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Chile, Brasil y Bolivia: soberanías, ideologías, democracias, libertades, constituciones violentadas por el poder de unos pocos

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“Ojalá podamos ser desobedientes cada vez que recibimos
órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro
sentido común” – Eduardo Galeano (1940-2015).

Pueblos, ciudades, colectividades sociales, cada uno con su soberanía “casi intacta” hasta que los actores comienzan a sacudir los cimientos de una supuesta estabilidad social, económica, judicial. Se transforman en un torbellino de rebeliones, de actos reclamando igualdad, reclamando equidad social, económica, cultural.

Tanto en Chile como en Brasil y Bolivia el común denominador es la ideología de unos pocos que quieren el poder y violan la constitución y los derechos inherentes a las personas azotando y queriendo destruir ideologías distintas, quemando casas de líderes sociales, y pretendiendo inculcar religiones a pueblos que ya tienen sus propias creencias. Esto me retrotrae al siglo XV, en la época de la “conquista de españoles sobre indígenas, intentando evangelizarlos, como si no fueran una sociedad con creencias propias”.  Es como una permanente destrucción de emociones, de ideologías, de comunidades. Como si fuera necesario inculcarles la religión católica.  ¿Para qué? Si ellos ya veneraban a sus dioses, pero claro había que dominarlos. Qué tristeza, infinita tristeza provoca este tipo de actos que no contribuyen a la democracia de los pueblos y menos de sus soberanías que están siendo vulneradas y humilladas de manera ilimitada.

Desprecio, dominación, evangelización, ejercicio de un poder hegemónico de unos sobre otros. Una vez más la historia se repite siglos después.

En Chile el poder de su Presidente Sebastián Piñera cada vez más militarizado, cada vez más deshumanizado, cada vez más violento no hace otra cosa con su accionar, que unir cada vez más a su pueblo azotado por la violencia. Hoy por hoy hay cientos de personas que han perdido la vista a causa de los perdigones disparados por los militares en las calles. Evidentemente la violencia y represión no son los medios más adecuados para consolidar una sociedad. Una sociedad que reclama justicia social e igualdad de oportunidades sociales, culturales, económicas.

Por otro lado, en Brasil el Presidente Jair Bolsonaro en un acto fascista e intolerante amenaza constantemente a la sociedad si posee una ideología distinta a la cual él predica, a tal punto que recientemente lanzó una amenaza al recientemente liberado ex presidente Inacio Lula Da Silva y a sus seguidores de aplicar una ley pensada para reprimir insurrecciones. Se trata de la Ley de Seguridad Nacional, ley a la cual el mandatario podría echar mano para reprimir manifestaciones en favor del líder del PT (Partido de los Trabajadores). El desprecio es tan grande que asusta.

Y Bolivia no está ajena a esta realidad. Lamentablemente ese poder, que parece invisible, pero no lo es, que proviene desde el norte, de los Estados Unidos y cuya ideología está inmersa en muchos actores de la sociedad boliviana, de la brasilera y de la chilena y en otros países de América Latina, ha hecho estragos en el colectivo social. Han asesinando personas, intentando opacar ideologías, generando desigualdades, pero se olvidan que el pueblo sigue vivo y que a pesar de que el presidente elegido por la sociedad en democracia, Don Evo Morales, (en ejercicio hasta el 2020), ha tenido que renunciar, de manera obligada, a exigencia de las Fuerzas Armadas de su país, y solicitar, posteriormente, asilo en México para no ser asesinado. Esto lo ha hecho con la convicción de evitar reprimendas militares contra su pueblo. Su visión popular y su dignidad fueron más allá del lugar que ocupaba como presidente de los bolivianos.

La lucha de poder se hace presente día a día. Esa invasión ideológica que ha perpetrado todos los rincones de estos países no hace más que generar más inequidad. Tristísimo. Lamentablemente no cabe otro adjetivo.

Solo la emoción infinita del recuerdo y la memoria de los pueblos podrán volver a recuperar el cauce trazado hacia la libertad ideológica, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión.

Por Lic. Daniela Yelpo
Licenciada en Relaciones Internacionales.

La ONDA digital Nº 930 (Síganos en Twitter y facebook)

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