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Democracia y capitalismo

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En estos días en que voy a recibir un homenaje, aprovecho para explicitar algunos principios, definiciones sobre algunos temas que se discuten en la izquierda y que las tomo como algunas confesiones. Primero el tema de la democracia donde el poder de la extrema derecha, sobre todo en Europa, puede llegar a ponerse en juego. Pero en el Uruguay en la década del 60 no valorábamos los principios de la democracia. Muchas veces nos expresábamos de la democracia con k. La década del 60 fue la de la revolución cubana y la de la Alianza para el Progreso que buscaba limitarla.

Fue una etapa de estancamiento económico, de crisis en los partidos políticos tradicionales, de enfrentamientos sociales. Sobre todo en la segunda mitad de la década con intensificación de la lucha de clases como escribíamos en aquella época, donde importantes empresarios pasan a ocupar cargos en el gabinete ministerial. Tuvo que llegar la dictadura con prisiones, torturas, muertes, violencia, exilio, pérdida de libertades y así sucesivamente. Siempre recuerdo un artículo de Norbert Lechner sobre la reivindicación de la democracia por parte de los intelectuales. Volver a la soberanía popular era relevante con elecciones limpias, libres y sin exclusiones, al funcionamiento del estado de derecho, garantizar las libertades, a la defensa de los derechos humanos, a la independencia del poder judicial como elementos centrales del funcionamiento de la democracia. No es un régimen ideal, pero sin duda es el menos malo.

Lo importante es pasar de la democracia política a la democracia económica y social. Reivindicamos que las necesarias transformaciones requeridas para avanzar hacia la igualdad y para enfrentar todo tipo de discriminación se realicen en el marco de la democracia, que se vuelve un objetivo en sí mismo. Importa señalar que The Economist define a Uruguay y Canadá los únicos países del continente americano con democracia plena. Estamos orgullosos de vivir en democracia plena bajo gobiernos frentistas, sobre todo cuando estamos pasando por una etapa histórica de mucha fuerza de la extrema derecha, que en última instancia pone en tela de juicio los principios básicos de la democracia y avanzan regímenes autoritarios con pérdida de libertades.

El otro tema que deseamos plantear en esta nota es el del capitalismo, donde siempre me he manifestado muy crítico y lo sigo siendo desde mis primeras incursiones gremiales y políticas. El funcionamiento del capitalismo ha mostrado que no puede resolver las grandes desigualdades que genera, las discriminaciones étnicas y raciales que no resuelve, las inequidades de género enfrentadas en la actualidad con mucha fuerza por los movimientos feministas. En el viejo lenguaje no se quiere una sociedad de explotados y explotadores. La izquierda en general es anti capitalista. El tema central consiste en definir ¿Cúal es el régimen que lo sustituye? Para ello no hay paradigma, no hay modelo claro que atienda las necesidades de la sociedad manteniendo los principios democráticos.

El fracaso de la Unión Soviética es una clara demostración de dichas dificultades. China es una demostración de éxito económico en la actualidad, pero donde no hay democracia ni hay socialismo. Si pensamos en términos de modelo económico y recordamos el modelo soviético se pasaba del mercado a la planificación y de la propiedad privada a la estatal. Se fracasa en ambos casos. En la actualidad no sería difícil encontrar rutas de combinación de estado y mercado, comenzando por tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario. Reivindicamos al mercado, pero necesariamente es indispensable el accionar del estado con regulaciones para contemplar el crecimiento con justicia social. El libre juego del mercado genera desigualdades. Las intervenciones del estado son indispensables.

El tema central pasa por la propiedad de los medios de producción. No hay experiencias válidas. No hay paradigmas. La propiedad estatal de la URSS fracasó. Este es el gran desafío de la izquierda del futuro. ¿Cual es la forma de propiedad que pueda competir con las grandes empresas transnacionales privadas? Mientras tanto tendremos que seguir profundizando cambios y transformaciones dentro del régimen capitalista. Con estrategias de desarrollo a elaborar e implementar por el Estado y los principales actores sociales, donde la inserción internacional requiera no solamente exportar commodities sin valor agregado, sino tener la capacidad de colocar rubros de alta y media tecnología para vencer las nuevas formas existentes de Centro-Periferia. Esa estrategia tendrá que conformar salidas para la fragmentación social, lo que requiere acciones conjuntas y complementarias para atender los problemas del empleo y la resolución de problemas sociales de educación, salud, vivienda y urbanismo.

Tomamos definiciones y confesiones. Queremos garantizar los principios democráticos. La democracia se transformó en un objetivo en si mismo. Queremos transformar el capitalismo, con un estado con capacidad de orientar al mercado, pero no sabemos cúal debiera ser la forma de propiedad ideal para lograr una sociedad de iguales. Este es el gran desafío para el futuro de la izquierda. Mientras tanto seguiremos buscando formas y modelos dentro del propio régimen capitalista. Tal vez, encontrar sociedades más equilibradas sea una alternativa razonable, como lo que ofrecen Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia. Seguiré luchando para transformar el régimen capitalista.

Por Alberto Couriel
Economista y ex senador

La ONDA digital Nº 919 (Síganos en Twitter y facebook)

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