Se acabó el ¿recreo?

Se acabó el recreo!! Así no más, era tan fácil que resulta inexplicable haber esperado tanto tiempo para concluir que bastaba con esa sencilla acción. Pero no, por ahora y hasta el 2 de marzo -en que asuman las nuevas autoridades- el “recreo” vive y lucha todavía. A decir verdad, semejante concepto resulta ofensivo para quienes asumen la función policial con responsabilidad y arriesgan su vida por cumplir el juramento que los convirtió en Policía.

No hay, no existe tal estado de situación que haga siquiera por aproximación, creer que a los delincuentes se les permite actuar sin consecuencias. Decir eso afecta a los buenos policías -que los hay y son la inmensa mayoría- esos que arriesgan cada día su propia vida enfrentando al crimen. Afirmar eso afecta a los uniformados que abatieron a más de 31 delincuentes y no sufrieron ninguna consecuencia legal por su actuación conforme a la ley. Sinceramente, podrá ser muy marketinero el término pero ofende -innecesariamente- a la Policía Nacional…

Para muestra no basta un “botón”
El video se viralizó como siempre en estos tiempos, potenciado por los medios de difusión que hicieron lo propio en sus respectivas plataformas y productos informativos. Un patrullero era atacado a pedradas y un hombre la emprende con un palo contra el mismo, mientras la turba filmaba y arengaba a expulsarlos del lugar -cosa que hicieron- mientras celebraban la momentánea victoria. Así se frustraba la detención de un delincuente que fueron a buscar en un barrio de Montevideo.

La imagen de la Policía huyendo de un territorio hostil sumó críticas de quienes asumirán la responsabilidad de dirigirlos manifestando que, durante su gestión, “la Policía no va a retroceder nunca”. Seguramente tengan la mejor de las intenciones pero no podrán cumplir su cometido si es que no quieren pagar el alto precio de vidas inocentes o males evitables que hoy no ocurren por la lógica y sensata conducta de una Policía que mide riesgos y elige el mal menor, siempre. ¿Acaso se pretende que se emprenda a los tiros contra quien esgrime un palo? Cualquier policía sabe que, de hacerlo, su responsabilidad será ante los estrados judiciales pues no tendrá legitimado el uso de la fuerza en situaciones como esa. Situaciones a las que luego deberá responder individualmente, ya que ante la justicia no es de recibo la obediencia debida cuando la actuación es ilegítima. En suma, le podrán dar directivas al respecto para actuar pero no podrán impedir que cada Policía discierna y resuelva -con criterios legales- sobre la responsabilidad que le cabe en cada caso y no se expondrá a sufrir las consecuencias de una orden como esa si no están dadas las garantías para que actúe.

Y la garantía -en estos casos- no puede pasar por decretar la legítima defensa presunta como se pretende, ya que aún con ese instrumento, en el caso referido (donde además hay imágenes de video que hacen prueba), jamás se podrá justificar una legítima defensa presunta para quien dispare su arma de fuego contra quien ataca munido de un palo.

A la inversa, hubo otro video que también se viralizó hace días cuando un patrullero cubrió a los tiros la retirada ante un ataque con piedras contra sí y una ambulancia. En ese caso, tampoco aplicará una legítima defensa presunta, para quien disparó su arma de fuego para reprimir un ataque con piedras (claro que siempre será una cuestión de prueba), pero el riesgo que corre quien dispara es muy grande, demasiado, cuando de la libertad personal se trata.

Lo cierto es que se ha instalado -casi como un chiste, un mal chiste por cierto- el concepto del fin del recreo para la actuación de la delincuencia, dando a entender una especie de inacción policial que permite esa suerte de liberalidad delictiva. Si el objetivo final era dar un mensaje para la delincuencia olvidaron que al hacerlo afectaban -irremediablemente- a la actuación policial porque si los delincuentes están de recreo es dable pensar que es porque la Policía lo permite o es omisa en su combate.

Ni lo uno ni lo otro, basta con repasar algunos datos elocuentes del trabajo policial como la cantidad de bocas de drogas cerradas cada semana; operativos policiales que permitieron desarticular bandas criminales; o la cantidad de personas privadas de libertad (11.619 a la fecha que esto se escribe), lo que es una señal clara que podrá haber muchos motivos pero no puede hablarse de falta de control o actuación policial, porque es precisamente la Policía la que hace parte principal de esos resultados.

Estamos al término de una gestión y vendrán nuevas autoridades, que pondrán su impronta personal con la mejor intención seguramente. Pero no se puede permitir que se hable de “recreo” cuando conocemos -tras haber compartido una década de trabajo policial- el grado de compromiso que le cabe a la gran mayoría de los funcionarios policiales que arriesgan su vida para defendernos. Por eso, apelo a un sincero reconocimiento a ellos, los verdaderos protagonistas de todas las historias, los que enfrentan valientemente a una delincuencia que no mide riesgos, que actúa de forma muy violenta a veces y que encuentra una respuesta cada vez más rápida y efectiva de estos servidores públicos.

Nadie bien intencionado puede afirmar que alguna vez siquiera se hayan dado directivas para evitar la represión del delito, porque -además de ser falso- contradice los hechos que demuestran lo contrario cada día.

Siempre tuvo la Policía el respaldo institucional que mereció, no solo en una remuneración digna, sino en la profesionalización de su formación, la mejora de su vestimenta, del armamento y los vehículos en que movilizarse, en la incorporación de nuevas tecnologías para combatir el delito, la mejora de sus capacidades para la resolución de los mismos, o la mejor atención médica para él y su familia. Son solo algunos de los aspectos que hablan de un respaldo absoluto y real. Y cuando hubo que respaldar a los buenos policías que enfrentaron a la delincuencia no solo tuvieron el apoyo sino la convicción de que no sufrirían consecuencias legales gracias a un profesionalismo que fue la constante en la formación de la Nueva Policía.

Por eso, hablar de recreo cuando se trabaja con ese grado de profesionalismo, resulta un exceso que creemos producto del ruido electoral. Ya tendrán tiempo para demostrar aciertos en la nueva gestión que se avecina…

el hombre tocó la campana,
el perro ladró el fin del recreo…

 

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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