Interpretación y Conocimiento

El filósofo norteamericano, fallecido en 2003, Donald Davidson entiende que lenguaje consiste básicamente en la comunicación. Por otra parte, y tal como se desprende de su obra, sólo es posible la comunicación si existe la interpretación.

Cuando tratamos de interpretar las proferencias de un hablante, estamos dispuestos a comprenderlo. Es decir, en la acción comunicativa procuramos descubrir la racionalidad en su sistema de creencias, y entre dicho sistema y sus acciones.

Si bien hemos utilizado el término “descubrir”, de lo que se trata más bien es de “atribuir” al hablante una cierta racionalidad de tal modo que consideramos que la mayor parte de sus creencias son verdaderas, y que, en general no actúa de manera akrática.

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Si preferimos emplear el término “descubrir” en lugar de “atribuir”, es por evitar malentendidos. Muchas veces se confunde la atribución de creencias con un acto de dominio que se ejerce sobre el otro.

Cuando Davidson se refiere a la atribución de creencias en su mayor parte verdaderas, no está pensando en el ejercicio de dominio que alguien pueda realizar sobre el otro.

Se trata simplemente del punto de partida común y absolutamente cotidiano en el cual nos ubicamos cada vez que tratamos de comunicarnos con los demás.

En su análisis del lenguaje, Davidson establece distancias con respecto a las concepciones del lenguaje como instrumento.

También se distancia de las posiciones que defienden la existencia del lenguaje privado.

En el desarrollo que haremos intentaremos demostrar su aproximación a la concepción del lenguaje por parte de los filósofos hermeneutas, y el papel central que las teorías al paso adquieren en dicha aproximación.

Coincidimos con Malpas/1 , en su observación de que en realidad las raíces de su perspectiva acerca del lenguaje deben buscarse en Platón y Aristóteles. De todos modos no nos detendremos a considerar este aspecto, ya que no es el abordaje que nos proponemos en este trabajo realizar.

Tal como señala Ramberg , “Lo que nos capacita para comunicarnos es el manejo de algo parecido a un arte, llamémosle el arte de la construcción de una teoría, en la forma de interpretación”.

En la observación hecha por Ramberg aparecen algunos términos que se nos ocurren interesantes para el análisis del tema. En primer lugar el concepto de “arte”, y en segundo término el concepto de “construcción”.

Trataremos de explicar porqué consideramos dichos conceptos interesantes.

Si bien Ramberg no dice que la comunicación o el lenguaje sea un arte, plantea que si disponemos de la capacidad para comunicarnos, es porque poseemos una disposición que en cierto modo puede compararse con la aptitud para el desempeño de un arte determinado.

Todo arte requiere que quien lo practique posea determinadas capacidades o aptitudes.

Por otra parte, dichas capacidades deben ser puestas en práctica, de lo contrario no se producirá la obra. En síntesis, se necesita la disposición para el arte y la práctica del mismo.

El otro concepto que el autor al que nos venimos refiriendo, menciona es la “construcción”.

Cuando el sujeto posee determinada capacidad o disposición para la realización de una obra, el proceso de plasmar dichas capacidades consiste en la construcción de la misma.

Pensamos que la observación de Ramberg es muy atinada ya que, tal como nosotros consideramos, el tratamiento que hace Davidson sobre el Lenguaje, implica la disposición de una cierta aptitud, y también actitud, (que más adelante consideraremos), y un proceso de construcción que sólo es posible si la aptitud y la actitud están presentes.

Quien despliega sus aptitudes en la realización de una obra de arte, lo hace porque necesita comunicar algo a los demás. Parte de la convicción de que habrá otros sujetos que a su vez estarán dispuestos a aceptar su obra, interpretarla y comprenderla.

Del mismo modo que no hay arte que no sea compartido, tampoco hay lenguaje que no sea compartido. Es en este sentido que para Davidson quien habla una lengua, lo hace con la intención de ser interpretado. Quien realiza una obra de arte, la realiza con la intención de que sea interpretada.

La interpretación sería entonces el resultado de la conjunción de intencionalidades, la del sujeto que emite proferencias con el objeto de que sean comprendidas por el otro; y, por otra parte, la del intérprete que está dispuesto a interpretar sus proferencias.

Volviendo a la cita de Ramberg, si hay lenguaje es porque hay comunicación.

La comunicación requiere de más de un sujeto, y de determinados vínculos que se entablan entre los sujetos. De la interrelación entre los sujetos es que surge algo nuevo, un “constructo”, que para el caso del lenguaje es la comprensión.

La conocida triangulación o triángulo semántico constituye el necesario andamiaje en el que se sustenta el producto o “constructo” que denominamos lenguaje.

Si bien es discutible, y, por otra parte no es el objetivo que perseguimos en este trabajo, si la obra de arte es objeto de interpretación, o simplemente de goce estético, hay quienes suelen afirmar que la obra de arte nunca es la realización de un sujeto. Es más bien el resultado de los diferentes aportes que cada sujeto realiza en las diversas interpretaciones.

Reiterando que no está en nuestro ánimo la discusión en torno al arte ni a su naturaleza, para el caso del símil manejado por Ramberg, el lenguaje podría considerarse, en la posición de Davidson, un producto social, colectivo. Este sería el sentido más claro tal vez de la triangulación.

Quiere decir entonces que no existe el lenguaje privado, y es por esta razón que consideramos que en Davidson, lenguaje es sinónimo de comunicación. Cuando la comunicación es exitosa es porque nos encontramos frente a un intérprete competente que maneja “el arte” de la “interpretación”. El resultado del manejo competente de este arte da como resultado la comprensión.

Como todo arte requiere, como ya dijimos anteriormente, de la disposición de una cierta aptitud y una determinada actitud, el intérprete competente es el sujeto que cuenta con ambas condiciones.

En lo que se refiere a la aptitud, el intérprete radical de Davidson debe disponer de un conjunto de creencias básicas en su mayor parte verdaderas y un mínimo de racionalidad que otorgue a su sistema de creencias, una coherencia. Solamente alguien que disponga de estas condiciones podrá atribuir creencias al otro, y podrá atribuir racionalidad a su sistema de creencias. Pero parecería que con respecto a la aptitud no hay demasiado problema. Todos poseemos una serie de creencias y en su mayor parte son verdaderas. Por otra parte, haciendo excepción del individuo totalmente alienado, existe una relativa coherencia entre las creencias básicas.

Sin embargo en lo referente a la actitud, la cosa no parece tan sencilla Si bien es cierto que toda vez que alguien que emite determinadas proferencias lo hace con la intención de que sean interpretadas, la interpretación radical requiere de una cierta disposición del intérprete para que la misma se haga efectiva.

Cuando hablamos de “cierta disposición” nos referimos la íntima convicción de que el mundo en el que habitamos es el mismo y que las circunstancias en las que se generaron las creencias del otro no son ajenas a nosotros.

Por supuesto que por el hecho de compartir un mismo mundo, no todos poseemos las mismas creencias. Lo habitual es que poseamos creencias diferentes, generadas por los mismos eventos. Sin embargo siempre hay un trasfondo de creencias compartidas, que a pesar de ser muy básicas constituyen un punto de apoyo para poder interpretar.

La convicción de que todos poseemos un conjunto de creencias básicas compartidas forma parte de la actitud de apertura hacia la comprensión del otro.

Lo que pretendemos es aclarar que “Lo que resulta inaceptable (…) es el concepto de inconmensurabilidad total (…). Sin embargo, si decimos que hay inconmensurabilidad parcial estamos implícitamente admitiendo que hay conmensurabilidad parcial.”/3

La inconmensurabilidad total supondría la caída en el nihilismo ontológico, gnoseológico y, por supuesto, lingüístico. Por esta razón es que no es posible aceptar la existencia del lenguaje privado, porque es gracias a la comunicación que podemos constatar la relativa inconmensurabilidad entre creencias que conlleva su relativa conmensurabilidad.

El mundo es el espacio compartido cuyos eventos (Ontología) resultan de la comunicación con el otro con el cual compartimos creencias, deseos, temores, teorías.

El mundo compartido lo hacemos los hombres y para ello es imprescindible la convicción de que más allá de las diferentes creencias que poseamos acerca de los eventos, es posible llegar a acuerdos.

Las teorías al paso constituyen un dispositivo fundamental en el logro de dichos acuerdos. El manejo de las teorías al paso constituye una especie de arte en el proceso de interpretación.

Nadie puede sostener sensatamente que por el hecho de que todos habitemos un mismo mundo y nos relaciones por una serie de creencias muy básicas, vamos a estar siempre de acuerdo con los demás. La cruda realidad nos demuestra lo contrario.

Sin embargo esto no supone caer en el escepticismo y suponer que los acuerdos sobre cuestiones trascendentes son imposibles de lograr.

Cuando hablamos de actitud de apertura lo que pretendimos fue plantear lo siguiente: Debemos admitir que los hombres atravesamos por distintas situaciones que generan en nosotros diferentes tipos de eventos mentales tales como emociones, deseos, sentimientos, etc.

Por otra parte también es cierto que en tales situaciones se generan determinadas creencias que no necesariamente son compartidas por los demás.

En el marco de las vivencias que cada uno de nosotros tenemos, formamos hipótesis o teorías que nos permiten al menos darles un sentido.

Cuando expresamos a los demás nuestras teorías tenemos la intención de ser comprendidos. Si somos intérpretes competentes haremos lo posible por interpretar al otro. Pero para que esto sea posible es preciso que también nosotros estemos dispuestos a interpretarlo. Para ello es necesario que muchas veces abandonemos “el lugar” en el que estamos posicionados para colocarnos en el lugar del otro.

Este cambio implica lograr sentir como siente el otro. Desde nuestro lugar consideraremos los eventos desde nuestro propio marco teórico. Si estamos dispuestos a interpretar y es más, a comprender al otro, será preciso que abandonemos nuestra teoría para remplazarla por teorías auxiliares, “al paso” que nos permitirán ir realizando los ajustes necesarios hasta lograr la comprensión.

Ahora creemos poder retomar una de las ideas planteadas al comienzo, la de la aproximación de la concepción del lenguaje en Davidson y la Hermenéutica.

En la Hermenéutica de Gadamer se admiten los distintos horizontes desde los cuales se interpreta el mundo. En la filosofía de Davidson se trata de diferentes perspectivas desde las cuales se realizan distintas descripciones de un mismo evento.

El empleo de las teorías al paso permitiría la aproximación de horizontes. La comprensión sería la obra compartida por el hablante y el intérprete.

La fusión de horizontes provoca cambios tanto en el intérprete como en el hablante.

Creemos que el cambio más trascendente se traduce en la posibilidad de que más allá de las diferentes teorías de las que partimos al considerar los hechos, existe la posibilidad de revisarlas, de corregirlas. La revisión de nuestras propias teorías y la eventual sustitución por otras se traduce en una superación cualitativa en el plano ontológico, gnoseológico y ético.

Título colocado por la autora: De la interpretación al conocimiento

Prof. Mag. Marta E. Bayarres Delio
Montevideo, Uruguay

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