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Bien montados…!

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Tuvieron su día, se congregaron y protestaron. Me refiero a los ciudadanos auto-convocados en lo que han dado en llamar: “Un solo Uruguay” como una demostración de su vocación representativa de todo el país.

No fueron muchos. Eso sí: bien montados.

Se observa y se siente distinto al mundo cuando se está “de a caballo”.

En nuestro ancestro “oriental” hay un caballo, aunque seamos mayormente “puebleros”; hijos o nietos de “gringos”.

El caballo está en Artigas; en El Entrevero; en El Gaucho y en Lavalleja, en Oribe y en Rivera. También en el Gatamelata, aunque en este caso es un robusto percherón capaz de soportar el peso del condottiero con su armadura.

Fue un crimen haber desechado el caballito criollo condenando así a la estatua de Artigas a semejante mastodonte. Si fuese de verdad, en un par de leguas el pobre General hubiese quedado acalambrado.

En fin…¡nos atraen los caballos y los jinetes!

A mí me robó el ojo un tubiano que aparece en medio de la foto. Creo que lo correcto sería “tobiano” por Tobías, el militar brasilero que parece haber sido quien primero tuvo tropilla de ese pelaje. Nunca comprobé esa explicación.

Contrasta con las preferencias de los indios de la Pampa que hasta llegaban a intentar trasplantes de cuero para obtenerlos.

Se le criticó mucho a Perón entre las filas militares. –“Desfila con caballo de indio”- decían. Es una especie de obligación protocolar el caballo blanco para los desfiles. Pero, Juan Domingo, que era nacido en la Pampa y experto en lenguas pampeanas, siempre eligió caballos pintos.

Y estudió lenguajes pampeanos porque, siempre es bueno cifrar los mensajes en otro idioma. Churchil usaba el “Urdú”. Los norteamericanos en el Pacífico utilizaron “lenguas” Navajo.

Caballada pareja, todos, sin duda, con pedigrée inscrito y con buenas garras. ¡Nada de “recaditos cantores”! Buen apero, impecable tacuara y buenos jinetes.

Y jinetas. Montando “a la jineta”. A lo criollo.

Un espectáculo lucido y una encendida proclama.

Poco más.

Ni eran tantos, ni los jinetes que se lucieron con sus tacuaras embanderadas parecen ser de los que están a punto de fundirse y abandonar el campo.

Tiene su costo trasladar un equino. No creo que aquel que, como dicen “anda dando palo con la cola” para sostenerse se pueda permitir el gasto.

Pero, despojando al palo de la hojarasca oratoria, uno vislumbra el problema que los aflige. No son, precisamente ellos los que se están fundiendo pero, sienten que la creciente también los va a terminar arrastrando.

¡Si Señor! Sienten que, como dicen: “Se les paró la Coruja en el palo” y chista como anunciando su fin. Todo llega y no es por indiferencia o sordera del Gobierno. Ni de éste, ni de los anteriores. Tricolores, colorados o blancos.

El problema es estructural y entenderlo da un poco de trabajo. Hay que entender que el Capital se acumula. Lo dijo Marx pero no lo inventó. Lo descubrió. Ni tanto, enunció el fenómeno. El grande se come al chico y se agranda para seguir comiendo.

Es una condición necesaria. Un algo así como: -“Si no te como yo, te comerá otro y se agrandará al punto de amenazar con comerme”

¡Crezco o muero!

Cada tanto había un tremendo revoltijo. Una guerra sangrienta con vencidos y vencedores que, como quien dice: “Baraja y da de nuevo”

Pero, eso es cosa del Pasado. Ahora, la última revolución productiva aceleró la concentración del Capital. Hoy media docena de súper mil millonarios concentran más riqueza que la mitad menos favorecida de los humanos vivos. Riqueza es Poder, no creo que sea necesario demostrarlo.

La ecuación iguala los términos: Poder y Riqueza van juntos. Y se devoran a los más chicos cuidando de no ser devorados a su vez.

Es, por ahora, una espiral indetenible.

Uno observa ese proceso impío y piensa que “algo tendrá que pasar” pero, ni atina a imaginar qué, ni cuándo. No sé si me hago entender pero yo la veo así. El Capital se acumula y a cada quién le tocará su momento. Si los ciudadanos de “Un solo Uruguay” lo entendiesen dejarían de morder la mano de lo único que puede ayudarlos. Para ser más precisos y sinceros: El único que todavía, y con dificultades, podría ayudarlos es el Gobierno. No este gobierno que yo defiendo con dudas respecto a si tiene idea del proceso en el cual está y planes para resistir. ¡Cualquier gobierno! ¡El Estado! Que débil, deficitario, desorientado y carente de audacia, es el último reducto de Poder como para ordenar este caos.

Este “come-come” que ni cesa, ni perdona.

Y, no se crean que “el campo” está tan mal. No se auto engañen con eso de “una crisis peor que la del 2002”

“Para saber si un hombre es rengo hay que verlo caminar”, ¿verdad?
Pregunto: ¿Todo el campo está mal? Se lo estuviera, se habrían derrumbado los precios de la tierra y de los arrendamientos.

Y eso no está pasando.
Un poco menos, tal vez, que los máximos de ensueño de hace unos años, pero la tierra está cara. Por lo demás, alguien me tendría que explicar por qué detectamos anualmente la salida de seis o siete mil millones de dólares que se van del país.

Eso no es generación espontánea, en gran parte es ganancia de algunos rurales. Como dicen: la risa va por barrios. Y las ganancias del campo también.

Esta magnífica carne paraguaya que estamos comiendo, ¿no les resulta conocida? En los años de vacas gordas muchos compraron el Paraguay. En realidad, estamos comiendo genética uruguaya, producida con capitales uruguayos en campos paraguayos.

Compramos tierra barata y no anduvimos haciendo muchas averiguaciones acerca de si sobre ella había reclamos. Otra preguntita: ¿está loca la administración de AFAP República que anuncia tener más de 30 mil hectáreas “agrícola-ganadera” en exitosa explotación?

Todos los días escucho el ofrecimiento de “engordar mis capitales, sin embarrarme”. Un magnífico negocio; “financiero”.
El arroz está mal y no sé pero quisiera saber si no se nos ha cerrado el mercado iraní por mandato de Trump. La lechería tiene precios muy bajos y no levanta lo suficiente. ¡Con lo buena y necesaria que es la leche!

Pero, una cosa es necesitarla y otra poder pagarla. De paso, no creo que mejoraran significativamente las cosas si Venezuela pagara toda su deuda.

Treinta millones de dólares podrán parecer mucho pero, cuando entrás a repartir, tocan migajas. Es un espantajo que se agita para ocultar las razones profundas de la crisis. Como Trump que culpa a los mejicanos indocumentados a sabiendas
que los trabajos de estos desgraciados, ningún yanqui lo querría. Hay problemas en algunos rubros y no sé si se puede hacer mucho más de lo que se está haciendo. Pero, el único que algo hace es el Estado. ¡Otra vez el República con préstamos blandos! Ni la banca privada (que es toda extranjera) ni el FMI. Siempre es el República el que tira una soguita.

Insuficiente para salvar a todos, y no serán los grandes quienes se fundan primero. De paso, para que vayan viendo que las cosas no son tan simples, la mayor parte de las ganancias del República viene de “los prestamos sociales”. ¡De “la opereta” y los préstamos a jubilados! Somos esos puebleros inútiles, según ustedes piensan, quienes consumimos y pedimos los préstamos que le permiten al República ayudarlos.

Ya hace un tiempo que el crecimiento económico, que está enlentecido pero sigue positivo, está sostenido por el consumo.
Por nosotros, los trabajadores y jubilados de quienes ustedes reniegan sin comprender que estamos en el mismo bote.
A un ritmo de varios cientos por año los rurales chicos se van fundiendo.

¡Sí, Señor!
¡No hay cosa más desgraciada que “fundirse trabajando”! Es lo que pasa y las cosas parecen acelerarse. No “mueren” por Tamberos o Chacareros, ¡mueren por chicos!

Por no poder mover su producción oportunamente siguiendo las fluctuaciones del Mercado.
La diosa Escala y el dios Mercado.

¡Eso los mata!
¿Acaso el “Don Zoilo” de Barranca Abajo se la gastaba en farras con champan? Moría por chico, por ignorante, por impotente ante el proceso que lo arrastraba.

O el gaucho viejo del poema a quien le rematan las cosas. En esa los “criollos” que aún quedaban le devolvieron sus pertenencias. Pero…¿Cuánto más podría durar?

No crean que esas cosas no me duelen.

Pero, el que cierra los ojos a la realidad está condenado.

Comprendo y comparto la desesperación de quien se siente cada vez más cercado por el gran Capital.
Espero que, ellos sientan solidariamente, el dolor y la ira del trabajador a quien el desempleo le chista. Como la Coruja en el palo.

Y espero, confío, deseo, que en algún momento entendamos lo poquito que somos y las enormes presiones a las cuales estamos expuestos.

Hoy, mañana, ¡algún día! Formaremos una única y sólida columna en busca de soluciones.

¡No hay mal que dure cien años!

Y no podemos negarnos a la Esperanza.

08/09/19

Por Eduardo Plantero

La ONDA digital Nº 920 (Síganos en Twitter y facebook)

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