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Larrañaga el macaneador y el Galope de Gish

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FLORILEGIO DE SINÓNIMOS DE BULLSHIT

Boludez: Imbecilidad, tontería. Boludo: Tonto, de entendimiento lerdo. Chanta o Chantapufi: El individuo que aparenta ser mucho más de lo que es realmente. Viene a resultar una suerte de fanfarrón y vacuo a la vez, un farsante permanente / Insolvente, que no tiene con qué pagar sus deudas ni con qué cumplir sus promesas / Descarado, desvergonzado / Informal, incumplidor. Chantada: Fanfarronería, farsa. Macaneador: Disparatador, mentiroso. Macanear: Disparatar, decir desatinos, sandeces o tonterías / Contar embustes, mentir /Bromear / Exagerar. Macaneo: Conversación, discurso o escrito lleno de disparates / Sucesión o conjunto de tonterías o mentiras.

(En:http://batemusaycachafaz.blogspot.com/2015/02/diccionario-de-voces-lunfas.html)

MENTIRAS Y MACANAS
En filosofía y psicología del conocimiento la palabra inglesa bullshit es a veces utilizada para referirse específicamente a manifestaciones producidas sin preocuparse por la veracidad, de este modo se distinguen estas manifestaciones de las mentiras deliberadas destinadas a manipular y distorsionar la verdad. El filósofo estadounidense Harry Frankfurt hiló fino para distinguir el concepto de bullshit de la simple mentira.

Bullshit se usa comunmente para describir afirmaciones hechas por individuos que están más preocupados por la forma en que reacciona una audiencia que por la verdad y la precisión. Esto suele suceder en el caso de afirmaciones formuladas en el campo de la política o la publicidad. Frankfurt caracterizó al bullshit, macaneo o chantada, como una forma de falsedad distinta que la mentira. El mentiroso dice Frankfurt conoce la verdad y se preocupa por ella pero, deliberadamente trata de desorientar, de engañar, en lugar de decir la verdad. Al macaneador, en cambio, no le preocupa la verdad y únicamente está tratando de impresionar a una audiencia.

Es imposible mentir a menos que se crea conocer la verdad pero macanear no requiere tal convicción. Cuando una persona honesta habla dice solamente lo que cree que es verdad mientras que para el mentiroso, por su parte, es indispensable considerar sus afirmaciones como falsas. Para el macaneador, en cambio, esas preocupaciones no cuentan porque él no está del lado de la verdad ni del de la falsedad. Su atención no se ubica en los hechos, como sucede con el honesto y el mentiroso, sino en lo que puede servir a sus intereses y a promover lo que sostiene. No le importa que las cosas que dice sean una descripción correcta de la realidad, solamente las emplea o las crea para favorecer sus propósitos.

Frankfurt vinculó este análisis con el desprecio que Ludwig Wittgenstein sentía por el habla “sin sentido”. Advierte que la prevalencia del macaneo en la sociedad actual es una forma de anti realismo y se relaciona con la frecuencia creciente de situaciones en que se espera que la gente hable u opine sin tener una conocimiento adecuado de los asuntos.

Por su parte, el filósofo británico Gerald Cohen contrastó el tipo de macaneo que describió Frankfurt con otro diferente: el discurso sin sentido presentado como de buen sentido. Cohen decía que este tipo de macaneo puede producirse en forma accidental o deliberada. Mientras algunos macanean deliberadamente, hay personas que tratando de darle sentido a sus manifestaciones generan sin sentidos por error o engañados por una macana o bolazo lo repiten inocentemente sin intención de engañar a otras personas.

LA TEORÍA DE LA MONTAÑA DE MIERDA
En enero del 2013, el informático italiano Alberto Brandolini, a partir del análisis de una polémica entre el derechista ex Primer Ministro Silvio Berlusconi y un periodista, estableció el “principio de asiemtría del macaneo” también conocido como la Ley de Brandolini, que dice que “la cantidad de energía necesaria para refutar una macana o chantada es de un orden de magnitud superior que la necesaria para producir dicha macana o chantada”.

Otro italiano, el bloguero Uriel Fanelli, había sido precursor estableciendo, en el 2010, “la teoría de la montaña de mierda”, muy similar al principio de Brandolini, que advierte acerca de las dificultades que se enfrentan para desenmascarar y refutar el macaneo y las chantadas. De estos postulados se extrae un montón de corolarios. Tanto si nos referimos al nivel de esfuerzo requerido, como si hablamos de recursos monetarios, tiempo necesario o cantidad de personas que deben esforzarse para revertir el macaneo.

El biólogo español Álvaro Bayón alude a otra técnica milenaria y tradicional: el  Galope de Gish que se basa en soltar un montón de tonterías o macanas por minuto, cada cual más estúpida que la anterior, para terminar concluyendo algo de forma absolutamente falaz. Esta sucia técnica hace que el solo esfuerzo de refutar cada una de las tonterías – para las cuales se necesita, obviamente, como mínimo un orden de magnitud más de esfuerzo que el que empleó el autor del Galope – sea inadmisible. Esta técnica es muy empleada por gurus, estafadores profesionales, promotores de campañas sucias y desde luego políticos deshonestos.

Es una técnica especialmente utilizada en los debates y consiste en abrumar a un oponente con tantos bolazos como sea posible, sin tener en cuenta la precisión o la consistencia de estos. El término fue acuñado por la antropóloga estadounidense Eugenie Scott, especializada en enfrentar públicamente a los sectarios creacionistas y partidarios del “diseño inteligente” y otras paparruchas pseudocientíficas.

Scott bautizó la técnica con el nombre de un famoso charlatán Duane Gish (1921-2013) que usaba esa deshonesta técnica contra los defensores de la teoría de la evolución. Al enfrentar a un oponente con una rápida serie de argumentos engañosos, verdades a medias y tergiversaciones (macaneos y chantadas) le hacía imposible refutar todo en el marco de un debate formal.

En la práctica, requiere mucho más tiempo refutar o verificar los hechos de cada punto lanzado por el “galopador de Gish” que lo que se necesitó para plantearlo en primer lugar. La técnica intenta desperdiciar el tiempo del oponente y está pensada para arrojar dudas sobre su capacidad para debatir ante una audiencia que no esté familiarizada con la técnica. El “galope” es especialmente eficaz si la audiencia tiene un conocimiento limitado de los temas.

Sin embargo, como el objetivo fundamental es descolocar al oponente, el sucio procedimiento puede ser enfrentado si no se entra en la refutación. Esto es exactamente lo que hizo Carolina Cosse al enfrentar el galope (o el trote corto) de Jorge Larrañaga. El resultado, como lo había estudiado Eugenie Scott, es que el efecto puede volverse contra quien lo utiliza y dejarlo como dejó a Larrañaga: como un macaneador y aún más, un mentiroso que solamente podía lanzar frases hechas, macanas, bolazos.

Por Lic. Fernando Britos V.

La ONDA digital Nº 911 (Síganos en Twitter y facebook

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