Elecciones: Las autoproclamaciones están de moda

Elecciones Uruguay 2019: “Las autoproclamaciones están de moda”

En un tiempo en el cual todavía no hay vencidos ni vencedores, lo que es absolutamente claro es que en nuestro querido país, el Uruguay, ese país chiquito que está entre dos potencias, Argentina y Brasil, con una ubicación estratégica desde el punto de vista geopolítico, con un puerto natural, que permite el ingreso de barcos de gran calado, que año tras año nos visitan turistas de todo el mundo,  praderas naturales que alimentan a nuestro ganado, suelos limpios y generosos para sus cultivos,  y con más de 170 mercados a los cuales vender lo que con orgullo producimos,  tuvo ayer la última instancia de votación para elegir dos modelos de país bien distintos.

Uno de los modelos, el neoliberal, encabezado por la fórmula Lacalle Pou y Argimón, que tuvo que hacer alianzas con otros partidos: con el Partido Colorado, con el Partido Independiente, con el Partido Cabildo Abierto, con el Partido de la Gente para “sacar del poder y del camino al partido de gobierno” y otro modelo que lo conforma solamente el Frente Amplio cuya fórmula está integrada por Martínez y Villar. Este último modelo que pretende profundizar los cambios ya hechos durante 15 años de gobierno de izquierda y promover otros, obtuvo casi la mitad de votos de los ciudadanos habilitados para votar, la otra mitad la obtuvo la de la otra fórmula. Es un hito en la historia del Uruguay que un partido de izquierda obtenga tanto caudal de votos, casi a la par de la coalición multicolor. Digo casi porque todavía faltan algunos resultados.

Desafiando a todas las encuestadoras, a todos los pronósticos que daban ganador a la fórmula multicolor, la incertidumbre se hace presente en el Uruguay donde aún no hay perdedores ni ganadores. Hoy lunes 25 de noviembre de 2019 no sabemos qué fórmula ganó. Hoy no sabemos qué modelo de país tendremos para el próximo quinquenio.

Pero y siempre hay un pero, el Dr. Luis Lacalle Pou se autoproclamó ganador en estas elecciones nacionales. Parece que está de moda esto de autoproclamarse ganador, salteándose instancias.  Es la onda nueva. Ya ha pasado en Venezuela, ya pasó en Bolivia hasta obligar al presidente en ejercicio, hasta el 2020, Don Evo Morales, a renunciar a su cargo antes de finalizar su mandato y hacerse del poder.

Tranquilo Dr. Lacalle Pou que la calma no se pierda y la paciencia nos abrace y aguardemos con fortaleza el pronunciamiento de la Corte Electoral.

Muchos piensan y sostienen que las tendencias lo verán ganador. Aún falta el escrutinio de los votos observados. Votos que en su mayoría son funcionarios públicos, muchos de ellos docentes, otros militares, ampliamente beneficiados por las políticas del Frente Amplio en estos últimos 15 años. Nos toca esperar con paciencia y tranquilidad.

Lo que es claro y nadie lo puede eludir es que esa campaña del #votoavoto  del Frente Amplio, saliendo a la calle a conversar con la gente, poniendo sobre la mesa los logros alcanzados, por si a algunos no les había quedado claro algo, mirando a los ojos a las personas, esa militancia personalizada, siendo tolerantes y respetuosos con el que piensa distinto, en ese abrazo fraterno, en el compartir un mate, en ese apretón de manos donde nadie es superior a nadie, hablando desde el llano, donde el colectivo social es más importante que la figura partidaria o las figuras partidarias, se ha transformado y se transformó  en un factor decisivo a la hora de votar y elegir y eso marcó la diferencia en la última semana.

En un país muy tradicionalista, donde tanto los partidos blanco y colorado han gobernado por años desde sus respectivas fundaciones, el Frente Amplio se ha ganado su lugar en la historia del Uruguay como promotor de cambios profundos de una sociedad en declive. Nuestra democracia se ha fortalecido, somos un ejemplo a nivel mundial.

Y es importante tener claro lo siguiente para no perder de vista el horizonte: la paz y la concordancia a pesar de las diferencias ideológicas, políticas y filosóficas:

“La democracia implica una división, una colección de desacuerdos. No es un lugar de gente similar, sino de gente diferente. Su principio no es de igualdad sino de igualdad de derechos para que cada quien sea diferente y, no obstante, las diferencias y los puntos de vista variados, sea posible vivir juntos y sin violencia. La democracia es la historia de la pluralidad y la tolerancia, no de la victoria y de la imposición. Por ello no hay victorias en la democracia, hay paz y la paz es la verdadera victoria de la vida política de los pueblos” (Shimon Peres (1923- 2016) – Premio Nobel de la Paz en 1994)

Por Lic. Daniela Yelpo
Licenciada en Relaciones Internacionales.

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