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Lacalle y su yoísmo: Un síntoma cultural

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El orden de las cosas no es un orden natural
contra el que nada puede hacerse,
sino que es una construcción mental,
una visión que el hombre satisface su sed de dominio.
Pierre Bourdieu

 

El “lugar” cultural desde donde parte un individuo social

El intelectual inglés Raymond Williams era plenamente consciente de la fortísima influencia de la cultura, fuere en los procesos históricos de larga duración como, asimismo, los cambios sociales.

Dado lo cual, nosotros nos permitimos incluir por su obviedad a la influencia cultural de la clase social, el estamento – hallable claramente en el presente caso – y, nuclearmente, la familia.

Por ende, nadie escapa, de un modo u otro, como le sucede al senador Lacalle, al estudio de estas consideraciones. Máxime cuando la persona objeto del mismo proviene de familias tan arraigadas social, cultural y políticamente, como las de sus progenitores, y más atrás aun.

Ahora bien, Raymond Williams desde su perspectiva “marxista culturalista” – y cito al presentador de una de sus obras – fue un marxista de la subjetividad cuyo interés fue introducir en el pensamiento de dicha línea la centralidad de la conciencia, de la acción orientada por los valores, en oposición al marxismo de la objetividad, que atribuía el cambio social a una serie de fuerzas ajenas a la voluntad consciente de los hombres.

Así, entonces, una vez “presentados” observado y su observador, iremos cerrando la lente hasta que nos presente al observado, en este análisis, traduciendo antes que el sujeto en su unicidad pero en el contexto familiar y estamental del que no sólo forma parte sino que también veremos en qué medida  el individuo en cuestión es síntoma, por excelencia, de la familia, el estamento social y la perspectiva cultural a la que pertenecen y forman parte del “lugar” del individuo.

Éste logrará o salir emancipado o ser fiel exponente de tal contexto. Ante lo cual, somos de la idea que el individuo “decidió” ser exponente del contexto con lo cual continúa siendo o representando su rol original de “síntoma”.

Las razones o motivaciones no nos concierne exponerlas dado que son parte de la intimidad del individuo.

El yoísmo del candidato como síntoma

Desde una lectura de la circunstancia inicial de vida, hasta formar su propia familia, creemos advertir, respetuosamente, en tanto todo candidato nacional a presidir la Nación queda expuesto al escrutinio público, él es el síntoma de su circunstancia inicial de vida, a nuestro leal saber y entender.

Su histrionismo mediático, la apelación más que permanente, diríamos que casi omnipresente, a una gestualidad en poses, ademanes y hasta el intento de quitarse una melena que jamás cae sobre su rostro, lo hace, no sabemos si ser o parecer un actor de un papel que “le fue dado” desde la cuna (fue bautizado con los nombres de Luis Alberto Alejandro Aparicio).

Vivió su niñez y adolescencia en un hogar de predominancia materna, donde la “distinción” en los “modos” de ser y de tratar de su señora madre (recordar al respecto la obra homónima de Pierre Bourdieu), bien como el perfil varonil, para lo cual destacamos, a modo de ejemplo paradigmático, el de su señor padre, admirador del generalísimo Francisco Franco, por citar algo de lo mucho que los identifica y signa.

En suma, antes que narcisismo – que no se lo descarta – el actual candidato, con la carga que trae creemos que el yoísmo que él exsuda en todas sus apariciones públicas lo encorseta y condiciona aquello que no buscó, sino que recibió desde la cuna: el imperativo de ser caudillo, como Dios manda y la patria lo requiere”.

Por Héctor Valle
Investigador social y periodista

La ONDA digital Nº 924 (Síganos en Twitter y facebook)

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