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¿Por qué es malo tener un gobierno débil?

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Desde el mismo domingo de noche varios analistas han observado que Luis Lacalle asume un gobierno en posición de debilidad. Algún frenteamplista de a pie parece entender que eso es una buena noticia. Pero básicamente no; esa debilidad afecta la economía y genera sufrimientos.

En seguida del escrutinio, los politólogos Daniel Chasquetti, Oscar Bottinelli, Jorge Lanzaro y otros mencionaron este tema. Pero hicieron hincapié en el hecho, más que en evaluar posibles consecuencias. El viernes 28 John James. Moor en El Observador volvió al tema ya lamentando consecuencias, en una nota sugestivamente titulad El balotaje: un cabalo de Troya.

Antes de seguir, recordemos que si Daniel Martínez hubiera restado una diferencia de 1,15%, 22.731 votos, hubiera ganado, pero también estaríamos ante un gobierno con debilidades.

Los factores de debilidad
Hay varios factores de debilidad del gobierno electo. Recordamos algunos.

Primero, no tuvo la mayoría del electorado (por primera vez en un balotaje) y solo 2,3% del electorado de ventaja sobre el competidor. Este cambio de gobierno no puede presentarse, políticamente, como un despertar masivo de un país harto, como podía haber sido, digamos, si hubiera salido 61 a 39%.

Segundo, el pentapartito cruje desde antes de nacer. Hasta el mismo tiempos de veda y luego con las pesadas exigencias de cargos. Más que de cargos, de feudos enteros del Estado cuyos objetivos y política, entonces, hay que pensar que serán administrados a discreción de cada uno. Dirigentes nacionalistas no ocultan su convencimiento de que la alianza durará muy poco en el gobierno y por eso hay que apurar todas las leyes principales en los primeros meses.

Esto tendrá las siguientes consecuencias.
a) Habrá una fuerte resistencia social a las transformaciones anunciadas, como el vaciamiento de los consejos de salarios. Se acorta la luna de miel, si lega a haber.

b) No habrá movilizaciones de apoyo a otras medidas, puesto que se eligió ir a la elección con un programa oculto de 300 y algo de artículos desconocidos.

c) Todo el mundo parece resignado a que el pentapartito deje de ser un bloque parlamentario y haya que negociar ley a ley. Eso incluirá depender en algunos casos del acuerdo con la bancada del Frente Amplio o con parte de ella.

d) Las cámaras empresariales, cuyo programa estaba en la base del de los partidos opositores, que así lo recocían. Esas cámaras que descorcharon el 27 de octubre pensando que estaban asumiendo las riendas del país, no van a ver cumplido su deseo. Los acuerdos parciales, ley a ley y según la coyuntura política, los van a mostrar cada vez más a menudo en la vereda de la oposición.

¿Por qué es malo?
La posibilidad de desactivar, al menos parcialmente, el desmantelamiento general que el rumor hizo temer a miles que se movilizaron en el último mes, es una buena noticia. Los rumores son hijos de la información incompleta. Pero hay que ver otras cosas que tienen que ver con el crecimiento del país, algo que nos afectará a todos. El crecimiento no es todo, pero sin él el país como tal es menos independiente y su gente sufre más.

¿Por qué crecen los países?
Hay mil factores, pero todos coinciden en que la inversión es clave. Una nueva máquina hoy anuncia mayor producción y mayor productividad mañana. El problema es que un gobierno inestable no invita a pensar en planes de inversión de plazos medios o largos.

El economista Gabriel Odone en El Declive hace un repaso de las investigaciones relacionadas con las instituciones uruguayas en relación con el período que parte de 1920. Dedica un capítulo a analizar los efectos económicos de la debilidad de los gobiernos uruguayos, el fracionamiento de los partidos y el apoyo legislativo propio de los presidentes.

Analizando los períodos, concluye en que esa realidad vuelve a los gobiernos vulnerables a las presiones parlamentarias, pero también a las sociales y los tienta a políticas oportunistas o electorales, que han afectado el déficit y disparado la inflación.

La historia no es un espejo del futuro, pero es un dato. Y la historia muestra gobiernos débiles cediendo sucesivamente a presiones de grupos empresariales con intereses contradictorios, por los que inmediatamente perjudicaba a los favorecidos, para luego ceder a movilizaciones sindicales con conquistas inmediatamente licuadas con inflación y a menudo compensando tensiones con el clientelismo. La fórmula del fracaso.

El Partido Nacional tuvo 28,62% de los votos. Y el herrerismo tiene unos 20 de los 30 diputados de la bancada blanca, sumando el acuerdo con el grupo de los Intendentes que no lo apoyó en la interna y con quienes el herrerismo ya se distanció en Maldonado, al aliarse con Juan Sartori contra Enrique Antía para las municipales.
Moor, en la nota mencionada, en la que con un tono de decadencia de Occidente compara a Daniel Martínez con Adolf Hitler y con Príamo, especula con que Luis Lacalle podría ser más un primer ministro que un presidente, ocupado en mantener equilibrios parlamentarios.

Todo lo demás
Por supuesto que la inversión no agota el desarrollo. Quiero mencionar otros dos factores que van a cambiar para peor. Uno es el cese del fomento de la mejora en la distribución, propia todos los países que se desarrollaron, porque les asegura un mercado interno, que en Uruguay en esta década amortiguó las influencias negativas del exterior. El otro ya aludido, tiene que ver con la tendencia de la parte menos dinámica del empresariado de conseguir su ganancia con favores del Estado y no de la inversión, y menos de la competencia. Odone lo describe así: “La rentabilidad de los negocios dependía críticamente de factores estrictamente extraeconómicos, alentando el desvío de recursos y talentos hacia actividades de búsqueda de rentas.”

No está escrito que todas estas calamidades vayan a suceder. La tesis de esta nota es que la debilidad del gobierno en principio no es algo bueno. Depende también del Frente Amplio que los peores extremos no se den.

El ex presidente Luis Alberto Lacalle Herrera se quejó de falta de apoyo de la coalición rosada a su gobierno, pasados los primeros meses. Luego, durante el segundo mandato de Julio María Sanguinetti, criticaba al gobierno porque los blancos estaban dispuestos a apoyar -mientras no se acercaran mucho las elecciones-, pero el Ejecutivo no enviaba propuestas de ley. Eso debe haberlo transmitido a su hijo, quien se juega a su ley ómnibus de urgencia para aprobar todas las leyes del período antes que todo se caiga.

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Por Jaime Secco
periodista uruguayo
La ONDA digital Nº 932 (Síganos en Twitter y facebook)

 

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