El enemigo, los mil aciertos, un par de errores de Daniel

El viernes que reapareció el enemigo y los mil aciertos y un par de errores de Daniel

Pronosticado en LA ONDA 23 días antes de que Manini Ríos con sus “tenientes” saliera a incidir en la campaña electoral con su voto, más allá de lo que fueran a depositar en la urna:

«Si gana el Frente, para Cabildo la hipótesis de trabajo es más sencilla pero especialmente más favorable, porque no quedó tercero por el error –y carencia humana de Manini– de enojarse por la aparición de Bleier, mientras Sanguinetti se declaraba –y eso le creo– “profundamente conmovido”, pero Cabildo está a un punto del Partido Colorado y a sólo diecisiete de los blancos. En cambio el Frente Amplio bajaría del gobierno con un 40% más lo que sume en balotaje que en parte va a ser propio y no de coalición, siempre que permanezca unido.

«Sé lo que dice que va a votar, pero no sé lo que va a votar el propio Manini, más allá de las urnas.» (“Luis Lacalle y Cablildo Abierto, don Juan y El Convidado de Piedra”, La ONDA digital (9 de noviembre de 2017).

Ahora todos lo sabemos. A Lacalle no le cabía la bronca en los ojos cuando comprobó el resultado del voto incidente de Manini.

Martínez había tenido muchos aciertos pero había cometido un par de errores que Lacalle había aprovechado bien. El primero de los errores de Martínez fue no haber tenido nunca un enemigo plausible. Bonomi tenía que “cambiar de nombre” pero claramente era el enemigo de la oposición, no del Frente, salvo que el propio Bonomi se enemistase con él mismo y se cambiara de identidad o que Vázquez lo defenestrase (hechos que no ocurrieron).

La Unión Soviética “fue una vergüenza” pero operativamente ya no sirve para enemigo ni de Trump. El Estatuto del Partido Socialista de Uruguay, con esa frase marxista sobre la socialización de los medios de producción, “es de otra época”, pero para configurarse en enemigo del Frente debería el PSU haber abandonado el movimiento-coalición Partido Frente Amplio. Hecho que tampoco ocurrió. El informe Bachelet “es lapidario”, pero también el chavismo es el enemigo de la oposición, a la par de Bonomi y tampoco ocurrió un cambio en Venezuela. A Manini y a la coalición opositora, Martínez prácticamente no los mencionó en los debate con Lacalle. Lo más parecido a un enemigo que apareció en el discurso de Martínez fueron “los privilegiados” para los cuales iría a gobernar Lacalle y un par de veces “algunos privilegiados” sin especificar cuáles, pero resulta que privilegiados somos todos, cada sector con sus propias leyes privadas y uno de los enemigos bien específicamente identificados de la oposición, son, según ella misma, “los privilegiados por el MIDES” y “del MIDES”. No funcionaban como enemigos del Frente Amplio.

Así que Martínez no tuvo enemigo y sin enemigo no hay relato. Un relato es básicamente un sujeto que supera obstáculos puestos por su enemigo para impedirle alcanzar uno o varios objetivos. El enemigo, real o supuesto, es esencial en la existencia del sujeto. Otelo sin Yago no existe, ni el Príncipe de Dinamarca existe sin los noruegos. Los relatos tienen otros componentes de los cuales careció Martínez pero la ausencia del enemigo fue la más notoria.

Se puede decir todo lo bueno que hicimos y lo que haremos mejor, pero en sí son términos relativos, aunque yo considere que nuestra gestión merecía el noventa por ciento de los votos. Sin resumen político ni relato no acumula fuerza.

Hasta el viernes de la veda electoral, a dos días del balotaje, cuando el enemigo reapareció por sus fueros, convidado de piedra de Lacalle Pou. Con su video y el editorial de la revista Nación, Manini y sus tenientes resolvieron el relato, resumieron la política. Y en este caso, para mayor realismo, el enemigo es el real.

Las encuestas que cerraron el jueves con entre seis y ocho puntos a favor de Lacalle, que no se habían equivocado en primera vuelta ni en las internas, se hicieron polvo en dos días con la reaparición del enemigo y con él, del vívido relato popular uruguayo cuando la organización de la fuerza política del pueblo uruguayo, el Frente Amplio, no se había desmovilzado ni un instante en las calles ni en las redes. Bocatto di cardenale para una militancia incansable y acostumbrada a las hazañas (no a la baja, no a la reforma, NO a la dictadura…). Algunos politólogos empezaron a llamarle “el efecto Manini”, otros “La Atocha uruguaya” en alusión a la elección que en dos días Zapatero le ganó a Rajoy, luego de que éste manipulara el atentado de la terminal de Madrid.

LOS ACIERTOS DE MARTÍNEZ
Existen mil modos y formas y maneras de negar el holocausto judío. Todas son refutables por la evidencia, pero existe una sola forma irrefutable de negarlo y es negar o descalificar como “una vergüenza” a la fuente de la evidencia, la URSS. Ése fue un gran acierto de Martínez porque su pragmática le hacía ganar el centro, mientras que ningún frenteamplista que tuviera otra valoración de la URSS y del holocausto iba a dejar de votarlo ni de dar la vida en la militancia para que Martínez fuese Presidente.

Sin embargo no estamos viviendo en el milenio nazi porque la URSS fue algo más que una vergüenza. Daniel acertó, entre otros muchísimos motivos, porque la URSS fue muchísimas cosas, entre ellas muchas vergonzosas. La sinécdoque de nombrarla por “la vergüenza” nos direccionó el foco del mayor realce en la sala de exposiciones mesocráticas.

Otro acierto de Martínez fue distanciarse del marxismo novecentista del Estatuto del Partido Socialista de Uruguay que le mostró Nacho Álvarez. “Es de otra época”, con toda la razón. En esencia es transcripción de un folleto de Frugoni de 1905, que habla de la propiedad de los medios de producción, cuestión “absolutamente superada”, sin la menor actualidad, porque ese Estatuto no es la primera página, sino que es la mismísima tapa del libro de la gloriosa historia política de la clase obrera en Uruguay, que pertenece por entero a otra época, a la posteridad.

De esta época era Pérez del Castillo, el Director del colegio al que entrevistado y entrevistador concurrieron, publicitado por Martínez en Santo y Seña, otro de sus aciertos porque la pauta de publicidad subliminal son unos cuantos miles de dólares para las arcas de las finanzas del FA (que supongo debe haber cobrado y liquidado como corresponde).

Martínez acertó también en toda su trayectoria de dirigente sindical, de Ministro, de candidato a Intendente y de Intendente, caminó los barrios, los comités y el país, con persistente perspectiva, pero ya presidenciable cometió su segundo y último error.

EL ESTADISTA
No pudo defender a Bonomi, cuando Lacalle le llamó “el peor Ministro del Interior de todos los tiempos”, porque en la réplica segura habría archivo.

Y se dice fácil, pero ese Ministerio es el de Gobierno y ese Ministro es el Jefe de la gendarmería que no comanda en Jefe el Presidente de la República. En este país, el 31 de marzo de 1933, esa gendarmería, la policía, dio un golpe de Estado, sin participación de las Fuerzas Armadas. La visión de estadista de Martínez no alcanzó a ver que Bonomi es el Ministro de Gobierno más estable desde la recuperación de la democracia, el mejor evaluado por el personal, al que le dio la mejor imagen.

A pesar de que tampoco le contestó a Lacalle, cuando prometió wifi para una escuela en el campo, que ya estamos más conectados que el país del Silicon Valley ni le contestó, cuando pidió el TLC con China, que ya tenemos con China un grado más que un TLC, Socios Estratégicos Comerciales y Políticos, un grado más que Chile, Martínez acertó principalmente en el último debate, porque mejoró la performance del primero y metió el tema del Banco Pan de Azúcar, que de todas las acusaciones de corrupción que han ido y venido en estas décadas, es la que menos se parece a un chiquitaje.

Pero el mayor acierto de Martínez, fueron los minutos que dedicó a describirle a Nacho la resistencia, porque en realidad, para decirlo en pocos segundos, el PVP no viajó en vuelo chárter a los mares del sur paradisíacos ni el MLN veraneó en islas desiertas color azafrán ni el PCU se rascó en balnearios llamados La Paloma u otros, mientras Martínz resistía gracias a un par de amigos del Cuqui. Tenemos que decirlo porque la transfusión de sangre política requiere dadores y no hay que ser mezquinos. Hubo curas, hubo militares, hubo patriotas de casi todos los partidos, hubo casi de todo. Bien, Martínez y muy bien el discurso de medianoche, el Padre Artigas y el Pueblo Oriental.

Con esta hazaña, el Frente Amplio no pierde ni perdiendo, porque al programa del FA, antioligárquico y antiimperialista, quien aspire a derrotarlo debe esperar el holocausto universal ante semejante militancia, semejante bandera (ahora también semejante himno, que “A redoblar” trascendió tres generaciones), porque cualquiera de los candidatos del FA es una propuesta, es una sugerencia, en cambio el programa es un mandato. Un mandato fraguado por la organización de la fuerza política del pueblo, en resolución de Congreso tras cientos de trabajos de comisiones con miles de compañeras durante meses y el Congreso es el órgano más representativo del Frente Amplio. “La historia de la libertad es la historia de las asambles”, decía Pepe Batlle y también: “No participamos de las opiniones de los carlyleanos respecto a la pulpa divina en que están amasados los genios, esos superhombres que aparecen de vez en cuando en el firmamento…”

Por José Luis González Olascuaga
Periodista y escritor uruguayo

La ONDA digital Nº 932 (Síganos en Twitter y facebook)

  

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.

Más del Autor: