Elecciones en Bolivia: Hoy el Estado toma la vanguardia de la economía boliviana

El secreto fueron las nacionalizaciones. El ministro de Economía de Bolivia, Luis Arce Catacor, lo explica, en una entrevista al periodista Diego Fernánez González, del diario argentino Ambito Financiero, publicada la semana pasada.

Es secreto es sencillo: –Nosotros nacionalizamos, entonces la plata se quedó en Bolivia y la disfrutamos. Nuestro modelo parte de apropiarse del excedente que se genera con los recursos naturales que tenemos.

Bolivia es un país riquísimo. ¿Cómo puede explicarse que un país tan rico en recursos sea tan pobre? Es la historia del saqueo”, afirmó.

El modelo se desarrolló sobre la base del aprovechamiento de los recursos naturales, de la apropiación de los excedentes económicos gracias a la nacionalización o control estatal de empresas que habían sido privatizadas (como las de hidrocarburos, electricidad y minería), la redistribución del ingreso y reducción de la desigualdad social y la pobreza.

La nacionalización, fundamentalmente la de la industria del gas natural –dijo el ministro de Hidrocarburos, Luis Sánchez­– generó para el Estado una renta de 37 mil millones de dólares en 13 años de gestión del presidente Morales. Casi diez veces más que en los 13 años anteriores.

Puede parecer sencillo, pero contradice las políticas de austeridad y privatizaciones que, en las últimas dos décadas caracterizaron las políticas neoliberales que hoy provocan protestas como las que estallaron en Chile la semana pasada.

Una mirada al futuro
Arce manifestó –en su entrevista a Ambito– su confianza en las inversiones públicas realizadas. Comienzan a dar cada vez más frutos y a incentivar el mercado interno, señaló.

Entre esas inversiones hay proyectos de gran envergadura, como la conversión del principal aeropuerto del país (Viru Viru) en un centro internacional de conexiones y la construcción de un megapuerto fluvial de acceso a la hidrovía Paraguay-Paraná. Están, además, casi concluidos los estudios finales del corredor ferroviario bioceánico Brasil-Bolivia-Paraguay que demandaría inversiones de entre diez mil y 15 mil millones de dólares.

El éxito económico fue la principal arma de Morales durante la campaña electoral. Durante sus administraciones el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia se multiplicó más de cuatro veces, pasando de nueve mil millones de dólares a más de 40 mil millones. Aumentó el salario real, las reservas crecieron, la inflación dejó de ser un problema y la pobreza extrema cayó de casi 38% a un 15%.

Si algún debate existe en torno a esos éxitos es sobre la política cambiaria de Bolivia. Con la inflación reducida y controlada, la moneda se ha valorizado, mientras sus socios comerciales, principalmente Argentina, flexibilizaban la suya, un proceso acelerado en los últimos meses del gobierno del presidente Mauricio Macri.

El resultado fue que el país perdió competitividad y reservas internacionales. La deuda pública creció, pasando de 2.443 millones de dólares en 2008 a 9.428 millones en 2017. A eso se suma un elevado déficit fiscal, que algunos estiman del 11%.

Todo esto presiona la política de cambio fijo, pero parece que para el gobierno la opción sería tratar de bajar ese déficit.

Ciertos sectores académicos y empresariales estiman también que la legislación laboral es muy rígida, que el Estado interviene discrecionalmente en mercado laboral al fijar el salario mínimo y los reajustes salariales anuales, además de otorgar un segundo aguinaldo cuando la economía crece más de 4,5% al año. Beneficios que restarían competitividad a los sectores transables de la economía, como señaló el Investigador Senior del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (INESAD), Luis Carlos Jemio.

El gobierno, por el contrario, apuesta a una favorable regulación del mercado laboral como forma de estimular el mercado interno, de alimentar la demanda y favorecer el nivel de vida de la población. Algo que ha logrado hasta ahora con éxito, y haciendo de la economía boliviana una de las de mayor crecimiento en América Latina.

La oposición
Carlos Mesa, principal candidato de la oposición, ya gobernó Bolivia entre octubre de 2003 y mayo de 2005, un período agitado, de grandes protestas y represión al movimiento indígena, que ya entonces lideraba Evo Morales.

El lunes, con el escrutinio de 89,3% de las mesas, el resultado indicaba que habría una segunda vuelta en diciembre, entre Morales –que lograba 45,28% de los votos–, y Meza –que alcanzaba 38,16%. El conservador Partido Demócrata Cristiano del pastor presbiteriano Chi Hyun Chung, se ubicaba en un sorpresivo tercer lugar con 8,77%, superando al senador Óscar Ortiz, de la alianza Bolivia Dice No, con el 4,32%. Un resultado favorable para la oposición, que aspiraba a evitar el triunfo de Morales en la primera vuelta y sumar sus votos , para derrotarlo en la segunda.

Para ganar en primera vuelta el vencedor debía superar el 50% de los votos o sumar 40% con una diferencia de 10% con el segundo. Si hubiese una segunda vuelta será el 15 de diciembre próximo, casi dos meses después de la primera.

Además de la renovación del poder Ejecutivo, se eligieron el domingo 130 diputados y 36 senadores, cuatro por cada uno de los nueve departamentos, para el período 2020-2025.

Mesa prometió en campaña no desarmar todo el modelo de Morales. Rechazó privatizar las empresas públicas y prometió continuar con la política de inversiones estatales en infraestructura e industria, en el marco de incentivos a la inversión privada, incluyendo un ajuste en el sistema tributario.

En lo que tanto Mesa como el senador Ortiz coincidieron fue en anunciar cambios en la política exterior, acercándose a Washington, con quien Morales ha mantenido relaciones distantes. Ni Bolivia tiene embajador acreditado en la capital norteamericana, ni Estados Unidos lo tiene en La Paz. Un eventual gobierno de Meza implicaría un acercamiento con Washington, con el nombramiento de embajadores y un alineamiento con la política norteamericana contra Venezuela y Cuba, así como un alejamiento de Moscú y Beijing.

Escenario regional
Las elecciones en Bolivia coincidieron con las protestas que estallaron en Chile a fines de la semana pasada, que se suman a la inestabilidad política en Ecuador y Perú y a las elecciones de Argentina y Uruguay el próximo domingo.

En Argentina las encuestas indican la probable victoria de la oposición peronista representada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que asumirían el 10 de diciembre.

En Uruguay las encuestas indican un resultado más reñido, con el gobernante Frente Amplio como favorito. Se espera, sin embargo, una segunda vuelta y la pérdida de su mayoría parlamentaria.

En Perú y Ecuador también se han producido conmociones políticas que reflejan la inestabilidad que se ha adueñado del escenario en la región.

Por Gilberto Lopes
Escritor y politólogo, desde Costa Rica para La ONDA digital
gclopes@racsa.co.cr

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