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Justicia ¿divina?

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No es lo mismo hablar de la “Justicia divina”, (aquella que impartían los dioses, asumida como una imposición irreductible de la deidad e imposible de modificar por los mortales), que decir “divina Justicia”, para resaltar las virtudes -muy mortales- de quienes toman decisiones volcando la balanza según la aplicación de las normas que regulan la vida en sociedad. Claro que, también, puedo poner un énfasis distinto en la frase para ironizar sobre la cualidad celestial de una Justicia que lejos de ser tal apela a la fuerza bruta (o brutal) del más fuerte para resolver los conflictos, algo que pasa en las dictaduras, por ejemplo. Pero, claro, en las dictaduras puede haber de todo menos justicia…

Retiro judicial
El ex Ministro de la Suprema Corte de Justicia – Dr. Jorge Chediak – estuvo en un canal de televisión (programa Arriba Gente de Canal 10), a pocos días de su retiro judicial y realizó algunas apreciaciones sobre la época en que debutó en la magistratura, en plena dictadura. En 1978 supo ser Juez de Paz en Juan Lacaze y reseñó que eran tiempos bien diferentes… “un país distinto, con una situación de seguridad que hoy hasta veríamos como ideal”, la verdad que me resultan bastante infelices sus palabras pues por esas épocas las libertades estaban limitadas y vivíamos la peor dictadura que soportó el Uruguay moderno.

Comparar tan livianamente ambas realidades, y hacerlo en los albores de una elección presidencial encierra un implícito peligroso para quien supo estar en el órgano supremo de nuestra justicia. “Era un país que tenía 1.000 rapiñas por año”, situación que “se mantuvo en los primeros años de democracia”, como si el mérito fuera de quienes nos gobernaron por la fuerza primero y por el voto popular después, sin nada que decir sobre las condiciones que rodearon al país en aquellos tiempos. Tiempos de economías deprimidas, con altos porcentajes de desempleo, donde no había valores circulando y donde el delito también se comportaba según las reglas del mercado (de oferta y demanda). Mal podría hablarse entonces de rapiñas en una economía estancada donde no había dinero en los bolsillos de los uruguayos.

“1.000 rapiñas por año… un país de ciencia ficción”, remata, y allí sí que se me vinieron a la mente imágenes de los operativos pinza y los retenes militares; la marchita que cortaba la programación para anunciar los nuevos sediciosos detenidos; la represión de las movilizaciones estudiantiles, la prohibición de los sindicatos, la imposibilidad de reunirse sin que fuera un delito. También se me vino a la mente las épocas de las vedas y las colas para hacernos de algún litro de kerosén, cuando acertaba venir el camión cisterna por el almacén del barrio.

Todos con tobilleras
Luego tuvo tiempo para hablar de la violencia de género, donde intentó redimir sus culpas por incómodas referencias al femicidio como un crimen pasional como supo calificarlo en alguna rueda de prensa desatando la ira de los colectivos feministas que no le perdonaron el exabrupto y el desconocimiento en el tema. Aunque sigue relacionándolo con la pasión (“homicidios muy vinculados a circunstancias del momento… o situaciones vinculadas a lo afectivo, a la pasión…”, no podes!! otra vez no!!).

En ese acto de redención, se sumó a las bondades de las nuevas tecnologías utilizadas para la prevención y control de la violencia de género: las tobilleras electrónicas. Allí se despacha reclamando más unidades, tantas como sean necesarias (“dos mil”, deslizó).

Parece tan fácil ahora decirlo, pero vale la pena recordar que cuando se trajo esa tecnología muchas fueron las resistencias a las mismas desde la propia magistratura que supo tener -justicia es reconocerlo- a otro Ministro como aliado en solitario (Dr. Pérez Manrique), y que se fue imponiendo a fuerza de resultados.

Por supuesto que también estaría bien decir que fue gracias a la gestión del tan criticado ministro Bonomi, que supo mantenerse en la postura de intentar cosas diferentes para obtener resultados distintos, trayendo una novedosa tecnología como esa. Pero tampoco hagamos de la misma la mágica solución pues si algo hay que reconocer -también- es que se ha hecho un mal uso del instrumento decretando su aplicación como primera y única salvaguarda en todos los casos sin medir que no en todos los casos es de aplicación la herramienta.

España, con una población que nos supera ampliamente, cuenta con la misma cantidad que hoy tiene Uruguay (700), sin embargo acá se habla de seguir adquiriendo unidades, sin reparar en empezar a estudiar el problema de fondo y hacer del tiempo de conexión un tiempo útil en bajar el nivel de violencia que llevó a su instalación.

Prefiero quedarme con las últimas reflexiones de un Ministro (judicial) que en su retirada elogia las bondades de una medida aplicada por otro Ministro (ejecutivo), al que sin nombrarlo le reconoce el acierto de la medida. Eso sí, no comparto su visión de país seguro de antaño, porque en ese entonces la seguridad reposaba en la desaparición forzada de compatriotas, restricción de nuestras libertades y la inequidad de oportunidades para una ciudadanía que era clasificada con letras según su filiación político partidaria, entre otros aspectos.

Con todo respeto, un país con la libertad limitada no podía ser nunca un lugar seguro para vivir…

el hombre hacía memoria,
el perro le mordía el tobillo…


Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

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