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La parte por el todo

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Alguno recordará esa frase en boca del ministro Bonomi, quien la utilizó para referirse al sistema penitenciario puesto en la agenda cada vez que ocurre algún incidente al que hacen parecer como la cotidiana realidad de un sistema que es mucho más grande y diferente a ese evento que se difunde. Porque es cierto que hay episodios -algunos muy desgraciados- pero son espacios reducidos de un universo mucho más grande que ha sido reformulado en su esencia y del que todavía quedan focos que resisten los cambios. Esa frase ejemplifica claramente lo que ocurre actualmente en la realidad nacional, donde todo parece estar mal a partir de episodios que salen a la luz y adquieren una dimensión que no tienen… pero los venden como si la tuvieran.
Uruguay cambió
¿Quien no recuerda los tiempos de los ajustes fiscales que vinieron junto con la recuperación de la democracia? En ese tiempo eran los militares los responsables de una economía dependiente, administrada por quienes no tenían “oficio” para ello sumiendo al país en un lugar empobrecido y dependiente, donde a las libertades coartadas se le había sumado el deterioro de la calidad de vida de los uruguayos. La democracia era una bocanada de aire fresco que nos traía la esperanza de una forma distinta de administrar nuestros destinos y donde nosotros seríamos los que elegiríamos el rumbo, de forma libre y soberana.

Pero la dictadura lastimó a algunos más que a otros y los que estaban mejor preparados sacaron rédito de ello en las urnas. Los colorados, dueños de la política uruguaya -verdaderos orfebres de la Ley de Lemas- salieron victoriosos aprovechando algunas circunstancias como la prisión de Wilson y la debilidad de una izquierda que debía recomponer sus filas tras 13 años de persecución, cárcel y tortura.

Tras el primer gobierno colorado de Sanguinetti, tuvieron la oportunidad los blancos con Luis Alberto Lacalle, fueron años dorados para unos pocos, que luego debieron pasar por los juzgados para rendir cuentas y aquel gobierno que prometía bajar el precio de los combustibles se quedó en promesas y con la imagen de la corrupción marcada a fuego hasta hoy. Tras el derrumbe blanco volvieron los gobiernos colorados de Sanguinetti y Batlle, el último, un “gobierno divertido” que soportó la crisis de la aftosa y la incontinencia verbal de su presidente que terminó pidiendo disculpas entre lágrimas, allende el Plata.

En el 2003 Uruguay sufrió la peor crisis de toda su historia, al rifle sanitario se le sumaron la fuga de capitales golondrinas que buscaban refugio temporal en nuestras bóvedas mientras Argentina se sumía en el corralito que llegaría a nuestro país a pesar que al Presidente no le gustaba usar esa palabra. Un día tras otro las reservas uruguayas se usaban para pagar carteras de bancos que se iban del país y así llegamos a niveles mínimos históricos de reservas. Los camiones de Juncadella hacían caravana hasta el Aeropuerto y un día tocamos fondo. El feriado bancario sorprendió a muchos desprevenidos y los préstamos reprogramados -eufemismo para no hablar de corralito- fueron noticia. La diferencia entre el corral argentino y el uruguayo es que acá el BROU honró sus compromisos y pagó todos los préstamos, el banco país nuevamente estuvo para defender a los uruguayos, y es justicia decirlo. No así los fundos de los Peirano y los Rhom (Bancos Montevideo y Comercial), que fueron la parte visible de la crisis. Todos los días se iban 100 gurises del país, el Aeropuerto de Carrasco era la puerta de salida y el principal destino, España.

Pocas pero nuestras
Fuimos los uruguayos los que supimos defender -como pudimos- los espacios de orientalidad que nos siguen distinguiendo en la región. Así, no dejamos vender las empresas públicas, como quería el gobierno de Lacalle siguiendo a su par argentino -Carlos Saúl Menem- hoy tenemos nuestras empresas públicas y no dependemos de la decisión de capitales extranjeros que operan según sus intereses comerciales antes que los del pueblo (algo lógico pues son comerciantes). Hoy contamos con una UTE que apuesta por las energías renovables y que llevó al país a ser autosustentable energéticamente con inversión privada que -una vez amortizadas- serán nuestras y de nadie más. ANTEL, otro ejemplo que nos permite disfrutar los beneficios de las nuevas tecnologías de forma accesible (si no fuera nuestra habría fibra óptica sólo para los que podían pagarla).

Esos son solo algunos ejemplos, una parte, de ese todo que nos falta por decir en estos tiempos. Es una parte que se omite por quienes aspiran a volver a dirigir los destinos del país y cuyos ejemplos tenemos la obligación de recordar para no repetir el error de depositarles la confianza que no supieron honrar entonces. Hoy vivimos otra realidad -aunque nos quieran hacer creer otra cosa- no es la parte por el todo; por lo menos no es esa parte que nos quieren contar un día si y otro también como si fuera cierta.

Pero una mentira repetida mil veces… no deja de ser una mentira! Así, no podemos permitir que nos impongan ese cuento y que ese relato induzca al desánimo colectivo de los verdaderos artífices de los cambios: el pueblo uruguayo.

Que no te confundan, en octubre se enfrentan dos modelos diametralmente opuestos, por un lado los que pretenden imponer que todo lo hecho está mal, los que intentaron -sin éxito- vaticinar crisis que nunca llegaron, intentando evitar que los inversores sigan apostando por nuestro país, los que preferían que UPM dijera que no mientras bucean por encontrar la letra chica que intente ridiculizar al gobierno sin medir que el ridículo lo hacen ellos. Los mismos que salen a difundir fotos falsas de carreteras ruinosas cuando basta salir a hacer kilómetros por el interior para apreciar que hay otro Uruguay en rutas y caminos nacionales de primer nivel.

El otro modelo es el que distribuye su riqueza entre los que la generan, no se trata de asistir sin contraprestación como te quieren hacer creer, se asiste en la emergencia a quien la padece y eso nos permitió avanzar en la disminución de la pobreza como ningún otro país de la región. Datos que nos ponen en la cima del continente, un podio que envidian muchos de los que nos auditan y reconocen pero al que no logran apreciar algunos.

Esos mismos que se sienten ganadores de una elección que aún no arrancó, ya venden la piel del oso que todavía no cazaron. Subestiman al pueblo frenteamplista, ese que construyó la victoria hace 15 años y que disfruta los logros de su gobierno porque le son propios. No hay mamado ni asustado, hay un pueblo en vigilia que sabrá defender sus conquistas; un pueblo al que ya no engañan con espejitos de colores ni cucos de otras tierras.

La parte no es el todo pero cuidado, los que lo saben son los mismos que construyen otro relato, una historia que los lleve de regreso al poder.

Ellos saben la verdad y aunque te quieren hacer creer una parte, vienen por todo…

el hombre cortaba la torta,
el perro esperaba su parte..

Por Julio Fernando Gil Díaz – El Perro Gil

La ONDA digital Nº 915 (Síganos en Twitter y facebook)

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