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¿Conservadurismo o autoritarismo?

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LA NUEVA DERECHA
¿Conservadurismo o autoritarismo?

Introducción – A punto de culminar la segunda década del Siglo XXI nos toca vivir en un mundo globalizado que tiene por religión al capitalismo y por Dios al dinero.

Esta progresiva caída del humanismo, reflejada en los signos perturbadores de la existencia humana, donde la dignidad y las posibilidades de crecimiento personal en igualdad de condiciones – de la mano de los Derechos Humanos – se ve enormemente amenazada, nos lleva, como sujeto de derecho, a la imperiosa necesidad de oponer resistencia.

De no proceder así el mundo se encamina hacia una sociedad administrada y cosificadora, donde la persona humana dará paso por imperio de los hechos al “autoconvocado”, al individuo solitario sin conexión con el otro.

Héctor Valle

Las libertades corren serio peligro. La cuestión pasa a ser entre la plena vigencia de los Derechos Humanos y el poder total en manos de la plutocracia.

Asimismo, la multilateralidad en el comercio exterior pende de un hilo, ante el embate grotesco y grosero del presidente norteamericano Donald Trump.

Corre peligro la existencia misma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Como dijera Boris Vian, a las afueras de la aldea, en una desgraciada colina, otea el horizonte el lobo-hombre en busca de su presa, el hombre entero.

Así llegamos al Uruguay sin perder de vista lo anterior pues hay quienes nos han hecho creer que los asuntos de la globalidad los creó el Frente Amplio.

Veamos ahora nuestro país en lo sociopolítico.

La diáspora batllista – Pasada la presidencia de Jorge Batlle, y ya sufrida la segunda de Julio María Sanguinetti, fuimos decenas y decenas de miles de mujeres y hombres que iniciamos la diáspora batllista.

Se debió principalmente a la grosera y manifiesta desviación en los medios y los fines.

De aquella actitud y aquel proceder sólo quedaba el recuerdo del pasado y la ofensa del presente burdo e interesado.

Visto en perspectiva histórica, se valían de personas y símbolos como medio para tener el control del poder con fines diametralmente opuestos a los impulsados por las personalidades centrales, a saber: José Batlle y Ordóñez, Domingo Arena, Baltasar Brum, Luis Batlle y Amílcar Vasconcellos, a quienes sucintamente, podemos presentar de la siguiente manera:

José Batlle y Ordóñez – y su mentor, Domingo Arena -; Baltasar Brum – que se inmolara ante el advenimiento del golpe de Terra -.; Luis Batlle y su iniciativa de industrializar el país, que se viera truncada ante su fallecimiento, mientras desplegaba políticas de estado aún hoy recordables.

El último de estos prohombres fue don Amílcar Vasconcellos, batllista decente, valeroso y con ideas que hasta “un vecino del otro partido tradicional intentó robarle”, copiándole la letra, que no el espíritu de la idea. Hablamos, por ejemplo, del proyecto de Reforma Agraria.

Una vez restaurada la democracia, si se quiere “tutelada” por la bellaquería de un grupo de altos oficiales del Ejército (con su tutor civil) don Amílcar manifestó en una reunión que le tocó vivir, dentro del partido, “el exilio interior”.

El Batllismo como Actitud – Para que quede bien claro: el Batllismo es una actitud ante la vida y la gente. La mayor responsabilidad está en su dirigencia, que en su tiempo supo representar con dignidad la investidura que a cada dirigente le tocó en suerte: Representante Nacional, Senador de la República, etcétera.

Frente a la muerte de don Luis y al exilio en el silencio vivido por don Amílcar pudimos comprobar, pocos años después de la muerte de éste, que de los prohombres se pasó a pequeños hombres, a la vez que la Dignidad en la Actitud dio paso al interés y al doble discurso.

Ante esa realidad de apuño solo cabía irnos. En nuestro caso hubo un progreso en ideas que nos llevó del Batllismo a la Izquierda democrática y republicana. 

Máscaras antes que rostros – No corresponde decir que el señor Ernesto Talvi es un batllista. Él debe sentir una comezón cuando le hacen decir loas al batllismo, por la razón calculadora de que el fin justifica los medios.

Que su jefe de campaña promueva la utilización de símbolos y personas caras a la sociedad uruguaya en su conjunto, puesto que traspasan la cuestión partidaria, es menospreciar a las ideas como fuerzas conductoras de una corriente política.

Justamente él, un admirable y tenaz propulsor del neoliberalismo en el Uruguay.

A la prueba está su ejemplar accionar en pro de estas ideas cuando llevó a cabo el ajuste fiscal durante el gobierno del padre del candidato nacionalista.

Hijo con el cual, el señor Talvi, en una secuencia lógica, ya acordó – de ganar el blanco o éste – la coparticipación en la planificación del próximo gobierno.

En suma, cuando se comienzan a tomar como meros clichés símbolos de tamaña magnitud social, se está demostrando que un sector de la clase política ha perdido el rumbo.

Por todo esto y más, la lucha no es solamente contra ideas y personas sino a favor de ideas y personas, desde una perspectiva liberadora en cuanto a que queremos sentar las bases, en el cuarto gobierno, donde las ideas se sustenten con hechos socioeconómicos (posibilidad real de adquirir vivienda, salarios no sólo dignos, sino que existan como opción real, etc.)

La contienda electoral ya ha comenzado; faltan 90 días. Estrategia y táctica. Planificación y acción, Que la meta, si se trabaja desde el llano, mirando a la gente a los ojos, es más que posible, pero siempre respetando al otro, pues tanto ella, como él son nuestro fin, Nunca el medio para fines espurios.

Por Héctor Valle
Investigador social y periodista

La ONDA digital Nº 914 (Síganos en Twitter y facebook)

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