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En su informe en la última reunión del CC del PCU en el exterior, en el mes de setiembre de 1984, que se puede leer en la revista Estudios Nº 92, Rodney Arismendi manifiesta:

“Es nuestra propuesta de pueblo y de progreso social, de independencia nacional, de reconstrucción democrática. Lo hemos dicho una y otra vez, no iremos jamás a un “pacto de Moncloa”, como predica el Dr. Sanguinetti y como fuera promovido por los propios dirigentes políticos españoles durante su visita al Uruguay. El pacto de la Moncloa, fue un acuerdo entre el gobierno y la oposición española con el fin de estabilizar la democracia e impedir el retorno del fascismo y del franquismo, pero en ese pacto se acordó prácticamente paralizar la movilización de los trabajadores y posponer sus reivindicaciones. Las fuerzas avanzadas que lo aceptaron pagaron un grave precio. Ese no es nuestro camino. No un pacto de Moncloa, sino un acuerdo nacional hacia una democracia avanzada, hacia la solución de los problemas del pueblo.”

Las luchas ocurridas en Uruguay en la segunda mitad de la década del 80, abonan en la dirección antes señalada. Por lo menos en lo que tiene que ver con las luchas de los trabajadores organizados. Acá no hubo pacto de la Moncloa para detener los reclamos de los trabajadores.

Pero miremos en qué consistieron los Pactos de la Moncloa. Porque hubo distintos pactos. Para abordar en toda su complejidad la extensión de las reformas políticas y económicas que se produjeron en el Estado español a partir de la segunda mitad de 1976 es necesario ver la situación económica general.

Como apunte inicial hay que señalar que la crisis derivada de los sucesos del Tres de Marzo con el saldo trágico de seis trabajadores muertos por las fuerzas policiales en Gasteiz y Basuri, contribuyó a alterar los ritmos y prioridades del régimen a la hora de establecer la hoja de ruta.

El primer Gobierno de la monarquía, heredero directo del franquismo, presidido por Carlos Arias Navarro y cuyo hombre fuerte era Manuel Fraga Iribarne, naufragó al ser incapaz de liderar una mínima reforma política que le otorgase credibilidad. Los acontecimientos de Gasteiz fueron el punto final a sus continuos fracasos y al primer intento de una tímida reforma política desde el seno del propio franquismo.

La situación de crisis económica que se daba en ese momento, acelerada por el aumento de los precios del petróleo, sumado a la falta de determinación del Gobierno en los últimos años del franquismo; condicionó en buena medida los sucesos y llevó a la búsqueda de acuerdos globales, que fructificaron en los llamados Pactos de la Moncloa, firmados por todo el arco parlamentario español el 25 de octubre de 1977.

Los analistas coinciden en marcar la inoperancia del franquismo con Franco, ante la gravedad de la crisis. Por otro lado, el aumento de las luchas de los trabajadores y el ascenso de la oposición, impedía un ajuste duro, que podía aumentar el malestar general de la población y poner en riesgo el proceso gradual de reformas que quería llevar adelante el régimen.

El primer gobierno tras la muerte de Franco recorrió el camino de la represión, lo que lo llevó al colapso. El 8 de julio de 1976 se forma el segundo gabinete de la monarquía reinstaurada, presidido por el antiguo falangista Adolfo Suárez González, hasta ese momento secretario general del Movimiento, con rango de ministro. El nuevo presidente, contra todo pronóstico, consigue que las cortes franquistas aprueben la reforma política, que es sometida a referéndum en diciembre de ese año y refrendada a nivel estatal.

A partir de este momento, se aceleran los movimientos de las fuerzas políticas por ubicarse en la mejor situación de cara a las elecciones de junio de 1977, que venció Suárez al frente de su partido, Unión de Centro Democrático, (UCD), con el 39%.

En Cataluña el sistema de partidos fue diferente. Ganaron los socialistas, seguidos de los comunistas. Al mismo tiempo fue un “plebiscito”, porque el 75% de los votantes dieron su apoyo a partidos autonomistas.

En España el gobierno que no tenía mayoría absoluta, solo necesitaba el consenso en política económica y de cara a la nueva Constitución, llena de ambigüedades que permitirían despliegues posteriores diversos.

En cambio, en Cataluña no solo estaba en juego la sucesión del franquismo, sino la creación de una administración propia y dotada de autonomía política. Y ello exigía reforzar la unidad de la oposición, aunque esta unidad estaba prendida con alfileres.

No viene al caso actual, pero es necesario ir viendo desde una perspectiva más larga, para aproximarnos al problema catalán.

Esta semana que empezó el 14 de octubre de 2019 se ha producido un tsunami democrático en Cataluña. Fueron condenados por el Tribunal Supremo los principales líderes independentistas a condenas por sedición que van de 9 a 13 años, a Oriol Junqueras, a Romeva, Turull, Bassa, Forcadell, Forn, Rull, Sánchez y Cuixart. Salieron a las calles indignados por semejante atropello, decenas de miles de personas. Hubo enfrentamientos, un manifestante fue dejado tuerto y a otro les rompieron un testículo, además de las agresiones a periodistas, por parte de las fuerzas represivas.

La lucha por la autodeterminación ha tomado un nuevo impulso, con gran participación de jóvenes, paros estudiantiles y un paro general de las principales centrales obreras.

La repulsa fue generalizada. El catalán más famoso del mundo: Pep Guardiola manifestó en un video que vieron millones en el mundo, que “España vive una deriva autoritaria bajo la cual se utiliza la ley antiterrorista para criminalizar la disidencia e incluso para perseguir artistas que ejercen su libertad de expresión.”

Agrega que los presos son representantes de la mayoría política y social catalana. Que el gobierno central recurre a la represión como único camino y no al diálogo, como acaba de manifestar el Presidente de Cataluña.

Guardiola reivindica la lucha por la independencia, que no es una lucha xenófoba, ni egoísta y que respeta el pluralismo y la diversidad. Es una lucha pacífica por el derecho a la autodeterminación. Que la solución es política y democrática y que el diálogo es la solución.

El Barça pidió liberar a los líderes cívicos y políticos condenados y que “la cárcel no es la solución”. Se manifestó en el mismo sentido Gerard Piqué, Sergio Roberto y el ex crack del Barça. Xavi Hernández diciendo que era una vergüenza y pidiendo la libertad de los presos políticos. Lo mismo la capitana del Barça femenino, Alicia Putellas y el capitán de balonmano, Victor Tomás. Se sumó a la condena el Girona. Y podríamos seguir. Esto recién empieza. Me temo, sabiendo como actuaron los Borbones en América, que no entregan una parte de “su” territorio sin que corra sangre.

Pero recuerdo una frase de Salvador Allende que decía. “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia la hacen los pueblos”.

 

Por el Prof. Gonzalo Alsina

La ONDA digital Nº 926 (Síganos en Twitter y facebook

 

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