeado de muchachos de Wall Street con los que conformó su equipo económico, que aseguraban tener la receta del crecimiento y del control de la inflación, asumió el poder en diciembre del 2015. Entonces Argentina había renegociado su deuda con el 93% de los acreedores y libraba una lucha con los fondos buitres que habían rechazado la renegociación.
Pagarles lo que exigían (y bastante más) fue una de las primera medidas del gobierno de Macri. Oferta generosa, celebrada por el entonces presidente norteamericano Barack Obama, y la canciller alemana, Angela Merkel, que se apresuraron a visitarlo en Buenos Aires para celebrarlo.
Axel Kicillof, hoy gobernador de la provincia de Buenos Aires, ministro de Economía en el gobierno de Cristina Kirchner, había denunciado esa generosa política a poco más de un año de haber asumido Macri y que le costaría al país cerca de 15 mil millones de dólares.
En el gobierno de Cristina Kirchner se había renegociado el 93% de la deuda. El 7% restante era lo de los fondos buitres. Habían comprado a 25 centavos los bonos de la deuda. Estaban cobrando cuatro dólares, recuerda Kicillof. Para pagarles, Macri endeudó el país. Les ofreció, en efectivo, de 15 mil a 20 mil millones de dólares, más de lo que tenía entonces en sus reservas el Banco Central argentino.
¡Nos vamos a endeudar para pagarle a ese 7% un valor que equivale a la mitad de la deuda que se le reconoció al restante 93!, afirmó.
Tres años después, recién entregado el gobierno a Alberto Fernández, en diciembre pasado, el diario argentino Página12 resumía los resultados de esas políticas: Macri endeudó el país en más de cien mil millones de dólares. De ese monto, se fugaron 86 mil millones.
La escalada de las cifras
La alemana DW destacó, la semana pasada, que la deuda externa de Argentina supera los 311 mil millones de dólares, casi 92% de su Producto Interno Bruto (PIB).
En septiembre del año pasado el Instituto de Estadísticas y Censo (INDEC) había estimado esa deuda en 283,5 mil millones de dólares, un 58% del PIB. Solo dos años antes era de 30,4%. En 2018 subió a 43,2%. Para la Cepal, la deuda superaba, a mediados del año pasado, 80% del PIB.
Una danza de cifras estratosféricas e interminables.
La subida de la deuda coincidió con una bajada de la actividad económica. El PIB argentino cayó 2,5% en 2018 y otros 2,1% en año pasado. En septiembre de 2017 el dólar valía 17,7 pesos. Macri lo dejó arriba de 60.
En diciembre pasado, solo una semana después de que asumiera el nuevo gobierno, la BBC hizo un balance de la situación económica argentina.“El gobierno de Cristina se fue dejando una inflación de casi el 27% en 2015, pero que iba a la baja desde el año anterior”.
«Se fue con una economía que tenía una gran cantidad de desajustes, pero que crecía en la zona del 3% anual y la inflación estaba anclada con el cepo cambiario», dijo a la BBC Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora argentina Eco Go.
La tasa de desempleo superaba ligeramente el 10%. Pero –agregaba la nota de la BBC– “para entender el empleo en Argentina hay que tener en cuenta otros factores. El suyo es un mercado laboral altamente precarizado”.
«El mayor problema del país es el subempleo. Casi la mitad de los trabajadores ocupados, el 49%, desempeñan su actividad en sectores informales de la economía con empleos de muy baja calidad», explicaba el sociólogo e investigador del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, Eduardo Donza.
Deuda impagable, nuevamente
El noviembre pasado, el conservador diario argentino La Nación se preguntaba qué se había hecho con el préstamo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) había otorgado al gobierno de Macri.
En mayo de 2018, el FMI la había otorgado el mayor préstamo de la historia de la institución: 57 mil millones de dólares.
De ese total se desembolsaron cerca de 44 mil millones de dólares y salvo unos 1.800 millones no utilizados, 35,3 mil millones (80% del total) se destinaron a cancelar servicios de la deuda pública.
Había que salvar a Macri y la entonces directora gerente del Fondo, la francesa Christine Lagarde, no dudó en lastrar el barco que ya se hundía. No pudo salvarlo, pero a ella le valió la presidencia del Banco Central Europeo, cargo que ocupa actualmente.
Su puesto en el FMI lo asumió la búlgara Kristalina Georgieva, a la que le toca renegociar, nuevamente, la deuda argentina. Una misión del Fondo acaba de visitar Buenos Aires. En la nota de La Nación se advertía: del lado del presidente electo, ya anticiparon que habrá pelea.
“El préstamo recibido por el país y el conjunto de condicionalidades asociado al mismo no han generado ninguno de los resultados esperados: la economía real no ha dejado de contraerse, el empleo y la situación de las empresas y las familias de empeorar, la inflación no ha tenido una trayectoria descendente sostenida y el endeudamiento público no ha dejado de crecer», había escrito Alberto Fernández en un comunicado de prensa en agosto, durante una visita de representantes del FMI.
La semana pasada, cuando una nueva misión de la institución estaba en Buenos Aires (la primera desde que asumió el nuevo gobierno) el ministro de economía, Martín Guzmán, le recordó al FMI que el préstamo más grande de su historia no se había utilizado, en absoluto, “para aumentar la capacidad productiva del país; por el contrario, se utilizó para pagar deuda en una situación insostenible y para financiar la salida de capitales».
Argentina acusó el FMI de violar sus propias reglas. El artículo VI de su carta constitutiva prohíbe utilizar sus recursos para financiar salidas masivas de capitales. Las reservas del Banco Central de Argentina cayeron desde 77.481 millones de dólares en abril pasado (gracias al aporte del Fondo), a menos de 50 mil millones en noviembre, “lo que ha representado una pérdida en menos de seis meses del 40% del monto total del préstamo acordado y el 52% de lo efectivamente desembolsado”, habían señalado Odisio y Marichal.
La hoy vicepresidente argentina, Cristina Kirchner, exigió al Fondo una quita de la deuda. En su opinión, el crédito otorgado a Macri violaba esas normas de la institución, una demanda que el vocero del FMIl Gerry Rice, rechazó.
Pero la demanda fue avalada por el presidente Fernández. «Entiendo la relevancia de la viabilidad fiscal, no me tiene que convencer de eso. Pero es mi deber anticiparle que en la situación en la que se encuentra la economía argentina es difícil propiciar un mayor ajuste», le dijo el presidente a la misión del Fondo que visita el país.
Al final, el comunicado que difundió la institución el pasado 19 de febrero, al concluir su misión en Buenos Aires, no dejó de sorprender: «A la luz de estos desarrollos, y sobre la base del análisis de la sostenibilidad de la deuda de julio de 2019, el personal del FMI ahora evalúa que la deuda de Argentina no es sostenible», dijeron.
«Las autoridades argentinas están actuando para resolver la difícil situación económica y social que enfrenta el país. Han implementado un conjunto de medidas para atacar la problemática de la pobreza y estabilizar la economía. Se ha buscado aumentar la recaudación en parte para financiar un mayor gasto social, que por lo general está dirigido a atender las necesidades de los más vulnerables», agregó el comunicado.
Un acuerdo con el Fondo puede ser decisivo para renegociar también con los bonistas privados. Pero luego de las concesiones de Macri a los fondos buitres, probablemente será ahora mucho más difícil lograr alguna concesión.
¿Qué sigue?
–
Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital (gclopes1948@gmail.com)
La ONDA digital Nº 938 (Síganos en Twitter y facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADAS
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.
Más del Autor:
- Renegociación de deuda argentina: ¿Paso gigante? ¿Hacia dónde?
- Argentina:primera estación del retorno de la derecha al poder en América Latina
- América Latina: La línea de frente de la lucha política se traslada a Buenos Aires
- ¿Los argentinos se pronuncian sobre las políticas alternativas al neoliberalismo?
- Trump: “Nuestra economía está mejor que nunca, nuestro poder militar no tiene parangón en el mundo“
- Elecciones en Bolivia: Hoy el Estado toma la vanguardia de la economía boliviana
- Wall Street avanza posiciones en la Casa Blanca y en América Latina