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Un tal Abunda Lagula de Tanzania

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¡QUÉ PASTILLA!

¡Qué pastilla me comí el otro día!

Supongo que no fui el único; por lo menos también cayó la persona que me mandó el mail. Y sospecho que, con el zonzo entusiasmo que me hizo reenviar el mail a cuanta dirección tengo, muchos más se comieron la misma pastilla.

Resulta que, como siempre, abro la compu para enterarme de las novedades.  No de “como está el mundo”, apenas de lo que he recibido como novedad. Abro y en el primer correo, trasmitido por una persona que siempre me manda cosas serias,  venía un notición: el discurso del ganador del Premio Nobel de Literatura.

Un tal ABUNDA LAGULA de Tanzania.

Allí estaba un primer indicio que pasé por alto…¿Abunda la gula?

¿Cómo no se me ocurrió leer dos veces! Lagula…la gula…me comí esa pastilla como el zonzo que soy y seguí adelante.

Parece natural que en Tanzania los apellidos comunes nos suenen raro…¡No vas a pedir que se llamen Perez o Rodríguez!

Si bien es molesto o risible que algún gringo confunda Uruguay con Paraguay, en el caso de apellidos de países tan desconocidos para nosotros como Tanzania, todo puede ser.

¡Hay que ser zonzo, mismo!

Además, el discurso de aceptación del Premio estaba buenísimo. Me lo devoré. Decía lo que uno siempre quiso que alguien les dijera a esos empirigotados blancos y rubios que desde Europa nos miran como a macacos con cierta  inteligencia.

¡Por fin alguien les reprochaba el Colonialismo! El reparto infame que hicieron en 1885.

Presididos por Bismark, en Berlín, los representantes de las 7 naciones europeas, blancas y “civilizadas”  descuartizaron un Continente. Se repartieron  África con menos delicadeza de la que tienen los carniceros cuando despiezan una res.

Francia que quería unir sus posesiones del Atlántico con las que ambicionaba sobre el Índico logrando así una franja continua. Inglaterra, que quería lo mismo de Sur a Norte, uniendo en una franja continua Sud África con el nominalmente “independiente” Egipto y había chocado con la primera disputando el Sudán. Portugal y España que conservaban restos de su pasado imperial. Italia que ya poseía Libia y ambicionaba el Reino milenario de Etiopía. Alemania, que quería su pedazo del pastel y también ambicionaba unir Namibia con Tanzania navegando el imposible Zambeze y…¡el premio del que parte y reparte: Belgica.

Su Rey Leopoldo, había sido el infatigable negociador logrando el ansiado consenso entre los colonizadores.

Como “premio” u “honorarios” cobró, como posesión personal, el dominio del llamado Congo Belga.

Fue tal la crueldad de su explotación que finalmente hubo de hacerse cargo de la colonia el propio Estado Belga.

Poco se ganó con el cambio y menos con la independencia. ¿Recuerdan la Secesión de Katanga? ¿El asesinato de Lumumba? ¿El auge de los mercenarios? ¿El “extraño” accidente en el cual perdió la vida “Mister “H” el Secretario General de Naciones Unidas?

Es donde están los diamantes y los metales raros. Aún no sé qué diablos estamos haciendo con nuestros “cascos blancos” allí.

¿Qué protegemos? ¿De quién? Son ejércitos mercenarios pagados y sostenidos por las multinacionales mineras.

Y nosotros allí, “Como un disfrazado sin Carnaval”. Eso sí, cobrando en dólares, recibiendo equipo y sin que nadie destape el tarro.

Sin vacilaciones: ¡Estar es Convalidar! Y cerrar los ojos. Los oídos y la boca, como los “tres monos sabios” nos incrimina. Nos convierte en cómplices y encubridores.

¡Se  repartieron todo un Continente mapa en mano! Sin importarles si los paralelos y meridianos que les facilitaban el trazar fronteras rectas dividieran pueblos y culturas.

Y sin asumir responsabilidad alguna respecto de los seres vivos que la habitaban.

Ni las personas, ni los animales…

Cada vez que veo una la foto del Anchorena “aventurero”  cuya madre nos regaló la hoy Estancia Presidencial, me caliento y “estrilo” como dice Arana.

Vestido como “Explorador”, se retrató, abrazado a su escopeta y rodeado por más de 50 gacelas que había matado.

Gacelas o algún bicho de esos que, según Hemingway, deben matar quienes contratan un safari. Para comida de los porteadores.

¡Ni que hubiese tenido que alimentar a un Batallón!

Mató de gusto, para afinar su puntería y tal vez, el alcance efectivo de sus proyectiles.

Pero, sobre todo, ¡por gusto!

He sido cazador, de mediano a malo, pero desde chico; desde que me llevaban “de perro” para levantar la perdiz e irla a buscar luego; desde siempre, tuve presente que no hay que matar de gusto.

Ni gacelas, ni perdices,  ni elefantes. La simpatía que se había ganado en mí el Rey Juan Carlos con sus visitas tan oportunas, la perdió cuando se accidentó cazando elefantes.

¿Para qué quería matar un elefante? Ni lo vas a comer, ni es por los colmillos. Lo matás por gusto…¡repugnante!

Pero, no es mi tema. Cuanto más viejo, más disperso, ustedes perdonen.

Mi tema es cómo entré por el aro con  el discurso del tal Abunda Lagula. ¡Decía tantas verdades que tenía que ser cierto!

Pues, no. No era cierto. El Premio Nobel de Literatura 2018 que tuvo en su tramitación un escandalete y se suspendió, se lo dieron a una polaca y el 2019 a un austríaco: Peter Handke.

No creo que ninguno de ellos haya sido traducido al español aún y supongo que muy pocos conocen su obra por aquí.

Pero eso no excusa mi ignorancia. Los Premios Nobel se otorgan en Octubre y la ceremonia es noticia en todo el mundo.

Razón por la cual yo, que presumo de “informadito”, debería haber tenido presente que el tal Lagula no podía ser real.

Es que, ¡quería que fuese cierto! Que alguien dijese lo que Lagula parecía haber dicho.

No tuve en cuenta información pública que, sin duda leí. No tuve en cuenta las especiales circunstancias del jurado del Nobel de Literatura del 2018 que fue “nota” y retrasó su adjudicación.

Nada  me detuvo  en mi entusiasmo.

Como un zonzo me comí la pastilla y todavía ¡la repartí!

Lo que me ha llamado a la reflexión…¡Cuán dispuestos estamos a creer que aquello que deseamos existe!

Por las buenas, ¡riéndose de mí! Me enseñaron a desconfiar siempre de la noticia.

¡Mucho más cuando ella se acomoda a nuestros deseos!

Demos por terminada esta “mea culpa”. Les aseguro que, de aquí en adelante, tomaré mis recaudos.

“Los líos hay que verlos, averiguarlos bien”…¡cuándo aprenderé!

Mirando bien; averiguando, me enfrento a la terrible noticia del “coronavirus” que parece ser muy, pero muy contagioso.

Dejo expresamente de lado los rumores y sospechas del mundo científico acerca de que podría ser obra de la “bioingeniería”.

Algo “creado” para una posible guerra bacteriológica. Que se “escapó” o que “Se lo metieron”.

No tengo tanta información; de tenerla no tengo los conocimientos como para evaluarla y no quiero ni pensar en esa perversidad.

Apareció en China, más precisamente en WUHAN, ciudad que no sé muy bien pero, paree que queda en una zona central y es mucho más grande que Montevideo.

En la cual funcionaba (o funciona, no sé) un laboratorio virológico en sociedad China-Estados Unidos.

Sus primeros síntomas se parecen a los de la gripe y por ello casi ponen preso al Oftalmólogo que alertó sobre la aparición de algo nuevo.

Cuando reconocieron que sí, que era algo nuevo y desconocido, su descubridor estaba agonizante y terminó muriendo.

También ha muerto el Director del Hospital que atendió a los primeros afectados y lleva algo así como dos mil muertos en cien mil afectados.

Pese a las severísimas medidas de aislamiento que paralizaron a más de 50 millones de chinos la peste ha escapado y hay contagiados y muertos en muchos países.

Incluso, la OMS está preocupada porque han aparecido casos en los cuales no se puede detectar la “ruta d el contagio…”

Aunque las cifras impresionan, y aún más la facilidad de la peste para extenderse en un mundo que no la conocía (por lo cual nadie tiene anticuerpos) la misma no parece ser muy mortal.

Dos o tres mil muertos son muchos muertos pero hay que tomar las cosas en proporción. China tiene mil seiscientos millones de habitantes. Casi un quinto de la población mundial que debe andar entre los 7 y los 8 mil millones.

En alrededor de cien mil afectados (¡pongamos el doble: 200 mil!) han muerto dos o tres mil.

Para el muerto, ¡es el cien por ciento! Pero, estadísticamente es otra cosa. No sabemos en qué condición física los agarró el virus; en cambio, si sabemos que no hay medicina eficaz. ¡Todo lo  que hicieron por los enfermos fueron tanteos que, a lo sumo aliviaban los síntomas!

Es alentador que ya se ha logrado descifrar su ADN de manera tal que, en meses, habrá vacuna. También tienen cercada a la peste por el lado de investigarle la forma en que “saltó” el virus a los humanos y cuál podrá ser el animal que sirve de  trampolín. En  tiempo breve espero que se controle la peste.

¡Meses! Jajaica, si se escapa en meses puede liquidarnos.

Quiero decir: ¡es muy peligrosa!

Sin embargo, no hay que entrar en pánico y correr a comprar tapabocas que no se sabe si sirven para algo.

Como hace un siglo con  la Gripe Asiática, que se  “limpió” 20 millones. En ese entonces la gente se colgaba en la nariz bolitas de alcanfor que no servían para nada.

Pero creían.

Bueno, no hace tanto del “Boom de la Vacuna Japonesa” contra el cáncer o la “Milagrosa Agua de Querétaro” que curaba lo que fuera.

¡Y estaba a veinte mil metros de profundidad!

¡Vaya pozo y vaya cadena para extraer el balde¡

Asombra nuestra capacidad de creer.

Creo que las llamadas “Medicinas Alternativas” pueden aportar mucho, pero ¡ojo con comerse la pastilla de las curas milagrosas!

Como comparación: el Sida mata un millón por año y hay en tratamiento más de 600 mil personas HIV positivas.

Y, ¡mas que cualquier peste mata el hambre! Epidemia que lejos de decrecer crece en el mundo.

Parecería que el número de contagiados del coronavirus viene decreciendo. Y es seguro que la ciencia nos aclarará en meses su origen, la forma en que se trasmite y cómo se previene. ¡Y cómo se cura!

Todo hace pensar que es una mutación producida en una familia de virus con la cual convivíamos. Una mutación que encontró “alojamiento” en un animal intermediario con el cual entramos en contacto.

Como el caso, más cercano, de la Fiebre Amarilla. Que está castigando en gran forma en nuestro vecino Brasil.

La deforestación eliminó los “alojadores” habituales y selváticos de la peste que  debió “urbanizarse” para seguir viviendo. De esa manera entró en contacto masivo con los humanos.

Contacto tan masivo como no se veía desde los primeros intentos de abrir el Canal de Panamá.

Dicen que fueron tantos los muertos de Fiebre Amarilla entonces que, si los enterraban acostados a lo largo del ferrocarril que antecedió al Canal, ¡cubrían una vez y media su longitud!

¡Atención, este dato no lo he confirmado, el un decir!

Pero, lo cierto es que Lesseps tuvo que abandonar el intento  y cuando los americanos lo retomaron ya Flemig había encontrado el “vector “.

Nada menos que nuestro combatido “Aedes Aegipti”.

Estimo muy positivamente el que todavía estemos libres del mismo infectado. Rodeados por vecinos que padecen una serie de epidemias trasmitidas por ese mosquito.

De esta segunda pastilla, compatriotas, quiero llegar a algunas afirmaciones.

La primera: ¡Creo que la Ciencia encontrará solución!

Que no cunda el pánico y nos haga olvidar del dengue, la sucundunga, la fiebre amarilla…Y EL HAMBRE.

Creo, también, que en la misma medida en que abusemos de la naturaleza, nuestra acción provocará desastres.

No digo con esto que no hay que tocar nada. Somos tantos que necesitamos más espacio.

Pero el camino es utilizar bien y en beneficio de los más necesitados los espacios que ya tenemos.

Con la mentalidad del que electrificó la cerca y mató a un botija no se puede conciliar.

¡Nada de que “Soy dueño, hago lo que quiero y lo mío nadie lo toca”!

Eres “dueño” porque la Sociedad tutela y garantiza tu propiedad.

¡Que antes era de los indios!

La propiedad es un robo y la propiedad de la tierra es fruto del despojo a sus primitivos habitantes.

El Estado la tutela y la organiza.

En tanto eso es así: el Estado puede y debe intervenir en la explotación de la tierra.

Respetando tus derechos y con el mismo celo, imponiendo límites.

¿Alguien se siente con el derecho de envenenar un río con abonos químicos y pesticidas? O ¿de rociar escuelas desde el aire?

Tampoco es justo dejarlo intocado e improductivo cuando hay gente con hambre.

Una última: ¿Vieron cómo tiembla la Economía del Mundo? Está patinando sobre una pista de hielo cada vez más delgada.

¡Nada de echarle las culpas a China!

Lo único que se ha hecho visible es la tremenda endeblez de la economía basada en la absoluta libertad para  explotar a la gente y acumular irracionalmente las riquezas del mundo.

¡Desgraciados! Son ellos los que están comprando oro. Cuando la burbuja explote seremos nosotros los sacrificados.

Espero que no reviente.

En todo caso, deseo que: si revienta, construyamos sobre esa ruina, una Sociedad  Distinta.

Solidaria, Fraterna e Igualitaria.

No me importa saber qué con mis años, es difícil que llegue a verla. Me alcanza haber vivido y luchando para que ella fuese un sueño posible.

Algún día

Por Eduardo Platero
23 de febrero de 2020

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