La ONDA digital en Instagram la Onda digital esta en Facebook Analisis Politico
Volver al Inicio de la ONDA digital

CINE |“Dulce país”: Implacable cacería humana

Share Button

La brutal segregación y violencia racial devenida de la dominación de impronta imperialista, es el principal disparador temático de “Dulce país”, el tan poético como reflexivo largometraje del realizador australiano Warwick Thornton, que obtuvo el Premio Especial del Festival de Venecia.

En el decurso de su carrera artística, este cineasta y destacado fotógrafo ha cultivado particularmente el documental, lo cual se advierte claramente en una película que tiene mucho de ese formato cinematográfico.

Sin embargo, lo realmente trascendente es la fina sensibilidad de  Thornton para retratar realidades a menudo duras, en un país que históricamente empalma dos culturas radicalmente diferentes: la milenaria de los aborígenes de tez oscura y la de los blancos europeos colonizadores, que ostentan el poder.

El film recrea un caso real acaecido en la década del veinte del siglo pasado, cuando la prepotencia del hombre blanco condenaba a los nativos a una suerte de relación de sumisión muy similar a la esclavitud. Eran tiempos en que Australia era aun una colonia británica.

Esta historia de sesgo visceral tiene una estética de western, el mejor estilo de la rupturista producción del legendario Sam Peckinpah, autor de recordados títulos como “Pistoleros al atardecer” (1962),  “La pandilla salvaje” (1969), “La balada del desierto” (1970) y “Pat Garrett y Billy the Kid” (1973).

Por supuesto, tampoco faltan algunas referencias tangenciales al inolvidable maestro italiano Sergio Leone, el creador mayor de los peyorativamente denominados spaghetti westerns, que innovó el género con films tan  personales como “Por un puñado de dólares” (1964), “Por unos dólares más” (1965), “Lo bueno, lo malo y lo feo” (1966) y “Érase una vez en el Oeste” (1968).

En tal sentido, este relato –que impacta por su dramática frontalidad y realismo-  compone un cuadro ambiental de radical desolación, acorde con la geografía de un país cuya superficie supere los siete millones de kilómetros cuadrados de extensión y con una densidad poblacional de apenas tres habitantes por kilómetro cuadrado.

Esa agobiante sensación de páramo está pautada por un extenso y árido desierto que ocupa casi un tercio del territorio del país, habitado casi exclusivamente por nativos, que viven allí desde hace miles de años y obviamente están perfectamente adaptados a los rigores de un tórrido clima realmente bochornoso.

En esa escenografía singular se desarrolla esta trama cinematográfica impregnada de turbulencias cuyo protagonista es Sam Kelly (Hamilton Morris), un aborigen de piel negra que soporta sumisamente su condición de semi-esclavo. Sin embargo, para preservar su vida y la de su familia, mata en defensa propia al despótico, alcohólico y descarriado ex soldado Harry March (Ewen Leslie).

En ese contexto, la falta de testimonios que permitan esclarecer los pormenores del caso y las eventuales responsabilidades penales, detonan una suerte de cacería contra el conturbado hombre, similar a la de los western clásicos norteamericanos de las décadas del cuarenta y el cincuenta.

En el devenir de la narración, el riguroso Sargento Fletcher (Bryan Brown) se pondrá al frente de una partida de cazadores dispuestos a todo – incluso a matar al fugitivo- con tal de hacer justicia, acorde con la concepción de los colonizadores.

Para estos anglosajones –que son obviamente bastante más salvajes que los propios aborígenes- poco importan las circunstancias del hecho que, a priori, tiene la apariencia de un crimen. La clave, que responde a sus prejuicios, es que un “negro” cometió la osadía de matar a un blanco.

Obviamente, nadie parece turbarse con los aberrantes abusos perpetrados por los colonizadores y usurpadores contra las poblaciones nativas, que incluyen, entre otras barbaridades, la violencia, el sometimiento, la explotación laboral y hasta los abusos sexuales que socavan los derechos de las mujeres.

Tal es el exasperante esquema de autoritaria dominación que denuncia esta película, con europeos o descendientes de europeos que se creen señores feudales en pleno siglo XX.

La única excepción parece ser Fred Smith (Sam Neill), un religioso que, acorde a sus creencias y su credo, tiene claro que todos los hombres “son iguales ante los ojos de Dios”.

El guión sitúa el detonante y la génesis de la historia en los primeros quince o veinte minutos de metraje, que coinciden precisamente con el trágico incidente.

Luego, se abren ante los ojos del espectador los contornos de un paisaje ondulado, extenso, inclemente y desolado, entre desértico y montañoso, que constituye la escenografía donde se procesará la huida del perseguido matador.

Allí, en ese territorio agreste donde lo primordial ante todo es sobrevivir,  la correlación de fuerzas cambia radicalmente, ya que el que padece es el blanco y quien resiste sin sucumbir es el prófugo nativo.

El colonizador paga muy caro el precio de haberse apropiado por la fuerza de ese territorio casi virgen y ultrajado hasta límites realmente inconcebibles a los originarios habitantes del lugar.

Esa sucesión de secuencias que conducen inexorablemente hacia el desenlace, permiten el amplio lucimiento de la magistral fotografía de Dylan River y Warwick Thornton, dos especialistas que colman las retinas de imágenes de impactante y poética belleza visual no exenta obviamente de hondo dramatismo.

A despecho de esa explícita estética de western, “Dulce país”- que es un título si se quiere irónico- convoca a una profunda reflexión sobre la condición humana, la violencia y la voraz y demoledora dominación imperialista.

Obviamente, la película denuncia – sin ambages- los excesos, los incalificables atropellos y los irracionales abusos cometidos por un invasor tan ambicioso como violento, que segrega, desprecia y viola impunemente los derechos humanos de los vulnerables habitantes de un territorio codiciado, donde abundan el oro, la plata, el cobre, el petróleo y el gas natural, entre otras riquezas.

Por Hugo Acevedo  (Analista)
Aquí ingrese para ver mas de Cine

La ONDA digital Nº 936 (Síganos en Twitter y facebook)

INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADAS

Print Friendly, PDF & Email

...





LA ONDA Digital Revista Semanal Gratuita    |    De los editores: Las notas que llevan firma reflejan la opinion de sus autores    |    © Copyright Revista LA ONDA digital