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CINE | “Así habló el cambista”: La corrupción endémica

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La corrupción enquistada en el corazón mismo del poder tanto en dictadura como en democracia, es la desafiante propuesta temática que desarrolla “Así habló el cambista”, el nuevo film del realizador uruguayo Federico Veiroj.

Este es el quinto largometraje del autor de “Acné” (2008), “La vida útil” (2010), “El apóstata” (2015) y “Belmonte” (2018), quien en esta oportunidad corrobora su reconocida versatilidad para el abordaje de diversas temáticas y la construcción de variopintos personajes que desnudan las conductas ambiguas y contradictorias que caracterizan a la condición humana.

Como en sus películas anteriores, en esta oportunidad también el protagonista es un hombre, que tiene en común con sus antecesores su talante eminentemente enigmático.

Sin embargo, lo que varía sustantivamente es la temática, ya que “Así habló el cambista” es una mixtura entre el cine político y el thriller, con todos los ingredientes del género.

En ese contexto, la película aborda un tema relevante como lo es, sin dudas, el de la corrupción institucionalizada, que naturalmente no está ajeno a la campaña electoral.

Por más que el discurso oportunista de la derecha afirme que este es un tópico del presente, es claro que la mayor cantidad de políticos procesados data de la década del noventa, cuando los partidos tradicionales ostentaban el poder.

También en esa época oscura se registraron hechos delictivos que jamás fueron enjuiciados y quedaron impunes. Incluso, no faltaron quienes se ampararon en sus fueros parlamentarios para no ser condenados hasta la prescripción del delito.

Esta película está ambientada en las décadas del cincuenta, el sesenta y el setenta en Uruguay y Argentina, tres décadas en las cuales se alternaron gobiernos democráticos con dictaduras.

El protagonista de esta adaptación cinematográfica de la novela homónima de Juan Enrique Gruber es Humberto Brause (Daniel Hendler), un cambista uruguayo que desarrolla su trabajo entre la legalidad y la ilegalidad.

Desde muy joven, este hombre que es un individuo pragmático que planea cuidadosamente todos sus movimientos, aprendió el oficio de Schweinsteiger (Luis Machín). Este hombre, que es un experto cambista y propietario de una financiera, es el padre de Gudrun (Dolores Fonzi), quien a su vez está casada precisamente con Brause.

En este caso, para el protagonista la relación de familia se transforma en una suerte de garantía que siempre tendrá trabajo y eventualmente, en cualquier circunstancia, su suegro lo amparará.

Mediante una plausible ambientación de época de las tres décadas en las cuales se desarrolla el relato, Veiroj apuesta fuerte a denunciar las prácticas fraudulentas que han originado muchas de las crisis económicas que asolaron el Río de la Plata en los últimos sesenta años de historia.

Queda claro que el cambista del título es un mero peón en el ajedrez de la corrupción que involucra a altas personalidades de gobierno. No en vano, para concretar el primer trabajo ilegal de su luego prolífica carrera delictiva, el personaje central de esta historia debe concurrir nada menos que al Palacio Legislativo.

Allí, como en otros ámbitos, se cocinan a fuego lento las operaciones de lavado de dinero, devaluaciones provocadas o corridas bancarias que ulteriormente detonarán auténticas debacles económicas y sociales como la del 2002.

Veiroj, a la sazón director y guionista, visibiliza explícitamente esas tramas de corrupción, que incluso transformaron a Uruguay en una plaza financiera durante la dictadura, ante la total aquiescencia de los militares que detentaban el gobierno.

En esas circunstancias, el dinero negro procedente de las mafias de guante blanco de Argentina y Brasil circulaba libremente por un sistema bancario sin controles ni regulaciones, situación que se mantuvo durante los gobiernos de post-dictadura.

Empero, el relato no sólo incursiona es esa escenografía tan sórdida que ha caracterizado a los paraísos fiscales de ambas márgenes del Plata, sino que también aborda la turbulenta interna familiar del cambista en cuestión.

En tal sentido, la relación entre el protagonista y su esposa tiene más de negocio que de vínculo afectivo, ya que, si bien la mujer le reprocha a su marido algunas conductas literalmente desquiciadas, igualmente usufructúa los beneficios de una estándar de vida siempre holgado y caracterizado por el lujo y la abundancia.

En esta película, Federico Veiroj sabe mixturar el drama con el thriller y hasta el cine político, aunque también adosa a su trabajo algunos oportunos toques de humor.

La película contiene la secuencia de un asalto con tiroteo incluido, que parece descolgado del desarrollo de la narración. Empero, el episodio- que tiene en este caso un acento alegórico- sintoniza perfectamente con el saqueo que soterradamente están perpetrando esos delincuentes de elite.

La balacera origina a su vez una segunda lectura: la actitud elusiva y hasta cobarde del inefable Brause, quien abandona a su mujer y se protege solo para no ser alcanzado por los proyectiles.

Más allá de su formato, más próximo al género policial que al cine político propiamente dicho, “Así habló el cambista” es realmente un film testimonial, que desnuda, sin ambages, la inmoralidad de los poderosos y el ejercicio abusivo del poder.

Esta coproducción, que cuenta con un calificado reparto donde se destacan el uruguayo Daniel Hendler y los argentinos Dolores Fonzi y Luis Machín, es una potente denuncia que revela hasta qué punto las crisis que nos han azotado recurrentemente en el pasado reciente se cocinan desde la cima.

Por Hugo Acevedo
(Analista)
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