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Comentario de Libros

GENERACION 68

El pasado nunca se queda donde lo dejamos.
William Faulkner

 

Ya han pasado cincuenta años, así nomás, de sopetón. Y entonces nos damos cuenta de que existió una generación enfrascada en cambiar al mundo y la propia cabeza, dotarla de conocimiento, de empatía, solidaridad y lucha constante. Una generación que tuvo sus héroes y sus muertos, y muchas historias desgarradas al límite. Pero tuvo esperanza, por sobre todas las cosas, y ésta nunca murió, porque si bien la biología irá “limando” con el correr del tiempo a los que, en carne y hueso, fueron buscadores eternos de esa utopía, queda, de modo firme, el espíritu de lucha de esa generación. “La 12”, “tuvo sus raíces y desarrollo desde fines de la década del sesenta hasta la dictadura”.

Lo que se cuenta en estas Historias de una generación (Agrupación 12 de agosto – 1968-2018), en este caso de la Facultad de Veterinaria, son “los hechos de aquellos años donde nos conocimos y luchamos por una Facultad mejor, por una sociedad uruguaya mejor y por un mundo mejor, (que) sucedieron muchas veces en forma dispersa y confusa”. Quienes estudiaban allí venían de todos los departamentos del país, y por ello había una integración realmente nacional. Aquí se intercalan anécdotas personales, anónimas, aspectos de la lucha estudiantil de aquel tiempo. Es cierto que “muchos, como los adultos (en ese momento), miraron con irritación o desdén la combatividad de los que se manifestaban, y otros, identificados con sus motivaciones se limitaron a mirar desde otro lugar el caótico torrente que pasaba una y otra vez delante de sus ojos”.

La historia que se cuenta “se complementa con vencidos y vencedores, con incluidos y excluidos, con amigos y enemigos, con compañeros y adversarios, con compatriotas y apátridas; con esperanzas; con derrotas; con el afecto y con el desamor; con la vida y con la muerte”. Se agregan poemas de Benedetti, debidamente autorizados, así como varios anexos, con una cronología entre el 1º de mayo y setiembre de 1968, una lista de nombres de los “bulines” y de los sobrenombres de cada uno de ellos. Una serie de fotos los muestra desde la foto carnet hasta la foto grupal: el devenir del tiempo.

Por supuesto que estos hechos son contados por uno de aquellos estudiantes, integrante de la Agrupación 12 de Agosto, “la 12”. Aquí estarán los hechos y las situaciones de la conformación de esta agrupación cuyo proceso había sido parecido al de otras agrupaciones dentro de la FEUU (“los centros representados en la FEUU eran los siguientes: Agronomía, Arquitectura, Bellas Artes, Ciencias Económicas, Ciencias, Derecho, Enfermería, Humanidades, Ingeniería, Medicina, Notariado, Odontología, Instituto de Profesores Artigas, Química, Servicio Social y Veterinaria”).

También se cuenta desde lo histórico, lo social y lo psicológico expresados en lo político. Y desde el grupo más allá de individualidades, un grupo diverso pero cohesionado. Y además, se cuenta, y se confirma, desde el reconocimiento posterior, como forma de completar el conocimiento sobre lo que ha pasado cada quien, en un clima de reencuentros. Esos reencuentros dan cuenta de un sentimiento gregario y dan paso a anécdotas que, mediante este libro, “forman parte de la Memoria Colectiva”.

 68. Modelo para armar
Para entender el surgimiento de una especie (uruguaya) de rebelión estudiantil, prolegómeno directo e indirecto de todo lo que sucedió después, es necesario remontarnos a 1958, cuando tras la elección de un nuevo gobierno (Colegiado) se tejieron esperanzas como quien no pone demasiado empeño (o por otras circunstancias) y se termina deshilachando el buzo o la media de confección. La rotación histórica del 58, que hizo que los blancos accedieran al gobierno, se frustra casi enseguida por diferencias entre los dos sectores principales del Partido Nacional, el liderado por Luis Alberto de Herrera y el liderado por Benito Nardone (“Chicotazo”). Y tras la muerte del primero, hay un giro hacia la derecha del Partido Nacional, y de allí data la primera Reforma Monetaria y Cambiaria con el FMI. Y en la otra punta hay desgajamientos de sectores progresistas dentro de los partidos tradicionales, como Erro (que se alía a los socialistas), y la creación de la lista 99, de Zelmar Michelini y Hugo Batalla dentro de los colorados.

Para sintetizar este periodo podríamos decir que “se pasó del estancamiento económico, que sucedió al empuje industrializador de la segunda posguerra, a una dura puja social redistributiva”, donde Uruguay “se empantanó en una crisis profunda”. Fue el tránsito “del liberalismo político al autoritarismo y de allí un golpe de Estado”. Pero del otro lado, se dan las luchas sociales, la unidad sindical y posteriormente la unidad política de la izquierda. La conflictividad obrera aumentó y la marcha de los cañeros azucareros de Artigas planteaba, “en escala reducida”, el problema de los trabajadores rurales.

La Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), fundada el 26 de abril de 1929, teniendo como antecedente directo la organización de la huelga por autonomía y cogobierno en 1928, luchó en 1958 por la aprobación de Ley Orgánica de la Universidad de la República estrechando, desde ese momento, vínculos sólidos con el movimiento sindical.

Es interesante ver, en un análisis que no siempre se hace sobre el papel de la Universidad durante la dictadura, y que este autor aborda, la forma de lucha estudiantil y la represión y el posterior desmembramiento que sufrió la Universidad durante todo el proceso dictatorial. Tras las elecciones universitarias, realizadas dos meses y medio después del golpe de Bordaberry, que dieron una mayoría aplastante a los sectores “definidos por la autonomía y el cogobierno” (80%, 86% y 98% de aprobación de egresados, docentes y estudiantes, respectivamente), el estallido de un artefacto en la Facultad de Ingeniería (y la muerte del estudiante que supuestamente manipulaba dicho artefacto), las “Fuerzas Armadas ocuparon todas las facultades y escuelas y edificio central de la Universidad”. Luego se procedió al arresto del Rector, los Decanos y el resto del Consejo Directivo Central. Hubo un 40% de docentes destituidos, renunciantes o que no se les renovó el contrato —y estos fueron cubiertos por designación directa—. Además, se clausuraron servicios como “Escuela Nacional de Bellas Artes, Instituto de Ciencias Sociales, Escuela de Enfermería, Hospital Escuela del Litoral, Servicio de Climatología de la Facultad de Arquitectura. Otras dependencias se paralizaron casi por completo. El Instituto de Economía, el de Matemáticas y el de Ingeniería Hidráulica, junto a las estaciones agronómicas, fueron vaciados de personal docente”.

Y “en 1975 comenzaron a aplicarse mecanismos restrictivos a la admisión de estudiantes. Se estableció el examen de ingreso en las Facultades de Medicina y Odontología, que en 1980 se generalizó a toda la Universidad. En 1982 se impuso un sistema de cupos prefijados por Facultad, que finalmente fue eliminado en 1984” (y hoy hay quienes quieren limitar los cupos en la Universidad).

Y quienes fueron niños en los cincuenta, que crecieron con el fin de la idílica “Suiza de América” y luego fueron estudiantes en esos años, de aguda crisis económica, creyeron en la utopía. Porque es a partir del fin de la guerra de Corea, en 1953, cuando “se inicia un repliegue importante en los indicadores productivos del Uruguay”. En lo internacional el periodo estuvo signado “por las amenazas de la Guerra Fría, la guerra de Vietnam, el triunfo de la Revolución cubana, la muerte del “Ché” Guevara en Bolivia y la agrupación de los países del Tercer Mundo”.

“La generación del 68 fue la que había aprendido a sentir que más allá de sus propias individualidades, estaba dispuesta a dar lo que fuera necesario para cambiar aquel estado de cosas. Habían creído en el cambio y la revolución, y creían que un nuevo país era necesario y posible”. Además, “el heroísmo se transformó en una cuota asumida como algo natural, con bajo perfil, pero que se expresaba en la acción, en el riesgo —hasta de la propia vida— en cada actuación”.

El quiebre de paradigma
Este quiebre se da en todos los planos. “La familia occidental y cristiana, constituida por el hombre que trabajaba fuera y proveía dinero, y la mujer dedicada totalmente a la labor de madre y ama de casa, sufría un quiebre de paradigma”. “En aquel entonces se vivía con la sensación de que todo comenzaba cada día”. Porque “el 68 estudiantil uruguayo fue una energía juvenil colectiva que se hizo sentir en todos los poros de la sociedad, desde la cotidianeidad de la vida familiar hasta las bulliciosas movilizaciones callejeras, impactó en los hábitos y hasta en las formas de vestir, por lo que no puede circunscribirse a un solo plano de la vida”, con cambios que se dieron en la música (el rock inglés o norteamericano e incluso el aporte con letras en español o bien el canto popular uruguayo o el canto de protesta, que nace del folclore tradicional, la milonga, chamarrita, la polka o el cielito, a las que se le agregarán las raíces negras, la música del Caribe, del Brasil y el jazz), o en la forma de vestir, por ejemplo, pero que afectaron a todo un conjunto de relaciones humanas, haciéndonos creer que se revoluciona todo lo que se toca. También el boom latinoamericano tiene su génesis en la descomposición social de las naciones de América Latina (dictaduras, expoliación, negociados con la muerte).

Pero el cambio se expresó en la música, sobre todo, porque “canciones, cantores y sus músicas son parte de nuestra identidad”. “Su rol fue despertar conciencias; propalar conceptos teóricos bajo el formato de rimas consumadas…”. Esas músicas, por cierto, se nutren de la obra de poetas como Idea Vilariño, Circe Maia, Amanda Berenger, Humberto Megget, Líber Falco, Carlos Maggi, Mario Benedetti, Juan Carlos Ortiz y Ayala, Osiris Rodríguez Castillos, Ruben Lena, Víctor Lima, Anselmo Grau, Carlos Molina, Enrique Estrázulas, o la recientemente festejada Amanda de la Vega y la polémica actualizada por haber estado de acuerdo con la dictadura. El impacto fue fuerte, en ese sentido, del movimiento hippie, que era igual de contracultural que el canto popular, y sobre todo de Woodstock, que se convirtió en ícono de parte de esa generación, en especial la que va del 66 al 69, que es la que formó la Agrupación 12 de Agosto y otras, dentro de Medicina y otras facultades.

Pero lo cierto es que el análisis económico del deterioro financiero, con la especulación y el incremento de la deuda externa, provocaron un aumento de la desocupación y el déficit gubernamental, crearon una zozobra interna muy fuerte. “La etapa especulativa produjo una crisis en las finanzas estatales” y una crisis política que pretendió ser resuelta mediante la reforma de la Constitución. La reforma “naranja”, propuesta por el Partido Colorado, triunfante con un 75% de votos, se centró en la sustitución del Consejo Nacional de Gobierno por un Presidente, con mandato de cinco años (en vez de cuatro), pasando a ser, el nuestro, un sistema presidencialista.

Para una descripción del inicio del pachecato, que configuraría todo su periodo: apenas Pacheco asumió el 7 de diciembre de 1967, tras la muerte del presidente Gestido, dispuso “las disoluciones del Partido Socialista, de la Federación Anarquista Uruguaya, del Movimiento Revolucionario Oriental, del Movimiento de Acción Popular Uruguayo, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria y clausuró los diarios El Sol y Época, a los cuales acusaba de supuestas vinculaciones con las acciones armadas que llevaba adelante la guerrilla urbana”. Para que no quedara ninguna duda de la orientación económica de su gobierno, “nombró ministros a Carlos Frick Davies, Jorge Peirano Facio y José Serrato, líderes de los grandes capitales”.

Ahora bien, “fallecido Gestido […] la evolución de los acontecimientos fue paradojal. Las organizaciones gremiales obreras se manifestaron permanentemente dispuestas al diálogo, inclinados a aceptar ciertas formas de sacrificio, procurando así no solo coparticipar en una política anti-inflacionaria sino también conservar el esquema distributivo y las formas sociales de relación tradicionales”. Pero “la clase capitalista, por el contrario, continuó e intensificó la actividad especulativa […] Este comportamiento fue factor decisivo […] para que el nivel de precios se incrementara en un 100% en solo ocho meses”.

La respuesta a las medidas de lucha sindicales, fueron las Medidas Prontas de Seguridad, que provocó, a su vez, un aumento de la conflictividad así como de la represión, en una espiral ascendente. La congelación total de precios y salarios, que se instaló como forma de superar el déficit y la inflación, nunca llegó a funcionar. A las primeras de cambio se dispararon los precios y se contuvieron los salarios, lo que en la práctica llevó a su disminución real.

El poder de la imaginación
“Históricamente, todo comenzó con liceales sentados en las calles, impidiendo el tránsito de ómnibus y reclamando que no aumentara el precio del boleto estudiantil” (ahora es gratuito, gracias a esa lucha inicial, y que nos demuestra la justeza de luchar por las cosas que tienen un sustento firme y credibilidad). Había una clara motivación revolucionaria: “afán de destruir toda la red de relaciones humanas para tejer una nueva”, sobre todo entre los jóvenes: “algunos se iban, otros se quedaban peleando silenciosa y desesperanzadamente y otros, en fin, salían a la calle a tirar piedras y quemar cosas, a descargar en el combate físico, su rabia y la de otros, la de los que se iban y la de los que no se lanzaban a las calles” (pág. 41). Esa rabia era la que tenían por la situación general del país y las perspectivas sombrías. “La juventud de entonces (en todas partes) no aceptaba el mundo que le dejaban […] No aceptaba el genocidio de Vietnam, la discriminación racial en las universidades de EE.UU., el neocolonialismo como  nueva forma de explotación de Africa y América Latina, la violación de la soberanía de Checoslovaquia y el no reconocimiento del derecho de los pueblos a su libre determinación. Se tomaba conciencia del bienestar de 1/3 de la humanidad y el hambre de los 2/3 restantes. No se aceptaba tal forma de convivencia humana, ni la estructura social que mantenía esas injusticias tan flagrantes”.

Pero también había “compañeros muy bien intencionados, pero poco realistas, que esgrimían consignas muy respetables pero imposibles de transformar en conquistas por esa vía. Esos compañeros anunciaban su permanencia en los locales hasta que se concretara el no aumento del precio del boleto”, compañeros que “preconizaban que había que quedarse dentro de los institutos hasta que desapareciera la última injusticia del Uruguay. Y ello no era posible”.

La lucha estudiantil también tuvo otras formas de expresión, como los “contracursos”, realizados con los mismos docentes, en los mismos espacios, pero con control estudiantil, bajo la ocupación del centro educativo. Es que claramente, a influjo de la revuelta en las universidades de Francia, que fue la mayor de su historia, se buscó innovar y repensar la educación de un modo que ahora llamaríamos de inclusivo. “Los estudiantes, en línea con aquello de “la imaginación al poder”, multiplicaron su militancia en la FEUU. Los de secundaria por el precio del boleto, mientras la CNT se convertía en eje de defensa de los derechos y libertades sindicales de los trabajadores en lucha contra los efectos de la debacle económica, la dependencia del FMI, sus recetas, y los costos sociales de la orientación política dominante en el país”.

El concilio Vaticano II, instauró un cristianismo como “praxis de liberación política”. “En un continente donde existen evidentes injusticias sociales, algunos teólogos empiezan, desde la opción fundamental marxista, a hacer propios el compromiso de lucha por la justicia, de libertad y la dignidad humana, entendiendo la liberación exclusivamente en sentido económico, social y político”. A raíz de ello el Consejo Episcopal Latinoamericano adopta posiciones más cercanas a lo que planteaban las organizaciones de izquierda y marxistas, con sectores que adoptan la Teología de la Liberación.

Un tipo de enseñanzas diferentes dejaron otros movimientos sociales, como las cinco Marchas por la Tierra, entre 1964 y 1969, de la UTAA, largas marchas de los cañeros de Bella Unión (los “peludos”), o el “Cordobazo” argentino del 29 y 30 de mayo de 1969, y su cuota sangrienta de represión. Pero muy pronto “…los militantes estudiantiles comprendieron […] que el golpeado movimiento obrero era parte esencial de los cambios y comenzaron a unir la lucha de estudiantes y trabajadores, dando a la consigna de “obreros y estudiantes unidos y adelante”, una vía concreta para sumar fuerzas…”. Lo cierto es que “la guerrilla urbana del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) reclamaba, con otros métodos, cambiar también aquel Uruguay”.

Para todo este combo social la única respuesta de parte del gobierno fueron, ya lo dijimos, las Medidas Prontas de Seguridad, además de que “por la vía del decreto y de la ley se ha violado repetidamente el ordenamiento jurídico legal del país”, resultando, por lo mismo, totalmente inconstitucional el decreto que implantó esas medidas, o el otro decreto que impuso la congelación de precios y salarios (que siempre resulta en desmedro del salario, como pasó recientemente en la Argentina, donde la medida no se pudo sostener y significó, en los hechos, una nueva rebaja salarial).

Por todo ello, la lucha estudiantil —y también obrera— fue hecha “muy cerca con los compañeros del Partido Comunista del Uruguay. Sobre todo las universitarias. En la Facultad nos trenzábamos en discusiones teóricas eternas… ellos y nosotros. Con el tiempo vimos que aquellas diferencias no eran tales sino muy marcadas por aquella coyuntura. Hoy compartimos reuniones de confraternidad y mantenemos buenas relaciones”. La visión, que recorre el tiempo pasado y el presente, nos muestra otro tipo de enseñanza que da la vida sobre el lado correcto de la historia que le tocó a cada una de las fuerzas políticas y movimientos sociales, ya que, de una u otra manera, todos luchaban por lo mismo. En aquel tiempo las discusiones con el PCU eran sobre las vías de la revolución, si esta se debía dar de forma pacífica, por elecciones e integración parlamentaria, o violenta, armada.

Ahora bien, ¿por qué sucedió todo este atropello a la constitucionalidad del país, el atropello de las libertades individuales? Hubo una descomposición interna de los partidos gobernantes, un giro hacia posiciones neoliberales a ultranza, y la intervención más o menos oculta de Estados Unidos, sus agencias de seguridad y organismos de fachada, para una política exterior común en toda América Latina que beneficiara, por supuesto, a las multinacionales y a los empresarios mayormente estadounidenses.

a12a: recuerdos de una generación
“La veterinaria se preocupa fundamentalmente por la salud humana, en una imprescindible articulación con la salud animal. La salud como un proceso global y holístico es su campo de actuación, donde la problemática socio-económica y ambiental de la población humana tiene que ser comprendida y constituir parte clave de sus preocupaciones de transformación” (eso establece la Ley de Sanidad Animal de 1910, que sigue rigiendo, a la que se le agregó lo correspondiente a la trazabilidad en estos últimos años).

La Agrupación 12 de agosto, de Veterinaria, que nace en 1969, es resultado de la lucha de las generaciones 66 a 69. Uno de los aspectos más paradigmáticos de Veterinaria fueron las construcciones de los “bulines”, donde muchos, venidos del interior o por motivos económicos, se autoconstruían esos pequeños cuartos en el terreno de la Facultad. Eran construcciones chicas, no homogéneas, “todas en planta baja, que tenían una puerta y una ventana cada una”, es decir, “eran cuartos monoambientes de dos por tres, construidos con el método de autoayuda de estudiantes, establecidos en las periferias de los edificios de la Facultad”. Allí tuvieron años de “estudio, amistad, compañerismo y lucha”. “No se encuentran antecedentes de este especial tipo de construcciones con participación del Estado y con estas funciones sociales y académicas”. Por cierto que “esas construcciones fueron algo inédito en el Uruguay y también algo inédito en las Universidades latinoamericanas”. Convivían con perros: “se establecían unos fuertes vínculos con los perros. Eran de todos”. “Los estudiantes les daban de comer y los perros los acompañaban a clase”. Los “bulines” fueron demolidos por la dictadura, en 1973.

La visión surge desde el grupo de amigos que se hacen llamar La Pandilla, y que son el origen de un modo de ver las cosas y de actuar en consecuencia, conformada por siete estudiantes de Veterinaria: “teníamos algunos principios rectores pero faltos de una clara definición estratégica”. Esa agrupación se vería integrada por cristianos, marxistas y progresistas. Es decir, la AFER (la Agrupación del Frente Estudiantil Revolucionario) y del propio FER en el IAVA (y la escisión que formó el FER 68, por un lado, y el FER cartilla, por otro), más algunos grupos cristianos de Punta Gorda.

La generación 69 le dio “inyección de discusión” (entre ellos Carlos Caillabet, Marcelo Estefanell y Eduardo Bonomi), “no les interesaba hacer trabajo gremial para optar por la dirección de AEV, sino trabajar en las bases, hacer énfasis en las asambleas de clase, en el mano a mano con los estudiantes…”. Los fundadores fueron: “Fernando “el Mormón” Muñoz, Bruno López, Oscar “el Hormiga” Orcajo, Walter “El Frasco” Gonnet, Hubo “Armandito” Márquez, Ruben “Manolito” Moreira, Eduardo “el Conejo” Bonomi, Carlos Caillabet y Marcelo “Marito” Estefanell”.

La agrupación integraba “la corriente”, que era el espacio común de integrantes del Partido Demócrata Cristiano (PDC), los Grupos de Acción Unificadora (GAU), el 26 de Marzo, Unión Popular (de Enrique Erro), el Movimiento Pregón (de Alba Roballo), el Movimiento por el Gobierno del Pueblo (de Zelmar Michelini) y el Movimiento Revolucionario Oriental (de Ariel Collazo). En la campaña electoral para las elecciones universitarias de 1970, “la 12” organizó charlas con Germán Weistein, Daniel Vidart y Eduardo Galeano, y como resultado del trabajo gana la directiva de AEV, obteniendo 8 de 10 cargos.

Era una organización “vertical y horizontal a la vez; vertical, porque los más formados trasmitían experiencia y puntos de vista a los más jóvenes; y horizontal, porque incluían la participación de profesionales, docentes y estudiantes”. En verdad “luchaban por una sociedad nueva. No tenían una gran teoría. Más bien se rebelaban contra la injusticia y ese mundo que no querían. Y cada uno fue optando por el camino que consideraba mejor”. “La generación del 68 fue la generación de entender todo como parte de un proceso y tratar de integrar todo a ese desarrollo”.

Hay, en su formación, cuatro grupos generacionales: 1) inicio: actividad estudiantil diferente, participativa, con posturas gremiales y una militancia informal, 2) Generación 69: “provenían de las luchas y ocupaciones de liceos”, es decir que ya tenían cierta experiencia y militancia, 3) Generación 70, generación bisagra: se afirmaba en las reivindicaciones y luchas anteriores y fue la que ganó la dirección de AEV, para incidir de mejor manera entre los estudiantes de la facultad, y 4) las generaciones 71, 72 y 73: dieron una consolidación a “la 12”. Y no es casualidad que hayan sido los jóvenes quienes enfrentaron —y sufrieron luego— la represión, porque “no hay una etapa en la vida donde pueda haber una honestidad intelectual tan absoluta como la juventud”. “No hay una etapa en la vida del hombre y la mujer que pueda haber tanta honestidad intelectual, de querer entender el mundo, independientemente de lo que nos convenga o no, que cuando se es joven”.

Y por ello, “tuvimos nuestros costos. Poco a poco la dispersión producida por la persecución y la represión, fue haciendo que fuéramos tomando, en la medida de las posibilidades, nuestras opciones; mantener la vida, contener a nuestros viejos y en el caso de que tuviéramos, sostener a nuestros hijos. Y si por alguna razón no lo podíamos hacer nosotros, siempre alguien tomaba la posta”. Algunos de “la 12” integraron el MLN, optando a su vez por ese método de lucha.

 Lo humano y lo político
Para entender todo el proceso político en que actuó “la 12”, hay que volver al año 1968. La disyuntiva era: “o la oligarquía liquidaba al pueblo oriental, o el pueblo oriental terminaba con la oligarquía” (oligarquía: sistema de gobierno en el que el poder está en manos de unos pocos, pertenecientes a una clase social privilegiada). Vale la aclaración, porque ha habido un vaciamiento de algunas definiciones ideológicas y que parecen querer decir cosas distintas (últimamente hemos visto como la derecha adopta un discurso semi izquierdista, aunque sabemos, claramente, que se trata de palabras que se las llevará el viento y nos dejarán con la soga al cuello). Se reconoce, por ejemplo, que hay clases sociales, pero se quiere dar a entender que la lucha de clases, que es el resultado del enfrentamiento político, social e ideológico, no existe, como si fuera un “invento” para dividir al país.

“La violencia comenzó desde arriba. La estructura de dominación oligárquica quedó al desnudo; decretó que era la “hora del garrote” y, como siempre, cínicamente, culpó del desorden a las masas estudiantiles y a las masas obreras”.

Y entre las causas del deterioro social: “otro aspecto de aquella desocupación que destruía el tejido laboral, era la falta de horizontes. Era el drama de nuestra juventud; una juventud que sentía, día a día, la angustia de sus mayores, perpleja por el deterioro del país: que no encontraba salida porque se les cerraban todos los caminos; porque se le amputaba el futuro. Por eso nuestra juventud manifestaba, a muchos niveles, su justa desconformidad”. “El Uruguay se había transformado en un país de emigración”, y en ese sentido “emigraban por miles y por miles. Y se iban porque su país no les ofrecía posibilidades, porque no podían vivir y trabajar aquí. El que emigra, el que se destierra a sí mismo, es un ser que ha perdido la confianza en las posibilidades de vida que le ofrece su comunidad”. Además, “había emigrantes porque había desocupación, los salarios no alcanzaban para sostener dignamente una vida y así perdimos lo mejor de nuestra gente, lo mejor en edad, lo mejor en energía; técnicos, profesionales, obreros especializados, nuestro capital más precioso que eran nuestros hombres y mujeres. Esto fue un síntoma y un símbolo de la situación de entonces, que trajo aparejada, además, la emigración política”.

La creación del Frente Amplio, en medio de todo ese cuadro, fue un fenómeno de construcción colectiva y una esperanza de salida pacífica a la crisis. La parálisis y futurología tras el 9 de febrero de 1973 y el Pacto de Boiso Lanza (respeto a la Constitución por parte del ejército pero a la vez creación del Consejo de Seguridad Nacional —COSENA—), o sea la “coparticipación militar con el poder civil”, dio paso a la ofensiva militar. Y ya dado el golpe de Estado, la respuesta: “durante ese periodo la Agrupación 12 de Agosto, y todos los estudiantes democráticos, nos pusimos a combatir el golpe de Estado en la medida de nuestras posibilidades”. Y con la respuesta popular “los cuarteles se llenaban de obreros y luchadores sociales”. Dos compañeros de Veterinaria murieron en ese marco: Ruben Walter Canziani Fachin y Roberto Ramón Peré Bardier.

En este libro no se dice nada acerca del periodo de la cárcel, a nivel personal (como vivencia o “sufriencia”), pero va recorriendo las etapas que culminaron con el proceso dictatorial, el plebiscito de 1980 como “el inicio de la respuesta popular”: “la derrota del gobierno en ese plebiscito fue el inicio del proceso de restablecimiento de la democracia”. Luego el diálogo entre la Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (COMASPO) y representantes del Partido Colorado, Nacional y Unión Cívica. Las elecciones internas de los partidos (habilitados), en 1982, y Seregni llamando a votar en blanco (85 mil votos que demostraron que el FA estaba vivo, y que éste se manifestaba a pesar de la represión y la clandestinidad). La formación del Plenario Intersindical de  Trabajadores (PIT), utilizando un espacio legal para reorganizar al movimiento obrero, y que luego se vinculará, históricamente, con la CNT ilegalizada. Y allí el formidable acto del 1º de Mayo de 1983. Las negociaciones del Parque Hotel, que tuvo siete reuniones entre los militares y los políticos. O el discurso de Seregni en el balcón de su casa al ser liberado, llamando a “la pacificación de los espíritus, la pacificación nacional”. El Pacto del Club Naval y finalmente las elecciones.

Tras todo esto, “no fue sencillo restaurar la institucionalidad democrática del país. El gobierno y parlamento recién asumidos debieron lidiar con una economía que había vivido una terrible crisis cambiaria reciente” (la “tablita” en 1982).

Y “volvimos a vivir en democracia, y esa nueva etapa nos hizo volver a ver cómo se podían hacer mejor las cosas, individual y colectivamente, viendo qué se podría hacer con el tiempo, con la libertad y los recursos a mano; trabajar, estudiar y re-elaborar nuestras vidas amorosas eran parte esencial de la nueva etapa”.

 Ginkgo Biloba: el árbol de la memoria
“La reinserción de los que salieron de las cárceles no fue fácil, porque había parejas, niños; sentimientos, afectos, broncas y pensamientos esperanzadores. Lo mismo los que volvieron del exterior. El desexilio fue difícil para muchos”. Porque “quisimos cambiar el mundo, casi sin distinción, como jóvenes que éramos. Algunos perdieron su libertad por tratar de hacerlo, y estuvieron detenidos meses y años. Presos en el Penal de Libertad, los hombres; y en el penal de Punta de Rieles, las mujeres”. Otros “tuvieron que emigrar. De estos, algunos siguieron estudiando veterinaria, otros estudiaron otras cosas. Otros, nada”. Y “algunos volvieron cuando volvió la democracia. De alguna forma ellos también tuvieron que adaptarse al cambio de vida”. “Cuando salieron de la cárcel, algunos siguieron estudiando, otros no; otros se reincorporaron a sus antiguos trabajos académicos. Todos a reinsertarse en la sociedad, según sus recursos, posibilidades y oportunidades”.

En definitiva, todos ellos “fuimos forjados en una fragua que nos dejó huellas indelebles y hermosas señales…”.

Posteriormente, lograron acercarse, con el gobierno del FA, a objetivos permanentemente buscados: “soberanía política, independencia económica y social”.

En el 2007 “la 12” volvió a reencontrarse, y “encontramos que había varios (de nuestros sueños) que reconocíamos, y sentimientos que seguíamos compartiendo. Y otros pensamientos y posiciones que no; y se aceptaron las diferencias”. El 12 de abril de 2008 hubo otra reunión más numerosa, en conjunto con los que en ese momento integraban la AEV. Una tercera reunión se hizo en 2010. Y la última, la cuarta, en 2012, que es donde nació la idea de hacer un libro. Este libro.

En esas reuniones se adoptó la norma de regalar Ginkgo Bilobas, ya que éste árbol es muy fuerte, en Hiroshima hay tres Ginkgos que sobrevivieron a la bomba atómica, y aún hoy siguen en pie. El Ginkgo Biloba es, entonces, símbolo de memoria.

El 14 de agosto de 2018, “la AEV convocó a una reunión para conmemorar el Día del Mártir estudiantil, a los 50 años de la muerte de Líber Arce”.

La realización de la Extensión Universitaria Veterinaria (enero 2019), tuvo como cometido “analizar la Extensión y el desarrollo rural, generar diálogos y contrapuntos, evidenciar acuerdos y controversias, develar posiciones pretendidamente neutras, acordar y disentir”, y tuvo la participación del Movimiento Sin Tierra de Brasil, universidades y organizaciones sociales de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Se hicieron demandas hacia la Universidad y sus procesos de fortalecimiento “así como las diversas experiencias de profesiones, como de productores, vinculados al asociativismo y a la agricultura familiar en la producción agroecológica de alimentos”. Trabajos interdisciplinarios que concluyen que: “en tiempos de triunfo del agro-negocio y los shoppings center, detenernos a pensar en otros modelos de desarrollo solidarios, justos y colectivos, no debe pasar desapercibido”. Y “si bien parece un esfuerzo relativamente pequeño, en tiempos de reflujo social, tener actividades inspiradas en aquellas miradas solidarias de la década del 60, donde nuestra agrupación tenía estas utopías nos da fuerzas para seguir intentando construir mundos nuevos donde todos tengamos lugar y pertenencia”.

Finalmente, una noción de Patria, que traspasa fronteras: “En nuestra juventud, donde se vislumbraba todo lo adverso a lo que había ideado Artigas; los infelices no eran los más privilegiados; los orientales no éramos ni ilustrados ni valientes; el rico patrimonio de los orientales era dilapidado por quienes no supieron encauzar los recursos para bien de las mayorías, sino solo para aquellos descendientes de los malos europeos y peores americanos. Y los que no teníamos nada que perder en perseguir una Patria éramos los estudiantes de entonces que, en esa búsqueda de libertad, no ofendíamos ni temíamos”.

En definitiva, podemos decir que “la 12”, “como grupo humano hemos rescatado los sentimientos que nos marcaron significativamente. Y hemos mantenido una identidad que hoy podemos compartir”.

(Historias de una generación – Agrupación 12 de agosto 1968-2018, de Fabián Muñoz Rojo, Rumbo editorial, 2019, Montevideo, 266 páginas)

 

Por Sergio Schvarz
Escritor, poeta, y ensayos breves.


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