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Bukele y otra resistible ascensión de fuerzas armadas

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Por José Luis González Olascuaga

Imaginen que a Lacalle Pou, Vázquez hubiese ido con las fuerzas armadas a buscarlo a La Tahona cada vez que aquel debió concurrir al parlamento a sesionar y no lo hizo. Nuestro déficit fiscal hubiese aumentado considerablemente, pero además era una tarea que a las fuerzas armadas no les correspondía ni tampoco a su Comandante en Jefe Tabaré Vázquez.

En cambio, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, dice que la Constitución salvadoreña le autoriza a hacer algo parecido a lo que hemos imaginado.

Bukele no tiene un partido político fuerte, apenas tiene un pequeño rejunte de ex dirigentes del derechista ARENA con ex guerrilleros del Frente Farabundo Martí (al cual perteneció), pero tras treinta años de gobiernos de los partidos fuertes, sumidos en el desprestigio de la política, Bukele, de 39 años, ganó el año pasado las elecciones presidenciales con mayoría absoluta, pero gobierna con parlamento opositor que recién podría cambiar, legalmente, en 2021, con las elecciones del legislativo.

El viernes conminó al Parlamento a aprobar el domingo, en reunión extraordinaria, un préstamo de 109 millones de dólares para “seguridad” (su caballito de batalla electoral, ¿les suena?).

Dice que es una ley de urgencia (¿también les suena?)

El domingo se apareció flanqueado por militares y policías en un Parlamento casi vacío. No había quorum y amenazó con ir a buscar a la casa, con las fuerzas armadas, a cada parlamentario para que concurriese y votase afirmativamente.

Luego se dirigió a sus simpatizantes llamando a “la insurrección popular” contra el Parlamento (¿les suena a Idi Amin Dadá; no, se llama Bukele y es blanco, aunque su intención se parece bastante a lo que los yanquis llaman “revolución de color”).

HELICÓPTERO, BUQUE Y MARAS

El dinero que Bukele requiere es para armamento de policías y fuerzas armadas e inversiones en territorios de maras (bandas), incluido un helicóptero y un buque guardacostas. Algo así como un mini micro plan Mérida, una iniciativa de Bush y el cipayo Calderón, causante de más de doscientos mil muertos y ninguna prosperidad, un negociado de la industria armamentista, del cual los grandísimos mexicanos se abrieron hace poco más de un año, cuando asumió López Obrador.

Las maras exigen esas inversiones para mantener cierta tregua a su violencia (que le permitiría a Bukele una plataforma propagandística para ganar las legislativas). Ya le habían dado tregua al FMLN una vez, en 2009 y la extrema dependencia económica de El Salvador a USA, que el Frente no supo o no pudo sortear, impidió avances. El mayor problema es que esa dependencia se agrava con más endeudamiento y compras al aparato industrial armamentista, en tiempos muy turbulentos para la región norte y centroamericana.

López Obrador, el Presidente de la Cuarta Transformación de México, país decisivo en el vecindario de El Salvador, inició un camino de soberanía política que sabe tendrá reacciones del imperialismo y se preparó para contrarrestarlas.

Obrador creó una Guardia Nacional, que no sustituye a las Fuerzas Armadas, sino que les quita la mochila de la falsa “guerra contra las drogas” para abocarlas a la defensa nacional y este fin de semana su canciller, Marcelo Ebrad, firmó con Seguéi Lavrov, su homólogo ruso, sendos acuerdos en materia militar.

La cuestión no es especialmente contra Trump –a quien Obrador ha sabido sobrellevar con paciencia tabasqueña–, sino en general. El reciente invento demócrata contra Bernie Sanders, Pete Bitiggief, a quien se está volcando el apoyo del stablisment, anunció que si los Le Barón se lo piden, enviará el ejército a México.

En cuanto Pete dijo que él ganó Iowa, los mexicanos invitaron a Lavrov.

“¡RENUNCIÁ FMLN!”

La movida del poder oligárquico en la “Pulgarcito” de Centroamérica, puede tener visos de respuesta a la visita de Lavrov, pero fundamentalmente se dirige a ganarle posiciones parlamentarias al FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional), al que el año pasado El País de Madrid pronosticó dividido y destruido para estas fechas (es coherente, El País cree que el Presidente de Venezuela es Guaidó).

No es que las maras sean inderrotables. Hace tres años varias maras salvadoreñas anduvieron de misión en Nicaragua, consiguiendo un par de choques que a Mujica le alcanzaron para pedir la renuncia del Presidente Ortega (Moreno, Piñera, Añez, Duque, Santos, Uribe y unos cuantos presidentes haitianos, hondureños, entre otros, van a morir haciendo méritos sin que Mujica llegue a tanto), pero en El Salvador son más poderosas que el Presidente y lo condicionan.

Mientras Soros paga migrantes salvadoreños, hondureños y guatemaltecos para que le compliquen los planes de paz a Mëxico, Trump se los complica directamente con nuevas guerras y resistibles ascensiones de fuerzas armadas.

Sin embargo, en El Salvador, el regreso de las fuerzas armadas es el retorno a la guerra prolongada explícita, porque la unidad de la fuerza se logró en el proceso de paz y de él depende. Los territorios están bastante demarcados.

Se anuncia el apoyo de Almagro a Bukele. Va mejorando. Éste, al menos es un Presidente electo.

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

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